domingo, 12 de julio de 2026

Blackbee 2026

 

Junio 2026

5 días de ruta por la zona de Guadalajara, Madrid, Sierra de la Demanda y todo lo que cogemos por la mitad

Ya estamos otra vez por aquí. Otra salida motera digna de mención.

Después de dos años (estuvimos en el 2024) decidimos volver a la Blackbee, que es un evento (como les llamen ahora a estas cosas) que se realiza en Guadalajara donde eliges la ruta que quieres (300 kms, 500 o 700)  y te van dando un track (una ruta), el cual te lleva a un punto de control, donde lees un QR, que te lleva al siguiente punto, etc..hasta completar la ruta. La idea es que te lleven por carreteras chulas. Así que lo dicho, meses antes nos dimos de alta para hacer la de este año 2026, algo que parecía lejano en el tiempo, pero como suele pasar, las cosas llegan, y la Blackbee también.

El caso es que yo tenía idea de ir con la gordita (mi moto de siempre, la Honda CB1000R del 2014), pero hace un mes en una salida de 3 días volví a tener la misma avería con ella que el año pasado (algo que duele y empieza a cansar, ya que desde el reglaje de válvulas la moto no termina de ir bien) así que como la tengo en el taller, decido ir con la CRF300L y Rafa con la Fantic Caballero 500. Como en el trabajo me habían dado 5 días usamos la Blackbee como excusa para hacernos unos kms de ruta (que al final salieron casi 2.000).

Con todas las ganas del mundo salimos el viernes para bajar de tirón a Guadalajara ya que el día del evento es el sábado. La vuelta la haremos en 2-3 días según nos apetezca.

Si quieres ver mi perfil de instagram donde cuelgo cosas relacionadas con rutas en moto y en mtb, es @isabelqh

Si quieres ver mis rutas en wikiloc tanto de motos como de mtb, pincha aqui

Si te quieres poner en contacto conmigo para temas de moto, rutas, y demás historias, mi mail es takeawalk75@gmail.com

Día 1

Son alrededor de 500 kms desde Usurbil a El Casar (el pueblo donde tenemos el hospedaje y desde donde sale la Blackbee mañana), así que decidimos bajar del tirón y si vemos que vamos bien de tiempo, cogeremos alguna carreterutxa.

Salimos por la N1 hasta Alsasua y de ahí nos metemos a Urbasa, que como siempre digo, no defrauda. Da igual cuántas veces haya pasado por ahí. Siempre, o sea, siempre, disfruto de sus paisajes, de su subida y su bajada, pero lo que realmente me gusta, es esa planicie de arriba. Siempre me deja con la boca abierta. Siempre.

De ahí bajamos a Estella para repostar y en la misma carretera nos cruzamos con el grupo que baja desde Gipuzkoa. Ellos salen de Donosti dirección Guadajara. Por el camino quedan con diferentes moteros en diferentes sitios de tal forma que el grupo va creciendo hasta llegar a Guadalajara. Qué casualidad habernos cruzado! No hemos bajado con ellos ya que al ir en motos txikis e ir a otro ritmo no queremos molestar. Nos saludamos con alegría al cruzarnos y vamos a repostar.

De Estella vamos por Lodosa y Arnedo. Esta zona, salvo algún paisaje puntual, es sosillo. Alguna recta y txinpún. El calor empieza a apretar y por lo que hemos oído, estos días hará más calor. Quizás alguien pueda pensar que en moto con calor genial, pero no. No. O sea, no. Si es calorcito, oye, genial, pero calor, lo que es calor, no es nada bueno. De hecho si hace mucho calor se procura no salir en moto. Ten en cuenta que vamos con cazadora, pantalones, casco, guantes, y aunque tengamos material de verano, no es nada bueno que haga calor sofocante. Ahora mismo no hace calor del malo, pero empieza a apretar, así que se agradece subir el puerto de Oncala. Creo que nunca había venido por aquí. Al empezar a subir Rafa me comenta por el intercomunicador que “en inverno hace un frío que pela”. Como es de Bilbao y esta gente tiende a exagerar no le hago mucho caso, jaja, pero lo cierto es que al llegar arriba noto cierto cambio de temperatura con la de abajo, así que por una vez (sin que sirva de precedente, jaja), va a tener razón.

