28 de noviembre
Por fin ha llegado el día. Hemos
contratado el viaje con 30mps, una empresa de viajes en moto que te lleva por
una serie de destinos. En esta ocasión nos van a llevar por el Eje Cafetero de
Colombia. La idea es que tanto el primer día como el último lo hagamos desde
Pereira. Vamos un grupo, pero como cada uno es de un sitio diferente (aún no
conocemos a la gente), nos reuniremos todos en el alojamiento de Pereira. El
viaje en avión es Madrid –Bogotá, y Bogotá – Pereira, donde se supone que un
transfer de la empresa nos llevará al hotel. Cuando contratas el viaje, meses
atrás, es un primer paso. En mi caso, al ser, como quien dice, mi primer viaje
en avión he tenido muchas dudas al respecto, ya que encima es un viaje fuera de
Europa (por mi parte he estado en varios sitios en Europa sea estudiando,
esquiando, jugando a hockey o en la mayoría de los casos en moto – Portugal, Francia, Inglaterra, Holanda,
Alemania, Suiza, Italia –pero nunca he estado fuera de Europa), es
transoceánico (10h 30 m de ida y una hora menos de vuelta), con otro vuelo
interno al llegar como al volver, las dudas que puede generar un aeropuerto (ni
idea de cómo funcionan ni los pasos a seguir), llevando ropa de moto en la
maleta (cascos, botas, pantalones, cazadora, etc..) y mil detalles que te van
pululando por la cabeza durante meses. Contratamos el viaje meses antes, unos 7-8
meses antes, por lo que tienes muuucho tiempo para darle vueltas al bolo donde
tienes pensamientos de todo tipo. Desde “no me jodas, con lo tranquila que
estoy yo haciendo mis vacaciones de moto saliendo desde mi casa montada en mi
moto, yendo al paso que me da la gana, parando cuando me da la gana y durmiendo
donde me da la gana” a un “buaaaa, qué bien! Nos vamos a Colombia!” y un sinfín
de pensamientos que de vez en cuando, a lo largo de este tiempo, van pasando
por la cabeza. Porque la vida sigue, sabes?, es decir, tú puedes planear algo
pero hasta que llega ese día, la vida sigue, continúa, indiferente a tus
pensamientos. Vas a currar, haces deporte, sales a cenar, pero siempre, en mi
caso, en el fondo de todo, estaba ese viaje a Colombia. Mi primer viaje fuera
de Europa, y para rizar el rizo rodando en moto. Tremendo.
Tenemos todo preparado, o todo lo
que habíamos pensado preparar. Tenemos que ir en coche a Madrid, y hay que
estar entre 3 y 4 horas antes, pero nosotros, como en carretera puede pasar
cualquier cosa que se te pase por la cabeza cuando los miedos asoman, decidimos
ir con unas 6 horas de antelación. Por si acaso.
Salimos de Usurbil con toda la
ilusión del mundo y los kms van pasando. Cuando llevamos casi dos horas de
viaje el destino quiere que nos crucemos con mi hermano en carretera. ¿No es
casualidad?. Él es chofer de tráiler y me comentó que igual nos cruzábamos a
tal hora, ya sabes, esta gente sabe, de tanto pasar, hasta dónde están puestas
las alcantarillas en la carretera. Que le llamase a media mañana y a ver si
había suerte. Y efectivamente, le llamo y estamos a 10 minutos de cruzarnos!
Qué puntazo! Y sí, ahí está, él para un lado de la Nacional y nosotros para el
otro. Mientras seguimos hablando por teléfono nos saludamos con la mano,
“oooeeeee” como si no le hubiese visto en años y sonrío como una niña pequeña.
Es como si al cruzarnos con él significase que todo va a ir bien, porque si él
está ahí es como si te protegiera. Qué tontería, no?, pero así ha sido.
Tremendo.
Paramos a comer en un sitio que
nos recomienda mi hermano donde deben de servir cordero o no sé qué. Digo esto
porque yo no como cordero así que Rafa contento, que le encanta. Comemos y
seguimos ruta. Antes de llegar al aeropuerto el coche nos da una señal de
alarma indicando que tengo la presión de las ruedas bajas. Igual es que el coche
quiere llamar nuestra atención. Le vamos a dejar solo en un parking desconocido,
es comprensible. Ignoramos la alarma y 30 minutos más tarde llegamos al
aeropuerto donde habíamos contratado una empresa que nos viene a recoger el
coche y al volver del viaje nos lo traen a la puerta. Se lleva mi coche un
señor, de apariencia mayor, muy mayor (se puede conducir a esa edad?), y ahí
nos quedamos, con las maletas en la mano y un aeropuerto por descubrir. Tenemos
6 horas por delante para hacer las cosas tranquilamente. Entramos en modo (por
lo menos yo) Paco Martínez Soria y vamos haciendo las cosas poco a poco, sin
prisa pero sin pausa. Entras, pagamos para que nos envuelvan la maleta en
plástico (para temas de robos y demás), facturamos, nos tomamos algo, miramos
las tiendas, me cruzo con Carlos Sainz padre…juas!. Tremendo, eh?. Rafa va a
mirar qué podemos picar y yo, para variar, voy al baño, y de camino veo a un tío
que se le parece mucho, sabes?, con una maleta de mano, andando, solo, y pienso
“nooooo”, jaja, le señalo y el tío sigue andando en plan “arg, me han
reconocido”, le paro y le digo algo así como “ostia, Carlos Sainz, te puedo dar
un abrazo?”, me dice que sí y le planto dos besos por inercia (ya habrá pensado
que qué petardo de tía, he dicho
“abrazo” y le planto dos besos..), le digo que es un crack y le dejo en paz.
Qué fuerte no?. Carlos Sainz!, menudo piloto!
Los de 30mps, sabiendo que soy
una ignorante en el asunto de viajes en avión, le habían comentado a una pareja
de navarros, Fernando e Inma, que han debido de viajar bastante y vamos en el
mismo grupo, para ponerse en contacto con nosotros en el aeropuerto para así ir
más tranquilos (nosotros). Comentan por Whatsapp que ya están en el aeropuerto
y en un bar nos encontramos con ellos. Muy majos. Hablamos un poco y con tiempo
vamos acercándonos a la puerta de embarque cuando Fernando, de repente, comenta
que se ha dejado la llave del coche en la bandeja donde te hacen meter las
cosas que llevas encima para pasar por el arco de seguridad. Ostia. Así que
nada, ellos van a buscar la llave y nosotros vamos a la puerta de embarque.
Poco tiempo después vuelven con la llave en mano y hale, para el avión.
El vuelo es tranquilo. Ligeros
movimientos de vez en cuando que mi cabeza aprovecha para marearse un poco y
crearme una sensación rara en el estómago. A la hora de salir nos dan algo de
cenar y la noche va pasando, poco a
poco. Duermo muy poco. La gente se entretiene como puede. Unos duermen, otros
leen, otros tienen los cascos puestos escuchando algo, otros ven películas,
etc… Por lo general hay silencio salvo algún niño que en alguna parte del avión
llora. Miro por la ventanilla y sólo veo oscuridad. A través de la pantalla que
tengo delante veo que estamos sobrevolando el océano. Pasan las horas. Veo las
estrellas. De repente veo luces abajo (el Caribe). Veo un avión a nuestro lado (que a saber a cuántos kms de distancia está de nosotros, pero ahí veo sus luces en la oscuridad,
otros que van volando, pienso, cada cual con su historia..). Todo es nuevo. Todo merece
ser visto. Todo me llama la atención.
Llegamos a Bogotá donde tenemos
una espera de unas cuatro horas. Vamos a un bar a tomar algo y ya no sabes qué
hora es. Una hora antes de terminar el vuelo nos habían dado una especie de
bocata asqueroso y calenturiento, que no sé por qué me lo como, y no me sienta muy allá, así que cuando nos
sentamos en el bar la verdad que no tengo ganas de comer nada. Ni de beber. Veo
a una pareja mayor comiendo no sé qué leches, pero es un plato bastante
contundente. Aquí cada cual lleva su horario. Igual para ellos es la hora de
comer mientras que en la hora local son las 4 de la madrugada. Es curioso esto
de los aeropuertos.
Nos acercamos a la puerta de embarque y coincidimos con algunas de las personas que van a formar parte del grupo que vamos en moto, así que todos juntos vamos a coger el vuelo a Pereira. Es un vuelo muy cortito y además nos han puesto en la salida de emergencia, así que tenemos espacio para estirar las piernas, perfecto!. Según tengo entendido, al estar en la salida de emergencia somos los responsables de abrir la puerta en caso de que ocurra lo que nadie quiere que pase. Espero que no llegue ese momento.
En el aire estamos
alrededor de 45 minutos. Llegamos y ya nos está esperando Julián, el guía local
y dueño del concesionario Royal Enfield (montamos unas Himalayan de su
propiedad). Es un hombre muy muy majo y muy amable. Nos indica que hay un
problema para llegar al hotel ya que hay una carrera ciclista y han cerrado
carreteras (igualito que en España, jeje). Que nos van a llevar bordeando la
ciudad a ver si encuentran hueco por donde podamos llegar al hotel. Tardamos en
llegar en torno a 30 minutos y en ese tiempo vemos unas zonas de Colombia como
primer toma de contacto. Es tremendo. Nos llevan por las afueras y la verdad
que vemos las cosas que quería ver de Colombia, es decir, lo no turístico. De
primeras nos queda más o menos claro la forma de conducir del país. Por decirlo
en palabras llanas, es como yo conducía cuando era adolescente. Es decir, sin
respetar señales ni nada por el estilo, pero aunque parezca contradictorio, con
sentido común. Hay perros por la carretera pero todos ellos aparentemente son
felices, van dando saltitos y con una especie de sonrisa en la boca. No están
abandonados. No se cruzan. Están bien alimentados y en un primer vistazo limpios.
