domingo, 12 de julio de 2026

Blackbee 2026

 

Junio 2026

5 días de ruta por la zona de Guadalajara, Madrid, Sierra de la Demanda y todo lo que cogemos por la mitad

Ya estamos otra vez por aquí. Otra salida motera digna de mención.

Después de dos años (estuvimos en el 2024) decidimos volver a la Blackbee, que es un evento (como les llamen ahora a estas cosas) que se realiza en Guadalajara donde eliges la ruta que quieres (300 kms, 500 o 700)  y te van dando un track (una ruta), el cual te lleva a un punto de control, donde lees un QR, que te lleva al siguiente punto, etc..hasta completar la ruta. La idea es que te lleven por carreteras chulas. Así que lo dicho, meses antes nos dimos de alta para hacer la de este año 2026, algo que parecía lejano en el tiempo, pero como suele pasar, las cosas llegan, y la Blackbee también.

El caso es que yo tenía idea de ir con la gordita (mi moto de siempre, la Honda CB1000R del 2014), pero hace un mes en una salida de 3 días volví a tener la misma avería con ella que el año pasado (algo que duele y empieza a cansar, ya que desde el reglaje de válvulas la moto no termina de ir bien) así que como la tengo en el taller, decido ir con la CRF300L y Rafa con la Fantic Caballero 500. Como en el trabajo me habían dado 5 días usamos la Blackbee como excusa para hacernos unos kms de ruta (que al final salieron casi 2.000).

Con todas las ganas del mundo salimos el viernes para bajar de tirón a Guadalajara ya que el día del evento es el sábado. La vuelta la haremos en 2-3 días según nos apetezca.

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Día 1

Son alrededor de 500 kms desde Usurbil a El Casar (el pueblo donde tenemos el hospedaje y desde donde sale la Blackbee mañana), así que decidimos bajar del tirón y si vemos que vamos bien de tiempo, cogeremos alguna carreterutxa.

Salimos por la N1 hasta Alsasua y de ahí nos metemos a Urbasa, que como siempre digo, no defrauda. Da igual cuántas veces haya pasado por ahí. Siempre, o sea, siempre, disfruto de sus paisajes, de su subida y su bajada, pero lo que realmente me gusta, es esa planicie de arriba. Siempre me deja con la boca abierta. Siempre.

De ahí bajamos a Estella para repostar y en la misma carretera nos cruzamos con el grupo que baja desde Gipuzkoa. Ellos salen de Donosti dirección Guadajara. Por el camino quedan con diferentes moteros en diferentes sitios de tal forma que el grupo va creciendo hasta llegar a Guadalajara. Qué casualidad habernos cruzado! No hemos bajado con ellos ya que al ir en motos txikis e ir a otro ritmo no queremos molestar. Nos saludamos con alegría al cruzarnos y vamos a repostar.

De Estella vamos por Lodosa y Arnedo. Esta zona, salvo algún paisaje puntual, es sosillo. Alguna recta y txinpún. El calor empieza a apretar y por lo que hemos oído, estos días hará más calor. Quizás alguien pueda pensar que en moto con calor genial, pero no. No. O sea, no. Si es calorcito, oye, genial, pero calor, lo que es calor, no es nada bueno. De hecho si hace mucho calor se procura no salir en moto. Ten en cuenta que vamos con cazadora, pantalones, casco, guantes, y aunque tengamos material de verano, no es nada bueno que haga calor sofocante. Ahora mismo no hace calor del malo, pero empieza a apretar, así que se agradece subir el puerto de Oncala. Creo que nunca había venido por aquí. Al empezar a subir Rafa me comenta por el intercomunicador que “en inverno hace un frío que pela”. Como es de Bilbao y esta gente tiende a exagerar no le hago mucho caso, jaja, pero lo cierto es que al llegar arriba noto cierto cambio de temperatura con la de abajo, así que por una vez (sin que sirva de precedente, jaja), va a tener razón.

Paramos a comer en Garray (Soria) recordando viejos tiempos, ya que allá en el Pleistoceno, cuando Rafa y yo empezamos a salir, pasamos nuestra primera noche “oficial” (es decir, esa que sabes que vas a dormir en la misma cama) en ese pueblo, así que con ese pensamiento entramos al pueblo. Subimos las motos a la acera y sí, aquí el calor aprieta, ojalá tengan aire acondicionado donde comamos. Entramos a un bar que está ahí mismo y nada más entrar se nota que no hay aire acondicionado, pero no se está mal. Pedimos algo rápido, algo de picoteo, un par de raciones de ensalada campera con pan, y el café. Mientras nos sirven me fijo en dos niñas que están en una mesa con – supongo -  su abuela. Por la forma de comportarse está claro que son hijas de alguien que trabaja ahí. Sale un hombre de la cocina a llevarles comida. Es el padre. Va con delantal. Es guapo, con porte, de tez morena y joven. Apuesto a que es cubano. Les habla con cariño a las niñas. Ellas son morenitas de tez. Lo que me llama la atención es que se llaman Alaia y Ainhara. Nombres de mi zona a todas luces. Comen como todos los niños, esparciendo la comida por el plato y a poquitos mientras bambolean (sin llegar a tocar el suelo, porque no llegan) las piernas en la silla. A la de poco sale una chica de tez blanca y habla con ellas. ¿Será la madre?. No sé. Cuando voy a pagar en barra le pregunto a la chica que trabaja ahí, la cual yo apostaría que ésta sí es la madre, la curiosidad de que tengan nombres vascos. Le explico que soy de Gipuzkoa, para que no piense cosas raras. Ella me comenta que su madre es de Donosti o de por ahí, (me dice, “muy vasca ella” – no sé a qué se referirá con muy vasca, esto de las nacionalidades a veces me confunde, en mi caso soy poco o muy vasca vista desde fuera?) y que es la chica que ha salido antes y hablaba con ellas. Es una anécdota, sin más, pero me hace pensar en el destino de las vidas. No sé si el padre es nacido en España, en Cuba, en donde sea, ella del Norte, pero ¿cuándo se cruzaron ambos caminos? Qué historia (quiero pensar que romántica) les ha llevado a esa pareja a arraigarse en Garray?.

Como vamos con buena hora, decidimos hacer algo de ruta, así que vamos por Quintana Redondo y echamos gasolina en Hortezuela, ya que Rafa va algo escaso. Para llegar a Hortezuela te tienes que desviar 2,5 kms de la ruta, pero sabemos de otra vez que pasamos por ahí pelados de gasolina que es la única gasolinera de la zona (que conozcamos). Por el intercomunicador recordamos aquel momento, en que paramos en el pueblo de al lado buscando desesperadamente una gasolinera, donde vimos unos militares con un par de tanques con ruedas (que no sé cómo se llaman, soy ignorante en material militar, aunque tengo que decir que me encanta verlo) y les preguntamos (quién mejor que ellos para indicarnos una gasolinera? Ese bicho que llevaban tenía que chupar la de Dios) dónde podíamos encontrar una. Muy amablemente nos indicaron la de Hortezuela. Así que allá nos dirigimos. Como diría un conocido nuestro “es lo que tiene estar viajado”, jaja. Un tío majo, sin duda. Y sí, efectivamente, viajado.

Salimos hacia  Miedes de Atienza donde se nos cruzan un par de corzos (parecen madre e hija) y más tarde, uno en solitario, que este sí, pasa a pocos metros por delante de mí. Da que pensar, porque si paso por ahí un par de segundos más tarde es posible que habría tenido un percance. Todo esto es zona de corzos y demás animales, así que estos días vamos a tener que estar muy atentos. Unos kms más tarde pasamos por Atienza, donde gano una apuesta de un helado con Rafa (nos encantan los helados de heladería. Los buenos, los de verdad – lo que no significa que en todas las heladerías tengan buenas helados, claro -. Tengo que decir que a mí me gustan más – diría que mucho más - que a él. Me chiflan). Él decía que no íbamos a pasar por Atienza y yo que sí. Y al final pasamos. He de decir en su defensa que ha sido un malentendido de apuesta, así que se la perdono. Él pensaba que íbamos a ir por su ruta, y como yo iba primero con mi gps se ha hecho otra. Así que “in-nomine-patri”, se la perdono. No creo que le hace mucha gracia, porque responde algo así como que “no no, yo la pago”, jaja. Cómo somos los vascos con las apuestas!. La verdad que son sagradas. Las apuestas se pagan, sin duda, pero sí, en esta ocasión ha sido un malentendido.

Seguimos ruta, y el calor sigue apretando. Pasamos por Jadraque y después de alguna recta llegamos al “El Casar”

Mientras preguntamos por nuestra habitación (gracias Txema por gestionar el tema del hospedaje) llegan el grupo que han salido de Gipuzkoa, con el que nos hemos cruzado por Estella, vamos, con el que compartimos hospedaje!, de nuevo casualidad!, jaja. Saludos besos y abrazos de rigor, y hale, para la habitación. Qué bien porque fuera hace calor, así que la idea de ir a la habitación para darnos una ducha y con aire acondicionado gusta bastante. Nada más entrar, zas, tortazo en la jeta. Qué calor hace dentro, no?, bufs. “Rafita! Qué calor!” (es mi forma de decir, “miras el aire, porfi”?), a lo que él solícito (como siempre, suele ser el organizador en las habitaciones), encuentra el mando y enciende el aparato. Pasados unos minutos donde tratas de ordenar todo el equipaje me doy cuenta de que eso no es que enfríe mucho. Soy muy pero que muy susceptible a los cambios de temperatura (casi siempre tengo frío o fresco, así que suelo tener mucho cuidado con los aires acondicionados) y sé que este aparato no está tirando frío. Se lo comento a Rafa y me dice que qué raro, que está encendido a la temperatura correcta. Comentamos que cuando volvamos seguro que notamos el cambio de temperatura, aunque internamente me da que no. Nos pegamos una ducha y salimos a la hamburguesería donde se reparten los dorsales, explican el tema de la ruta de mañana, y cenamos. Vamos en una moto, en este caso la Fantic de Rafa. Siempre que voy de paquete en una moto, que son contadísimas veces y para temas como este, me acuerdo de mi adolescencia, y siempre me invade esa nostalgia agridulce. Ese querer volver a esa época donde la amistad reinaba por encima de todo (o eso creías, ya que el tiempo te ha demostrado que, en muchas ocasiones, todo tiene un límite) y por mucho que sepas que recordamos el pasado mejor de lo que fue (porque eso tiende a hacer el cerebro cuando se vuelven a momentos donde lo pasamos bien), lo echas de menos.

Llegamos donde se celebra el evento donde ya vemos unas cuantas motos aparcadas y ambiente motero. Cómo me gusta este ambiente. Sacamos algo de beber y nos dedicamos a salsear. Miras motos, reconoces caras de la otra vez que viniste, estás con amistades de aquél año, es decir, alegría, felicidad, y buen ambiente. Mención especial a Andoni, que le conocimos hace dos años, y es un sol de tío. Como le digo yo “tío grande en moto grande, eres tú”, jaja, y ahora ya puedo añadir con conocimiento de causa “tío grande, con moto grande y sonrisa grande, eres tú Andoni”, un crack, contigo siempre es un placer estar!

Realizan el sorteo, que como viene siendo habitual no nos toca nada, jaja, hacen el breafing de la ruta, nos sacan la cena (había que pedirla antes y se forman colas, menos mal que Rafa se habia ocupado de la gestión al llegar y Txema nos sienta en la mesa de los gipuzkoanos que han bajado juntos – gracias! - ) y entre jajas, y jejes, van pasando las horas. Nos ponemos todos los que hemos bajado de Gipuzkoa en una mesa y se crea un ambiente muy chulo. Hablamos, nos vamos conociendo los que no nos conocemos y saludando los que nos hemos visto de antes. En cuanto vemos que se acerca tormenta (se ven los rayos iluminando la noche) decidimos ir para el hostal. Al llegar nos damos cuenta de que el aire acondicionado efectivamente no funciona. Sabemos que va a ser una noche jodia, jeje, pero bueno. Bajamos al bar y nos tomamos algo en la terraza. A la de nada llegan Ixidro, Aitor y Asier, así que nos quedamos los cinco hablando mientras dejamos pasar el tiempo. Qué a gusto estoy. Qué gente más maja. A una hora conveniente nos vamos todos a dormir…

Venga, a la cama que mañana toca Blackbee!

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Día 2

Blackbee

La organización te invita a un desayuno en la salida del evento pero preferimos desayunar en el hostal, tranquilamente, a nuestra bola, ya que seguro que viendo el tema de la cena de ayer, habrá colas.

Desayunamos, nos vestimos de romano y hale, puntuales estamos en la salida. Al ver las colas para el desayuno pienso que qué bien haber desayunado en el hostal. Leemos el código QR, y hale!, a por la ruta, brum brum!

La ruta está colgada en wikiloc por lo que no me extiendo en el track, así que decir una seria de cosas:

Los primeros 150 kms de la ruta, para mí,  los mejores. Vamos por la Sierra del Rincón, que Rafa en su día comentó que quería verla, hacemos lo que llaman la Muralla china, y entre curvas y más curvas, muy buen asfalto y vistas tremendas, esos primeros 150 kms son dignos de mención.

Al principio de la ruta pasamos a una Teneré de las antiguas y vemos por el retrovisor que coge nuestro ritmo y vamos las tres motos juntas bastante rato. Cuando hacemos una parada, el chico se para junto a nosotros y nos comenta que no se aclara con el Osmand (la app que nos dice la organización que usemos para seguir el track), así que encantados de la vida seguimos ruta los tres juntos. Se llama Carlos y tengo que decir desde ya, que es un placer compartir ruta con él.

La comida muy bien puesta: como hemos llegado de los primeros a comer, tenemos que esperar un poco para que se termine de hacer el pollo, pero la parte buena es que cogemos mesa para los tres debajo de unos árboles en un entorno muy chulo que es tipo merendero. Haciendo el pollo están entre 3 y 4 personales dándole tema a la parrilla, que la verdad me dan cierta pena, porque nosotros nos estamos cociendo con el calor, pero esta gente se está literalmente deshaciendo con el calor que desprende esa parilla. Bravo por ellos, trabajazo.

Una pareja de moteros ha sacado un altavoz y previo aviso de “si a alguien no le gusta la música que pongo que diga y la quito sin problemas” nos deleitan con heavy metal de los 80 durante la comida. Es la música que escuchaba (y que escucho hoy en día), así que tarareando todas las canciones me paso el rato de la comida feliz como una perdiz.

Después de comer hacemos el Alto Tajo, que es otro sitio espectacular. Suso, que es la persona que diseña la ruta, se la ha currado. El tema está que para ir de un sitio chulo a otro sitio, hay rectas, y recuerdo que hace 2 años pensé lo mismo: excesivas rectas. Pero supongo que no se pueden pedir peras al olmo, no? Jaja. A pesar de esas rectas, la ruta está muy chula (pienso que me ha gustado más que la que hicimos en el mismo evento hace un par de años).

En el último punto de control coincidimos con los gipuzkoanos, que parece que nos vamos siguiendo, jaja, y cuando deciden irse, una compi-motera tiene un percance con su z900. Cuando sale del mirador donde estamos sellando el último punto, la gravilla que hay hace que se vaya al suelo al acelerar y se mete un arrastrón. Ufs. El sonido de los accidentes pone los pelos de punto. Es un sonido violento. Al acelerar se le piran ambas ruedas con la gravilla y se arrastra unos metros. Todo se queda en un susto y la moto marcada por ciertos sitios, pero ese sonido, glup, encoge el alma. Es un sonido conocido (quién no se ha caído alguna vez?) y como digo me eriza los pelos. Menos mal que se ha quedado en una anécdota que poder contar. Ella está perfectamente bien y con la sonrisa puesta vuelve a coger la moto y sigue ruta. Genial.

En este último punto nos sellan y nos dicen que de ahí a la llegada lo podemos hacer por donde queramos. Leemos el QR y efectivamente se nos abre el google maps (no el osmand, ya que no han hecho ruta de vuelta) y nos mandan para la hamburguesería. Vemos que nos manda por la Nacional. Son como 90 kms. Dudamos si currarnos un poco el tema pero hace muuucho calor y ya llevamos unas cuantas horas de carretera así que decidimos ir por la ruta que marca google. Más tarde oímos algún comentario de que se podían haber currado el final, ya que forma parte de la Blackbee, cosa que opino igual, pero bueno, así son las cosas. Eso no desmerece para que hasta ese punto, salvo el tema de las rectas de unión, haya estado bien la ruta en general.

Salimos a las 8:30 de la mañana y llegamos sobre las 18:30. Hemos tenido mucho calor, mucho, pero entre los paisajes, el ambiente tanto de la comida como el ambiente del a ruta ha estado genial, hemos disfrutado mucho, así que nos merecemos una (o las que caigan) cervezas!, jeje

Hasta la hora de la cena estamos en la misma mesa donde cenamos el día anterior, todos juntos, brindando por el día disfrutado, sonriendo, riendo, ya distendidos. El ambiente es brutal, tanto que en ese momento no dudo en intentar volver el año que viene, ya no tanto por la ruta sino por el ambiente que ha generado este evento. Es su quinta edición y al ser poquitos, entre los que ya nos conocíamos y los “nuevos” que se van añadiendo, la camaradería surge y el ambiente es genial! Así da gusto!

Cuando se va acercando la hora de cenar, subimos a la habitación, ducha, y vuelta al pueblo. Vemos una pizzería y hale, para adentro, que nos lo merecemos. Cenamos en una terraza que está en un primer piso muy muy tranquilos, disfrutando de la música, de la iluminación, de la buena temperatura y de la compañía mutua. Al terminar bajamos y vemos a una parte del grupo de los gipuzkoanos tomando algo en otra terraza. Dudo si quedarme un rato con ellos (Rafa tiene ganas de meterse en la cama, ha sido un día cansado) pero al final nos vamos juntos.

En la puerta del hostal nos encontramos a dos valencianos del grupo, que estaban mirando algo de las motos. Nos quedamos un rato con ellos de cháchara, majísimos los dos. Estamos un buen rato, blablabla, blebleble, hablando de todo y de nada, pero siempre en torno a la moto. No tenemos remedio!

Venga, vamos al horno-habitación (el aire sigue sin tirar, claro), jaja, que habrá que dormir en algún momento!

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Día 3

Bajamos a desayunar y ya vemos a algunos del grupo dispuestos a irse para casa. Mañana tienen que currar. En nuestro caso nos esperan 3 días antes de volver, así que lasai lasai vamos preparando todo para salir. Tenemos planeado volver a hacer esos 150 kms de ruta que hicimos ayer, los primeros, que nos encantaron, ya que queremos ver bien esa zona e ir volviendo poco a poco hacia casa. Nos vestimos y hale, vamos a darle, vamos a ese calor que desde ya tenemos encima. Arg.