Paramos a comer en Garray (Soria) recordando viejos tiempos, ya que allá en el Pleistoceno, cuando Rafa y yo empezamos a salir, pasamos nuestra primera noche “oficial” (es decir, esa que sabes que vas a dormir en la misma cama) en ese pueblo, así que con ese pensamiento entramos al pueblo. Subimos las motos a la acera y sí, aquí el calor aprieta, ojalá tengan aire acondicionado donde comamos. Entramos a un bar que está ahí mismo y nada más entrar se nota que no hay aire acondicionado, pero no se está mal. Pedimos algo rápido, algo de picoteo, un par de raciones de ensalada campera con pan, y el café. Mientras nos sirven me fijo en dos niñas que están en una mesa con – supongo -  su abuela. Por la forma de comportarse está claro que son hijas de alguien que trabaja ahí. Sale un hombre de la cocina a llevarles comida. Es el padre. Va con delantal. Es guapo, con porte, de tez morena y joven. Apuesto a que es cubano. Les habla con cariño a las niñas. Ellas son morenitas de tez. Lo que me llama la atención es que se llaman Alaia y Ainhara. Nombres de mi zona a todas luces. Comen como todos los niños, esparciendo la comida por el plato y a poquitos mientras bambolean (sin llegar a tocar el suelo, porque no llegan) las piernas en la silla. A la de poco sale una chica de tez blanca y habla con ellas. ¿Será la madre?. No sé. Cuando voy a pagar en barra le pregunto a la chica que trabaja ahí, la cual yo apostaría que ésta sí es la madre, la curiosidad de que tengan nombres vascos. Le explico que soy de Gipuzkoa, para que no piense cosas raras. Ella me comenta que su madre es de Donosti o de por ahí, (me dice, “muy vasca ella” – no sé a qué se referirá con muy vasca, esto de las nacionalidades a veces me confunde, en mi caso soy poco o muy vasca vista desde fuera?) y que es la chica que ha salido antes y hablaba con ellas. Es una anécdota, sin más, pero me hace pensar en el destino de las vidas. No sé si el padre es nacido en España, en Cuba, en donde sea, ella del Norte, pero ¿cuándo se cruzaron ambos caminos? Qué historia (quiero pensar que romántica) les ha llevado a esa pareja a arraigarse en Garray?.

Como vamos con buena hora, decidimos hacer algo de ruta, así que vamos por Quintana Redondo y echamos gasolina en Hortezuela, ya que Rafa va algo escaso. Para llegar a Hortezuela te tienes que desviar 2,5 kms de la ruta, pero sabemos de otra vez que pasamos por ahí pelados de gasolina que es la única gasolinera de la zona (que conozcamos). Por el intercomunicador recordamos aquel momento, en que paramos en el pueblo de al lado buscando desesperadamente una gasolinera, donde vimos unos militares con un par de tanques con ruedas (que no sé cómo se llaman, soy ignorante en material militar, aunque tengo que decir que me encanta verlo) y les preguntamos (quién mejor que ellos para indicarnos una gasolinera? Ese bicho que llevaban tenía que chupar la de Dios) dónde podíamos encontrar una. Muy amablemente nos indicaron la de Hortezuela. Así que allá nos dirigimos. Como diría un conocido nuestro “es lo que tiene estar viajado”, jaja. Un tío majo, sin duda. Y sí, efectivamente, viajado.