Me hacen sonreír. Mezclan carreteras pavimentadas con pistas. Hay cultivos de
plátanos, bananas, cafetales, etc… Nuestro taxista había sido agricultor así
que conoce la tierra y nos va explicando todo lo que ve. Es un lujo. Además
como voy sentada al lado de él (detrás me suelo marear), le hago preguntas,
escucho sus respuestas y me siento a gusto. Hay casas muy muy humildes por
donde pasamos, y algunos coches con los que nos cruzamos son pick-ups que
llevan plátanos y gente de pie en la parte trasera, supongo que trabajadores.
Hay tráfico pero todo fluye. Unos cruces imposibles. Subidas y bajadas muy
pronunciadas. Gente a un lado de la carretera, sea currando, con la moto parada
(hay motos a patadas, normalmente de una cilindrada entre 150 y 350). Al pasar
por al lado suyo el taxista les lima bastante, a todos, pero eso debe de ser lo
habitual porque nadie se queja. Como digo, extrañamente todo fluye. Me encanta
esta vuelta con el taxi. Es un tour inesperado con explicaciones al momento. Me
siento bien.
Llegamos al hotel. Qué buena
pinta!. Es como una especie de hotel rural de cierto tamaño, con piscina,
jacuzzi, zonas de descanso, sitio donde cenar en una especie de bar al aire
libre (pero tapado) con unas vistas tremendas. Muy tropical todo. Muy tranquilo.
Gente amable. Nos esperan unas dos horas para comer y entre que nos asignan la
habitación y todo se organiza un poco doy una vuelta por el recinto. En la
piscina me encuentro con Aureli, que forma parte de nuestro grupo. Parece un
tío majo, qué bien!, y a medida que pasa el tiempo vas conociendo a todo el
grupo. Por un lado están Loli, Jose y Josemi, que vienen de Bilbao, Fernando e
Inma de Tudela, Julio de Málaga, Daniel de Argentina, Gabriel de Méjico, Aureli
y Montse de Barcelona, Rafa (Bilbao) y yo. Somos 12, las parejas, salvo Rafa y
yo, comparten moto. El resto vamos cada uno en una moto. El grupo lo termina de
llenar Miguel (jefazo de la empresa 30mps, nuestro guía, psicólogo, animador,
organizador, vamos, un todo junto!,), que es de Asturias, Julián, de Manizales
creo recordar (tremendo guía local, amable, paciente y dueño de las motos) y
Mauricio (es el mecánico, porteador de todo tipo de cosas, amable, pendiente de
todo, un crack. Va en pick-up. Es nuestro seguro. Sabes que si te pasa algo siempre
va a estar él detrás).
Nos saludamos y mientras nos
sirven de comer vamos charlando entre nosotros. Nos acabamos de conocer pero ya
noto cierto aire de camaradería. Tardan en sacar la comida, no sé, ¿una
eternidad?. La verdad que nos da igual pero ya nos vamos dando cuenta de cuál
es el ritmo colombiano, jeje. Prisa no tienen. Terminamos de comer y cada uno a
lo suyo. Yo por mi parte dejo pasar un tiempo prudencial y voy un rato a la
piscina, y de ahí al jacuzzi. Tienen también servicio de masajes, que creo que
alguno lo usa. Como digo sitio tranquilo. Te vas asentando, hablas, de dónde
eres, blablablá. Nos traen las motos, las vemos, nos dicen cuál nos
corresponde. Y la tarde va pasando. Anochece pronto. Para las 17:30 – 18:00 la
luz se va escapando poco a poco para dar paso a una noche muy agradable. Llega
la hora de la cena, donde vuelven a tardar la de Dios en servir, pero te sigue
dando igual. Todo es nuevo. Te dejas hacer.
En el breafing nos explican un
poco cómo va a ir todo. De primeras Julián nos comenta que las normas de
tráfico son sugerencias, es decir, se te sugiere ir a tal velocidad, se te
sugiere no adelantar, se te sugiere..etc etc..pero que cada uno hace lo que le
da la gana. Que estemos atentos, sin movimientos bruscos, y listo.
Te tomas algo después de cenar y
hale, a dormir que mañana madrugamos para empezar este pedazo viaje!
Pereira
– Termales el Otoño
Nos levantamos y bajamos a
desayunar. Algunos del grupo ya están por ahí. Es buffet y ya empiezas a ver un
poco cómo va el tema de la comida en Colombia. Dulces, frutas, arepa (una
especie de torta de maíz), queso fresco, cereales, café, leche, etc..de todo un
poco. No hay pan, pero a cambio tienen unos bollitos muy buenos que con un poco
de queso me entran muy bien, así que perfecto!
Dejamos la maleta del avión en el
hotel (la recogeremos el último día ya que haremos noche ahí). Entre
la Kriega30 y la mochila meto todo lo del viaje, y en una especie de rulo que
me compré para futuros viajes que quiero hacer en bici, meto el chubasquero de
la moto, guantes y alguna ropa de abrigo ya que no tengo muy claro el tiempo
que vamos a tener, ya sabes, nunca he estado en Colombia, jeje.
Julián, ssssuper amable, me ata
con pulpos el rulo en la moto y hale, vamos saliendo que esto empieza!
La ruta de hoy es cortita. Toma
de contacto con la moto y con la forma de conducir que tienen por aquí. Al poco
de hacer kms ya me doy cuenta que es como volver a mi adolescencia, algo que
personalmente echo de menos en España ya que todo son normas y la gente circula
como con un palo metido por ahí detrás, así que voy muy contenta, vuelvo a mi
hábitat (natural) adolescente, cosa que se agradece. Las carreteras por las que circulamos son estrechas de poco tráfico y el ritmo es lento. A los lados de la
carretera, de vez en cuando aparecen casas, algunas muy majas y otras muy muy
humildes, que no sé si se han puesto ahí en modo asentamiento o casa casa, no
sé si me explico. Los perros por los lados de la carretera no faltan y me (vuelven)
a hacer sonreír .Van contentos, lustrosos, son de la zona, está claro. Algunos
están apalancados por la carretera y no se mueven al pasar. Ese es su
territorio. Cuando llevamos como una hora de ruta paramos a tomar unos kumis.
Es como una especie de yogur que el primer trago es en plan “eh, esto está
malo, está cortado”, pero no, es así, y el siguiente trago está muy bueno, así
que es una especie de “arg”, seguido de “mmm qué rico” que engancha y no paras
de repetirlo. Jaja. La verdad que me gusta!. Hablamos, sonreímos. Estamos
contentos. Salimos con las motos y a la de un rato paramos en un pueblo que se
llama Marsella. Nos dicen que podemos dejar en las motos casco, guantes, todo,
y quedamos en un rato ahí mismo. Hay un señor que en seguida viene donde nosotros
y se ofrece a cuidarnos las motos. Está claro que la gente tiene ganas de
trabajar y en cuanto ve oportunidad, van.
No sabes bien por dónde tirar así
que miras alrededor y hale, a dar una vuelta por la plaza del pueblo. Me
encanta. Esto es lo que venía buscando. Nada de ciudades: pueblitos. Me gustan.
Es una plaza donde a un lado está la iglesia, al otro lado el ayuntamiento o
casa del pueblo y el resto son comercios. Desde la plaza hacia las afueras se
construye el resto del pueblo. Damos una vuelta y nos metemos en la casa de
cultura. Tiene dos pisos y es una exposición por sí sola. Te cuenta algunas
historias y ves fotos antiguas. Está todo muy bien puesto. Veo a Daniel mirando
cosas y Julián, que también anda por ahí se nos acerca y muy amablemente nos va
explicando cosas. Nos habla de la plaza, de cómo se organizan los pueblos, del
sentimiento Nacional Colombiano que existe en el país. Por lo que se ve el
Colombiano es muy Colombiano. Se sienten orgullosos de su país. Por otro lado
me habla de las diferencias de clases que hay. En una misma calle son vecinos
gente con unas casas tremendas y otras con casas muy humildes. Me gusta lo que
escucho y por cierto, qué gustazo tener a alguien que te explique todo de
primera mano!
Salimos y vemos a casi todo el
grupo tomando un café en un local así que nos acercamos y nos quedamos hablando
un rato. Hay un niño (porque es un niño) que es quien nos atiende. Muy majo.
Felipe. Nos toma nota, nos trae los pedidos, todo. El tema del ritmo colombiano
(lentitud) brilla. Me imagino ese ritmo en mi trabajo y la que se puede montar.
El tema es que nos da igual. Estamos de vacaciones disfrutando de cada segundo,
así que no hay problema. Por otro lado está el hombre que se había ofrecido a
cuidarnos las motos, no recuerdo su nombre pero es muy amable. Me parece
curioso porque va uno por uno con una libreta pidiendo que le escribiésemos
algo, una dedicatoria y lo firmáramos. Nos pregunta de dónde somos. Al decir
que soy de San Sebastián, como veo que no se ubica le digo que está al lado de
Francia. Creo que no sabe dónde está
Francia. Entiendo que es un trabajador que nunca ha tenido la oportunidad de
salir de su zona y no sé si habrá ido a la escuela. Da la sensación de que nos
mira como si fuésemos “más” que él, algo que me apena. Le sonrío y hablo con él
un rato más pero si soy sincera no me siento muy cómoda. Aquí nadie es “más”
que nadie. No sé explicar bien el sentimiento que tengo.