Cuando salimos me dice Rafa que nota la moto rara y que lleva varios días que en el panel de control le sale algo. Le comento de parar y mirarlo pero me dice que nah, que seguimos. A la de 20 kms me dice de parar. Algo no va bien. Como desgraciadamente ya tenemos cierto callo en estas situaciones, volvemos al último pueblo que hemos estado para buscar una sombra y poder mirar bien el tema, no sea que haya que quedarse un rato.

Paramos en el Centro de Salud del pueblo, que hay sombra y un banquito. Como es domingo está cerrado así que podemos estar ahí tranquilamente. Rafa desmonta el embellecedor lateral de la moto y ve que una tela anticalórica que tenía puesta se ha movido tocando la sonda lamba. Piensa que puede ser de eso, así que la quita y seguimos ruta. La moto parece que va perfecta y el tema del panel se ha quitado así que nada, seguimos. A la de nada me dice que le vuelve a marcar algo y la moto no va bien del todo, y en el Puerto de Atazar paramos para que la moto se enfríe un poco.

El Puerto de Atazar es un sitio muy chulo, tanto a nivel de curvas como de paisaje. Una vez que llegamos arriba paramos en un mirador que hay. Por el nivel de motos y coches que hay, está claro que es una zona de peregrinaje para esos vehículos. De hecho mientras subimos nos pasa un Porsche bastante rápido con el típico anormal al volante (opinión basada en mi experiencia vital al manilar/volante), ya sabes, esas pintas de chulo-flautas y esas maneras de conducir le delatan al instante. Según llegamos arriba le veo que sale del coche y lo primero que hace es una foto del coche con las vistas y de seguido un selfie sonriendo. Suspiro.

Miro a mi alrededor y veo bastante gente, en su mayoría moteros de domingo, es decir, la gente que es de ahí cerca y que seguramente sacan la moto para subir el Puerto y estar en ambiente motero. No es mal plan. No es mi plan actualmente pero sí recuerdo en mi adolescencia que solíamos subir al Faro de Donosti con nuestras 50 cc a, digamos que a comer pipas, estar con los amigos y ver el ambiente que se generaba en esa subida. Pues esto parecido, sólo que con gente ya adulta y con pepinos. La verdad que ahí no te aburres, porque entre el paisaje espectacular y que hay y motos yendo y viniendo, no se está mal.

Bajo de la moto y Rafa me comenta que va a poner su moto a la sombra ya que la idea es que se enfrié un poco. La única sombra que vemos es la que dan un par de árboles al otro lado de la carretera y donde, evidentemente dado el calor que hace y lo que pica el sol, está llena de motos y gente. No veo que pueda haber sitio donde meterla, pero Rafa se acerca con determinación, empujando la moto y le oigo que dice “lo siento, pero mi moto necesita sombra”. Y ahí la planta, jaja

Para hacer tiempo cruzamos de nuevo la carretera y vamos al mirador que hay. Realmente es un sitio muy chulo. Tiene una especie de valla metálica donde vemos que hay muchos candados cerrados enganchados. No hace falta que nadie me explique qué hacen esos candados ahí. Supongo que todo el mundo hemos visto alguna peli con esa estampa donde hablan de amores supuestamente eternos. El caso es que mientras disfrutamos de las vistas tenemos una pareja joven al lado y el chico le está diciendo a ella que con su anterior pareja pusieron un candado de esos, y mientras busca entre ellos y al no verlo comenta que le dijeron que ella (su ex), cuando rompieron, subió a quitar el candado. Lo dice con sorna, con media sonrisa puesta, y como una ya tiene años, ese comentario por su parte con esa cara que pone me hace pensar que es un capullo. Su pareja (o la chica que tiene al lado) le mira de reojo y no parece que esté muy contenta porque no le sigue mucho el rollo. Cazado.

El caso es que nos hacemos unas fotillos, miramos las motos que van y vienen y después de un rato decidimos salir. Cuando Rafa intenta arrancar su moto no le hace casi ni ruido. No arranca me dice. Cierro los ojos y suspiro. Esta historia, dada la trayectoria de la gordita este último año, me suena. La parte buena que tiene es que ya sabes lo que hay, paciencia y a intentar solucionar paso a paso lo que surja. Me acerco. Ese sitio donde ha dejado la moto, sigue lleno de gente, y cuando digo lleno no te imagines muucha gente, sólo que la sombra de esos árboles es pequeña. ¿Cuántos estaremos ahí? ¿15 personas + 8 motos?, por ahí. El grupo está claro que son conocidos entre todos aunque parece que se dividen en sub-grupos. Entiendo que son amigos-conocidos-moteros y que algunos han venido juntos y otros separados, pero está clarinete que se conocen de la zona. Todos van vestidos de domingo motero menos nosotros que es evidente vamos de viaje. Sólo hay que ver las  motos para sacar esa conclusión: sucias y con equipaje puesto. Nosotros igualitos a ellas. No hay que ser un lince. El caso es que hablamos entre nosotros, qué hacer, qué no hacer. Rafa se agacha, mira la moto, aquí, allá y yo de mientras levanto la vista y miro alrededor. ¿Te puedes creer que parece que no existimos?. O sea, estamos entre (supuestos) moteros, está claro que con un problema en la moto y está claro que de viaje, y nadie, o sea nadie, nos mira. Todos teniendo conversaciones de relax, de domingo, sacándose selfies, haciendo fotos, echando una risas, viendo la vida pasar y a mi me sorprende el tema porque no existimos, somos invisibles. Rafa se monta e intenta arrancar, pero eso no chuta. Hace un ruidín, mecmecmec, muy tímido, pero nada de nada. Por mi parte sigo observando a la gente. Nadie?, de verdad, nadie nos pregunta si necesitamos algo?. Dónde está esa ayuda entre moteros dela que siempre ese habla?. Me sorprende todo esto. Ni nos miran y están como a metro y medio de distancia. No entiendo. Alrededor tenemos al típico tío tatuado, con cara serio, con unos brazos fuertes cruzados delante del pecho y las piernas abiertas que habla escuetamente (porque él no malgasta sus palabras), a su lado una pareja que está claro que son padre e hijo (el hijo de unos 18 años), muy cerca  hay una cuadrilla de hombres-mujeres vestidos de civil-moteros haciéndose fotos, ellas muy monas y ellos de moteros-domingo, y cerca también (como digo, todos a la sombra), otro hombre con cara agitanado, pelo largo, liso, sabiéndose guapo (lo es) con la sonrisa profiden puesta, y nosotros ahí, en la mitad, con ropa sucia, maletas y demás y con una moto que no arranca. No doy crédito. Seguimos dando vueltas al asunto, Rafa de cuclillas y yo pensando en que habrá que llamar a la grúa cuando se produce el milagro. Se acerca una del grupo, una chavalita de unos 20 años, delgada, blanca de piel, maquillada como un personaje de un manga, ojos grandes y ropa pegada enseñando el ombligo, de apariencia frágil, guapa (me parece extrañamente guapa) que nos pregunta a ver si tenemos algún problema. Lo comenta de forma suave y tímida. Como para excusarse comenta que estudia no sé qué de mecánica. Le miramos y le comentamos que sí, que no arranca. Los del grupo se giran, como si es la primera vez que nos ven a pesar de estas todos en un círculo pequeño (lo que ocupa la sombra de los árboles) y de repente existimos. Uno le comenta al otro, el otro al otro, se acerca el que parece que sabe de mecánica para comentar que está claro que es la batería, mientras el escueto de palabras comenta una historia y el otro acerca un arrancador que lleva en la moto, el cual arranca la moto. Brummmm!!!!, y todos ríen y sonríen y la vida es maravillosa. Suspiro de nuevo. La verdad que con el calor que hace no me apetece nada quedarme tirada en la carretera así que genial!, tenemos moto!!. El que hace de mecánico nos comenta que seguramente la batería esté muerta por lo que si la apagamos no volverá a encender. Oki, entendido. Montamos todo sin que la moto se pare, damos las gracias a todos y salimos.

Qué tal vas Rafa? Bien bien, esto parece que va bien. Pero no, claro que no. La moto a la de nada empieza a dar síntomas de que va de pena. Me comenta que le va a tirones y desde atrás lo veo claramente. Veo que él tiene dado el acelerador en un punto fijo pero la moto va a trompicones, como si tuviese algo enganchado que no termina de soltar. Caguén. Seguimos un rato más así, de esa guisa, esperando que venga la bajada del Puerto para llegar a algún pueblo, pero esa bajada parece no llegar. Llaneamos, bajamos un poco para subir otro poco, y esa bajada no termina de llegar. La moto cada vez va peor y Rafa me comenta que la pobre no tiene ni fuerza. Según damos una curva vemos que la carretera serpentea picando para arriba y suelta un “ui, no creo que la pueda subir”, y efectivamente, hasta ahí hemos llegado. La moto echa el resto pero la cuesta está ahí. Rafa se echa a un lado de la carretera. No hay arcén, así que ese “un lado” es un poco de tierra donde metemos las dos motos. Paramos y txinpun, se acabó la fiesta. Lo primero que pienso es que en mal sitio estamos para quedarnos tirados. Miro a mi alrededor pero no veo una mísera sombra, nada de nada, o sea, nada. Estamos en plena ola de calor con el sol dando de pleno, sin sombra, y dada nuestra experiencia adquirida en estos últimos tiempos con el tema grúa-transporte, van a tardan en venir. Arg. No, aquí no se puede estar. Veo que Rafa saca el móvil  y se pone a buscar el teléfono del seguro. Por mi parte saco google maps y miro a cuánto está el siguiente pueblo,  o algo, o qué sé yo, porque no, definitivamente aquí no nos podemos quedar o nos va a dar un chungo. No hay broma con este sol. Sigo mirando alrededor buscando dónde poder esperar, pero no veo nada. Le digo a Rafa que voy a buscar una sombra. Arranco la moto y salgo. A unos 300 metros de donde estamos corona esa pseudo-cuesta y veo que hay un cruce. Aminoro y veo a un lado un árbol que da una sombra perfecta para nosotros y nuestras motos. Bajo, le comento a Rafa que hay que moverse, que dejo la moto arriba y bajo para empujar la suya. Subo, dejo la moto, cojo cosas (móvil, cartera, etc..) por si a algún desalmado se le ocurre llevarse algo que no le pertenece y me pongo a bajar a pata con ese sol picando. Pica, pica. A la de un par de minutos veo que Rafa está, el muy animaliko, empujando la moto él solo. De hecho casi ha subido la cuestilla él solito. No tiene remedio. De Bilbao, qué le vamos a hacer. Me acerco, le agarro algo y él empuja hasta la sombra. Perfecto. Metemos las dos motos a la sombra y nosotros también. Esto es otra cosa. Aquí sí se puede esperar. Así que nada, a esperar lo que ya sabemos que viene. No sabemos bien cómo hacer el tema de la logística. Resulta que donde dormimos estas dos noches, hoy, casualidad, cierra. En serio?, un hostal cierra un domingo?, tremendo. Así que mientras viene la grúa y el taxi para Rafa, voy buscando dónde dormir. Decidimos llamar a Megan y Suso, los organizadores de la Blackbee, ya que tienen un trato muy cercano para ver si nos pueden echar un cable. Ayer nos dijeron que tenían una comida con unos amigos, pero aún son las 12 así que a ver si hay suerte. La idea es llevar la moto al El casar (ellos son de ahí), donde hay un taller de motos (de hecho estuvimos hablando con el dueño del taller en la Blackbee). Llamo a Megan y le digo lo que nos pasa. Parece que anda liada con algo porque la noto un poco lejana. Le pregunto por un taller de confianza y me confirma el mismo taller al que pensábamos llevarla. Genial. Rafa le llama a Suso pero no le coge. Sé que tenía que hacer un recorrido en moto así que entiendo que en la moto no oye el teléfono. Le dejamos un audio con lo que nos pasa por si a lo largo del día nos puede llamar y echar una mano. Por nuestra parte encontramos sitio donde dormir. Un pueblo llamado “El Molar”, en un apartamento con muy buena pinta, se llama "Villa Antolín". Llega la grúa y decidimos la logística. Nuestra idea es que ya que Megan y Suso viven en El Casar, que el de la grúa lleve la moto ahí y les deje las llaves a ellos, de tal forma que Rafa y yo nos podemos ir al El molar, y al día siguiente, poder ir los dos al taller a primera hora. El caso es que no logramos hablar con Suso para que recoja las llaves así que cambio de planes. Voy yo con la moto siguiendo al de la grúa al taller, dejo la moto lo mejor que puedo en la calle, en la puerta del taller, la cando y me voy al El molar. Rafa al taxi  bajo la sombra del árbol que nos ha cuidado y que le lleve al El Molar directo. Dicho y hecho. Llega el chico de la grúa, que por cierto, vaya sol de persona, con ganas de ayudar, amable, educado y dando ideas de cómo hacer todo, montamos (montan) la moto en la grúa, y hale, vamos para el pueblo. Unos 30 kms después, pasando calor, mucho calor (me imagino a Rafa en la carretera esperando al taxi y me inquieto) llegamos al taller, me ayuda a dejar la moto, le doy las gracias, nos despedimos y se va. Llamo a Rafa y el pobre sigue a la sombra ya que no ha llegado el taxi aún. No tiene agua, estamos en plena ola de calor. Le digo que voy para allá pero me comenta que no, que vaya a El Molar y termine de cerrar el tema del apartamento. Oki. Allá que voy. Menos mal que voy con el google maps porque aunque es un pueblo no está fácil encontrar el sitio. Llego, le llamo a la dueña (a la cual aún no le he hecho el ingreso, por cierto), me dice la clave para entrar (ya sabes, tienen la llave metida en una cajita que va con clave), le comento que en cuanto pueda le hago el ingreso, a lo que ella responde que no hay prisa. Entiende lo que nos ha pasado y pone todo lo que puede de su parte. Qué gustazo de gente, por Dios. Dejo la moto a un lado, abro la puerta y tachán. ¿Qué es esto? ¿Será así el cielo?, nada más entrar noto que el aire acondicionado está puesto. Todo limpio, fresco, ¿será esto la perfección?, jaja, por Dios, sé que hace calor fuera, ¿pero hace tanto calor?. La diferencia de temperatura es brutal. Qué placer, brrrrr. Descargo las maletas pero estoy impaciente por Rafa. Quiero que venga, que se meta aquí dentro, que se refrigere. Sé que está en el fucking infierno en la calle. Está ola de calor es peligrosa. Le llamo, “Rafa, dónde andas?”. Me comenta que ya están por el pueblo pero que no logran encontrar el sitio, pero que llega ya. Me relajo. Ese “ya” son 3 minutos, no mas. Veo aparecer el taxi, de esos negros, elegantes. Se baja Rafa con el taxista, que es muy muy majo. Con corbata, acorde con el coche: elegante. Le doy las gracias por traérmelo. Vamos Rafa, entra, vamos. Me dice que tranquila, que el taxista le había llevado una botella de agua que casi se bebe de tirón y que ha venido con el aire acondicionado en el coche!, y yo imaginándomelo a un punto de deshidratarse, solo en la carretera. Por Diossss…qué de demonios nos visitan cuando la imaginación quiere jugar con nosotros!, jeje.  

Antes de nada, cojo mi moto y la llevo al garaje de la que nos ha alquilado el apartamento. Me hace el favor de guardarla en su casa. Le hago una transferencia con el importe pactado, y cuando vamos a su casa y por fin le veo cara a cara (evidentemente todo el trato ha sido por teléfono) le doy mil (y dos mil) gracias por facilitar todo.

Nos duchamos y salimos a ver si encontramos un sitio donde nos den algo de comer. Son casi las 16:00. A lo tonto han pasado unas cinco horas desde que ha empezado todo esto con un calor que mata. No hay nadie por la calle, nadie, o sea, nadie. Rafa mira en internet y dice de ir a un sitio que tiene un nombre que atrae. El Patio de los Olivos. Atrayente sin duda. Está cerca de donde estamos. No tenemos ni idea así que vamos. Según llegamos vemos que esto es otro paraíso. ¿De dónde ha salido este sitio? No parece haber clientes pero hay gente trabajando. Todos con el uniforme impoluto, amables y con la sonrisa puesta. En serio, ¿qué es esto? Nos sale un hombre y le preguntamos si nos pueden dar algo de comer. Amablemente nos explica que la cocina está cerrada y que ya no atienden comandas. Le pregunto por algo frío, algo que tengan a mano, un bocata de algo que no sea de cocinar, lo que sea. Me mira y nos dice: espera. Se va, vuelve y nos pregunta si nos vale con una ensalada y que si queremos algún filete también. Lo dicho: el paraíso. Casi le beso y todo. Le decimos que con un par de ensaladas vamos perfectos. En seguida manda a un camarero a ponernos la mesa. Todo es elegante. Se está muy muy a gusto. Viene un camarero, nos pone las servilletas, nos saca el agua, la cerveza y de mientras vuelve el hombre que nos ha dado el visto bueno a comer. Está claro que es el encargado. Viene con un plato, el cual según le vamos contando en pocas palabras nuestra pequeña odisea, él lo pone encima de la mesa y lo llena de aceite, del bueno. Según lo pone no mira el plato, nos mira a nosotros. Nos comenta que es para picar. Se queda a hablar con nosotros. Qué profesional. Habla usando las palabras adecuadas. Estamos un rato de charleta, hablando de esto y lo otro. Él nos cuenta cosas y nosotros vamos untando ese pan con ese aceite que sabe a gloria y que estoy a punto de bañarme en él. En nada vienen las ensaladas. En cuanto nos pone todo en la mesa se despide y nos deja ahí, pensando que vaya pedazo de profesional! Todo rico, todo bueno, esto es tremendo. No quiero insistir, pero qué profesionales. Todos. El sitio perfecto. Todo perfecto! Cuando terminamos nos invita a unos chupitos. Really?, nos trae de tres tipos, y nos deja ahí las botellitas para que nos pongamos lo que queramos. A que me quedo a vivir aquí, jaja. Probamos, reímos, hablamos, sacamos un video para Marco, que es mi sobrino y es su cumple (11 años ya, cómo pasa el tiempo). Aprovechando que son tan amables les preguntamos si conocen algún sitio cerca donde poder cenar. El encargado llama a un camarero y él mismo nos reserva en un sitio y nos dice dónde está. Qué mas?, qué amables por Diosssss!. Nos quedaríamos ahí toda una vida pero hay que dejarles cerrar. Salen a las 18:00 y cierran unos días el restaurante. Les damos mil gracias, dejamos propina, que se merecen eso y mucho más y nos vamos al apartamento, al aire acondicionado, a quedarnos en el sofá dejando pasar la tarde. Así sí. ¿Qué es este pueblo?, el paraíso?