Salimos hacia  Miedes de Atienza donde se nos cruzan un par de corzos (parecen madre e hija) y más tarde, uno en solitario, que este sí, pasa a pocos metros por delante de mí. Da que pensar, porque si paso por ahí un par de segundos más tarde es posible que habría tenido un percance. Todo esto es zona de corzos y demás animales, así que estos días vamos a tener que estar muy atentos. Unos kms más tarde pasamos por Atienza, donde gano una apuesta de un helado con Rafa (nos encantan los helados de heladería. Los buenos, los de verdad – lo que no significa que en todas las heladerías tengan buenas helados, claro -. Tengo que decir que a mí me gustan más – diría que mucho más - que a él. Me chiflan). Él decía que no íbamos a pasar por Atienza y yo que sí. Y al final pasamos. He de decir en su defensa que ha sido un malentendido de apuesta, así que se la perdono. Él pensaba que íbamos a ir por su ruta, y como yo iba primero con mi gps se ha hecho otra. Así que “in-nomine-patri”, se la perdono. No creo que le hace mucha gracia, porque responde algo así como que “no no, yo la pago”, jaja. Cómo somos los vascos con las apuestas!. La verdad que son sagradas. Las apuestas se pagan, sin duda, pero sí, en esta ocasión ha sido un malentendido.

Seguimos ruta, y el calor sigue apretando. Pasamos por Jadraque y después de alguna recta llegamos al “El Casar”

Mientras preguntamos por nuestra habitación (gracias Txema por gestionar el tema del hospedaje) llegan el grupo que han salido de Gipuzkoa, con el que nos hemos cruzado por Estella, vamos, con el que compartimos hospedaje!, de nuevo casualidad!, jaja. Saludos besos y abrazos de rigor, y hale, para la habitación. Qué bien porque fuera hace calor, así que la idea de ir a la habitación para darnos una ducha y con aire acondicionado gusta bastante. Nada más entrar, zas, tortazo en la jeta. Qué calor hace dentro, no?, bufs. “Rafita! Qué calor!” (es mi forma de decir, “miras el aire, porfi”?), a lo que él solícito (como siempre, suele ser el organizador en las habitaciones), encuentra el mando y enciende el aparato. Pasados unos minutos donde tratas de ordenar todo el equipaje me doy cuenta de que eso no es que enfríe mucho. Soy muy pero que muy susceptible a los cambios de temperatura (casi siempre tengo frío o fresco, así que suelo tener mucho cuidado con los aires acondicionados) y sé que este aparato no está tirando frío. Se lo comento a Rafa y me dice que qué raro, que está encendido a la temperatura correcta. Comentamos que cuando volvamos seguro que notamos el cambio de temperatura, aunque internamente me da que no. Nos pegamos una ducha y salimos a la hamburguesería donde se reparten los dorsales, explican el tema de la ruta de mañana, y cenamos. Vamos en una moto, en este caso la Fantic de Rafa. Siempre que voy de paquete en una moto, que son contadísimas veces y para temas como este, me acuerdo de mi adolescencia, y siempre me invade esa nostalgia agridulce. Ese querer volver a esa época donde la amistad reinaba por encima de todo (o eso creías, ya que el tiempo te ha demostrado que, en muchas ocasiones, todo tiene un límite) y por mucho que sepas que recordamos el pasado mejor de lo que fue (porque eso tiende a hacer el cerebro cuando se vuelven a momentos donde lo pasamos bien), lo echas de menos.

Llegamos donde se celebra el evento donde ya vemos unas cuantas motos aparcadas y ambiente motero. Cómo me gusta este ambiente. Sacamos algo de beber y nos dedicamos a salsear. Miras motos, reconoces caras de la otra vez que viniste, estás con amistades de aquél año, es decir, alegría, felicidad, y buen ambiente. Mención especial a Andoni, que le conocimos hace dos años, y es un sol de tío. Como le digo yo “tío grande en moto grande, eres tú”, jaja, y ahora ya puedo añadir con conocimiento de causa “tío grande, con moto grande y sonrisa grande, eres tú Andoni”, un crack, contigo siempre es un placer estar!