Salimos con las motos y seguimos.
Brum Brum!. Hacemos toda la mañana de ruta y lo que echo de menos es saber por
dónde estamos pasando. Pasamos pueblos, zonas de cultivo, paisajes muy chulos,
todo me gusta, pero realmente no tengo ni idea de por dónde vamos. La siguiente
vez me estudiaré la zona.
Paramos a comer en un sitio que
tiene buena pinta. Paramos las motos y entramos a un local acogedor. Nuestra
mesa está preparada así que nos sientan a todos y nos van diciendo lo que hay.
Nos tienen que explicar qué es cada plato porque no tenemos ni idea. Elijo
Sancocho de pollo, que debe de ser una comida típica. Es como una especie de
sopa donde dentro tienes el muslo de pollo entero, patata cocida, otras cosas
cocidas pero no sé lo que son, jaja, plátano frito y para picar una ensalada,
un plato con arroz con aguacate y un tarrito con tomate en trocitos con
cebolleta. Además habían sacado un bol para picar para todos de patatas fritas
con salsa de no sé qué que está buenísimo! Hay mucha comida! Y no hay pan,
menos mal!, jaja. Venga, vamos a ello. No sé por qué me como todo. Estoy llena
pero sigo comiendo. Está todo bueno, el ambiente es muy bueno y eso hace que me
sienta a gusto. Terminamos de comer, un poco de cháchara y cogemos las motos
para ir al hotel que lo tenemos cerca.
Hoy dormimos en los Termales el Otoño. Es una reserva a unos 3500 metros de altura que está en el
Parque Nacional Natural de los Nevados. Es un alojamiento enorme, muy
turístico. No hay nada más alrededor. Entras, te asignan una habitación y te llevan
las maletas. Todos muy educados y eficientes. Nosotros, saliendo de recepción hemos
de andar como 2-3 minutos por fuera hasta llegar a nuestra habitación. A medida
que avanzas te vas dando cuenta de que hay muchos alojamientos. Que si casitas,
habitación deluxe, habitaciones normales, y vas pasando por diferentes termales
naturales. Unos más calientes que otros. Veo algunas personas metidas en los
termales pero en ningún momento veo mucha gente. Se está bien, pero me llama la
atención lo grande que es el sitio. Eso sí, los edificios no son altos. Es todo
bonito y limpio. La habitación que nos dan es bastante amplia y la cama enorme.
Es un lujazo estar aquí. Nos cambiamos y con el bañador puesto y el albornoz salimos a
meternos en esos termales. En varios estamos solos y en el último hay algunas
personas. Por ahí vemos a algunos del grupo metidos y disfrutando del agua
calentita. Inma y Fernando. Por otro lado Aureli, en otro Josemi, y así vas
viendo cómo cada uno va a su bola. Todo es relajante. Hablas, sonríes. Todo es
correcto.
Te duchas y a cenar. Intento
cenar suave pero es casi imposible. Todo es nuevo y está bueno. Ceno sopa de
vegetales y pollo. Todo rico. Charlas un rato y a dormir que mañana toca ir al
Nevado del Ruiz!


Termales el Otoño – Termales del Ruiz
Nos despertamos y bajamos a
desayunar. Hoy madrugamos mucho y hay poco tiempo para desayunar ya que hay que
salir pronto para intentar ver despejado el Nevado del Ruiz.
El desayuno es buffet y tienes de
todo. Hoy el ritmo colombiano hace que se note algo más ya que no tenemos mucho
tiempo pero, ¿qué se le va a hacer?
Nos abrigamos un poco porque hoy
vamos al Nevado del Ruiz, que está a unos 4.000 metros de altura. Nos dicen que
una vez arriba no hagamos las cosas con prisa por el tema del mal de altura.
Que estemos tranquilos y movimientos lentos. Ok, entendido.
Hace un día espectacular. Sol y buen tiempo. El ambiente es de buen rollo y felicidad. Todos tenemos ganas de subir y verlo. Atravesamos la ciudad de Manizales con mil ojos. No hay semáforos pero como digo, todo fluye. Tienes que estar muy atenta porque la gente te adelanta por donde le viene bien, así que me dedico a seguir al grupo sin hacer movimientos bruscos con la moto y mirando mucho el retrovisor. Poco a poco comenzamos a subir. Nos pasamos cerca de una hora subiendo. Esto es un puerto, sí señor!. Qué chulo es todo! Qué día más bonito nos ha salido! Brum brum. Curvas y más curvas, buen asfalto. Intento no perder detalle del paisaje. Al llegar arriba dejamos las motos a un lado de la carretera y miramos. El cielo perfecto. El tiempo perfecto. El grupo perfecto. Todos de buen humor. Hablamos, sacamos fotos, qué buen rollo!. Al cabo de un rato nos dicen de seguir así que nos montamos en las motos y vamos cresteando un buen rato. Qué pasada de sitio. Vemos el Volcán. Qué bonito todo. Hay una planta que Rafa y yo por el intercomunicador llamamos “Wilson”, en honor al balón de fútbol humanizado de la pelí “Naufrago”, jeje, nos recuerda mucho a Wiiiiilsoooon!, jeje. Las plantas se llaman frailejones. Está el monte lleno de ellos y por lo que nos explican luego es una planta muy necesaria ahí arriba, ya que filtra el agua de la lluvia y la reparte por el suelo.
Seguimos cresteando un buen rato y
disfrutando del paisaje y de la carretera, que está perfecta. Poco a poco veo
que va entrando una niebla que nos va engullendo en silencio. Baja un poco la temperatura. Paramos en un
sitio a tomar algo. Es una especie de chabola que no tiene ni baño. La persona
que te atiende es pequeña y da la sensación de tener cierta edad. Pequeño,
moreno y como digo aparentemente mayor. No entramos dentro. Él sale y nos
pregunta qué queremos tomar. Unos café, otros té de coca y yo al final me
decanto por agua con panela, que no deja de ser agua caliente con azúcar. Me
entra como Dios, porque esa niebla quiere entrar en el cuerpo así que algo
calentito me va perfecto. Charlamos, hacemos bromas y sacamos fotos. Somos los
únicos del lugar así que muy bien.
Salimos de nuevo con las motos y
ya toca bajar. Nos acercamos a un pueblo que se llama Líbano. Justo antes de
llegar nos pasa una moto con dos personas haciendo caballito. Qué control de la
moto, jaja, baja la moto y venga otra vez otro caballito. Tremendo! Creo que
nos quiere decir algo así como que “lleváis motos mejores que la mía pero os
hago pis en la pierna cuando y como quiero”, jaja. Me encanta!, claro que sí!.
Llegamos al pueblo y como anteriormente, dejamos las motos con todo encima y
nos vamos a dar una vuelta. El tiempo está algo revuelto y veo cómo va
oscureciendo. Tengo sensación de lluvia..arg. La despreocupación por las motos
es total, algo que se agradece. Ellos cuidan todo. Nosotros nos dedicamos a
pasear y a abrir bien los ojos. Damos la vuelta a la plaza y vemos a Gabriel
tomando algo en una terraza que está en un primer paso, así que subimos y le
pedimos permiso para sentarnos con él. Está comiendo unos frijoles con arroz,
que según nos dice le encantan. Rafa se pide un café y yo hierba buena, ya que
la camarera no me da muchas opciones más. Es como parada, pero bueno, una infusión
me va bien. Cuando sacan la hierba buena veo que no es infusión sino un
refresco de hierba buena. Tipo mojito pero grande y sin alcohol. No pasa nada.
Mientras lo bebemos pasamos un rato agradable charlando de todo un poco y vemos
cómo van repostando las motos una a una, de tal forma que cuando bajamos a
seguir ruta las tenemos de nuevo perfectas para salir. El tiempo se ha torcido
algo más y oigo que alguien dice va a llover. Ni lo dudo. Me pongo el traje de
agua y me olvido. Según salimos empieza a llover un poquito. Pac-pac-pac. El
traje de agua me habla. Pac-pac-pac-pac-pac-pac. Ui. Esto va a más. Y sí. Más.