En nada llega la hora de cenar así que vamos al sitio donde nos han reservado. Es una terracita donde estamos muy a gusto. Temperatura perfecta, ambiente perfecto. Es un paseo muy chulo el que nos lleva hasta allí. Cuando nos sentamos empieza a oscurecer y por el cielo van saliendo lucecitas que son los aviones que van al aeropuerto. Estamos muy tranquilo, bebemos, comemos y volvemos a reír. Pienso que si la moto de Rafa no se hubiese quedado parada no hubiésemos vivido esta tarde tan chula ni hubiésemos conocido a esta gente con la que nos hemos cruzado y nos han ayudado tanto. El de la grúa, la del apartamento, el encargado (y los camareros) del sitio donde hemos comido..esta cena tan adecuada en el momento perfecto. Suspiro. Qué suerte, no?

Damos otro paseo hasta el apartamento y vamos a dormir, que mañana hay que ir a por la moto de Rafa y ver si podemos solucionar todo.



















Día 4

Nos despertamos, desayunamos y hale, al lío. Rafa habla con el taller mientras yo hablo con la del apartamento para decirle que en cuanto podamos le dejamos todo libre. Sin prisa nos dice.

Vamos a por la pequeña 300 a que nos lleve a El Casar. Nunca habíamos ido dos en esa moto, jeje, y el pobre Rafa me comenta que es peor que ir en el asiento trasero de la gordita (acordándose de cuando su KTM 990 nos dejó tirados en Italia y tuvimos que hacer algo parecido, pero esa vez con la CB1000R).

Llegamos al taller y no voy a contar aquí todo lo que ha ocurrido, pero en definitiva hemos estado como 2-3 horas entre las cuales las noticias han sido como una ola. Pensamos que era la batería pero luego no era porque no cargaba, que podía ser una pieza que tardaría en llegar días (en este punto otra vez nos sentamos para analizar posibilidades, ya que para cuando llegase esa pieza yo tenía que trabajar, que si se queda ahí unos días, que si vuelve que si tal que si Pascual) y al final, han conseguido arreglarla ahí, y encima le han hecho la revisión. Tremendo. Muy eficaces y con empatía. A eso de las 12 salimos del taller, vamos al apartamento, cargamos las motos, le llamo a la dueña, le doy mil gracias y le digo que le dejamos el sitio libre. Muchas muchas gracias.

Por fin en ruta de nuevo. Qué bien!. Seguimos con la idea de hacer esos 150 kms que hicimos con la Blackbee y que nos gustaron tanto, así que al lío. Volvemos a hacer la Sierra del Rincón y la Muralla china y esta vez sí, lo disfrutamos mucho más. Vamos hablando, parando, sacando fotos, mira esto, mira lo otro. Tenemos tiempo, estamos contentos y vamos en moto, qué más se puede pedir?. El calor aprieta, sí, pero estamos felices. Brum brum!. Para quien no conozco la Sierra del Rincón es tremenda y la Muralla China (así la llaman) es una cuesta que serpentea con una subida algo fuerte. Te sorprende que ese trocito de carretera esté ahí, ya que no pega, y está bien, entretiene. Seguimos ruta y a la de nada no es que llegue la hora de comer es que nos pasa un poco y en toda esta zona no es que abunden los sitios. Al final paramos en uno que nos atienden in-extremis ya que el cocinero les ha dejado tirados, jaja.

Seguimos ruta, qué calor. A la de nada Rafa me comenta que tiene que poner gasolina y vamos a un sitio (previa llamada no sea que esté cerrado  y ahí nos hay más gasolineras) a repostar. Lo conocemos de hace un par de años. Está en la zona de Los Condemios. Es una zona que merece la pena. Es muy muy chula. Cojas una carretera u otra todas son muy bonitas y divertidas para la moto. Llegamos a la gasolinera y me sorprende que sea automática. Aquí siempre había un hombre que…y según lo pienso aparece. Me dice que la tiene puesta automática pero que él está siempre por ahí. Hay una tiendecita justo al lado que atiende, así que no hay problema por eso. Mentalmente lo agradezco porque no me gustan las cosas que funcionan sin humanos. Aunque solo sea para saludar.

El caso es que delante de la tiendecita hay una mesa con sillas. Bajo la sombra de varios árboles y ambiente distendido, dejando pasar el tiempo, están tres personas de los alrededores y el hombre de la gasolinera, así que nada, después de repostar compramos un botellín de agua y nos quedamos nuestros 20 minutos de charleta con ellos, hablando de todo y de nada. Hay un hombre en concreto que me llama la atención. 63 años dice que tiene pero exteriormente está cascado. Arrugas que marcan una edad de unos 75. Es lo que veo. Pero las palabras que salen por su boca sí son de 63 años. Me acuerdo cuando de pequeña iba a esquiar, que los hombres que estaban en el telesilla/arrastres eran hombres - como digo yo - de verdad. Con la cara arrugada, morenos, rudos, parcos en palabras. Normalmente eran pastores y en invierno iban a las estaciones de esquí a trabajar. Se parece mucho a esos hombres. Me hipnotiza oírle hablar. Comenta que empezó a trabajar en Madrid, en un despacho pero que lo dejó porque eso no era lo suyo. A él le gustaba el pueblo, así que toda su vida ha sido pastor (de ahí, entiendo, la cara coartada por la dureza del clima y el trabajo duro) y ha ido trabajando de esto y lo otro. No entiende la ciudad dice. No puedo por más que estar de acuerdo con él. Aun así  creo que idealizamos el trabajo de campo. Nos imaginamos trabajando al aire libre, con animales, huertas, lo que sea, de buen rollito con nuestro entorno, pero tratamos de omitir el otro lado, el del mal tiempo, o tiempo peligroso (la naturaleza es dura), el no tener descanso, el encontrarte mal y tener que ir a trabajar porque los animales requieren su atención, o la huerta o la naturaleza en definitiva, que no entiende ni de horas libres ni de descansos, y posiblemente tengas pocos días libres al mes. El estar ahí día tras día con un trabajo físico. Al aire libre, eso sí, para lo bueno y para lo mano, pero físico.

Después de un rato, nos despedimos y salimos. Decidimos ir a El Burgo de Osma a dormir, que hemos estado ahí más de una vez (siempre me acuerdo la vez que dormimos ahí Pablo – mi hermano -, Rafa y yo), así que para ahí nos dirigimos. Casi cualquier carretera que cojas en esa dirección va a estar bien. Esta zona me gusta bastante. La ola de calor que llevamos días sufriendo sigue dando con el mazo, así que cuando llegamos al pueblo buscamos un buen hotel con aire acondicionado (por favor) y lo encontramos. Voy a recepción donde me atiende una chica muy amable que me comenta que habitaciones con cama de matrimonio solo les queda una, que es una de las caras pero que si nos quedamos nos la deja a precio normal. Qué bien suena todo esto. Genial. Le doy las gracias, descargamos las motos y hale, para la ducha. Es entrar a la habitación y entrar en otra dimensión. Vaya habitación más chula!. Espacio de sobra, una cama donde me siento la Reina yo que sé cuál del S.XVIII, dos aires acondicionados y un baño que es más grande que mi salón. Brrr, qué placer. Nos duchamos y bajamos a cenar, que entre una cosa y otra el tiempo corre que se las pela. Al lado vemos una plaza con un par de bares. Al primero que entramos nos dicen que tienen pizzas. Solo eso. Pues ya está, para qué mas. Nos sentamos fuera a comernos esa pizza, que está buena, por cierto, con una temperatura ambiente perfecto, y con un chico en una de las mesas viendo videos en el móvil como si estuviese solo en el mundo. Ignora las miradas reprobatorias de la gente y sigue dándole. Suspiro. No me estropea el momento, ya que está unas mesas más allá, pero pienso que sí que es cierto que hay gente que tiene esa costumbre, la de poner el móvil con sonido alto para todo el mundo, sin darse cuenta, o sin querer darse cuenta, de que a la gente no le interesa lo que ve y que si todos hiciésemos lo mismo esto sería una kk, pero bueno, yo a mi cerveza con limón, mi pizza y mi sensación de felicidad por estas rutas tan chulas que estamos haciendo, y por supuesto, por la compañía.

Hale, a dormir…

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui












Día 5

Estamos cerca de casa, así que hoy el plan es hacer la Sierra de la Demanda y enfilar para casa.

Desayunamos, recogemos todos y vamos para allá.

El calor aprieta, ya desde el punto de la mañana así que ya sabemos lo que nos espera. Procuramos elegir una ruta que vaya en altura, como hicimos ayer, para tratar de esquivar el calor, así que allá que vamos. No os voy a contar por dónde fuimos exactamente porque lo tenéis en la cuenta de wikiloc, pero sí deciros que la Sierra de Demanda siempre merece la pena. Cojas la carretera que cojas. Eso sí, intenta elegir, en función de la moto con la que vayas, una u otra ruta, ya que varían tanto el asfalto como las curvas. Nosotros disfrutamos de cada kms, y según nos vamos acercando a la zona de Vitoria nos da de lleno la ola de calor, una vez más. Sabemos que por esa zona va a pegar, pero pega fuerte, eh?. Aguantas la respiración durante casi dos horas, porque el calor es muy malo. La gente nos ve en moto con calor y piensa que qué bien, sin darse cuenta de que el propio abrasa, aunque vayas andando, abrasa.

En algún punto paramos a mirar el mapa y notas ese calor que te da (a pesar de llevar ropa encima) de pleno y te pica la piel. Es tremendo.

Paramos en una gasolinera a repostar y a descansar un rato, buscando, una vez más, aire acondicionado. Según paramos, zas, me meto dentro y le comento a la mujer que trabaja ahí que si no le importa me quedo un rato dentro de la tienda refrigerando el cuerpo. Sin problema me dice, que estemos el tiempo que nos haga falta, que hace un calor malo. Gracias, mil gracias. Descansamos, bebemos, bromeamos entre todos, cogemos fuerzas y hale, vamos.

Una vez pasamos esta zona, la temperatura baja un pelín, te da un respiro. Decidimos volver por Urbasa, que esa altura ayuda mucho, y de ahí para casa.

Por fin.

Madremia qué 5 días!

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui



Conclusión:

5 días con la CRF300L, con casi 2.000 kms realizados, en plena ola de calor, con una caída de una compañera-motera, una moto en una grúa (esa Fantic, campeona, lo diste todo), una Blackbee con sus cosas malas y sus cosas buenas, y ver quién te ayuda y quién no te ayuda cuando vienen mal dadas han hecho de este viaje unos días muy intensos. Muy contenta de encontrar gente en el camino que están dispuestos a ayudar, decepción por otras personas que podrían haberse preocupado por algún tema pero en general, 5 días que repetiría sin dudar. Hemos conocido gente nueva (esos gipuzkoanossss, encantada de volver a veros a unos y conoceros a otros), Carlos, esa Blackbee que hicimos juntos, perfecta!, y el ambiente motero han hecho que vengamos con la sonrisa puesta. Y como siempre Rafa, ahí, sin fallo. Qué suerte tengo.

 

 

martes, 12 de mayo de 2026

Nepal - Abril - Mayo 2026

 

Antes de empezar, comentar que si alguien quiere algún tipo de información sobre el viaje o simplemente hablar de viajes en moto siempre me puede escribir a takeawalk75@gmail.com

También se me puede localizar a través del perfil a instagram, @isabelqh, donde cuelgo exclusivamente historias de motos y alguna de MTB

Nepal 2026

Cuando volvimos de Colombia le comenté a Rafa que el año que viene (o sea, este 2026) me gustaría hacer Mongolia. A él no le llamaba la atención pero por mi parte es un país que me tira. Llamé a 30mps y me dijeron que las inscripciones estaban llenas. No fastidies. Arg. Una pena. Los días pasaron y mirando posibles viajes un día Rafa me dice que el viaje a Nepal le podría interesar. En serio?, sí, me dijo, así que ni me lo pensé. Nepal? Pues Nepal, perfecto!

Y así pasaron los meses hasta ver que se acercaba la fecha, y quién lo iba a decir, ya está aquí.

Por fin ha llegado el gran día. Nepal. Cuando dices “Nepal” sabes que va a ser un viaje especial. No sabes para qué lado, pero especial seguro. Cogemos el vuelo a la mañana así que para evitar prisas o problemas, decidimos hacer noche cerca del Aeropuerto de Madrid, más concretamente en San Sebastián de los Reyes. Cogemos el coche y allá que vamos. El trayecto sin problemas. En mi caso, mi cabeza tiene muchos datos, ¿llevo el pasaporte?, sí, ¿llevo el visado?, sí, ¿he cogido esto o lo otro?, también. Noto que mi sistema de alerta está activado ya que a cada pregunta que me hago soy consciente (de hecho es como si esperase la respuesta que no quiero oir) de que la cabe la posibilidad de que la respuesta sea un “ostia, no, se me ha olvidado”, pero como vamos con tiempo simplemente tengo la esperanza de que si llega el caso tenga el margen de tiempo suficiente para poder solucionar el posible problema. Creo que así funciono en mi vida, dejando margen de maniobra en todos los lados que puedo.

Al llegar al hotel, Laura, que trabaja en 30mps, que es la empresa con la que viajamos, me llama para decirme que hay un problema con mi asiento de un vuelo en concreto. Hemos pagado para elegir butaca (para poder ir Rafa y yo juntos), pero la compañía, no sabe bien por qué, nos ha puesto separados, donde le ha parecido mejor. Ha reclamado pero que en principio dicen que nanai, que el fallo ha sido nuestro. Laura me comenta que ella he hecho bien las cosas, blablablá..según me habla noto que mi cerebro desconecta. Klick. Sé perfectamente que Laura es una persona que trabaja muy bien y siempre está encima de las cosas, y sé, porque lo sé, que es fallo de la compañía aérea (luego por otra pasajera me entero de que habían cambiado el avión y habían hecho alguna jugarreta como esta), así que desconecto pensando que vale, que me da igual, que sí, que las compañías aéreas hacen con los pasajeros lo que les da la gana, pero eso no va a hacer que me agobie. Estoy de vacaciones, en un viaje especial que es muy poco probable que vaya todo como está planeado, hay un montón de variables, donde habrá cambios de planes, y sé que lo mejor es adaptarse a lo que vaya viniendo y listo. Le digo a Laura que no pasa nada, que intente que nos pongan juntos pero que si no es posible pues ya está, no nos vamos a agobiar y txinpun. No quiero que nadie se agobie. Ni Laura, ni Rafa ni yo por algo que en principio es un pequeño detalle en todo el viaje.

Entramos al hotel. Es un hotel que está en una especie de polígono. Como solo es para dormir nos da igual. Al entrar a la habitación nos damos cuenta de que hay dos habitáculos separados para el tema del servicio. En uno está la ducha y en otro sitio está el retrete. Curioso. Me quedo mirando y noto algo raro. Jum, jum, jum. Miro bien y me doy cuenta de que la estancia donde está el retrete no tiene puerta. ¿En serio?. Se lo comento a Rafa y éste sale a recepción a comentarles el tema. Por lo que se ve no se habían dado cuenta (¿?)  y nos cambian de habitación. ¿En serio tienen una habitación sin puerta?, jaja, esto es la mofa. El hotel es nuevo, así que ¿igual se les has olvidado de verdad?, jaja, vete tú a saber..

Dejamos las maletas y salimos a dar una vuelta. La zona donde estamos es menos poligonera de lo que pensaba y en unos minutos andando estamos en una terraza tomando algo, donde un par de horas más tarde cenamos, así que todo perfecto.

Hale, a dormir que mañana toca el viaje grande.

Día 1

Salimos con los típicos nervios de viaje. Ya no hay vuelta atrás. Llegamos con tiempo, y nos ponemos en la cola. En nada se llena de gente y se hace una cola enorme porque casualidad hemos coincidido con una ONG de Canarias que va a no sé dónde y llevan la de Dios de material, pero la de Dios. Menos mal que hemos venido con tiempo. De hecho el jefe de la expedición, muy amable y controlando todo en todo en momento, nos deja pasar delante de la primera de su grupo. Genial. Se agradece.

Le comento el problema del asiento a la persona que está en el mostrador y hace lo que puede para solventarlo. Me pone dos filas delante de Rafa, de tal forma que es más fácil intentar cambiarle el asiento a la persona que está al lado de Rafa, ya que es el mismo asiento sólo que dos filas por delante. Le agradecemos el detalle y hale, seguimos.

En el Starbucks del aeropuerto empezamos a conocer a la gente con la que vamos a viajar. Conocemos a Michel, Patricia y Eduardo, Ramón, Angel,  Antonio G y Alberto el cual tiene un buen golpe en el ojo. Casi lo tiene cerrado. Nos cuenta que tuvo un incidente hace pocos días, pero que ve bien y que cree que no tendrá problemas. Lo que me hace pensar que llevo entre 3 ó 4 semanas sin hacer rutas complicadas con la MTB en el monte para minimizar percances, pero está claro que nada se puede controlar al 100%. Las cosas suceden.

Más tarde nos encontramos con Daniel, el argentino con el que estuvimos en Colombia, con Antonio R y Emilio.

Por resumir quienes vamos en el viaje:

Ø  Ramón. El guía

Ø  Michel. Vive a caballo entre Extremadura, Asturias y Dubai

Ø  Daniel. Argentino

Ø  Alberto y Patricia. Padre e hija. Madrid

Ø  Antonio G. y Alberto. Granada

Ø  Javier y Jordi. Cataluña

Ø  Antonio R. Murcia

Ø  Emilio. Alicante

Ø  Rafa y yo. Bilbao y Donosti

Ø  Ángel. Bilbao.

Todos conducimos moto menos Patricia que irá en el 4x4, es la jovencita del grupo. 19 años. Al parecer se unió al grupo como acompañante en el último momento.

En algún momento observo a mis compañeros de viaje. Algunos se conocen de otros viajes pero la mayoría somos desconocidos entre nosotros. Curioso,  no?, Vamos a compartir muchas cosas juntos y en este momento no sabemos nada unos de otros.

Hacemos tiempo en el aeropuerto hasta que cogemos el vuelo a Estambul. Como sabéis soy novata en esto de los aviones y me sorprende el aeropuerto de Estambul. Es enorme!. Vaya chulada, qué pasada. Entiendo que como vayas con prisa y tengas la puerta  de embarque en el otro lado tienes un problema, pero nosotros vamos con tiempo y nos da para ir mirando todo. Alucino con todo esto. Me acerco al Duty free y miro a ver si hay Toblerone con naranja y ahí está. Ja!, A la vuelta compro. Espero que esta vez no se me escape!