Realizan el sorteo, que como viene siendo habitual no nos toca nada, jaja, hacen el breafing de la ruta, nos sacan la cena (había que pedirla antes y se forman colas, menos mal que Rafa se habia ocupado de la gestión al llegar y Txema nos sienta en la mesa de los gipuzkoanos que han bajado juntos – gracias! - ) y entre jajas, y jejes, van pasando las horas. Nos ponemos todos los que hemos bajado de Gipuzkoa en una mesa y se crea un ambiente muy chulo. Hablamos, nos vamos conociendo los que no nos conocemos y saludando los que nos hemos visto de antes. En cuanto vemos que se acerca tormenta (se ven los rayos iluminando la noche) decidimos ir para el hostal. Al llegar nos damos cuenta de que el aire acondicionado efectivamente no funciona. Sabemos que va a ser una noche jodia, jeje, pero bueno. Bajamos al bar y nos tomamos algo en la terraza. A la de nada llegan Ixidro, Aitor y Asier, así que nos quedamos los cinco hablando mientras dejamos pasar el tiempo. Qué a gusto estoy. Qué gente más maja. A una hora conveniente nos vamos todos a dormir…

Venga, a la cama que mañana toca Blackbee!

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui

Día 2

Blackbee

La organización te invita a un desayuno en la salida del evento pero preferimos desayunar en el hostal, tranquilamente, a nuestra bola, ya que seguro que viendo el tema de la cena de ayer, habrá colas.

Desayunamos, nos vestimos de romano y hale, puntuales estamos en la salida. Al ver las colas para el desayuno pienso que qué bien haber desayunado en el hostal. Leemos el código QR, y hale!, a por la ruta, brum brum!

La ruta está colgada en wikiloc por lo que no me extiendo en el track, así que decir una seria de cosas:

Los primeros 150 kms de la ruta, para mí,  los mejores. Vamos por la Sierra del Rincón, que Rafa en su día comentó que quería verla, hacemos lo que llaman la Muralla china, y entre curvas y más curvas, muy buen asfalto y vistas tremendas, esos primeros 150 kms son dignos de mención.

Al principio de la ruta pasamos a una Teneré de las antiguas y vemos por el retrovisor que coge nuestro ritmo y vamos las tres motos juntas bastante rato. Cuando hacemos una parada, el chico se para junto a nosotros y nos comenta que no se aclara con el Osmand (la app que nos dice la organización que usemos para seguir el track), así que encantados de la vida seguimos ruta los tres juntos. Se llama Carlos y tengo que decir desde ya, que es un placer compartir ruta con él.

La comida muy bien puesta: como hemos llegado de los primeros a comer, tenemos que esperar un poco para que se termine de hacer el pollo, pero la parte buena es que cogemos mesa para los tres debajo de unos árboles en un entorno muy chulo que es tipo merendero. Haciendo el pollo están entre 3 y 4 personales dándole tema a la parrilla, que la verdad me dan cierta pena, porque nosotros nos estamos cociendo con el calor, pero esta gente se está literalmente deshaciendo con el calor que desprende esa parilla. Bravo por ellos, trabajazo.

Una pareja de moteros ha sacado un altavoz y previo aviso de “si a alguien no le gusta la música que pongo que diga y la quito sin problemas” nos deleitan con heavy metal de los 80 durante la comida. Es la música que escuchaba (y que escucho hoy en día), así que tarareando todas las canciones me paso el rato de la comida feliz como una perdiz.

Después de comer hacemos el Alto Tajo, que es otro sitio espectacular. Suso, que es la persona que diseña la ruta, se la ha currado. El tema está que para ir de un sitio chulo a otro sitio, hay rectas, y recuerdo que hace 2 años pensé lo mismo: excesivas rectas. Pero supongo que no se pueden pedir peras al olmo, no? Jaja. A pesar de esas rectas, la ruta está muy chula (pienso que me ha gustado más que la que hicimos en el mismo evento hace un par de años).

En el último punto de control coincidimos con los gipuzkoanos, que parece que nos vamos siguiendo, jaja, y cuando deciden irse, una compi-motera tiene un percance con su z900. Cuando sale del mirador donde estamos sellando el último punto, la gravilla que hay hace que se vaya al suelo al acelerar y se mete un arrastrón. Ufs. El sonido de los accidentes pone los pelos de punto. Es un sonido violento. Al acelerar se le piran ambas ruedas con la gravilla y se arrastra unos metros. Todo se queda en un susto y la moto marcada por ciertos sitios, pero ese sonido, glup, encoge el alma. Es un sonido conocido (quién no se ha caído alguna vez?) y como digo me eriza los pelos. Menos mal que se ha quedado en una anécdota que poder contar. Ella está perfectamente bien y con la sonrisa puesta vuelve a coger la moto y sigue ruta. Genial.