Se pone a llover y a llover. Sólo tenemos unos 20 minutos para llegar al sitio
donde vamos a comer pero llegamos empapados (sólo por fuera gracias al traje de
agua). El sitio donde comemos es una casa familiar. El aire me trae una frase
que dice algo así como “ojalá haya calefacción dentro” y nada más lejos de la
realidad. Es una casa familiar, muy humilde, y donde vamos a comer es al aire
libre donde tiene unos plásticos encima para retener la lluvia. Nada más entrar
nos vamos quitando los trajes de agua, los guantes mojados, cascos y demás
historias y lo vamos dejando donde podemos. Los de la casa intentan dejar las
cosas colgadas para que se vayan secando y creo que al final, más o menos lo
consiguen. Pasas a la siguiente estancia y ves dos mesas corridas, y dos
cocinas donde están preparando la comida. Fuera no para de llover. Los
plásticos que están sobre nuestras cabezas a modo de carpa nos protegen. Espero
que aguanten. Me asomo a una de las cocinas para preguntar dónde puedo
encontrar el servicio y veo a un chico joven cocinando. La cocina es muy
humilde. Me sorprende. Me asomo a la otra cocina (digo “cocina” porque cocinan
ahí pero no se parece en nada a lo que conocemos), y veo a una señora muy mayor
preparando cosas. Aureli y Montse están hablando con ella. El tema de las
cocinas siempre me ha parecido delicado. Suelo preferir no ver. En esta ocasión
es todo tan rural que la verdad no veo problema con que esté todo viejito. El
día anterior teníamos que decidir qué comer, así que hoy cada uno ya sabe qué le
toca. Yo pedí trucha. De primero nos sacan un bol, calentito para entrar en
calor que me entra muy muy bien, de papas y de segundo me sacan la trucha. Es
una bandeja donde veo la trucha (por el color parece salmón) con arroz y
plátano frito. Tiene buena pinta y tengo que decir que es la mejor trucha que he
tomado en mi vida. La mejor. Sin duda. Se lo comento a Miguel y éste al
cocinero el cual se acerca para preguntarme si eso es cierto. Le digo que sí,
que es la mejor trucha que he tomado en mi vida. Nos dice que lleva un sofrito
con la receta secreta de su abuela. Olé por la abuela. Mientras comemos nos
explican el tipo de negocio que quieren poner y todo suena muy bien. Espero que
lo consigan. Es gente amable y trabajadora. Da gusto.
Nos volvemos a poner la ropa de
agua y salimos. Al poco de salir Rafa me comenta por el intercomunicador que se
le ha olvidado cerrarse la parte baja de los pantalones de agua, así que
paramos para que se lo ponga bien. Somos los últimos de todos junto a Julián,
el guía local, el cual nos espera. Salimos y ya no vemos al resto del grupo así que vamos ligeros con las motos, felices, acelerando a nuestro ritmo, con una
carretera perfecta. Qué felicidad. Veo que nos vamos acercando a Gabriel, que
suele cerrar el grupo, luego a Aureli y Montse. Nos quedamos un rato detrás de
ellos, cogiendo curvas las tres motos, dejándonos llevar. Llueve, pero
personalmente me da igual. Disfruto. De repente vemos a un señor por el borde
de la carretera con una ternera. La lleva atada con una cuerda larga y cuando
Aureli y Montse le van a pasar, la ternera decide cruzarse, “yeeeepa”, jeje,
rectifican y cuando le van a pasar por el otro lado, la ternera decide volverse
a cruzar “yeeeepa” de nuevo, jeje. La verdad que tienes que estar con mil ojos
eh?. Seguimos un rato, les adelantamos y con un par de acelerones cogemos al
grupo. Sigue lloviendo y hace frío. Suerte que me he parapetado. Sólo noto frío
en las manos, pero realmente el agua no me ha calado. Llegamos al cruce del
Nevado donde hemos estado a la mañana sacando fotos con un tiempo impresionante
y esperamos que llegue todo el grupo. La gente está mojada y con frío pero ya
no queda nada. Cuando nos juntamos todos bajamos por una curiosa pista, algo
rota, lloviendo, al hotel donde vamos a pasar la noche, que es otro termal. A
pesar del tiempo estoy contenta. Nos asignan habitación y subimos. Es pequeña,
realmente no es el día ideal para una habitación pequeña, porque tenemos que
colgar tooooda la ropa mojada por la habitación, pero qué le vamos a hacer,
jeje. Venga, ducha, me pongo el traje de baño, el albornoz y hale, para el
termal. Según bajo veo que sigue lloviendo y hace un frío que pela, pero veo a
Loli y a Aureli bañándose así que me animo. Salgo, ostia qué rasca!. Dejo la
toalla, llueve, me mojo, jur, frío, jur, me meto al termal. Ui. Calorcito, qué
bien. Sonrío. Me cubro hasta la barbilla. Está lloviendo. Qué sensación más
rara. Hace frío y yo estoy calentita. Qué bien. A la de poco llega Rafa y un
poco más tarde Josemi. Hablamos los cinco un rato. Cuando noto que me estoy
quedando como una pasa, jaja, decido salir. Bua. Frío no. Lo siguiente. Next
level. Madremía, qué es esto, jaja. Intento ir rápido pero joe qué frío. Me voy
a poner las chancletas pero no las veo. Ostia, dónde están. Arg, recuerdo que
las he dejado al borde del termal. Del frío que hace por un momento pienso en
ir descalza pero con solo pensar en el frío que voy a tener vuelvo a por las
chancletas. Y entonces ocurre. Se me acerca un colibrí y se me queda a escasos
centímetros de mi cara. Tan cerca que muevo el cuello para atrás dejando los
pies clavados en el frío suelo. Y no me muevo. Le miro. Se queda ahí aleteando un rato,
plaplaplapla, batiendo sus pequeñas alas a una velocidad imposible y tal y como
ha venido se va. No puedo parar de sonreír. Miro a las tres personas que están
cerca para ver si lo han visto y me están mirando sonriendo. Pienso que no ha
sido imaginación mía, ha pasado de verdad. Y de repente vuelve. Otra vez. El colibrí. Hace exactamente lo mismo pero esta vez no me pilla desprevenida. Me da tiempo a
sonreír y a disfrutar de esos segundos que se queda delante de mi cara, igual
que antes. Y zas, se va. Vaya momentazo. Cojo las chancletas y voy a la
habitación lo más rápido que puedo. Venga, ducha y para abajo.
La estancia para “estar” es la
misma donde vamos a cenar. Veo nuestros platos preparados y una chimenea, así
que ahí me quedo, al caloret. Dejo los guantes de moto ahí cerca, y me dedico a
dejar pasar el tiempo. Baja Rafa, él se pide una cerveza y yo una copa de vino
y a la de nada se une Miguel. Charlamos. Poco a poco va bajando la gente y
poniéndose alrededor de la chimenea. Hablamos, sonreímos. La gente baja ropa
para secarla ahí. Estamos en modo campamente gitano. Cómo me gusta todo esto.
Cenamos. Todo está muy bueno.
Sonrío.
Nos hablan un rato del día de
mañana y la gente se va retirando. Nos quedamos alrededor del fuego charlando
Rafa, Daniel, Julio y yo. Respiro. Qué bien todo..

2 de diciembre
Termales
del Ruiz – Valle de Samaria – Salamina
Al bajar a desayunar veo a
Fernando y a Inma fuera, sacando fotos. Son unos enamorados de las fotos y la
verdad que las hacen muy bien. Veo a Inma de pie con un par de colibrís posados
en la mano. Ostia. Salgo a ver. Al parecer alguien del hotel les ha dado una
cosa para ponerte en la mano, como un tarrito, y van los pájaros a picar.
Supongo que será glucosa (no lo sé, no lo pregunto). Le pregunto a Inma si
puedo hacer yo también a lo que me pasa el tarrito con el líquido y en seguida
me vienen los colibrís. Se me posan en la mano para poder beber, notas sus
patitas agarrándote la mano. Baja Rafa y le doy el tarrito para que haga lo
mismo. No paramos de sonreír. De mientras Fernando va sacando fotos (que luego
nos enseña. Son espectaculares. Qué nitidez de fotos). Mientras Rafa está con los
colibrís levanto la vista y miro el paisaje que ayer la oscuridad del tiempo y más
tarde, de la noche, nos impidió ver. Qué espectáculo. Esto es muy bonito.
Después de un desayuno donde el
plato estrella son los huevos (no suelo comer huevos en el desayuno así que me
tomo unas arepas con mantequilla y mermelada) salimos para las 8:30. Nada más
salir me doy cuenta de que el intercomunicador no funciona. Arf. Subimos la
pista que bajamos ayer, es divertida. Además hoy podemos verla, ayer con el
tiempo que hizo no se veía muy bien. Llegamos al cruce del Nevado y vamos para
abajo. Tenemos que desandar el camino. Bajamos y bajamos y bajamos y bajamos.
Me encanta este puerto! Es eterno! Abajo hay un semáforo con obras. Mientras
esperamos a que nos den paso miro a los trabajadores. Algunas son mujeres. Es
muy raro en España ver a obreras y al verlas ahí me alegra. En este país veo un
montón de mujeres conduciendo moto y cuando digo moto no me refiero a un váter
con ruedas (scooters), sino moto de marchas, y también veo mujeres en las
obras. Me gusta.
Llegamos a Manizales y lo
atravesamos. Lo digo así pero la verdad que se hizo un poco eterno. Se hace
largo. Tienes que estar con mil o dos mil ojos. Todo el mundo va a ritmo
conduciendo con fluidez a pesar de la ausencia de semáforos. Me gusta esta
conducción. Cuando paramos a tomar algo en un sitio nos damos cuenta de que
faltan Fernando, Inma y Gabriel. Pensamos que igual en la vorágine del tráfico
se han perdido pero en un par de llamadas nos enteramos de que han pinchado y
están con Mauricio, el mecánico. Todo controlado pues. Nos tomamos algo en un
sito que está bastante chulo y las vistas son espectaculares. Estamos en la
terraza, es grande y limpia y tenemos vistas a lo que a ojos nuestros parece
una selva. Es espectacular la vegetación en este país.
Descansamos y hale, a seguir.