Llega el momento de coger el vuelo a Katmandú y allá que vamos. Son 8 horas de vuelo. El avión no es precisamente nuevo y las pantallas de los asientos no funcionan muy bien. Las horas empiezan a pasar, y entre la peli que veo, que me gusta (nota mental para mi: cuál es la canción de los créditos?) y la cena, llegamos a destino. No hemos dormido nada o casi nada y la hora local es de madrugada así que me da que esto va a ser una gaupasa en toda regla. Bua.

Nos han dicho que vamos a hacer día de turismo por Katmandú, pero no sabemos lo que nos espera, jeje. Al parecer nadie ha conseguido dormir lo suficiente así que de esa guisa hacemos los trámites de entrada al país y nos meten en un autobús para ir a conocer la ciudad. Así, en frío, zas!. Me pongo delante en el autobús, porque sino me mareo y nada más salir empiezo a alucinar. Pero, ¿qué tipo de ciudad es esta?, en qué tipo de KAOS (con “K”! con contundencia!) vive esta gente?. No entiendo el tráfico. No soy precisamente una persona que respete ciertas normas de circulación, pero esto es el fucking infierno. Intento entender cómo conducen ya que en breve voy a conducir una moto, pero no entiendo nada. De primeras se conduce por la izquierda, algo que ya nos habían avisado, pero el resto que veo es, perdón mi insistencia, KAOS. Así, con mayúsculas. Nadie respeta nada. Todos se esquivan. Ni peatones, ni bicis, ni motos, ni coches, ni autobuses, nada ni nadie se respeta. Es la ley del “yo voy ahí y voy a pasar dándome igual por dónde voy o con quién me cruce”. Los pasos de peatones?, están ahí, sí, pero nadie o sea nadie, les hace caso, ¿lineas continuas?, están pintadas en el suelo pero no parecen significar nada, ¿cruces?, sí, pero es que da igual TODO. Es un fucking KAOS. Todo el mundo va pitando, piii, piiii, piiii, pero no a modo de toque de atención, sino a modo “estoy aquí, y voy allí”, y hay tráfico. No, espera, no hay tráfico, hay TRAFICO, con mayúsculas. Y KAOS. Mucho KAOS.

Llegamos a una especie de parking, por calificarlo de alguna forma. Es un trozo de tierra donde para el autobús y nos indican que bajemos. Gente, tráfico, pitidos alrededor, piii, piii, piii. Y sin dormir. No sabes nada de nada de nada, así que sigues a la gente. Pasamos una reja. Una valla. Es una especie de parque. Es nuestros primer contacto andando. No sé dónde estamos. Es una pista de tierra. Andamos y veo monos. Pero qué ostias hacen esos monos ahí. No lo sé. Nos cruzamos con gente y hay tiendecitas a un lado de la “calle”. Todo está sucio. Sucio. Hay suciedad por todas partes. Hace calor. Las tiendas son pequeñas y sucias y no sé ni lo que venden. Seguimos andando y los monos siguen por ahí. Se suben a las cosas. Están tranquilos. También hay perros. Te cruzas con la gente. Es nuestro primer contacto, insisto. No sé. Jum. Todo es diferente. A dónde nos llevan? a un crematorio dicen. Estoy en otro planeta y sin haber dormido, así que lo único que hago es seguir al grupo e intentar asimilar lo que veo. Llegamos a un sitio donde hay un río. Se acercan niños y nos piden algo, supongo que dinero. Les haces el gesto con la cabeza de que “no”, pero insisten e insisten. Están sucios. ¿Qué hacen aquí?, no van a la escuela?. Entiendo que son pobres. No pregunto. Sólo miro alrededor y alucino. El guía nepalí habla en castellano e intento que mi cerebro le haga caso. Nos comenta que esto es como un crematorio. La gente viene aquí a quemar a sus muertos. Eins?, qué dice? Ha dicho algo de quemar muertos? Le pregunto si ese humo que veo al otro lado con gente alrededor son muertos quemándose y me dice que sí. Mmmm. Ha dicho que sí? no entiendo, no quiero hacer la pregunta obvia de que si lo que huelo es el olor a muertos quemándose porque me acaba de decir que sí, pero realmente me gustaría hacerla porque mi cerebro no termina de entender todo esto. Ahora lo del tráfico me parece una nimiedad porque cerca de mí, ahí mismo, hay cadáveres quemándose. A 3 metros hay gente alrededor de comida, ¿es comida?, no lo sé seguro, tampoco quiero molestar a nadie mirando fijamente a ver qué (ostias) hacen, así que le pregunto a Ramón, el guía nuestro, a ver qué (ostias) hacen, y me dice que una especie de ceremonia. Hay una niña bien vestida que me mira y me sonríe. Le sonrío y se esconde detrás de su madre. Levanto la vista y me cruzo la mirada con la madre, la cual me hace una inclinación de cabeza a modo de saludo. Le saludo y con un gesto le pregunto si puedo sacar fotos y me hace otra inclinación de cabeza mientras sonríe. Saco un par de fotos y vuelvo a mirar las hogueras. Empiezo a espabilar. Quiero hacerlo. Quiero enterarme qué (ostias) es esto tan diferente a mi día a día. Respiro. Abro los ojos y los oídos. Quiero aprender. Ya estoy. Nos llevan un poco más adelante donde nos indican que nos fijemos ya que hay una persona muerta a la que van a quemar. Asimilo lo que me está diciendo. Miro y veo un cuerpo tapado con una especie de tela de colores. Levanto la vista y un poco más arriba hay como una ceremonia y música. Entiendo que son los familiares. Hay unas escaleras que llevan a donde está toda esa gente y el guía nepalí nos indica que por esa puerta azul solo pueden pasar hinduistas. ¿Se pueden sacar fotos?. Por supuesto. A mi alrededor hay mas turistas sacando fotos y mirando. No son europeos. Son de tez morena y visten diferente. Entiendo que son de la India pero realmente no lo sé. Veo que traen otro muerto. Entre 4 personas lo llevan en el aire en una especie de camilla de madera. Miro todo. Intento que no me afecte lo que veo, porque es realmente extraño. Estoy como en una nube. Creo que tiene mucho que ver por el tema de que no hayamos dormido, del viaje, el jet lag. Subimos por una escalera para seguir con el recorrido y vemos a unos hombres, vestidos con telas rojas, túnicas, con la cara pintada y el punto típico en la frente, pelo largo. Están sentados. Son una especie de hombres santos. Viven de limosnas. Sonríen y dejan sacarse fotos. Qué extraño es todo esto. En el aire flota una especie de olor a humo raro (de los muertos supongo), suciedad y más cosas que no sabría decir. Salimos del parque entre monos y perros y volvemos al autobús, lo que significa que volvemos al KAOS del tráfico, pitidos, gente. De fondo oyes al guía, explicando por dónde vamos pasando, los diferentes tipos de religiones del país, los diferentes tipos de Dioses, y ahí estamos, sin haber dormido, cansados del viaje, intentando entender un país que acabamos de conocer y nos ha recibido con KAOS.

El autobús para y nos llevan a una plaza circular donde hay un Buda gigante. Damos una vuelta a la plaza. Arriba está Buda rodeado de las banderitas típicas del país, esas de colores. Cada color representa un elemento. Son 5. Aire, fuego, agua, tierra y espacio. Eso me llama la atención. Espacio. Ese elemento nosotros no lo contemplamos. En la misma plaza cambiamos euros por rupias nepalíes y nos sueltan un poco. Damos una vuelta a la plaza. Esto es muy turístico. Hay hasta una casa española o algo así. Al final subimos varios del grupo a una terraza a tomar algo. Cogemos aire. Estamos tranquilos. Se piden cerveza, coca colas, agua (embotellada, siempre embotellada). Hablamos. No nos conocemos aún pero hablamos de todo lo que estamos viendo. Sacamos fotos. Nos vamos haciendo poco a poco. En un rato nos vienen a buscar y nos llevan a comer. Es otra terraza donde estamos solos. Se está a gusto. El KAOS está abajo y nosotros estamos en esa terraza, sólo nosotros. Hablamos, reímos, estamos todos cansados. Viene la comida. Arroz, sopa de lentejas, pollo. Todo pica. No hay pan. No hay postre. Nos explican que la gente del lugar mezcla todo y se lo come. A mi me sobra el picante. No soy de picantes. Extrañamente la comida me entra bien, pero el picante pica, jaja. Sé que es una perogrullada, pero pica, eh?, eso no me lo esperaba. Pienso que si todas la comidas van a picar va a ser una kk para mi, pero me amoldo. Bebo agua para paliar el picante y sigo comiendo.

Nos meten de nuevo al autobús y vamos a otro lado de la ciudad donde nos enseñan templos. Qué de gente hay, madremia!, andamos de un lado para otro viendo templos, y calles, y gente, y pitidos y KAOS. Vamos muy cansados, vestidos aún con la ropa del avión y arrastrando nuestra mochila. Nos hablan de Shiva. El Dios Shiva. Shiva negro, con su mala leche y Shiva blanco, piadoso. La verdad es que todos queremos ir al hotel, descansar y demás, pero la visita continúa amigos, así que seguimos. Todo es diferente. Todo merece ser visto. Y el KAOS siempre ahí. Al final, después de mucho andar, escuchar, asimilar y alucinar, nos llevan al hotel. Por fin. Nos duchamos, dormimos un poco y llega la hora de la cena. Realmente la idea era cenar en otro lado, pero Ramón, nuestro guía español, entiende que estamos para el arrastre así que cenamos de buffet en el hotel. El hotel es de guiris. Es para nosotros quiero decir. Está limpio, es tranquilo. No hay prisas. No hay pitidos. Se agradece. El buffet está bastante bueno. Es una buena cena. Qué gusto.

Terminamos de cenar y vamos a dar una vuelta a la manzana. Realmente no tenemos ganas de salir al KAOS. Esta zona es turística. No hay tráfico. Solo son varias calles peatonales (entran motos igual igual, pero muuuuuchas menos que fuera de estas cuatro calles) donde hay hoteles con pinta de acogedores y bares para guiris. Iluminado todo de forma tenue es acogedor. Respiras. Volvemos al hotel y vamos al piso de arriba. En el ascensor nos encontramos con dos chicos hablando castellano. Coño, hola. Nos cuentan que han venido a hacer un documental sobre el tigre de Bengala. Ahí va Dios. Se bajan en su piso y nosotros seguimos subiendo hasta la terraza donde nos encontramos un bar con piscina y vistas de toda la ciudad. Está todo iluminado. Veo otras terrazas donde hay gente tomando cosas. Veo a Eduardo fumar y tomarse una cerveza. Nos saludamos pero no me quiero acercar ya que no quiero molestar. Me quedo mirando al infinito pensando en todo esto, en lo que acabamos de ver. Sigo respirando. Hay un edificio muy alto totalmente iluminado. Va cambiando de colores. ¿Qué será? Oigo el ruido que viene de ahí abajo, porque para mi es ruido. No es sonido, sino ruido. Es una ciudad viva, enérgica, no hay descanso. Estamos muy cansados. Ha sido un día largo. Venga, vamos a  dormir que mañana madrugamos ya que toca hacer un viaje en avioneta a ver el Everest. Dicen que merece la pena. Hasta mañana.


























Día 2

Nos levantamos a las 4:45 ya que hay que estar abajo a las 5:15 para salir a las 5:30. Estamos con muchas expectativas ya que te venden el viaje de tal forma que te imaginas una avioneta con todos los del grupo y vamos a ver el Everest.

Los del hotel nos han puesto el desayuno para llevar ya que es muy pronto para desayunar, así que cada uno se coge su cajita y la vacía en la mochila. Hay sándwich, manzana, naranja, algún bollito, cosas así. Nos montamos en la furgoneta (vamos todos menos Eduardo y Patricia que se quedan en el hotel) y salimos. Nada más salir Jordi se da cuenta de que Javier no está. Ostia. Al parecer había subido a la habitación a por agua y nos íbamos sin él. Frenazo y marcha atrás. Menos mal que Jordi se ha dado cuenta. Ahí le vemos. Corre sube, vamos. Comenta que su desayuno ha desaparecido. Juas. No hay tiempo, salimos. El pobre va sin desayuno. Nota mental: compartir mi desayuno con él.

A pesar de ser tan temprano sigue habiendo tráfico. Qué le pasa a esta ciudad? Nunca duerme?. Hay gente vendiendo cosas al borde de la carretera a los vehículos que circulamos. Tienen cosas en las manos y las ofrecen cuando pasamos. Supongo que quien quiera parará y comprará. Ni idea, nosotros vamos directos al Aeropuerto. Llegamos, nos sellan cosas y hale, a un autobús interno el cual nos lleva a un avión. Hay más gente aparte de nosotros en el autobús. Uno del grupo pregunta si esta gente va también a la avioneta. Nadie parece entender castellano así que le comento que supongo que sí, ya que tienen pinta de turistas (no europeos), pero no tengo ni idea. Nos llevan a un avión pequeño, lo que sorprende al grupo ya que no es una avioneta, es un avión. Más pequeño que uno habitual, pero avión, de hélices, presurizado y no estamos solos los del grupo de 30mps, sino que hay más gente. Nos meten al avión. Son dos filas de asientos de dos butacas cada fila, pero todos vamos pegados a la ventana para poder mirar, de tal forma que todos los asientos (menos uno que va una pareja) que dan al pasillo están vacíos. Esperamos. No sale. Esperamos más. Seguimos sin salir. Al parecer ha salido otro vuelo para comprobar que hay vistas de las montañas porque si el tiempo no acompaña y no vemos nada no salimos. Claro, normal. Está nubladete. Jum, jum Pienso que si arriba está igual que aquí no vamos a ver nada, por lo que la sombra de que igual no subimos planea cerca. Al cabo de 30 minutos o más el tema se empieza a mover, y entre una cosa y otra salimos cerca de una hora más tarde. Te reparten unos panfletos con información. Uno de ellos concretamente es el que usamos. Es un perfil de las montañas con el nombre de cada uno y con su altura. Subimos, vamos, vamos, vamos, vamos, y de repente ahí están. Montes nevados, día casi despejado. El avión – nos explican - va a hacer un ida y vuelta y como Rafa está en la otra ventana me pongo a su lado para ver bien. La mitad del pasaje se conforma con verlo a la vuelta. Ahí se ve la inmensidad. Me acuerdo de la película de “Viven”, la última que han hecho. En una escena en concreto. Cuando están los dos chicos que han salido a pedir ayuda subidos en una montaña, descansado, y ven toooooda la cordillera que les queda por delante hasta llegar a la civilización y conseguir tan preciada ayuda. Eso que ven es parecido a lo que veo yo. Es una inmensidad de montañas. Parecen eternas. Parece que en el mundo sólo hay montañas. Es una vista brutal. Me emociono. Tantos podcast de montaña escuchadas, tantos libros leídos de gestas montañeras, me hace pensar en muchas cosas. En gente que ha dado su vida por subirlas, gente que ha sufrido, gente que ha llegado hasta arriba, gente que no lo ha hecho pero lo han dado todo. Todas esas historias, todas esas gestas. Sólo me interesa la escalada sin oxígeno. La escalada de antaño. Me parece increíble lo que estoy viendo. La azafata va pasando por detrás indicando qué monte es cada uno. Los voy viendo y me emociono. La verdad que pensaba que iba a ser algo más íntimo. Avioneta, nuestro grupo, y ver todo esto más cerca, porque realmente el Everest se ve a lo lejos, muy lejos, excesivamente lejos, pero el paisaje me quita el aire. Es increíble. El avión da la vuelta y es la oportunidad de los que están en la otra ventana de verlo todo, así que vuelvo a mi sitio y esta vez sí lo veo bien. Rafa hace lo mismo que hago yo y se pone a mi lado, de tal forma que vemos el ida y la vuelta. Todo esto es precioso. Qué inmensidad.

A la bajada del avión la opinión general del grupo es que esperaban más. Avioneta, cercanía, etc..no un avión que te hace ver vistas generales. Opino igual que ellos. Esperaba eso. Pero lo que he visto me ha emocionado tanto que me vale. Es una auténtica pasada. Me ha encantado. Nos montan en otro autobús interno. Sigo pensando en lo que acabo de ver. Levanto la vista y le veo a Javier. Ostia, el desayuno. Le ofrezco cosas y las acepta sonriente. Qué bien.

Al aterrizar ya vemos por ahí a Ramón con Eduardo y Patricia, así que todos juntos volvemos a entrar (ya como en casa, jaja) al Aeropuerto y cogemos el vuelo que nos lleva a Pokhara. Es un vuelo corto. Ramón comenta que si fuésemos en bus serían 9 horas. En el avión es muy poco tiempo de vuelo, 45 minutos en total?, por ahí. Da que pensar el tipo de carreteras que hay en el país si hay esa diferencia de tiempo. Una vez que llegamos nos vienen a buscar dos furgonetillas y nos llevan al hotel. Vaya dos días que llevamos. Mientras nos dan las habitaciones subimos todos, o casi todos (aún no me he hecho del todo bien a cuántos somos) a tomar algo a la terraza del hotel. Estamos al borde de un lago enorme, con unas vistas muy chulas y el hotel tiene muy buena pinta. Piden cervezas (yo agua) y veo que el tamaño del “botellín” de cerveza es de 650 ml. Juas. Más de medio litro. La marca es Gorkha, o algo así, jaja, me hace gracia. Pruebo un poco de la de Rafa y está bien buena.

Al lado nuestro hay una chica que me da la sensación que ha bebido un poco de más. Es graciosa y le hace preguntas a Patricia en un inglés algo duro para mí. De dónde somos, etc.. Patricia le responde y ella va mirando a los varones con pinta socarrona. Le comenta a Patri que nunca se fíe de los hombres nepalíes, y que ella está ahí para hacer amigos con extranjeros, que está sola. Me sorprende su sinceridad y su sonrisa. Bromea con algunos del grupo. A la de poco nos traen la llave de la habitación, bajamos, ducha y hale, a dar a un paseo y comer algo. Vamos por una calle, que da la sensación que es la principal de ese barrio, viendo toooodas las tiendas que hay. Pequeñas y medianas. Todas tienen cosas de montaña. Grandes marcas. North Face, Patagonia, etc…, no veo Ternua, aunque llevo algo Ternua puesto y uno de los dependientes me comenta que le gusta esa marca.

Vamos a un sitio a comer algo, no mucho nos dice el guía, ya que son las 14:00 y para las 18:00 cenaremos, así que la mayoría se pide una hamburguesa y algunos pedimos pollo a la plancha con cosas. Porque aquí siempre le ponen cosas a un plato, que si verduras, que si patatas, que si purés….además, todo tiene algo de picante. Todo está rico y el ambiente es muy bueno. El bar-restaurante es grande. Tiene billar y está decorado de forma exótica. Me recuerda al bar donde trabaja Tom Cruise en la película de Cocktail.