En este último punto nos sellan y nos dicen que de ahí a la llegada lo podemos hacer por donde queramos. Leemos el QR y efectivamente se nos abre el google maps (no el osmand, ya que no han hecho ruta de vuelta) y nos mandan para la hamburguesería. Vemos que nos manda por la Nacional. Son como 90 kms. Dudamos si currarnos un poco el tema pero hace muuucho calor y ya llevamos unas cuantas horas de carretera así que decidimos ir por la ruta que marca google. Más tarde oímos algún comentario de que se podían haber currado el final, ya que forma parte de la Blackbee, cosa que opino igual, pero bueno, así son las cosas. Eso no desmerece para que hasta ese punto, salvo el tema de las rectas de unión, haya estado bien la ruta en general.

Salimos a las 8:30 de la mañana y llegamos sobre las 18:30. Hemos tenido mucho calor, mucho, pero entre los paisajes, el ambiente tanto de la comida como el ambiente del a ruta ha estado genial, hemos disfrutado mucho, así que nos merecemos una (o las que caigan) cervezas!, jeje

Hasta la hora de la cena estamos en la misma mesa donde cenamos el día anterior, todos juntos, brindando por el día disfrutado, sonriendo, riendo, ya distendidos. El ambiente es brutal, tanto que en ese momento no dudo en intentar volver el año que viene, ya no tanto por la ruta sino por el ambiente que ha generado este evento. Es su quinta edición y al ser poquitos, entre los que ya nos conocíamos y los “nuevos” que se van añadiendo, la camaradería surge y el ambiente es genial! Así da gusto!

Cuando se va acercando la hora de cenar, subimos a la habitación, ducha, y vuelta al pueblo. Vemos una pizzería y hale, para adentro, que nos lo merecemos. Cenamos en una terraza que está en un primer piso muy muy tranquilos, disfrutando de la música, de la iluminación, de la buena temperatura y de la compañía mutua. Al terminar bajamos y vemos a una parte del grupo de los gipuzkoanos tomando algo en otra terraza. Dudo si quedarme un rato con ellos (Rafa tiene ganas de meterse en la cama, ha sido un día cansado) pero al final nos vamos juntos.

En la puerta del hostal nos encontramos a dos valencianos del grupo, que estaban mirando algo de las motos. Nos quedamos un rato con ellos de cháchara, majísimos los dos. Estamos un buen rato, blablabla, blebleble, hablando de todo y de nada, pero siempre en torno a la moto. No tenemos remedio!

Venga, vamos al horno-habitación (el aire sigue sin tirar, claro), jaja, que habrá que dormir en algún momento!

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui













Día 3

Bajamos a desayunar y ya vemos a algunos del grupo dispuestos a irse para casa. Mañana tienen que currar. En nuestro caso nos esperan 3 días antes de volver, así que lasai lasai vamos preparando todo para salir. Tenemos planeado volver a hacer esos 150 kms de ruta que hicimos ayer, los primeros, que nos encantaron, ya que queremos ver bien esa zona e ir volviendo poco a poco hacia casa. Nos vestimos y hale, vamos a darle, vamos a ese calor que desde ya tenemos encima. Arg.

Cuando salimos me dice Rafa que nota la moto rara y que lleva varios días que en el panel de control le sale algo. Le comento de parar y mirarlo pero me dice que nah, que seguimos. A la de 20 kms me dice de parar. Algo no va bien. Como desgraciadamente ya tenemos cierto callo en estas situaciones, volvemos al último pueblo que hemos estado para buscar una sombra y poder mirar bien el tema, no sea que haya que quedarse un rato.