Rodamos por carreteras estrechas hasta llegar a un ¿bar? de carretera donde
paramos a tomar algo. Es un sitio pequeño y realmente no sé si es donde vive la
mujer que lo regenta. No me queda claro este detalle, tampoco pregunto pero
parece su casa. No sé bien qué tomar, porque aquí casi todo el mundo bebe café,
pero yo no así que mientras me lo pienso le veo a Daniel con un kumis. Kumissss!!!! Sí!
Kumis-kumis-kumis, qué bien. Le pregunto a la mujer que nos atiende a ver si me
puedo poner un kumis y ahí la veo, preparándolo en su cocina. En vez de salir le
pregunto a ver si puedo ver cómo lo hace a lo que me sonríe y me dice que sí,
así que ahí estoy, viendo cómo preparan esa bebida tan extraña y ahora entiendo
por qué me gusta. Tiene un montón de azúcar!, jaja. Me da igual, me gusta así
que para adentro. A la de poco llegan Fernando, Inma, Gabriel y Mauricio con el
pinchazo solucionado. Perfecto. Volvemos a estar todos juntos.
De aquí hacemos ruta hasta el
Valle de Samaria. Una carretera muy muy bonita. En un momento dado giramos a la
derecha y encaramos una subida brutal, tanto que pienso “ostia”. Ese fue mi
pensamiento, “ostia”, tal cual, pero nah, las motos van muy bien. Subimos y en
seguida empezamos una pista de unos cuantos kms que nos lleva a la Plantación
de Palmeras de Palma. Dejamos las motos y mientras nos preparan la comida nos
hacen un tour por toda la plantación explicándonos el tema. Hace un tiempo
estupendo, el guía que nos explica todo es muy majo y el ambiente perfecto, qué
más se puede pedir?, Cuando volvemos ya tenemos la comida preparada. Comemos a
gusto y de repente alguien comenta que el tiempo se está torciendo. Really? Voy
al servicio y cuando salgo veo a todo el mundo poniéndose la ropa de agua. Miro
al cielo y veo algunas nubes grises pero no parece inminente. Comento algo así
como que “ya nos vamos?” y alguien dice que “los del lugar han dicho que va a
llover, así que vamos saliendo”. Ams. Pienso que si los del sitio han dicho que
va a llover es que va a llover así que sin dudarlo me pongo el traje de agua y
en lo que tardo en hacerlo, plac-plac-plac, gotas. Ahí va Dios. Miro para
arriba y veo que se acerca Mordor. Ui la leche. Nos metemos dentro para
terminar de parapetarnos y mientras estamos en ello empieza a caer de lo lindo.
Genial. Cuando estamos todos listos (no se espera a que escampe, no tiene
pinta, de hecho tiene pinta de todo lo contrario) salimos y ya llueve como que
bastante. No dos gotas eh?, no. Llueve bien. A gusto. Según vamos bajando el
tiempo empeora, no se ve muy bien y ha oscurecido bastante así que adopto sin
pensar en ello posición de supervivencia, juas, es decir, me pongo en modo “vamos
metro a metro. Solo avanza, vamos, metro a metro, no pasa nada”. La verdad que
no es para tanto, llueve de lo lindo, estamos en una pista de un sitio que no
tengo ni idea, me las he visto otras veces en peores situaciones pero creo
que el estar en otro país me hace ir con más cuidado. Y así voy (vamos), poco a
poco. De repente me viene a la mente el tema de los derrumbes. Cuando hemos
subido he visto que ha habido derrumbes, tierra que se ha corrido y parte está
en la carretera, nada grave, pero no hay conos señalizando ni nadie
solucionando el tema. Pienso que con la que cae el tema puede ser complicado
así que en las zonas donde veo tierra en la carretera miro para arriba
vigilante, por si acaso. De la pista pasamos al asfalto, pero el asfalto de vez
en cuando se convierte en pista y así vamos, bajando, poco a poco, hasta que de
repente, zas!, la carretera está seca. Ya no llueve. Nada. Y cuando digo que la
carretera está seca es que está seca. Es como si hubiesen marcado con tiza una
línea recta en el asfalto y hayan dicho que desde ahí ya no llueve. Anda la
leche..es increíble, aquí no ha pasado nada..
Seguimos conduciendo hasta
Salamina que es donde dormimos. En la casa Lola. Como va siendo habitual en
este viaje un sitio muy chulo aunque a la habitación le falta algo de
intimidad. A pesar de que no tiene ventanas no tengo sensación de agobio. La
verdad que es todo muy bonito.
Salimos a dar una vuelta por el
pueblo. Son fiestas. Todo el mundo está alegre. Nos metemos en un bar que nos
resulta curioso. Es como un patio, muy bonito. Pedimos algo y de repente oigo
fuegos artificiales fuera así que salgo a mirar. Rafa se queda dentro. Me
encantan los fuegos. Tengo unas adolescentes al lado que están grabando con el
móvil los fuegos. Veo que esa costumbre de grabar las cosas es internacional.
La verdad que salvo cosas muy específicas no le veo la gracia. Al final
mientras grabas te pierdes el espectáculo, pero bueno, ellas sabrán. Les
pregunto el por qué de todo esto y me comentan que están en fiestas durante 7
días. La verdad que se respira un aire de fiesta bastante sano.
Cuando terminan vamos hacia la plaza que hemos quedado ahí ya que hoy cenamos en un restaurante de cocina oculta. No entiendo bien el tema pero bueno, allá que vamos. Al parecer es un sitio que no se publicita. No tiene carteles ni nada. Has de saber que está ahí. Es un patio muy muy bonito y nos atienden muy bien. Negocio familiar. Se nota. Al terminar de cenar algunos quieren tomar café pero nos dicen que no tienen. ¿Perdona?, jaja, ¿un restaurante en Colombia que no tienen café?. La verdad que nos sorprendemos mucho, pero bueno, así es. Terminamos de cenar y poco a poco nos vamos retirando al hotel.
3 de diciembre
Salamina
– Jardín
Nos despertamos y vemos que los
guantes están aún algo húmedos. Bajamos a desayunar y comentamos al respecto a
lo que nos dicen que si queremos nos los secan en la secadora. Miguel me dice que
él lo ha hecho más de una vez. Dudo pero al final se los doy. Desayunamos un
buen desayuno y salimos. Antes de salir me devuelven los guantes y la verdad
que no han quedado muy bien, pero bueno, el tiempo dirá.
Salimos con las motos y cuando
llevamos unos 20 minutos paramos para ver el paisaje. La tónica del viaje es ir
siempre en altura. Siempre hay vistas y hoy no va a ser menos. Me llama la atención
un pueblo que veo al otro lado de la montaña, más alto todavía, parece muy
chulo. Pregunto qué pueblo es y resulta que es Salamina! donde hemos dormido!,
jeje, ya decía yo que era chulo..
Seguimos ruta y son todo curvas
con bajadas y subidas. Voy a gusto. Me gusta. Paramos en un pueblo que se llama
Aguadas a poner gasolina. Vamos uno a uno poniendo gasolina. Sin prisa. Es un
pueblo auténtico. Aprovechamos la parada para, algunos tomar algo, otros (yo)
mirar. ¿Qué miro?, no sé, pero miro, no puedo parar de mirar. Los coches que
suben (para variar el pueblo son cuestas), motos que bajan, gente andando de un
lado para otro, gente al otro lado tomando algo en algún bar, no sé, miro. Todo
me llama la atención.
Salimos de nuevo con las motos. Miguel se equivoca con una de las calles y
tenemos que dar la vuelta. No hay problema. Cuando termina la ruta del día nos
enteramos de que en ese giro Jose y Loli se habían caído, ya sabes, esas caídas
tontas casi en parado, y Gabriel, al internar esquivarlos también. Caída tonta
las dos. Por lo que me dicen más anecdótica que otra cosa, así que sin
problema. Seguimos por esa carretera serpenteante. Hay algo de tráfico pero no
me molesta. Como aquí no se respetan las señales adelantas cuando ves hueco. Es
más sencillo. Como el ritmo que llevamos es tranquilo, voy mirando el paisaje,
los perros, las personas que van al borde de la carretera, tienes que tener mil
ojos, y hay un momento, uno, que me despisto dos segundos, dos. La carretera es
estrecha con vegetación en las esquinas (en este país no existen los arcenes),
así que todo es algo estrecho cuando te cruzas con un camión, y la verdad, no
me he dado cuenta de que viene uno de frente, y como no tiene sitio se abre en
la curva invadiendo parte de mi carril. Es así, no tienen otra forma de
hacerlo, y yo, a pesar de ir en mi carril, veo que se me echa encima a lo que
hago un movimiento rápido de poner la moto “recta” para volver a tumbarla
cuando llego al extremo de la carretera y así evitar darme de morros, jeje,
cosa que nadie quiere. Oigo de reojo (se puede oír de reojo?, sin duda que sí!)
cómo el chófer suelta algo que supongo no es agradable. No es que haya sido una
gran limada, en peores plazas hemos toreado, pero sí que ha sido una limada que
oye, te pone de nuevo como hay que ir, atenta..
De aquí bajamos bajamos bajamos
hasta que llegamos al borde del río Cauca que nos acompaña todo el rato. Es una
pista con algo de barro. Aquí la temperatura ha subido bastante y hace calor. Me
divierto con la pistilla y su barro fácil. Hay que tener cuidado con los
camiones pero todo fluye. Paramos, sacamos unas fotos. Seguimos ruta y a la de
poco llegamos a un sitio de carretera a comer. Desde que hemos estado en
Colombia es la primera vez que veo una vía rápida. Los camiones que circulan
por ahí son chulísimos. De esos que tienen morro grande. Me encantan.