De vuelta al hotel, ya con tiempo, vamos mirando las tiendas que hemos visto antes. Es mi paraíso particular. Todo cosas de montaña. Qué maravilla. Me sorprende. Es baratísimo, pero extrañamente barato, así que me pongo a hablar con el dueño (o encargado) de una tienda. Me explica el tema de los precios, pero me lo explica en ese inglés duro que hablan ahí. Le entiendo la mitad. Me dice algo así que todo es imitación. Que mandan la ropa a China y se las devuelven con la marca puesta. Curioso todo esto. Sin venir a cuento, o por lo menos yo no me doy cuenta de su cercanía, se pone a llover seguido de tormenta. Estamos cerca del hotel pero vamos sin paraguas, así que seguimos por las tiendas mirando todo. Qué diferente es esto de lo que nosotros conocemos. 

Volvemos al hotel, descansar un poco asimilar todo y vuelta a la calle para ir a la sede de 30mps en Pokhara, como dice Ramón, nuestro guía. Es decir, que vamos donde están nuestros guías nepalíes y las motos que vamos a llevar. Ya se va acercando el momento de salir con la moto, cosa que todos queremos. Hemos venido aquí a eso. A andar en moto por Nepal!

De guías vamos con Ramón, nuestro guía español, y 5 nepalíes. Tres van con motos, que son Probin (el jefe), Suria y Shakti (a saber si sus nombres se escriben así, pero sonar suenan de esa forma), y dos van con el coche de apoyo. Uno de los del coche no habla mucho, pero los 4 restantes son muy sonrientes y amables.

El taller donde están las motos es un sitio bien chulo. Tiene una zona de motos, otra zona donde hay un mostrador con cazadoras, una mesa bien grande donde luego comeremos las pizzas, y otro sitio donde hay otro mostrador, bebidas y demás. El sitio está limpio y estamos muy a gusto. Todos sonreímos. Vemos las motos, elegimos cada uno la que queremos y le ponemos nuestro nombre. Dejamos una fianza que nos devolverán a la vuelta del Tour si no le hemos hecho nada a la moto. En nada llegan las pizzas. Cero hambre, claro, acabamos de comer, pero qué leches, están buenas así que para adentro. De mientras nos hacen el briefing, es decir, te dan las explicaciones necesarias para mañana salir en moto. Por dónde vamos a ir, qué tipo de conducción esperamos, qué tipo de ruta vamos a hacer. Hay quien se ha traído el macuto que va a llevar en la moto para probar el enganche, etc... Todas esas cositas que nos hacen estar felices ya que es nuestro ambiente. Ambiente motero.

Salimos de vuelta al hotel y vuelve a ser inevitable entrar a las tiendas, donde nos vamos juntando y separando partes del grupo. Me compro una riñonera, es inevitable. Llegamos al hotel y nos quedamos varios del grupo tomando algo y dejando pasar el tiempo para ir a dormir. Nos vamos conociendo todos un poquito y la verdad que qué buena pinta tiene este grupo. Estoy muy contenta!

Hale, a dormir














Día 3

Pokhara - Kushma

Primer día de moto. Por fin!. Entre el día turístico en Katmandú, el avión del Everest, el turisteo por Pokhara parecía que este día no llegaba, pero sí, ya está aquí. Nos llevan de nuevo al taller de motos, montamos las motos (gracias Shakti por ayudarme con el pulpo y el macuto), sacamos fotos, videos y sonreímos mucho. Nos dan una banderitas nepalíes para poner en las motos, las de los colores que simbolizan los elementos, que dicen que nos van a proteger. Daniel, el argentino, engancha un peluche de Messi a su equipaje. Sonrío, sonrío mucho. Vamos saliendo por una calle muy estrecha para dar a una más ancha donde empieza realmente el Tour. Primera toma de contacto con el tráfico. No es la locura de Katmandú pero tiene su miga. Mil ojos y procurando, por lo menos por mi parte, no salirme de la trayectoria de la moto, es decir, nada de movimientos bruscos y poco a poco vamos saliendo.

Vamos por carreteras asfaltadas, estrechas, como las que nos gustan a Rafa y a mi que tanto hacemos y buscamos. Las vistas son brutales. En seguida coges altura y ves que aquí las montañas no tienen vergüenzas. Son altas, verdes, con un verdor que explota, y como casi todas las montañas de cierta altura, bonitas. Vamos parando en miradores, hablamos, sacamos fotos, nos explican esto y lo otro. Todo muy tranquilo. El tiempo acompaña y todo es nuevo. Todo merece ser visto, todo merece ser oído. De vez en cuando el asfalto se transforma en pista. Pistas rotas. Es el ritmo del país. Siempre hay pistas en carreteras que parecen perfectas. Siempre hay un desprendimiento, o se rompe la carretera, o hay charcos. Vas pasando pueblitos, todos en altura, con sus tiendas, sus gentes, sus animales, y sí, sus carreteras rotas. Me sorprende porque hay casas que están muy cerca de precipicios y la verdad que no apuesto un duro por ellas. Da la sensación de que en cuanto llueva (todo esto es verde, aquí llueve) un poco fuerte esto se va al garete. Todo es muy humilde. Los pueblos tienen mucho comercio. Son tiendas pequeñitas pero venden de todo. Y agua. Todo el mundo vende agua embotellada. Y calor, hace calor.

Pasado un tiempo paramos a comer. No son ni las 12 pero aquí es la hora de comer, o por lo menos, nuestra hora de comer. Entramos en un local que parece un salón de fiestas, de bodas, de celebraciones. Estamos solos y nos van sacando aguas, cocacolas, cervezas, cosa que agradecemos ya que el calor aprieta. Un rato más tarde sacan el buffet en unas bandejas cerradas para aguantar el calor. Básicamente es arroz, lentejas y pollo. Y ni tan mal. Nos comenta Ramón que no cojamos las cosas crudas, por ejemplo, lechugas, verduras no cocinadas y demás. Sólo lo que esté cocinado, así que nada, dicho y hecho.

Mientras comemos hablamos de todo lo que vemos. Como parece que estamos en un salón de bodas y hay un escenario con dos especies de tronos, algunos del grupo nos hacen la broma a Rafa y a mi para hacer una boda ficticia, jeje, ya que dicen es el momento adecuado. De vacaciones en Nepal, además, alguno añade que lo que pasa en Nepal se queda en Nepal, jeje, echamos unas risas y algunos subimos al escenario a sacarnos unas fotos.

Seguimos ruta. Brum brum. Este tipo de carretera donde se alterna el asfalto con la pista para pasar directamente a pista de nuevo te hace estar atenta en todo momento. Seguimos yendo en altura y las vistas son muy chulas. La pista es facilona y se va muy a gusto. De repente veo que todo el mundo para. Al parecer hay obras y no se puede pasar por ahí, así que Probin, el jefe guía nepalí, comenta que habrá que buscar una ruta alternativa. Seguimos por pistas las cuales se van complicando. Está claro que es la alternativa y por lo que se ve, mucho mas divertida. En algún punto tiene su dificultad y me hace sudar un poquito. Piedra suelta y demás, por no hablar que vamos con motos que acabamos de conocer. Se ve alguna primera caída de algún compañero pero todas sin importancia. Pasado un tiempo donde doy fé del disfrute general, llegamos al asfalto. El tiempo ha cambiado. El cielo anuncia lluvias. Paramos a un lado de la carretera, cobijándonos bajo un árbol, ya que hay una especie de tienda pequeña que venden bebidas. Mientras descansamos del pisteo chulo se pone a llover y de seguido viene la tormenta. Rayos, relámpagos, viento, truenos... brrummm!!!. Llueve de lo lindo. Algunos se quedan debajo del árbol. Pienso que no es el sitio más adecuado. Probin me ve dudar y me dice que me ponga debajo de una especie de marquesina que hay. Me meto dentro y poco a poco van viniendo algunos del grupo. Mientras la tormenta sigue despachando yo no me quito de la cabeza si es menos peligroso estar bajo el árbol más grande que hay en la zona o estar debajo de esta especie de marquesina rodeada de hierro y acero. No lo tengo claro. Mi relación con las tormentas me hace recordar aquella que me pilló en el monte sola y con la bici. Fue una situación dura. Cayeron dos rayos muy cerca de mí. Muy cerca. Cada vez que hay tormenta siempre me vienen esos recuerdos. Forma parte de mi y de mis miedos. Mientras hablo con Probin me comenta que no me preocupe, que va a rezar al Dios Shiva negro (Black Shiva, me dice) para pedirle que pare la tormenta. Me lo dice de forma socarrona y hace el gesto de rezar mientras me mira de reojo sonriendo. Niego con la cabeza con la sonrisa en la boca y le sigo el juego. El caso es que el tiempo va pasando y la tormenta también, a lo que Probin me comenta, siempre con la sonrisa socarrona, que Shiva le ha hecho caso, jeje. Entre risas y sonrisas le pregunto por el chubasquero que lleva puesto, un Arcteryx supongo que comprado en Pokhara (o sea, imitación), a ver si es waterproof (lo pone escrito en el chubasquero), a lo que riendo me contesta que “20% waterproof”, jeje, qué cachondo es. Cuando todo se va calmando, Ramón nos comenta que vamos al puente colgante. Que tenemos que tener mucho cuidado porque patinará mucho, etc, etc..

De camino al puente, donde se vuelve a alternar pista con carretera, Rafa por el intercomunicador me comenta si he visto el paisaje. Levanto la pista y veo una especie de Desfiladero espectacular y allá, mas adelante, el puente colgante. Ostia. Por ahí tenemos que cruzar?, si es larguísimo!. Fijo la vista más y procuro no pensar en ello, porque como le de vueltas..ay ay ay ..

Llegamos al puente con cierta expectación. No llevo nada bien el tema de la altura. Me paraliza. Encima he visto el puente de lejos. Bufs. Procuro no pensar mucho. Me acerco al grupo a ver qué pasa. Como ha llovido nos insisten en que patina bastante. Que no toquemos ni por asomo el freno delantero y que con el trasero vayamos txintxo-txintxo. Hay gente local que se queda mirando. Como digo hay expectación. Primero cruza Probin para que veamos el tema. Entra algo fuerte, toca el freno trasero y le derrapa la rueda. Jum. Una vez llega al otro lado, sale Michel, uno del grupo, y pienso que como yo tarde en salir no lo voy a hacer, así que me pongo para salir en tercera posición. Sale Jordi, muuuy despacito, con muuucho cuidado. Me toca el turno. Vamos, hágale!. Le comento a Rafa por el intercomunicador que me hable, que me guíe. Si le oigo voy mas tranquila. Para entrar al puente pasas de la tierra, bajas un escalón, y ya pisas ese suelo del puente que está formado de chapa metálica de la cual está formado tooodo el fucking puente que patina la de Dios. Venga, voy. Salgo y mientras Rafa me habla por el intercomunicador (“vas bien, poco a poco, vas bien”), oigo a Suria hablarme “Slowly, slowly”. Bajo el escalón y entro al puente tal y como nos han dicho, con el pie sobre el freno trasero para en caso de necesidad frenar sssssuuuaveee y con la otra pierna bajada del estribo. Venga, go go go. Empiezo la bajada y pienso que es más sencillo de lo que esperaba. Voy muy atenta y de música de fondo tengo la voz de Rafa por el intercomunicador “vas bien, vas bien, vas bien” y de repente lo noto, así, sin anestesia. Zas. Esa sensación de vacío. La vegetación que hay a los lados del puente desaparece para dejar paso al abismo. Tal cual. Abismo. No lo había pensado. Ostia. Noto la impresión que trepa por mi y ni siquiera he mirado abajo, pero sé que la negrura del fondo (así es como me lo imagino) está ahí. Qué mal llevo las alturas, apufsss. Fijo la vista al frente, al final del puente mientras la respiración se me corta. Le digo a Rafa que siga hablándome. Ostia, pero qué altura hay!, madremia, no miro, pero está ahí, la noto. Palpita. Noto el abismo subirme por el pecho, por la garganta y tensarme todo el cuerpo. No mires nena, no mires. Tseee, tseee..suave. No miro, no miro, vista al frente, metro a metro. Me cruzo con una persona. El paso es muy estrecho y es difícil entrar a la vez. Bajo la velocidad sin parar del todo, y pasamos, fiu, menos mal. De lejos, en el interfono que está como a 5000 millones de kms de distancia (así es como lo noto, como si Rafa y el intercomunicador estuviesen en otro planeta) oigo a Rafa que se pone a hablar con Ramón. Le digo que hable conmigo. “Rafa, háblame! dime algo”. Al parecer Ramón le está diciendo algo, así que le meto un grito. “Rafa ostias!, que me hables!”. Me estoy desconcentrando. Se me hace eterno. Qué largo es el puente madremia. De mientras me acerco a Angel, el de Bilbao, que está pasando el puente andando (le cruzarán la moto los guías) con una señora delante. Le grito que se eche a un lado, porque yo me siento incapaz de parar. Si paro ese abismo me va a engullir, me va a comer, me va a paralizar. Al final Ángel se da cuenta de que voy, se echa a un lado con la señora y yo paso muy poco a poco. Rozo con la parte derecha del manillar el puente pero no lo suficiente como para tirarme. Glup. Le vuelvo a decir a Rafa que siga conmigo, que me diga algo. Ya estoy me dice, ya estoy. Háblame Rafita, háblame. Según van pasando los  metros oigo que me comenta que voy muy bien, que casi estoy y poco a poco, poco a poco, voy llegando. Acelero un poco más para subir la pendiente de salida y zas, llego. Bua!, ya estoy!, qué felicidad!. Me bajo de la moto y me acerco exultante a  Michel y Jordi (los dos del grupo que han pasado antes que yo) los cuales me felicitan. Qué pasada!. Lo he hecho! Qué bien!. La verdad que la visión del puente me impresiona y teniendo miedo a las alturas ni te cuento. Van pasando algunos del grupo, unos andando desde el principio, alguno que se ha caído y le pasan la moto o alguno que se le ha caído la moto en mitad del puente, le han tenido que ir a buscar y lo ha terminado pasando andando pasándolo canutillas. Incluso andando. Yo a los que lo han pasado andando les digo que no sé qué es más fácil, si andando o en moto, porque andando tardas un montón, y esa altura, y ese puente que se mueve, y esa pista de patinaje en la que se ha convertido, apufs..madremia. También le veo a Rafa pasarlo, de hecho, tiene que parar la moto dos veces en el puente porque se cruza con gente para poder dejarles pasar, tela, eh? Se me ponen los pelos de punta viéndolo parado en mitad del puente e inclinando la moto para que pase la gente. Al final llega al otro del puente, donde estamos casi todos, con caballito a la salida del puente para dar espectáculo, jaja. Casi que me esperaba el caballito. Qué tío. Me comenta que la altura le ha impresionado bastante, que no entendía por qué le decía que me hablara hasta pasarlo él y notar esa altura que te engulle, que te atrae..juas, tremendo el puente! Y los pobres guías, pasando motos y volviendo andando para pasar las suyas. Vaya pateada se están metiendo.

El caso es que ya estamos todos así que vamos directos al hotel.

Pasamos el puente y creo que nos debería de quedar uno más para poder ir al hotel, pero dado que hemos tardado bastante tiempo en cruzarlo toman la determinación de dejar las motos a un lado y cruzar andando por otro puente. Así que nada, dejamos las motos en el pueblo de Kushma, en una especie de parking pequeño, cogemos el macuto y vamos andando. Al empezar este puente hay unas escaleras, como 6 u 8. Delante de mí va Antonio G, se patina y zampa!, se mete una galleta contundente. Para mí, muy fuerte. Veo nítidamente cómo se cae con toda la espalda en las escaleras y pienso que se ha hecho avería. Eduardo está a mi lado, y los dos nos miramos como diciéndonos que vaya ostión, pero Antonio se levanta y no es consciente de que haya tocado siquiera el suelo. Le comento que sí que lo ha tocado y que ojo con la espalda. Creo que lleva la espaldera de la cazadora de moto, y menos mal, porque si no hubiéramos tenido un susto. Este puente también es larguísimo y como vamos con todo lo de moto puesto, amén del casco en una mano y el macuto en la otra, se va a hacer largo. Si a eso le sumamos que tiene más altura que el que acabamos de pasar creo que va a ser “divertido”. Por no decir que se mueve, claro, porque no podía ser de otra forma. Solo falta que se ponga a llover para que sea más épico, jaja 

Está hecho para pasar personas (no vehículos) y en mitad del puente tienen montado un tinglado para hacer puenting. Según nos acercamos veo que hay una chavala, jovencita, parece de la India, con todos los amarres puestos preparada para lanzarse. Paramos y miramos. La chavala nos mira de reojo y puedo leer en su cara que tiene miedo. Normal. Yo ni me plantearía tirarme y ella está ahí arriba dispuesta a ello. Es una valiente. Hay un chico a su lado, que creo que es el monitor que le está hablando. Ella parece escucharle. Él sigue hablándole. Transmite calma. Ella sigue ahí, con los brazos en cruz, escuchando. La verdad que están un rato largo, tiempo suficiente para que Eduardo, que tiene vértigo, se ponga de cuclillas porque hay mucha altura y parece estar más cómodo al ras del suelo. Dudo si imitarle pero con solo pensar que luego me tengo que levantar, arg, me quedo de pie bien agarrada a la barandilla. La verdad que si miro para abajo da mucha impresión. Mucha. Me fuerzo a mirar, porque quiero hacerme a la altura, pero ostia, cuesta eh?, además que el puente se mueve, bambolea,  a veces me marea un poco. Seguimos mirando a la chica, que sigue con los brazos en cruz, y de repente el monitor le dice “three, two..”, ostia que allá va, “one!” y le empuja, o más que empujar, le acompaña con la mano y ella se deja caer. Leñe. Allá va. Qué valiente!. Está una eternidad cayendo. No sé cuánto tarda en darle el tirón la cuerda pero mucho más de lo que pensaba. De hecho hay un momento que pienso que ostia, venga, que le de ya el tirón que parece que se va a estampar. Y sí, al final, zas, el tirón. Apufs, menos mal. Suspiro. Bufs. Nos quedamos un rato viendo cómo sube y baja hasta que se queda allí, boca abajo, atada por los tobillos, esperando a ser alzada.  

Comentamos la jugada, ha sido increíble verlo, y seguimos cruzando el puente. Se hace largo o más bien, es largo, pero al final llegamos al otro lado. Nos giramos y vemos las vistas. Vaya espectáculo. Es un desfiladero brutal, pero brutal, y al fondo, al otro lado, de donde venimos, se ven las casitas. Parece mentira que vengamos de ahí. Hay un rocódromo pequeño, una especie de columpio que te deja suspendida en el vacío y ese estilo de (para mi) máquinas de tortura que algún loco de la altura ha diseñado y que hay gente que (extrañamente) disfruta, jeje 

Poco a poco vamos pasando todos a recepción, nos dan las habitaciones y hale, a la ducha.  

Es una habitación muy chula, amplia, con su pequeño porche. Es muy chulo todo. Aquí, como es habitual, tienen el retrete y la ducha en la misma estancia sin que esté separado por nada, de tal forma que cuando te duchas mojas el retrete, por lo que tienes que estar al tanto de sacar el papel higiénico porque si no se moja. Curioso sistema. Personalmente pienso que no es muy práctico, ya que mojas todo y si luego quieres volver a entrar, chop chop, está mojado, pero bueno, costumbres supongo. 

Rafa se queda ordenando la habitación mientras yo voy al bar a tomar algo. Algunos del grupo ya están ahí, así que entre blablablá, la llegada de Rafa, más blablablá, llega la hora de cenar.  

Nos ponen una sopa de una especie de crema de champiñones que está muy buena, con medio sándwich de yo qué sé que entra todo divinamente. Luego traen un plato con pollo, arroz, spaguettis con tomate, patatas fritas y algo de verdura y de postre una especie de yogur amargo con una bola dulce que está muy buena. Una cena muy rica. 

El día de hoy ha sido muy chulo. Entre el asfalto roto, las vistas, las pistas, la carretera cerrada con cambio de ruta que vamos por unas pistas chulas y rotas, con un paisaje chulo, la tormenta, el paso del puente colgante, el paso andando del otro puente y esta cena, día completo. Estoy muy contenta.  

Hale, a dormir que mañana seguimos. 

























 




Día 4

 

Kushma - Marpha

 

Nos levantamos y mientras desayunamos una especie de crema blanca, caliente y con avena que está malísima, jaja, tortilla, verdura, patata cocida y no sé qué más, Ramón nos da el briefing del día.  

Preparamos todo, y volvemos a cruzar el puente andando para volver al parking donde dejamos las motos. Cuando llego al parking me doy cuenta de que la mochila que tiene que ir en el coche la tengo a la espalda. Se me ha olvidado dejarla en el hotel para que la carguen al coche!. Arg. Se lo comento a Probin y le digo que voy y vuelvo en un momento. Me dice que ni de palo. Se la da a Shakti el cual la va a llevar él. Le hago el gesto de disculpa, a lo que él sonríe y me hace ver que no pasa nada.  

Vamos a las motos, atamos todo y hale, carretera y manta como se suele decir. 

Como ya es habitual, la ruta tiene unas vistas muy chulas y el asfalto se mezcla con pistas, por lo que entre una cosa y otra vas disfrutando. A medida que vamos avanzando el tráfico escasea hasta llegar a un punto que vas feliz como una perdiz. Hay una zona de la pista donde aparecen unos cuantos charcos. Está claro que por aquí suele llover. Los vamos esquivando, este por aquí, este por el otro lado, pero hay uno en concreto que es bien grande y coincide que viene un coche de frente. Delante de mí va Eduardo y veo que lo cruza por la mitad y casi parece Moises separando el río. Madremia. Tengo un segundo para buscar alternativa pero no me quiero arriesgar así que sigo su mismo camino. Puaggg, casi me ahogo!, jaja, salgo del charco empapada y sucia!. Rafa que va detrás de mí, hace lo propio pero en vez de pasarlo de pie en la moto, se sienta y levanta las piernas, con la consecuencia de que se moja entero pero por detrás, jaja, así que los tres salimos del charco que parece que yo qué sé.  

Seguimos ruta y cogemos un desvío. Cambia el paisaje, de repente, sin pedir permiso, zas, pasamos a una zona de bosque, tipo Andatza (el monte donde suelo hacer MTB). Senderos sinuosos, árboles altos, hierba verde, tierra marrón, muy bucólico y vamos a dar al primer puente del día. No es para nada como el de ayer, pero el tema de la altura me sigue inquietando. Vamos pasando uno a uno sin problemas pero la verdad que la altura y el tema “puente” me sigue dando que pensar. Son estrechos, pasa una moto justo, yo qué sé.

Nos juntamos a la salida del puente y vemos que están asfaltando la pista. Antes todo esto era pista y ahora lo están dejando lisito. Una pena para nosotros y supongo que una alegría para la gente de ahí. Curioso verdad?, Para nosotros esa zona, que es chula y podría ser más si fuese pista ha pasado a ser una carretera “más” con bonitas vistas.  

Paramos a comer sobre las 11:30, más pronto que estos días, pero nos comentan que más adelante quizás no haya muchas más opciones seguras. Probin me comenta que él siempre para ahí, porque es un sitio concurrido y sabe que la comida sale rápido. Si paras en otro sitio donde no tengan movimiento igual la comida no está bien.  

Al entrar veo la cocina a través de un cristal donde hay una mujer haciendo los momos, es decir, metiendo la carne dentro de la pasta. Meeec. Error. Como suele ser habitual es mejor no ver la cocina, así que me giro y pongo la mente en blanco. Ummmm, ummmmm, no pienses, shhhh. Nos sentamos en varias mesas y en poco tiempo nos sacan un plato de momos y pasta con pollo. Como digo no hay hambre, así que me como la mitad de los momos y la pasta con pollo. Pica. Le ponen picante a todo. Más tarde me cuentan que normalmente el picante se usa para que la comida no se ponga pocha, así que ya no me quejo más del picante, jeje. 

Hace calor. Mientras terminamos de comer voy al aseo que está detrás del chiringuito. La verdad que sería una historia tener más ganas que un simple pis, porque por lo que estoy viendo por aquí los baños no son muy higiénicos. Un agujero, sucio, que huele mal y poco más. Gracias que fuera hay un grifo con jabón para lavarse las manos. 

Terminamos con la charla siempre agradable de después de la comida y salimos.  

Pasamos por un check-point el cual tienes que tener permiso (y haber pagado creo que 100 dólares) para poder pasar. Más tarde nos desviamos por un sendero y vamos al lago que creo entender que se llama Titi-lake, aunque vete tú a saber si me están tomando el pelo, que son unos cachondos. Estamos rodeados de grandes montañas, de hecho una de ellas es el Dhaulagiri, que es uno de los famosos 8000miles. Hay nubes pero de vez en cuando se deja ver. Lo miro y remiro. Qué bonito es. Qué bonito es todo esto. Hacemos fotos y videos. Sonreímos mucho. Todo esto es muy bonito. 

Pasado un tiempo volvemos a salir por otro sendero de piedra, que luego pasa a ser sendero con hierba, y más tarde volvemos a salir al asfalto. 

Según avanzamos veo que llegamos al segundo puente del día. Está claro que este país está lleno de ellos. No paras de pasar cauces de río con más o menos agua, o incluso secos. Este tiene menos altura y es más corto que el otro. Parece, insisto, parece, que le voy cogiendo el tema a los puentes pero lo que está claro es que siempre tienes que ir atenta. Nos metemos por lo que parece que es la rambla de un río y nos vamos acercando al pueblo donde vamos a pasar la noche. Se llama Marpha.  

Entramos por lo que es una de las calles del pueblo, muy estrecha, tanto que pienso que sólo es de peatones (no entra un coche) pero no, por aquí circulamos todo lo que no sea coches, autobuses o camiones. La gente se va apartando según pasamos. Al entrar vamos pasando uno por uno por un espacio donde están los rollos de oración. Se supone que cada uno de ellos lleva una oración escrita y al hacerlo rodar se entiende que es como si la rezaras. Genial. Llegamos al hotel, dejamos las motos y para adentro. 

Aquí vamos a pasar dos noches. Es un sitio que me gusta nada más verlo. El comedor es acogedor y las habitaciones sencillas pero espaciosas. El personal es agradable y sobre todo tienen sonrisas. Me gusta.  

Nos duchamos y salimos de visita. La temperatura ha bajado un poco pero aún se está a gusto. Nada más salir Rafa se mete en la tienda de enfrente a comprarle a uno de sus hijos el jersey con capucha típico de ahí. Nos atiende una mujer muy amable que nos explica y vende sus productos bastante bien. Mientras estamos dentro entra un chico, de unos 30 años, con su madre. Elegantes los dos.  Son  turistas, como nosotros, y parecen ser de la India o de por ahí. Son muy educados. Se les nota que tienen cierto estatus. El chico me pregunta de dónde somos y al decirle que de España nos cuenta que su hermana ha estudiado ahí y sabe castellano, por si necesitamos ayuda con el tema de las compras. Le digo que no hace falta pero en cero coma sale la madre y trae a la hermana. Hablamos en castellano. Es curioso pero tiene cierto acento andaluz. Nos pregunta si necesitamos ayuda para entendernos con la señora de la tienda y le digo que no hace falta, pero al ver que Rafa anda contando el dinero, habla en nepalí con la señora. Al final todo es correcto y Rafa ya tiene su paquete de jerséis, uno para su hijo y otro para su nieta. Perfecto. 

Seguimos investigando un poco el pueblo y nos encontramos con Antonio R. y Emilio, así que los cuatro subimos al monasterio que hay arriba. Las escaleras son empinadas de verdad pero merece  la pena. Hay rollos de oración de diferentes tamaños, de hecho hay uno más grande que nosotros, que hacemos girar. No sabes muy bien por qué, pero los giras. Veo a estudiantes jóvenes con sus trajes típicos por el monasterio. Una vez llegamos arriba vemos las vistas del pueblo. Lo que creo que son casas abandonadas son casas de verdad. Ahí vive gente. Todo es muy precario, por lo menos a mis ojos. Aquí en invierno tienen que pasarlas canutas. Alrededor de los techos de las casas ponen madera cortada y según me comentan luego, cuanto más madera más estatus.  

Como se va acercando la hora de cenar volvemos al hotel. Poco a poco va llegando la gente. Nos ponen  hamburguesas de Yak, que están bastante buenas y una tarta de manzana (es zona de manzanas) que está muy buena. Para terminar Alberto y Daniel han comprado el licor típico de ahí, de manzana como no podía ser de otra forma, que está bastante fuerte, pero qué leches, me tomo medio chupito pensando que si he tomado algo que me pueda afectar a la tripa esto seguro que me lo cura, jaja 

Nos quedamos de sobremesa Ramón, Daniel, Antonio G, Alberto, Antonio R, Emilio, Rafa y yo. Una charla muy amena donde hablamos de lo que posiblemente más nos gusta: viajes y motos, jeje 

Hale, a dormir! 


































 


Día 5

 

Marpha – Muktinah - Marpha

 

Nos despertamos y vamos a desayunar. Nos ponen huevos fritos, tostada de queso y una especie de bollito, que lo abres, metes los huevos y sabe muy bien. Da gusto desayunar así. 

Vamos a las motos, ponemos el macuto y salimos. Como siempre vamos mezclando asfalto con pistas y el paisaje ya es totalmente desértico. Hemos pasado de estar en zonas verdes a tener montañas secas, con piedras, y de fondo siempre las omnipresentes altas montañas, con nieve. Van de los 5000 a los 8000 metros. Es espectacular.  

Nos llevan a un monasterio nepalí. Toda esta zona es budista. Por lo que nos explican en esta zona hay mucha población que huyó del Tibet con la invasión China, de ahí que sea zona budista. En Katmandú, por ejemplo, son hinduistas. De hecho la mayor parte del país lo son, pero esta zona en concreto, es budista.  

Como digo, dejamos las motos en el pueblo, y salimos dando un paseo hacia el monasterio. A la de poco aparece una especie de entrada donde hay dos figuras. A la izquierda un hombre mostrando una espada y enseñando orgulloso toda su virilidad masculina. Entiendo que aquí el hombre, por lo menos antaño, era fuerte y viril, o así lo quieren hacer bien. La otra estatua que hay, es una mujer, con sus partes íntimas al aire y un niño en sus manos.  

Subimos a una plaza donde está la entrada al monasterio. Veo diferentes dibujos de Buda así que me acerco para verlo todo de cerca. Suria, uno de los guías nepalíes, me explica lo que veo. Es un mural donde arriba está Buda y en el centro hay un círculo con dibujos dentro divididos en diferentes partes. En la parte de arriba se muestra lo que nosotros entendemos como el cielo, y según vas bajando por el círculo en orden de las agujas del reloj, el tema se va torciendo para ir a parar abajo, que es el infierno, donde hay otro Buda con unos dados, que es quien decide a dónde vas. Si te quedas ahí abajo, en el infierno, se ve en el dibujo los diferentes castigos que tendrías, y si vas arriba, siguiendo los dibujos de la dirección de las agujas del reloj, va mejorando el tema hasta llegar de nuevo al cielo. En el centro, hay tres figuras de animales, un pájaro, una serpiente y una especie de vaca, que simbolizan el ciclo de la vida. El mural me impresiona. 

Según damos la vuelta al monasterio aparece un perrillo, blanco, muy majo. Nos acompaña de camino a las motos. Ramón nos comenta que no nos fiemos mucho de los animales no sean que nos muerdan, y te la pueden liar parda, ya que duda mucho de que estén vacunados, jeje..pero nah, el perrillo es muy majo. 

Subimos a las motos y seguimos ruta, esta vez hacia un monasterio que está muy muy alto. Es una especie de peregrinaje. Dejamos las motos en un parking. Algunos de nosotros, los más valientes (evidentemente yo no, que de valiente tengo poco), se quitan la ropa de moto y se ponen un traje de baño, ya que arriba hay unos caños donde es tradición pasar por debajo de ellos, los cuales vierten un agua bastante fría. Es tradición. Por mi parte no tengo nada de ganas de enfriarme, así que subo vestida de moto con el traje de baño en la mano, por si me apetece en el último momento pasar por esa agua que imagino congelada.  

Llevo desde el día de ayer con cierto dolor de cabeza, al parecer es el tema de la altura, así que me comentan que suba las escaleras con cuidado. La verdad que me pongo a subir y me noto muy cansada, así que me lo tomo con calma. Poco a poco, escalera a escalera. Rafa, como siempre en este viaje, conmigo, a mi lado. Qué agradable se me hace su presencia. Sé que voy bien cuidada. Hay bastante gente subiendo y bajando. Entiendo que lo más parecido que tengo por mi zona es Lourdes, donde la gente va a pedir milagros. Hay personas a las que les suben a hombros, en una especie de sillita de la reina de madera, otros suben a caballo y los más, vamos andando. 

Al llegar arriba me sorprende la cantidad de gente que hay. Mucha!, Unos están en los caños, otros en una especie de piscina con un agua bastante turbia, otros de cháchara, y todos con un ambiente muy festivo. Gente cambiándose por todos lados. Paso por los caños, por fuera, y voy echándome con la mano en la cabeza, ya que veo que hay gente que lo hace así y dicen que también vale. 

Me voy animando y al final decido ponerme el traje de baño y hacer el tema de los caños. Ramón me indica dónde me puedo cambiar, pero que no está seguro si va a estar limpio. Asomo el cabezón y madremia, qué es eso. No entro ni vestida, imagínate. Miro alrededor, me alejo un poco y me cambio ahí mismo. Rafa se acerca con una toalla y me ayuda. Perfecto. Vamos. Él ya ha pasado los caños y está muy contento. Me comenta que el agua está fría, que hay que taparse la cabeza pero que se hace de tirón y listo. Vale, entendido. Me deja su visera para que me tape la cabeza y me dice que va detrás de mí, y tu cabeza?, le pregunto, nah, no pasa nada, dice que lo ha hecho dos veces y que conmigo lo hace la tercera. Venga, vamos. Me acerco y es una especie de pasillo por donde están los caños que vierten agua. Esa agua va al suelo, que es el suelo que vas a pisar. Todo está cristalino. Por donde vamos parece que a fuerza de pasar el agua está muy limpio. Venga, go go go, me meto y según empiezo a andar noto dos cosas: 1) ostia qué fría está el agua que tengo en los pies, madremia 2) mi chancleta, que se va!, jaja. Me paro, me agacho y la cojo, sigo como puedo y zas, de nuevo la fucking chancleta. Hago el mismo ritual, me agacho y la cojo, y de nuevo, zas, con la corriente de nuevo la chancleta a tomar viento, bua, qué fría está el agua, paso de la chancleta y sigo. De repente la otra chancleta también se va al pairo. Paso de la chancleta de los eggs, jaja. Rafa el pobre detrás de mí, jaja. El agua del suelo está de verdad, pero de verdad de la buena, fría, pero fría fría, eh?, tan fría que por un momento pienso que no voy a aguantar, que no llego al final. Sigo sigo y sigo y termino el recorrido, no sé cómo pero sin chancletas. Rafa detrás va con una de ellas en la mano, y la otra?  me pregunta, ni idea le digo, jaja, y se va a buscarla. Le digo que pase del tema, que no importa, pero Rafa se vuelve a meter por cuarta vez por los caños a buscar la chancleta. Pienso que a saber dónde está cuando me digo que de estar tendrá que estar al final del recorrido empujada por la corriente y efectivamente, ahí está, enganchada a un sumidero final a punto de decir adiós a sus días. Me agacho y la cojo, qué suerte! Rafa! Rafa!, ya está!, jaja.. 

Estamos todos sonrientes, el ambiente es muy bueno. Estamos siempre vigilados por una estatua de un Buda gigante. Me impresionan estas cosas. Da que pensar, no?, tanta fé!. Creo sinceramente que las personas que tienen fé en algo son afortunadas. Cuando vienen mal dadas tienen a quién rezar.

Sacamos unas fotos, algún video, más risas y vamos de vuelta abajo. Hoy debe de ser el día de las chancletas porque según vamos andando las chancletas de Rafa se van descoyuntando, jaja, la suela se va despegando, y a la de nada, de la otra chancleta, la suela también pero del lado contrario, se despega también. Vaya día con las chancletas!, jaja. Bajamos como podemos y vamos directamente a un garito que se llama Bob Marley (en serio) a comer pizza. El dolor de cabeza por la altura que momentáneamente se me había pasado vuelve. Es más persistente y duele más. Bebo agua, dicen que es buena para este tema. Me relajo. Nos separamos por las mesas y en mi caso estoy con Daniel, Jordi y Rafa. Nos sacan unos Nuggets, que es una pasta que está bastante buena y pizza de Yak. Los trozos de Yak están duros así que los separo y me voy comiendo el resto mientras sigo hidratándome. Una vez termino salgo a la terraza donde están algunos del grupo a mirar el paisaje. Veo toda la gente que se dirige para arriba, para hacer lo que nosotros acabamos de hacer, a caballo, andando, incluso alguna bici!, y también los porteadores que suben a gente como en esa especie de sillita de la reina. Eso tiene que pesar. Eso tiene que doler. Ouch. 