El sitio es grande y agradable.
Coges una bandeja y pides lo que quieras. Pruebo una bola de queso que está
buena y un pescado, “róbalo” o algo así, que va con harina y huevo que pienso
que no me va a gustar, ya que entiendo que el sitio es de batalla pero la
verdad que está muy bueno. De postre Daniel nos da a probar un postre que es
como hojaldre con arequipe. Le digo que estoy llena pero me insiste, dice que
está bueno, así que allá que voy, y efectivamente, está muy bueno, muy rico Al
lado del sitio hay como si fuese una especie de carruaje con personas vestidas
con trajes llamativos, tipo folklore, sirviendo café. Me acerco y veo que lo
tienen muy bien montando. Tienen de todo, cafés, cosas para picar, como
granizados, de todo…Josemi y Julio andan por ahí comprando cosillas.
Salimos y cogemos esa vía rápida,
cosa que se agradece un poco para poder estirar el motor de las motos, ya que
hasta ahora siempre hemos ido por carreteras estrechas y oye, van muy bien eh?.
Salimos de la vía rápida y paramos en un pueblo que se llama “Hispania” donde
estamos un buen rato parados. Nos dividimos en dos terrazas y ahí estamos,
bebiendo agua y quitándonos ropa porque ha subido bastante la temperatura. Nos
contamos cosas, bebemos y estamos a gusto.
A la de un rato salimos y vamos a
un pueblo que se llama Jardín, donde nos hospedamos en un sitio muy chulo. Vaya
sitios más chulos!. Nos asignan la habitación que al entrar “ohhhh, qué bonita!”.
Es chulísima. Qué bien!, con terracita,
hamaca, vistas. Me asomo y veo a Aureli en el jacuzzi, así que nada, se lo
comento a Rafa y ahí que vamos también. Estamos un buen rato los tres, de
cháchara. Cuando me siento ya en modo pasa, salimos y hale, para la ducha y al
pueblo. Cuando bajamos a recepción ya duchados y descansados nos encontramos
con Aureli y Montse. “Vais para el pueblo?”, dicen que sí así que decidimos
bajar juntos, pero justo a la salida del hotel, un trabajador del sitio nos
indica que hay un funicular que si lo cogemos nos lleva a un sitio que hay unas
vistas en altura de la zona. Genial. Con Aureli como animador principal del
cuarteto allá que vamos, a buscar el funi y dos cuadras más adelante lo vemos. ¿Cuál será la definición exacta de funicular?. Sea cual sea no es la idea que
tengo en mente, jaja. Nos acercamos y es una caja pequeña donde entran, no sé,
unas 6 personas. De madera y agárrame el cubata que va con cuerdas. Nada de
cables tipo telesilla, no, cuerdas. Me viene a la mente el ascensor del bloque
donde vivía mi abuelo. Pequeño, de madera, con dos puertitas que al tocarlas
parecía que te ibas a quedar con ellas en la mano y una verja para cerrar todo.
Tenía un banquito. Cuando se ponía en marcha, aun siendo pequeña, recuerdo que
a veces cerraba los ojos y me preguntaba si iba a llegar a destino. La verdad
que soy (creo que me viene de siempre) un poco gallinácea para depende qué
cosas, para qué engañarnos, pero ahí están mis tres animadores personales, Montse, Aureli y Rafa que no dudan, así que
entre risas entramos. La caja se mueve, ñi-ñi-ñi, jum, no sé yo. Antes de que
se empiece a mover sube un hombre del pueblo con una caja grande de huevos en
la mano. Pienso que si el paisano entra con huevos no hay peligro, así que con
ese pensamiento en mente noto que el funi se empieza a mover y metro a metro vamos avanzando. La verdad que
va muy bien y entre bromas llegamos arriba. Nos bajamos y vamos directos a
tomar una cerveza. No hay ningún cliente así que estamos los cuatro y un perro
que se nos acerca, disfrutando de las vistas, de la compañía, de la cerveza y
del momento. Un placer.
Pasadas unas risas nos indican
que cuando queramos nos bajan, ya que somos los últimos, y el chaval encargado
de bajarnos se nos acerca para darnos unas explicaciones de las vistas que
vemos. Le pone ímpetu así que le escuchamos. Cuando vemos que está todo dicho,
nos lleva para abajo y ahora sí, vamos al pueblo. Vamos bajando entre calles.
Me gustan mucho estos pueblos. Son todo casitas que me recuerdan a los veranos
de mi infancia y me hacen pensar en cuánto me gustan las casas de a pie de
calle, donde sólo tienes vecinos de pared, no de techo. Antes de llegar abajo
nos cruzamos con una procesión. Al parecer son fiestas y dado que hemos ido
viendo fiestas por los pueblos, entiendo que medio Colombia está en ello.
Llegamos a la plaza y damos una vuelta para echar un vistazo. La iglesia, como
viene siendo típico, es grande, así que entramos y nos quedamos un rato ya que
hay oficio. Salimos y en una terraza vemos a Loli, Jose y Josemi, así que nos
juntamos con ellos y poco a poco nos vamos juntando parte del grupo. A la hora
convenida nos juntamos el grupo entero para cenar. Es un sitio muy chulo y nos
tienen reservada una mesa alargada. Lo que falta es hambre porque no sé si
alguna vez he comido tanto durante tantos días seguidos, pero ya que estamos se
come, jeje. Antes de empezar a cenar Miguel nos da la mala noticia de que
mañana no podemos ir por la pista que tenía idea ya que con las lluvias está
rota y difícil, así que la mitad de la ruta será la misma que la de hoy pero al
revés. Una pena, pero ahí poco podemos hacer. Ahogaremos nuestras penas en
sangría, jaja, así que nada, entre pizzas, pollos y cosas muy ricas vamos dando
cuenta de la cena. Todo rico, todo bueno. Después de cenar Aureli insiste en ir
a tomar algo por ahí pero terminamos volviendo al hotel. Ay, pero qué mayores
nos hacemos!, jaja, De todas formas eso no quita para que algunos del grupo se
vayan a seguir la fiesta, claro que sí!
4 de diciembre
Jardín
– Venecia (Hacienda Cafetera)
Como siempre, nos levantamos y
bajamos a desayunar donde nos espera un buen desayuno. Organizamos todo y
empezamos ruta. Como nos comentó ayer Miguel hoy no vamos a hacer la ruta que
tenía preparada, ya que la pista por donde íbamos a ir debe de estar delicada,
así que nada, volvemos a coger la autopista y carreteras rápidas. Lo de que las
motos no paguen por las autopistas es algo que me tiene enamorada. Vas por una
esquinita y pasas, jeje, me encanta. Al ir a salir con las motos me comenta
Miguel a ver si me puede cambiar la moto. Yo llevo la suya y él la mía. Es
porque mi moto, a mi entender, refrigera en exceso y le quieren echar un
vistazo, así que sin problema se la cambio. Es la misma moto solo que de otro
color. Así que nada, salimos y ya que estamos volvemos a aprovechar para
acelerar la moto y me vuelve a sorprender. La verdad que van muy bien incluso
por autopista. Otra cosa que me llama la atención es el hecho de que los
camiones para darte paso en un adelantamiento ponen el intermitente izquierdo
en vez del derecho. No termino de ver que eso ayude mucho ya que no sé si se
marcan para facilitar el adelantamiento o para girar a la izquierda, así que
con ese detalle hay que estar muy atentos.
Paramos a comer en un sitio de
carretera. Vuelvo a pedir trucha y de la misma forma que en la casa particular
donde comimos fue la mejor trucha que he comido en la vida, en este sitio es la
peor trucha, tanto que la pruebo un poco y entre que no tengo hambre y la
calidad es mala, la dejo. Viendo el resto de platos de la gente me doy cuenta
de que es un sitio donde ponen comida tipo “rancho”. Pico alguna cosa que han
sacado para todos, que está bien bueno, y con eso ya hago (y me sobra, qué
llenazo llevo por Dios). Cuando llega el postre nos indican que tienen
macedonia. Basta con decir “no quiero nada, gracias” pero yo qué sé, y al final decidimos pedir la
macedonia. Tengo que decir que muchos de nosotros la pedimos pensando que es
algo ligero. Fruta, ya sabes. Oigo de refilón como que la macedonia es para dos
personas, así que Rafa y yo pedimos una. Cuando la sacan nos sorprende a todos.
Madremia, el bol enorme, pero enorme eh?, con fruta dentro, ya sabes, plátano,
manzana, fresas, guayaba, cosas así, mezclado todo con helado y nata. Repito:
helado y nada!, pero ¿qué concepto tienen aquí de la macedonia?, jaja, así que de
ligero nada. Buaf. Eso sí, está buenísimo! Soy pecadora de dulces, lo
reconozco, y hoy no voy a hacer una excepción, me digo a mi misma que de
perdidos al río y no rebaño el bol de milagro. Muy muy bueno. Eso sí, a la hora
de irnos me cuesta hasta levantarme de la mesa, juas!
Salimos con las motos y a la de poco
llegamos a la Hacienda, no sin antes pasar por un montón de cafetales. Es un
paisaje tremendo.