Terminamos de comer y vamos a por las motos. Comento lo de mi dolor de cabeza, estamos a 3600 metros y lo noto, pero Ramón me comenta que no me preocupe que hoy dormimos de nuevo en Marpha y ahí abajo ya lo tengo controlado. Perfecto. Además en el grupo hay un médico, que es Antonio G, que algunos de nosotros de vez en cuando le comentamos nuestras inquietudes. El pobre nos escucha y nos responde. Qué buen rollo da tener un médico al lado!

Volvemos al hotel por pistas espectaculares. Todo seco, las montañas nevadas mirándote. Vaya espectáculo. No me canso de mirar. El Dhaulagiri lo vamos viendo de vez en cuando, y el dolor de cabeza sigue ahí, intenso.  

Llegamos al hotel, ducha, paracetamol y ya mejor. Qué alivio 

Salimos a dar otra vuelta por Marpha y esta vez sí, me compro un jersey con capucha en un sitio a las afueras. El señor de la tienda habla muy poco inglés así que como podemos nos hacemos entender. No sé cómo voy a meter el jersey en la maleta, porque ya sabes, es para el frío, así que es mullido y ocupa lo suyo. Ya veremos. Es muy chulo. Me encanta cómo mezcla esta gente los colores.  

Llega la hora de cenar así que volvemos al hotel. Nos sentamos en los mismos sitios que la noche anterior y hale, a cenar, que con tanto ajetreo entra el hambre, jeje. 

Rafa pide un plato que según se lo ponen le prenden fuego!, jaja, es muy curioso. Por mi parte me como una pechuga de pollo con arroz y spagettis con tomate. Creo que nunca he tomado tantos spaguettis como en este viaje.  

De postre Angel saca chocolate negro, que ha traído de casa, que me sabe a gloria.  

De repente aparece Suria, el guía nepalí, y me dice con lo que yo creo que es cierta urgencia que salga, “please please”, así que ostia, no dudo, qué pasa?, salgo y veo un tuk tuk con un sitio libre, me dice que me monte así que allá que voy. Vamos cuatro del grupo, Javier, Antonio R, Emilio y yo, y al parecer han pagado o conseguido que un tuk tuk de esos nos lleve por el pueblo a toda ostia, jaja. Menuda caña le mete el tío. Además como todo es estrecho lima todo. Gente, esquinas, motos, madremia que nos matamos, jaja. Hace frío pero la verdad que lo paso bien. En nada estamos de vuelta y cómo no, Rafita me está esperando. Gracias!, jeje 

Pensando en el día de hoy me doy cuenta de que las pistas que hemos hecho han sido muy chulas, incluso hemos vadeado (ahora vadear ríos con motos trail está de moda, jaja), algún riachuelo, hemos visto grandes montañas nevadas y paisajes desérticos. Carreteras amplias, con polvo, y la moto no falla, eh? Aguanta todo. Perfecto. 

Hale, a dormir  


 
























Día 6


Marpha – Lo Manthang

 

Nos despertamos y vamos a desayunar. Esta vez nos espera un magnífico plato con dos huevos duros y dos bollos que están de escándalo.  

Hoy toca ir al Upper Mustang. Salimos de Marpha y en poco tiempo paramos en un bar que se llama Johnny Cash. En serio?  Ayer Bob Marley y hoy Johnny Cash!, tremendo. Cogemos un poco de agua y vamos a visitar un monasterio. Seguimos en zona budista. Vemos los niños estudiando en el monasterio, recibiendo clases, una mujer en la calle lavando los platos en la fuente, una señora mayor sentada que está con una rueda de oración con mango de madera que no para de girar. En toda esta zona parece que el tiempo se haya parado. Al entrar dentro veo una estatua parecida a la del monasterio del otro día, con el guerrero con la espada en la mano y su miembro alegre. Me parece curioso la importancia que le dan al tema físico. Cuántos guerreros habremos visto con sus armas, enseñándolas a modo de amenaza, pero en esta zona, aparte de las armas (espadas) enseñan sus partes que además parece que tengan que estar en activo. Curioso. 

Salimos con las motos y cogemos una pista que ya no vamos a abandonar en todo el día. Pasamos por otro Check Point, que en esta ocasión son 500 dólares, y pasamos a una zona bastante más solitaria que la anterior, que ya lo era.  

La pista que cogemos para subir es eterna. Ancha, con piedras, y sube sube sube sube. A medida que vamos cogiendo altura mi dolor de cabeza vuelve. Arg. No ayuda mucho el tema de las piedras, pero bueno. Voy disfrutando del paisaje, que es absolutamente brutal. Esta pista parece no tener fin, al igual que la subida. Adelantamos a dos personas en bici. En serio? Really?, vaya palizón!, apufs.. 

Pasamos de estar abajo de esta pista que es parecido a un paisaje de los indios Sioux, que parece que en cualquier momento van a aparecer 100 tíos con los caballos y las flechas, a un paisaje tipo lunar a unos 4000 metros. Y de fondo esas montañas que inspiran respeto. Es tremendo todo esto. No deja indiferente.  

Paramos a comer en un restaurante. Estamos solos. Nos meten en una habitación con mesas bajas donde nos sentamos unos al lado de otros. Descansamos. Estamos cansados. Bromeamos, sonreímos. Alguno incluso dormita. Qué buen ambiente!. En este país es mejor ir sin prisas con la comida, porque siempre tardan la de Dios, y esta vez no iba a ser menos. Damos gracias porque nos sacan las bebidas y mientras esperamos, hablamos y hablamos. Por fin nos sacan un bol con unos fideos que no están ni dejan de estar pero tienen pinta de alimentar, así que para dentro. Más tarde un café que según a quien preguntes tuerce la jeta, jaja, y venga, a las motos que nos queda pista por hacer. Brum brum. 

Seguimos por esta pista que cambia un poquito ya que o hay menos piedras o parece haber menos piedras, pero lo que tengo claro es que voy ligeramente más ágil. A cambio se levanta algo de viento, pero las vistas cubren, por mi parte, cualquier cansancio. Vaya espectáculo es todo esto, qué suerte de estar aquí. Paramos en otro pueblo a descansar. Todo está alejado de la mano de Dios, o es la impresión que me da. Busco un aseo, que sé que es una batalla perdida pero dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Probin me comenta que ahí (me señala una puerta con pinta chunga) está el aseo. Le miro a los ojos y levanta los hombros en señal de “tú verás”. Me acerco, abro la puerto y pienso que nomejodasanda. Eso es exactamente lo que pienso, jaja. Cierro de seguido, me alejo y me asilvestro. Vuelvo y veo a unos del grupo fuera del sitio donde hemos parado y otros que han subido unas escaleras y están ahí. Subo y al entrar noto que es una estancia agradable. Qué curioso es todo esto. La chica que nos sirve tiene un perrito muy pequeño con ella. Me lo enseña y lo acaricio. Las dos sonreímos. Tiene un mes me comenta. Nos saca unos caramelos y pienso que es el mejor caramelo que me he tomado en la vida. Sigo un rato más con ella y luego me siento a descansar. Daniel me saca una coca cola que bebo bien a gusto. A la de un rato volvemos a las motos a seguir ruta!, Vamos!

Salimos, hacemos varias paradas para ver el espectáculo que tenemos a nuestro alrededor. Es increíble. Y viento, se ha levantado viento. En un momento dado nos meten por una pista mas pequeña y sin piedras, qué alivio!. Es como ir en una manta voladora, como levitar, qué gustito!, jaja, Vamos a dar a un pueblo donde está el Palacio del Rey. Al parecer, antes era ahí donde se hospedaba el Rey. La verdad que es como un oasis. Es un lujo estar aquí. Según entramos al hotel nos atienden, nos sacan bebidas y algo de picar. Hay sofás. Estamos cansados y esto se agradece. Nos van repartiendo las habitaciones. A los que nos toca arriba, nos dan unas sandalias para poder subir. No se debe subir con las botas puestas. Nos suben las maletas uno a uno y nos llevan a la habitación. La abren, nos las muestran, todo como con reverencias y educación. Qué bien. Nos duchamos y nos quedamos dormidos en una cama gigante y acogedora. Qué placer. Nos despertamos y bajamos a cenar 10 minutos más tarde la hora, pero no pasa nada. Hay buffet donde todo está buenísimo, incluido la tarta de manzana y el brownie, el cual repito, por supuesto, ni qué decir tiene, jeje.  

Estamos muy cerca de la frontera del Tibet. Da que pensar. En la habitación hago lo que me dijo uno de mis hermanos en Colombia, que es abrir el google maps y darte cuenta de dónde estás. Pruébalo, es una sensación curiosa.  

Vamos a dormir, anda.. 




















 












Día 7

 

Lo Manthang – Dhakmar – Ghami

 

Nos levantamos y como siempre a desayunar. Qué bueno está todo. Me encanta desayunar.  

Salimos a dar una vuelta por el pueblo. Es muy básico. Van a intentar que nos abran un monasterio antes de tiempo para nosotros solos con la intención de que no se nos haga muy tarde para salir. No se ven turistas, debemos de ser los únicos que en esta época del año estamos por aquí. Mientras esperamos en una placita bien chula que nos abran,  veo a  tres jóvenes, con sus atuendos de monjes o estudiantes,  jugando con un balón pequeño, tipo de balonmano, a fútbol. Se pasan la bola los unos a los otros con sus típicas túnicas rojas. Se unen algunos del grupo y se pasan la bola entre todos. Es bonito verlo. Gente tan diferente jugando juntos. Da esperanzas, eh? 

Entramos al monasterio y me impresiona. Realmente en este viaje me impresionan muchas cosas. 

Visitamos algún monasterio, un templo y lo que creo que es un museo, que está muy bien. Todo cuidado. En los monasterios está Buda, en grande. Hay dinero tirado por el suelo, botellas de bebidas, comida. Entiendo que son ofrendas que hacen los visitantes. Y Buda, siempre ahí, con las manos con el gesto de meditar y esa mirada…ufs, vaya mirada.  

Vamos volviendo poco a poco al Palacio, nos vestimos de romano, cogemos las motos y salimos por una pista bastante picante, con una subida que hace que me tenga que esforzar. Es corta pero con cierta exigencia. La moto, como siempre, no falla, mantienes la inercia y ahí va, tututututu, poco a poco. Buena chica. 

Vamos a visitar unas cuevas que hay muy cerquita. Dejamos las motos en un campo de futbol y allá que vamos. La verdad que no me he planteado si las cuevas son angostas o relajadas o qué, cosa que me doy cuenta justo cuando vamos a entrar. Le pregunto a Ramón y me dice que no, que no son claustrofóbicas pero olvida u omite el detalle de entrada, jeje. Cuando voy a entrar pienso “por aquí?”, juas. Se entra subiendo por unos escalones que no pido que me empujen del culo de milagro, porque vamos con ropa de moto y no me da la zancada, jeje. Cuando subes esos escalones veo una escalera de madera, de mano, que sube Dios sabe a dónde y un niño pequeño, sin adultos, intentando bajar. Ui. Le hago un gesto con la mano y le indico que baje, que le cojo. El chaval poco a poco y no pasándolo demasiado bien, baja. No sé con quién viene, así que le suelto y sigue sin, aparentemente, adultos a su cargo. Venga, va, me toca a mi subir. Madremia. Ramón me va indicando dónde poner los pies. No se me hace fácil pero al final lo logro. Me da un poco mieditis la altura por si no lo he dejado claro todavía, jeje. Subo a un piso donde veo diferentes habitáculos. Oigo que alguien dice que ahí vivían hace 200 años. Sólo 200?, bufs, qué manera de vivir, hay más pisos para arriba, así que subo uno más pero de ahí no paso. Las vistas, asomándote por unos huecos que hay en la pared son impresionantes. Me quedo un rato grabando algún video y mirando bien todo. Ahora toca bajar, venga, va, poco a poco. Menos mal que Ramón anda por ahí y me vuelve a ayudar diciendo dónde y cómo apoyar los pies o las manos, o incluso el culete. Al final bajamos, salimos y nos quedamos hablando un rato hasta que sale el resto del grupo.  

Salimos con las motos y vamos dando un rodeo por unas pistas que en muchos tramos tienen arena. En uno de esos tramos veo que a Michel se le cae la moto y al momento para Alberto para ayudar a levantarla. El resto esperamos. Una vez la han levantado, Alberto se va para un lado y Michel mira para el otro, y la pobre moto se cae para el otro lado, jajajaja. Qué buena. Michel se encoge de hombros como preguntándose qué coño ha pasado, jaja. Al final la levantan de nuevo y seguimos ruta. Este sendero es muy chulo y vamos bordeando todo el entorno hasta volver a Lo Manthang donde comemos en un sitio que nos ponen arroz y algo similar a los rollitos de primavera pero rellenos de arroz. Vamos, que básicamente comemos arroz, jaja.  

Salimos y mezclando pistas muy muy chulas y parte de la pista que hicimos ayer vamos hasta Ghami. El día de ruta de hoy ha sido corto pero muy muy chulo. Vistas espectaculares donde subimos hasta los 4100 metros donde se puede ver tooodo el paisaje que tenemos y es realmente...no tengo palabras. Merece ser visto por lo menos una vez en la vida. Paramos en un montículo donde hay muchas de las banderas típicas de Nepal, que representan los 5 elementos. Muchas de ellas están por el suelo, pero nos explican que no es dejadez, sólo que la tradición dice que hay que dejarlas.

Seguimos ruta y vamos por unos caminitos muy chulos. Delante de mí llevo a Antonio R. Vamos subiendo un sendero y tengo la sensación de que él no va a llegar arriba. No hay dificultad pero me da que va algo lento para esa subida. De repente veo que efectivamente no llega y como puedo esquivo la caída que pienso que va a ocurrir, y efectivamente justo al pasar a su lado veo de reojo cómo vuelca para atrás. Rafa que anda por ahí se para y luego me comenta que ha sido un piñazo un poco aparatoso. Menos mal que no se ha hecho nada. Daniel sufre también alguna caída mas adelante, ya que hay trozos de la pista donde hay bastante piedra suelta, pero poco a poco vamos avanzando. Todo esto es espectacular. Paramos en un monasterio que dicen que es el más alto no sé si de Asia, del mundo o qué sé yo, pero está altísimo. De hecho mi cabeza, que es la me marca la altura, me pita, me duele, así que sí, efectivamente debemos de estar muy altos. Estamos un rato viendo el entorno. Qué paz pero qué duro tiene que ser el clima cuando las cartas vienen dadas de otra forma.. 

Llegamos a Ghami, el pueblo donde dormimos hoy. Es un sitio muy auténtico, fuera de la ruta del turista. Hace algo de frío y en las habitaciones la temperatura ambiente es bajita. Menos mal que las sábanas son eléctricas porque sino sería una noche interesante, por decirlo de forma suave. Mientras esperamos a que nos den las llaves de las habitaciones nos sacan palomitas y cerveza, así que la espera se hace amena.  

A la de poco nos dan las llaves y subimos a la habitación. Cierro la puerta, pongo el pestillo y me giro. De repente noto corriente, por qué?, me giro mirando la puerta y veo que se abre. Ui. Me acerco y veo que el pestillo, que estaba atornillado al marco de la puerta se ha soltado, o sea, que no hay pestillo y por la corriente (las ventanas aíslan lo que yo te diga) la puerta se abre. Curioso, no? juas. Se lo comentamos a Ramón para ver si pueden ir a atornillarlo (y de paso le comentamos la “casi” falta de papel higiénico) el cual nos dice que lo comenta y que irá alguien para solventar ambas cosas. Como pasa el tiempo y vemos ahí no viene ni el tato, ponemos una silla en la puerta para que no se abra y nos vamos duchando. El agua no sale muy, digamos, caliente, pero suficiente para esa ducha que tan bien sienta.

No le volvemos a decir a Ramón ni lo de la puerta ni lo del papel higiénico. Total para qué. En este sitio no tiene pinta de haber alguien de mantenimiento ni nada parecido… 

Bajo abajo donde hay varios del grupo y dejamos pasar el tiempo hasta la cena comiendo palomitas. No están muy allá pero una no puede parar de comer, jeje.  

Cuando estamos todos juntos nos vamos al sitio donde vamos a cenar. Es como una casa de dos pisos. Subimos al primero y nos meten en una especie de salón con cocina incluida donde vamos sentándonos en asientos corridos que van pegados a la pared. Mientras cocinan ahí mismo pasamos el rato lo mejor que podemos, es decir, hablando y echando unas risas. Veo que unas de las chavalas (son todas jovencitas) que cocinan no lleva gorro en la cabeza (el resto  sí). Hace fresquete. Entiendo que no lo lleva de forma voluntaria, pero me entra la duda. Y si no tiene?, menuda tontería de pregunta, seguro que sí tiene!, pero la duda se me queda en la cabeza. La miro de vez en cuando y siempre, todas ellas, están sonriendo. No tiene pinta de tener frío. No sé. Pero la duda la tengo, así que me quito mi gorro y se lo doy. Me da las gracias con una sonrisa. Igual piensa que a ver por qué le doy mi gorro, pero bueno, no me quiero quedar con la duda.

A medida que pasa el tiempo y van cocinando el ambiente se caldea. Charlamos, bebemos y disfrutamos de la compañía. Qué más se puede pedir? 

Una vez terminada la cena, alguien pone música y algunos se animan a bailar. Hay música para todos los gustos. Música nepalí, española, de aquí, de allá, pero todo bailable. Ahí nos quedamos disfrutando del equipo hasta que llega la hora de dormir. Venga, vamos a esa habitación-congelador, jeje 


























 































Día 8

 

Ghami – Kalopani

 

Hoy no he dormido del todo bien. Me he levantado demasiado pronto y ya no he sido capaz de volver a cerrar los ojos, pero bueno, qué le vamos a hacer. Siempre puede ser peor.

Bajamos a desayunar y me doy cuenta de que no soy la única que va medio dormida. Oigo comentar a algún compi que no han dormido precisamente bien. Será la altura, será el cansancio. No sé.

Desayunamos en el mismo salón-cocina que cenamos ayer. Es acogedor, sencillo y evidentemente casero. Nos ponen patatas, coliflor, tostadas, mantequilla, mermelada y para beber café o leche. Por qué meterán coliflor en tantos platos?, juas.

Salimos y empezamos a bajar haciendo el camino de ida pero a la inversa. La verdad que es otra perspectiva y tengo la sensación de ir por otro sitio si no fuera porque estas piedras me recuerdan a las de ayer, jaja

Voy tensa como un palo, no me siento cómoda y pienso que va a ser un día duro. A la media hora de salir, Probin se echa a un lado de la pista para reagruparnos de nuevo. Aprovecho el descanso para estirarme y demás. Una vez que el grupo está de nuevo formado, seguimos. Ui. De repente voy a gusto. Qué ha pasado?, qué bien me ha sentado esa parada!. Ahora voy por encima de las piedras y la moto se comporta de vicio. Soy capaz de ir más rápido y cuanto más rápido voy me siento mejor. No es que vaya de rally, hay compis que van más rápido que yo, pero sin duda voy más cómoda. Así sí. Admiro este paisaje. No me canso. Es increíble.

De vez en cuando Rafa y yo comentamos por el intercomunicador de mirar esto o lo otro (tónica general de este viaje, lo que uno no ve lo ve el otro y nos complementamos bastante bien) y seguimos fascinados con este paisaje.

Lo sorprendente de esta ruta, o mejor dicho, de la de casi todos los días es el tipo de motos que llevan los locales. Sí que es cierto que veo alguna moto de trail acorde al terreno que tienen, pero en la mayor parte de los casos no es así. Van con unas motos que no son para nada de pisteo. Veo scooters o motos de carretera. Hace días le pregunté a Probin a ver por qué había tantas “pulsars” (son como Hondas 125-250 de carretera o algo parecido) y me contestó que son fiables y baratas. Así que esta gente va por unos terrenos algo jodidos con motos no muy acordes. Y lo mismo para los coches, no sé, tendrán sus motivos aparte el económico…

Seguimos bajando y bajando, porque ahora lo que toca es bajar (cosa que mi – dolor – de cabeza agradece, no así mi corazón que sigue mirando estas montañas con mucho respeto y fascinación)

Y ya sabes lo que dicen, que cuando te confías viene la galleta, y la verdad que falta poco para ello, porque de repente la cuesta abajo se pone un poco más cuesta abajo, aparecen bañeras y arena, así, de golpe. WTF. Delante de mí van Michel y Emilio, los cuales al pasar levantan una polvareda de escándalo, así que en un momento me quedo sin visión. O sea, cero, nada. Soy consciente de que antes de quedarme a ciegas he visto que es una recta, por lo tanto, solo es cuestión de absorber esas bañeras de polvo flexionando bien brazos y piernas e ir en línea recta. Eso es lo que me dice mi cabeza en el siguiente medio segundo de quedarme a ciegas. Adopto posición de absorber irregularidades y sigo. Otra cosa es lo que hace la moto. Está claro que no lo hago bien, no veo, no absorbo nada, jaja, la moto se mueve la de Dios, y por el intercomunicador le grito a Rafa que no veo. “No veo!”, y él me contesta lo obvio. “Para la moto! Para para para!”, así que freno, planto los pies en el suelo y la calo. Ostia qué limada. Pienso que igual viene alguien por detrás y nos da, así que no hay tiempo que perder. En cuanto se va el polvo veo dos cosas: 1) Emilio ha parado y me está mirando. Se agradece la vigilancia porque la verdad me veía en el suelo, 2) Rafa está detrás sin haberse caído, así que todo perfecto. Sin perder tiempo arranco y seguimos.

Vaya limada, no?, jaja,

Seguimos un poco más y paramos en el restaurante donde en la subida estuvimos comiendo. Unos piden café, otros leche, yo me siento algo cansada así que me tiro al azúcar, jeje, y a la leche. Probin saca unas galletas de chocolate que me saben a gloria. Vamossss..

Estamos un buen rato ahí parados, descansado. Hace algo de fresco pero se está bien.

Nos montamos en las motos y seguimos bajando. No sé cuánto tiempo se tarda en bajar, pero tiempo, sí, un buen rato. Es mucho desnivel. Bajamos, bajamos, bajamos y mi detector de altura, mi cabeza, se relaja, qué bien!

Pasamos el Check-Point y nos reagrupamos en el último puente. Ya está. La bajada ya está hecha. Miro arriba y suspiro. Ya?, je, pues sí, ya. Cómo pasan los días, no?

A partir de aquí tanto el paisaje como la carretera cambia completamente. Volvemos a la zona Siuox (es como la llamo yo), y volvemos a ir parejos al río, que está seco, pero por el canal que está hecho para el agua tiene que ser impactante verlo crecido y bajando a toda caña. La carretera pasa a ser ese asfalto que de vez en cuando cambia a pista y luego vuelve al asfalto. Y también, a medida que avanzamos, aparece el tráfico. Poco a poco. Vuelta a la civilización.

Paramos en el bar de Johnny Cash, el mismo que paramos a la ida a beber algo, pero esta vez con idea de comer. Se ha levantado bastante viento y empieza a enfriar. Subimos al piso de arriba y nos sacan, cómo no, spaguettis (con Yak), jaja. Pensaba que este iba a ser el viaje del arroz, pollo y lentejas, pero resulta que va a ser también el de la pasta. Creo que entre arroz, pasta y pollo es lo que más comemos.

Terminamos de comer, me pongo el chubasquero a modo de cortavientos – tengo un ligero frío -  y salimos. En una de estas que el asfalto cambia a pista, que vamos hablando por el intercomunicador tranquilamente comentando la jugada, la pista se empieza a llenar de piedra suelta y zas!, casi al suelo!. Ya sabes, piso con la rueda delantera una piedra, y ostia, que me tira!. Oigo a Rafa que grita algo porque creo que también me ha visto en el suelo. Osssstia. Hoy va a ser el día de las limadas, eh?, jeje

Seguimos y en poco más de una hora llegamos al hotel. Aún no están las habitaciones preparadas así que esperamos mientras hablamos y bebemos. Los guías nepalíes se ponen a limpiar las motos. Sé que va dentro de su curro, pero qué pereza me da y qué frío. Noto que la temperatura poco a poco va enfriando y verles con la manguera de agua fría, no sé yo..

Nos dan las habitaciones, entramos y para variar estos días de fresquete hace frío dentro. Las sábanas, como el otro día, están electrificadas, pero leñe, yo con este fresco no puedo estar parada, así que me ducho y salgo para el bar del hotel que seguro que hace mejor temperatura. Rafa se queda un rato más en la habitación. Cuando salgo veo que los guías siguen con las motos, bufs..

Entro al bar y me quedo un rato charlando con Alberto sobre viajes en moto. Qué placer de conversación. A quién de nosotros no le gusta hablar de motos o viajes en moto? Por ahí pululan ya algunos del grupo y Jordi tiene la genial idea de pedirles que pongan la estufa. Oh sí, así sí, brrr, calorcito..

A las 19:00 horas a cenar, beti bezala. Buffet, ya sabéis, pollo, lentejas, arroz..nada nuevo, jaja.

La verdad que este buffet es el peor que he comido estos días. Las lentejas están fuertes, el pollo es más hueso que otra cosa y más arroz no, por favor, jaja, así que pillo unas rebanadas de pan de molde que están untadas con ajo y  hago masa con ellas. De postre pastel de zanahoria, o algo así, que no está mal, pero vamos, uno más.

Después de cenar nos quedamos hablando unos cuantos y poco a poco se van retirando a las habitaciones. Al final me quedo con Daniel charlando un rato y arreglando el mundo, mientras Jordi se queda en un sofá de esos automáticos que dan masaje. Cuando termina nos comenta que está muy bien, así que Daniel aprovecha para probarlo y yo para irme a dormir..

Mañana último día de moto. Arg.











































Día 9

Kalopani - Pokhara

Nos levantamos, salimos a desayunar y el paisaje que vemos nos quita el hipo. Ha despejado y se ve el Dhaulagiri y a lado suyo otro de 7000 metros. Esto es tremendo. Menuda pasada.

Desayunamos huevos, tostadas, leche y unos pamcake buenísimos, tanto que repito. No tengo remedio.

Hoy es el último día de moto. Volvemos a Pokhara por la carretera general por donde va todo el mundo. Es decir, mezcla de asfalto con trozos de pista. Ramón nos avisa de que esta noche ha llovido por lo que ha habido desprendimientos. Avisa que hay que estar atentos. Ok.

Salimos y lo que espero que sea un día de tránsito se convierte en divertimento. No tengo tiempo para aburrirme. Entre el paisaje, el tráfico, el asfalto roto, las obras, los desprendimientos y las pistas, bua, me lo paso de miedo. Me sorprende este país. Donde ha habido desprendimientos veo gente currando en unas condiciones que entiendo que son difíciles. No veo medidas de seguridad y ahí están, apartando barro de la carretera y la maquinaria subida no sé cómo a la ladera. Creo que es a Emilio a quien le cae alguna piedra suelta de una ladera sin mayores consecuencias que el susto. Esto es tremendo.

Según vamos bajando veo en una parte exceso de tráfico. Nos asomamos y hay atasco por otro desprendimiento. Hay cola de coches, autobuses y camiones y ambos lados del desprendimiento con atasco. Vamos haciendo zig-zag entre los coches hasta llegar al meollo. Hay un paso como de dos metros de ancho donde solo pueden pasar las motos. Hay barro y piedras. Pasamos con cierta dificultad pero pasamos. Guau. Esto es la leche. Seguimos bajando y el calor aprieta. Probin para a un lado de la carretera para que nos quitemos ropa, ya que dice que de aquí en adelante las temperaturas van a seguir subiendo. Genial. Veo un aseo ahí cerca así que me asomo. Está ocupado y hay una señora esperando. Por su actitud entiendo que va con la persona que está dentro. Genial porque tengo cierta urgencia. Pasan los minutos y tarda. Que haga lo que tenga que hacer, pienso. Pasan los minutos y sigue sin salir. Ok. Tendrá una urgencia. No hay problema, a cualquiera le puede pasar. Al final sale una chica que se queda en el marco de la puerta hablando con la señora de fuera. A saber lo que le está diciendo pero yo quiero entrar que me hago pisss. Parece que bromean entre sí. Da la sensación de que son madre e hija. Le miro a la chica, ya que parece que no se da cuenta de que estoy esperando y le sonrío con la esperanza de que se mueva 5 cms a un lado y me deje pasar. Me ignora. Magnífico. Dejo pasar unos segundos y la pava ahí sigue, en mitad de la puerta sin dejarme pasar. Habla de forma tranquila. Le vuelvo a sonreir y vuelve a ignorarme. Suspiro. Doy un paso adelante y le “ayudo” con la mano a apartarse. Ella se echa a un lado, sin mirarme, mientras sigue hablando con la supuesta madre y entro al servicio. No parecen verme, no debo de existir, no sé, boh. Cierro la puerta, me giro y al ver cómo está el supuesto “aseo” pienso “venga ya”. Seguro que puede estar más sucio, y seguro que dada la higiene de los baños de carretera de este país tengo que estar agradecida, pero “en serio?, really?”. Charco sucio abajo, evidentemente un agujero, sin papel, sin nada, olor a orines (tengo poco olfato, así que si yo huelo algo es que huele de verdad). Arg. Quiero quitarme los pantalones de debajo del pantalón de moto y me da cierto placer pensar que llevo puestos unos que no hace falta quitarme las botas. De hecho, me los compré específicamente para este viaje porque me lo veía venir. Tiene unas cremalleras en cada pierna que tanto para poner como para quitártelos no te tienes que quitar las botas. Tan simple como eso. Pero en serio, me alegro la de Dios por tener este sistema y no me tenga que quitar las botas porque está claro que no lo iba a hacer ahí dentro. No piso ese suelo sin botas ni aunque me paguen, jaja. Con un pie sujeto la puerta, porque evidentemente no hay pestillo (no espero otra cosa), me quito la cazadora y me la pongo encima de la cabeza y la riñonera me la engancho no sé cómo al cuello. De verdad que alguien tendría que escribir un libro sobre cómo, las mujeres, orinamos en los baños públicos, sucios y  sin pestillo, jaja.

El caso es que al salir veo que casi todo el mundo ya se ha ido salvo Javier y Rafa, que aún andan cambiándose. Mientras guardamos las cosas veo los vehículos que estaban en el atasco pasar delante nuestro. Guau. No deja de sorprenderme este país. Si llega a ser España aún seguirían ahí atascados. Cómo leches han quitado todo para dejar pasar el tráfico?, me quito el sombrero. Venga, vamos, brum brum, que continúe el divertimento!,

Seguimos un rato más y paramos a tomar algo. Hablamos. El ambiente como siempre es de buen humor. Vamos, salimos de nuevo!. En un momento dado salimos de la carretera general y nos meten por una carretera estrecha, asfaltada, muy chula (me recuerda a las carreteras entre caseríos de Euskadi) que va subiendo poco a poco con unas vistas tremendas. Buen fin de ruta sin duda. Ahí vamos, curva izquierda, curva derecha. Muy chulo. De repente empiezan a aparecer parapentistas. Un montón. Surcan el cielo. Y ahí que vamos. Nos paramos donde hay gente mirando todo el espectáculo tanto del cielo como del paisaje. Tremendo. Nos quedamos un rato charlando de forma animada. Debajo está Pokhara con su aeropuerto. Nuestro punto de salida. Parece una eternidad desde que salimos de ahí el primer día con las motos. La de cosas que hemos vivido y visto entre el primer día y este último.

Nos avisan que vamos a bajar ya para Pokhara y que tengamos cuidado tanto en la incorporación al tráfico de la ciudad como a todo en general. Oki. Allá que vamos.

El tráfico está un poco denso pero no esperamos otra cosa. Con mil ojos vamos avanzando poco a poco hasta el comienzo del viaje en moto, como dice Ramón, la Sede de 30mps en Pokhara. Subimos las motos (en mi caso con cierta dificultad, sería la leche caerse entrando al taller, jeje), nos bajamos y nos vamos abrazando todos, qué buen rollo!

Unos graban videos, otros sacan fotos, otros toman cerveza, todos comemos pizzas. Todos felices. Se habla, se da las gracias. “Danebat, danebat” para todo el mundo. Hasta la pequeña hija de Probin está por ahí, una chiquilla de unos 3 años siempre sonriendo, siempre jugando. Qué buen rollo.

Los que tienen que pagar algo de los desperfectos de la moto (retrovisor caído, intermitentes, lo que sea) hacen cuentas con los del taller y al resto nos devuelven la fianza. Parece como cuando te dan las notas de fin de curso.

Nos despedimos del equipo de guías de Nepal y nos llevan al hotel. Relax, ahora ya todo es relax. Te duchas tranquilamente e intentas mentalmente ordenarlo todo, ya que mañana cogemos el vuelo a Katmandú y todo tiene que entrar en la maleta. Es decir, todo lo que llevamos más lo que hemos comprado. La banda sonora de “Misión imposible” planea sobre nuestras cabezas, jeje

Damos un paseo por el lago, compramos alguna cosa más, nos acercamos a las barracas que hay ambientazo y poco a poco va llegando la hora de cenar. Quedamos en el hotel y nos llevan a la cena de despedida en Pokhara. Un restaurante al borde del lago, en una especie de balcón donde de forma distendida vamos cenando, sonriendo, contando batallas y siempre con los viajes en moto como primera conversación. Me encanta.

Venga, vamos a dormir que mañana toca avión.











Día 10 y 11

Son vuelos. El día 10 cogimos el avión para Katmandú. Es un momento. Despega, miras por la ventanilla, dices 4 cosas, y ya estás bajando. Estuvimos ese día en Katmandú sueltos, a lo libre, sin organización común ya que gracias (ironía) al kks Trump y sus aventuras por el mundo, los de 30mps nos tuvieron que cambiar el tema de los vuelos, es decir, vez de ir por Doha se tuvo que ir por Estambul. A raíz de eso, tuvimos que hacer a la vuelta un día en blanco en Katmandú. Y este día es éste. Paseamos, comemos, paseamos, mercadillos, cena y a dormir

El día 11 es la vuelta grande. Salimos como siempre muy pronto (sin desayunar, claro, nos levantamos muy muy pronto). Vuelo a Estambul. 5 horas en el aeropuerto, que vuelvo a alucinar con este pedazo aeropuerto. Tiene de todo. Compra de toblerones de naranja, que me alucinan. Picas algo, dejas pasar el tiempo. Siguiente vuelo a Madrid



Conclusiones:

Voy a ser sincera y directa:

Cosas que me han gustado menos:

La suciedad del país: Evidentemente a medida que te alejas de las grandes ciudades no hay tanta suciedad, pero en general tienen mucho plástico tirado por ahí, mucha basura suelta. Supongo que tienen otros problemas más graves que ese, pero sin duda es un problema ya que va ligado a la higiene del propio país.

El tema de los aseos en carretera o en la calle: dejan mucho que desear y rezas para no tener un problema fuera del ambiente de hoteles, porque si tuvieses algún problema en el que tengas que ir al baño a menudo está claro que muy bien no lo vas a pasar. Así que cuidado con la comida y cruzar los dedos.

Katmandú: Las grandes ciudades no suelen ir conmigo, pero Katmandú se lleva la palma. Tráfico, ruido, suciedad, gente por todos lados. En definitiva: Kaos

Evidentemente el tema de la pobreza siempre está ahí. Tomo a Daniel (el argentino del grupo) como ejemplo: Dejar nuestro dinero en el comercio local. Es algo que me ha enseñado y espero no olvidar.

 

Cosas que me han encantado: 

El viaje en general: Conocer un país tan diferente al mío. Otra religión, otro idioma, otras costumbres, otra comida. Todo me ha gustado. El grupo de gente que nos hemos juntado para este viaje. Cada uno ha aportado su grano de arena para que todo salga bien.

El ambiente ha sido bueno y las risas aseguradas. Volvería a repetir tanto con ellos como con los guías. Con todos. Magníficos.

El paisaje: Tremendo. Verde, vegetación muy chula en la zona baja; territorio Siuox en la mitad, que como digo sólo faltaba que apareciesen indios a caballo para asaltar diligencias; y absolutamente especial y sorprende en la zona arriba, a partir de unos 2500 metros (por decir una cifra aproximada). Esa mezcla de paisaje lunar y estar rodando entre 6miles y 8miles con sus nieves de fondo, bufs, ni me lo creo. Esas montañas que con su sola presencia hacen que las mire en silencio y se me quede la mente en blanco. Inolvidables. Pienso ahora que estoy en casa, en el sofá, dónde hemos estado y qué hemos visto y espero no olvidarme nunca de lo pequeños que somos. Ese mirar alrededor y ver montañas y montañas y montañas y más montañas. Me ha dejado sin palabras.

Rafa: Sí, Rafa, mi pareja. El mejor compañero para este viaje. Sabe que soy una cabritilla despistada y él siempre ha estado mirándome para ver que todo vaya bien. Mi conciencia, mi guardaespaldas, mi guardián. Gracias cariño, me has cuidado muy bien.