La hacienda es muy chula, y si
hay que sacar alguna pega es que no hay GinTonics. Arg. Sólo Ron, así que habrá
que probarlo. Nos informan de que se cena a las 19:00. Eins?. Nono. Hoy no
ceno. No me da, jaja, así que nos duchamos y enseguida dan las 19:00. Sigo en
mis trece, no ceno, porque si ceno reviento, así me quedo leyendo un rato y
cuando terminan me acerco para la sobremesa. Se habla de motos, de viajes, es
decir, nuestros temas y siempre siempre me gusta hablar de esos dos temas. A
medida que el tiempo va pasando noto que el estómago se me asienta y me tomo un
vaso de leche con pan de molde que me sabe a gloria, luego un jugo de moras,
buenísimo, y ya que estamos lo mezclo con ron y oye, qué bien entra todo, jaja
Al final todo el mundo se va
retirando a dormir y nos quedamos Miguel Rafa y yo hablando de, como no podía
ser de otra forma, viajes en moto. De repente entra un murciélago. Así, de
golpe, zas! Y nos hace unas pasadas interesantes, fiuuuu, fiuuuu. Inevitable
que la visión de Drácula acuda a mi mente y un escalofrío me recorra el cuerpo,
jaja. Seguimos hablando, a gusto, blablablá, y la noche va pasando..
Hale, a dormir

5 de diciembre
Hacienda
cafetera
Hoy toca día de relax. Pasaremos
el día en la Hacienda y tenemos a la mañana el Tour del Café. Perfecto. Nos
levantamos, desayunamos y salgo a dar un paseo por los alrededores. El sitio es
muy chulo y hasta donde alcanza la vista son todo cafetales. Ando un rato,
respiro. No tengo prisa. Subo por una pista bastante empinada para encontrarme con tres trabajadores que están plantando (se
dirá así?) pequeños cafetales en unos agujeritos en la tierra. Hablamos un
rato. Les pregunto cosas del café, de cómo se planta y terminamos hablando de
salarios y algo de política. Veo que en todos los sitios cuecen habas...aunque
en unos sitios más que en otros…
Cuando veo que llega la hora del
Tour me despido y bajo. En cuanto estamos todos juntos arranca el Tour. Nuestro
guía se llama Gilbert y nos va conduciendo a pie por el cafetal, donde nos
explica tooooda la producción del café, es decir, desde cómo se planta hasta que
tienes el café en la mesa. Nos va enseñando diferentes áreas del cafetal para
que veamos dónde se planta, se recoge, se trabaja el grano y finalmente nos
lleva a una estancia donde hacen una cata de café y así la gente puede ver,
dependiendo el proceso que ha tenido el café, los diferentes sabores. A mi me
parece curioso porque los dos cafés más naturales tienen un aroma que en última
instancia me recuerda al chocolate. Que por cierto, cuando íbamos de un lado a
otro nos ha enseñado el fruto del cacao. Nunca lo había visto y me
sorprende. Lo abre y tiene como una tela blanca y por dentro es morado, qué
curioso! La verdad que nos lo ha explicado todo muy bien y ha sido muy amable.
En seguida llega la hora de
comer. Como siempre todo muy bueno y la sobremesa mejor. Me siento muy cómoda
con este grupo. Cada uno tiene algo que aportar y todo enriquece. Poco a poco
la gente se va retirando a las habitaciones a descansar. A mi eso de meterme en
la cama después de comer no me va, así que me pongo un ron, cojo mi libro y
salgo al porche. La temperatura es perfecta. Fuera veo que están Gabriel,
Daniel, Julio, Jose y Josemi. Cada uno a su bola, así que me siento, abro el libro y
me dedico a disfrutar de todo. Pasado un rato Daniel, Loli, Jose, Josemi y
Julio se van en taxi a estar unas horas en Manizales. Gabriel y yo nos quedamos
un rato más charlando de todo un poco. Al cabo de un rato aparecen Fernando e
Inma que habían ido a dar un paseo. Fernando se va a la piscina y a la de nada
viene Inma y nos pregunta si queremos ver una iguana. Claro que sí!, así que
allá que vamos. Anda!, ahí está! A la de poco aparece otra. Están en las ramas, se
mueven muy despacio y son, a mi parecer, grandes. Vaya bicharracos más chulos.
Saco unas fotos y me voy a otra
parte de la Hacienda a leer. Es una terracita que está al lado de nuestra
habitación. Muy tranquila. Tiene unas sillas tipo butacas, de mimbre, muy
cómodas. Al asomar el cabezón pensando que no hay nadie le veo a Miguel. No
quiero molestar su paz así que le pregunto si acepta mi compañía a lo que me
dice que por supuesto, así que ahí nos quedamos los dos, cada uno en su mundo. Abro
el libro y antes de empezar a leer levanto la vista para mirar y respirar. Qué
chulo es todo. Vaya paisaje. Todo es vegetación. Veo plantas que no había visto
nunca, o cuanto menos no son de mi entorno. Como soy una ignorante en el tema
de plantas me quedo observando y escuchando todo. Sobre todo escuchando. Cierro
los ojos, respiro, y escucho. Es una mezcla de silencio con la naturaleza
llamando a sus puertas. Abro los ojos y leo un rato. Más tarde levanto los ojos
y vuelvo a mirar, y de repente me doy cuenta de que me he dormido, y empiezo de
nuevo ese proceso de leer, mirar, oír y dormitar. A una de estas que abro los
ojos veo que la niebla de la montaña empieza a zamparse un lado de mi visual,
mientras que del otro lado veo otro bando de niebla que empieza a hacer lo
propio desde el otro lado, así que me paso la siguiente hora, literal, viendo
cómo una parte de la niebla se va a encontrar con la otra parte. Esto es la
guerra. Dudo de quién va a ganar, pero a medida que se acerca una con otra de
repente desaparecen y yo, me vuelvo a dormir sabiendo que la guerra se ha
aplazado. Qué paz. Entre una cosa y otra me paso en torno a un par de horas ahí
con el libro abierto, mirando el paisaje, leyendo a ratos y dormitando en otros
ratos. De hecho en algún momento me giro y veo que Miguel no está. Ni me he
dado cuenta de su marcha. Qué relajación, qué paz…
Cuando se acerca la hora de la
cena, otra vez sobre las 19:00, me levanto, me ducho y salimos Rafa y y yo al
salón principal. Ahí está casi todo el grupo. Hablamos, reímos, llegan los de
la excursión de Manizales con sombreros y demás historias y vamos a cenar. Todo
rico, todo ameno. Luego la sobremesa, agradable, siempre. A eso de las 21:30 la
gente va yéndose a dormir y nos quedamos Daniel Rafa y yo un rato más...así se
puede estar una vida entera, eh?
6 de diciembre
Hacienda
Venecia – Salento
Dormimos muy bien. Me levanto y
cuando voy a ducharme veo algo raro. Fijo la vista y ahí va Dios, qué es eso.
Una araña de un tamaño considerable, por lo menos para mis miedos. Ostia. “Rafa,
Rafa, Rafa, mira mira mira mira, uiuiuiui”. Se acerca y no le entra el pánico.
La mira y dice que sí, que tiene su tamaño, pero que bleh. ¿Cómo que bleh?,
pero si es enorme, por Dios. ¿Y si salta?, pregunto. No salta, me dice. Venga
ya. Claro que saltan. Las arañas saltan!, boh.
No quiero matarla. No quiero ser
la turista que llega a un país ajeno y porculea. Nononono. Por mi parte intento
dejar las cosas como las he visto al llegar, y esa araña estaba viva, así que
viva la quiero dejar. Además, cómo lo haría?, cómo matarla? Tendría que dejar
caer algo contundente porque con mi zapatilla no lo voy a hacer, es enorme por
Dios. Dado su tamaño tiene que ser difícil matarla. Arg. Opto por taparla con
una toalla. Si no la veo no existe, jeje. Perfecto. Surte efecto. Me ducho
tranquilamente. Cómo es la mente, eh?, la fucking araña sigue ahí, pero como no
la veo..jaja
Desayunamos, nos preparamos y
salimos. Hay mucho tráfico en la carretera. No es como estos días pasados, ya
que es sábado y como el lunes es festivo está todo el mundo dando vueltas por
ahí. Atascos y demás historias y la mañana va pasando. Tienes que estar con mil
ojos ya que hay gente por todos los pueblitos por los que pasamos. Además, como
no hay normas, cada uno va a su bola, pero como digo el tráfico fluye, y vamos
haciendo kms…
Paramos a comer en Filandia. Un
pueblo turístico y bonito. Pedimos ceviche, que personalmente me parece que
está fuerte (a Rafa le gusta) y luego me zampo un arroz con calamares que está
para chuparse los dedos. Bebo Coca-cola. Hace que no bebo coca-cola unos 25
años, no por otra cosa, sino porque no soy de refrescos pero la verdad, dada
nuestra trayectoria alimenticia de viaje, donde no paramos de comer y comer,
tengo el estómago algo tenso, y al ver la bebida de un compi noto que me
apetece y pienso que me va a venir bien. O eso dicen. La bebo. Qué buena está,
no?. Es extraño, nunca me han terminado de gustar los refrescos…el caso que
entre la comida y la Coke me siento perfectamente. Cuando tocan los postres,
viene un camarero con una tarta vela incluida. Es el cumple de Inma (Felicidades!)
así que tarta al canto y a seguir comiendo, jaja. Esto es un sin parar!, jaja
Después de comer damos una vuelta
por la plaza del pueblo. Es muy turístico y las tiendas tienen cosillas muy
chulas. Es curioso el tema de la policía. Se paran al lado nuestro y nos
preguntan por las motos, por aquello, por lo de más allá. No sé cómo será la
policía con los lugareños, pero en todos estos días de viaje lo único que puedo
decir de ellos son cosas positivas. Entramos Montse y yo a una tiendita donde
compramos unos nikis de recuerdo. La verdad que la tienda tiene cosillas
interesantes pero es hora de salir ya que hemos quedado a una hora en concreto
para seguir ruta.
Salimos de nuevo con las motos,
brum brum y vamos hasta Salento. Ducha y
para la calle. Vamos vamossss…me encantan estos pueblos. Nos metemos en un bar
con Fernando e Inma donde tienen música en directo. Salimos y nos desperdigamos
por ahí. Salseamos por las tiendas, entramos, preguntamos y al final compras
más cosillas. Rafa café (no podía ser de otra forma!) y un cinturón y por mi parte
recuerdos para la familia. Dejamos las cosas en el hotel y al salir de nuevo
nos encontramos con Montse y Aureli. Paseamos. Hay ambientazo. Está todo
iluminado por la Navidad, algo que me choca ya que en España seguro que hace
frío y aquí se está muy bien. Me choca ver ambiente navideño sin frío. Antes de
cenar entramos en un bar donde hay música en directo. Es un chico que guitarra
en mano y música de fondo puesta a través de un portátil nos deleita con
canciones de ahora y de siempre. Bebemos mojito. Está rico. Montse pide un
cocktail que se llama “sexo en la montaña”, jaja, que está muy bueno!. Cantamos
y reímos al son de la música. Qué buen rollo de tarde..
Salimos y vamos a cenar. Esta vez
toca un sitio, como es habitual, muy bonito donde ponen cosas a la parrilla.
Vaya zampadas nos estamos metiendo, madremia. Miguel cuando nos ve llenos nos
dice que no tenemos por qué seguir comiendo, pero nadie le hace caso, todos
comemos, todo está muy bueno..jeje..
Terminamos de cenar y venga,
algún postre cae. A ver quién baja todo esto después de vacaciones!
Al final de la cena Miguel nos da
una charla sobre el viaje, ya que es nuestra penúltima noche juntos y mañana es
el último día de ruta. Cómo pasan los días..
Después de cenar la gente se va
retirando y Daniel Rafa y yo vamos a tomar la última a un bar de la plaza. Está
todo muy tranquilo. Nos pedimos unos gintonics que están muy bien y Daniel nos
informa que habían estado ahí antes de cenar y como en Colombia (por lo menos
en los sitios donde hemos estado) no llevan eso de poner gintonics, les habían
puesto unos ssssuper cargados, pero los de ahora están muy buenos. Se ve que
han aprendido a ponerlos, jeje.
Charleta y a dormir, que mañana
toca último día de ruta..
7 de diciembre
Salento
– Pereira
Nos despertamos, desayunamos y
hale, para las motos. Hoy la ruta es cortita y algo aburrida. Hay tráfico y las
carreteras son bastante normales. Como ya he dicho aquí hay motos a patadas, y
son usadas en su mayor parte para el transporte de personas y cosas. A veces
llevan cosas gigantes que no sabes ni cómo las atan, otras van tres personas en
la moto, pero en esta ocasión vemos a un chico que lleva un motor de algo en la
moto. Un motor! De hecho lo lleva mal atado y lo anda sujetando..es tremendo
todo esto.
Se nota que es festivo ya que al
pasar por los pueblos hay ambientazo. Es increíble la marcha que
tienen los colombianos, me encanta.
Para la hora de comer ya estamos
de vuelta en el primer hotel donde dormimos, en Pereira. Es como volver a casa.
Dejamos las motos, nos abrazamos, sonreímos, metemos las cosas en la habitación
y bajamos a tomar algo antes de comer. En este sitio tardan en sacar las cosas
como mil años, así que algunos aprovechan para darse un baño en la piscina,
otros descansan y nosotros con la mayor parte del grupo vamos al bar. Bebemos,
hablamos, celebramos lo vivido estos días..
Para las 15:00 nos ponen de
comer. Al terminar vamos a la habitación
para dejar preparado todo lo que se pueda para mañana, ya que será levantarnos,
desayunar e irnos para el aeropuerto. Es una sensación agridulce. Es extraño.
Una vez terminamos Rafa decide echarse una siesta y yo me voy a la piscina. Al
salir de la habitación veo un par de personas en la pisci y según me voy acercando me doy cuenta
de que son Inma y Julio, así que me uno a ellos. Hablamos de todo un poco. Al rato
llega Fernando y va directo a darse un chapuzón. A mi que me cuesta entrar la
de Dios, bufs. Me da envidia ver a la gente que según llega, zas!, para adentro, jeje.
Yo a mi ritmo, txintxo txintxo voy entrando y una vez dentro, sí, efectivamente,
se está de lujo.
Más tarde se acercan tres
españoles, y digo españoles porque se les ve. Nos parecemos todos un poco, no?,
son de Valencia y han llegado hace poco. Han venido a Colombia - nos dicen - a salir de fiesta,
así que supongo que lo pasarán bien, porque Colombia tiene una fiesta tremenda.
Para ser sincera no es que me den muy buen rollo, así que te cruzas un par de
frases y listo. No sabría transmitir lo que me llegó, pero no sé …
Dejamos pasar la tarde
tranquilamente, sin prisa. Llega la cena y parece que todo se precipita. Cenas,
bromeas, alguno dice unas palabras, brindas y el reloj va a lo suyo, corre, y en seguida nos vamos retirando
cada uno a su habitación. Cómo pasa el tiempo..
8 de diciembre
Día
de vuelta
Me levanto pronto y salgo a desayunar. Miguel
ya está por ahí dando vueltas..es un campeón. Charlamos y mientras desayunamos poco
a poco la gente va bajando. Se respira aire de despedida. Estamos ya pensando
en el tema avión. Baja Rafa, desayuna y nos acercamos a las motos a despedirnos
de ellas. Les doy las gracias por traernos de vuelta sanos y salvos. Se han
portado muy bien.
A la de nada estamos todos abajo
metiendo las cosas en el taxi que nos va a llevar al aeropuerto, y el reloj
sigue corriendo, jum, ¿qué prisa tienen los relojes cuando quieres que no corran tanto?
Nos despedimos de Daniel y
Gabriel ya que se quedan un día más. El resto nos vamos para el aeropuerto.
Una vez allí, que si facturas,
que si tal o cual, y de repente ya estás sentada en el avión…
9 de diciembre
Un par de vuelos más tarde
aterrizamos en Madrid con retraso (el vuelo de Bogotá – Madrid salió 3 h 30
m más tarde de su hora). Salgo medio atontada y vamos a recoger el coche, ya
que aún nos quedan unas 5 horas hasta casa. Estamos cansados así que el viaje
de vuelta se hace largo y por mi parte, que conduzco, pesado. Pero la verdad, todo ha merecido la pena. Sonrío.
Conclusión:
Ha sido nuestro primer viaje en
muchas facetas. Ha sido la primera vez que salimos fuera de Europa, que cogemos
un avión de taaaantas horas y con escalas, de contratar una empresa con guía y
alquiler de motos, etc...así que muchas cosas eran nuevas. La organización de la
empresa 30mps me ha parecido impecable. Lo hacen todo fácil. Están ahí por y
para ti. Cuidan de ti y de las motos de manera excepcional y el trato siempre
de primera categoría. Los sitios donde hemos dormido y comido, muy chulos, cada
uno con su encanto. Miguel, el jefe, lo ha dado todo. Siempre al tanto de
cualquier cosa, amable, efectivo, con la sonrisa puesta y mirando todo al
detalle. Organizador nato. Julián tremendo, siempre pendiente de las que las motos vayan finas, con ganas de darte cualquier información sobre lo que estamos viendo y una amabilidad que desborda, y Mauricio, el mecánico, es la sombra que siempre te acompaña, que está para todo y que hace su trabajo con una sonrisa y una dedicación que ya querría cualquier empresario. Un magnífico trío. El grupo con el que hemos ido brutal. Todo el
mundo aportando, de buen rollo, charlas muy amenas a lo largo de estos días.
Volvería a viajar con ellos sin ninguna duda.
En definitiva muy contenta tanto
con la empresa que organiza como el grupo que hemos tenido. Tengo muy buenos recuerdos
y espero, tarde o temprano, volver a ver a estar con esta gente tan maja y que
tanto me han aportado. Si he de sacar un “pero” a todo esto ha sido las horas
encima de la moto. En mi opinión han sido pocas y pienso que se podía haber
rodado algo más, pero claro, yo no conozco Colombia, ni sus carreteras ni sus
pistas, así que si lo han hecho así entiendo que es por algún motivo.
¿Volvería a repetir un viaje de
este estilo y con esta empresa?. Sí. No lo digo por decir, ya que acabamos de dar
señal para otro viaje en 2026 con 30mps, no te digo más..
PD: Después de llegar a casa y estar un par de
días cogiendo ritmo, nos fuimos a pasar los días que me quedaban de
vacaciones a Barcelona con Aureli y Montse. No tengo palabras para ellos. Menudos anfitriones! Para quitarse el sombrero
una y mil veces. Menudo final de vacaciones que hemos tenido, tremendo!
Gracias a tod@s por este pedazo viaje!






































