Paramos en el Centro de Salud del pueblo, que hay sombra y un banquito. Como es domingo está cerrado así que podemos estar ahí tranquilamente. Rafa desmonta el embellecedor lateral de la moto y ve que una tela anticalórica que tenía puesta se ha movido tocando la sonda lamba. Piensa que puede ser de eso, así que la quita y seguimos ruta. La moto parece que va perfecta y el tema del panel se ha quitado así que nada, seguimos. A la de nada me dice que le vuelve a marcar algo y la moto no va bien del todo, y en el Puerto de Atazar paramos para que la moto se enfríe un poco.

El Puerto de Atazar es un sitio muy chulo, tanto a nivel de curvas como de paisaje. Una vez que llegamos arriba paramos en un mirador que hay. Por el nivel de motos y coches que hay, está claro que es una zona de peregrinaje para esos vehículos. De hecho mientras subimos nos pasa un Porsche bastante rápido con el típico anormal al volante (opinión basada en mi experiencia vital al manilar/volante), ya sabes, esas pintas de chulo-flautas y esas maneras de conducir le delatan al instante. Según llegamos arriba le veo que sale del coche y lo primero que hace es una foto del coche con las vistas y de seguido un selfie sonriendo. Suspiro.

Miro a mi alrededor y veo bastante gente, en su mayoría moteros de domingo, es decir, la gente que es de ahí cerca y que seguramente sacan la moto para subir el Puerto y estar en ambiente motero. No es mal plan. No es mi plan actualmente pero sí recuerdo en mi adolescencia que solíamos subir al Faro de Donosti con nuestras 50 cc a, digamos que a comer pipas, estar con los amigos y ver el ambiente que se generaba en esa subida. Pues esto parecido, sólo que con gente ya adulta y con pepinos. La verdad que ahí no te aburres, porque entre el paisaje espectacular y que hay y motos yendo y viniendo, no se está mal.

Bajo de la moto y Rafa me comenta que va a poner su moto a la sombra ya que la idea es que se enfrié un poco. La única sombra que vemos es la que dan un par de árboles al otro lado de la carretera y donde, evidentemente dado el calor que hace y lo que pica el sol, está llena de motos y gente. No veo que pueda haber sitio donde meterla, pero Rafa se acerca con determinación, empujando la moto y le oigo que dice “lo siento, pero mi moto necesita sombra”. Y ahí la planta, jaja

Para hacer tiempo cruzamos de nuevo la carretera y vamos al mirador que hay. Realmente es un sitio muy chulo. Tiene una especie de valla metálica donde vemos que hay muchos candados cerrados enganchados. No hace falta que nadie me explique qué hacen esos candados ahí. Supongo que todo el mundo hemos visto alguna peli con esa estampa donde hablan de amores supuestamente eternos. El caso es que mientras disfrutamos de las vistas tenemos una pareja joven al lado y el chico le está diciendo a ella que con su anterior pareja pusieron un candado de esos, y mientras busca entre ellos y al no verlo comenta que le dijeron que ella (su ex), cuando rompieron, subió a quitar el candado. Lo dice con sorna, con media sonrisa puesta, y como una ya tiene años, ese comentario por su parte con esa cara que pone me hace pensar que es un capullo. Su pareja (o la chica que tiene al lado) le mira de reojo y no parece que esté muy contenta porque no le sigue mucho el rollo. Cazado.

El caso es que nos hacemos unas fotillos, miramos las motos que van y vienen y después de un rato decidimos salir. Cuando Rafa intenta arrancar su moto no le hace casi ni ruido. No arranca me dice. Cierro los ojos y suspiro. Esta historia, dada la trayectoria de la gordita este último año, me suena. La parte buena que tiene es que ya sabes lo que hay, paciencia y a intentar solucionar paso a paso lo que surja. Me acerco. Ese sitio donde ha dejado la moto, sigue lleno de gente, y cuando digo lleno no te imagines muucha gente, sólo que la sombra de esos árboles es pequeña. ¿Cuántos estaremos ahí? ¿15 personas + 8 motos?, por ahí. El grupo está claro que son conocidos entre todos aunque parece que se dividen en sub-grupos. Entiendo que son amigos-conocidos-moteros y que algunos han venido juntos y otros separados, pero está clarinete que se conocen de la zona. Todos van vestidos de domingo motero menos nosotros que es evidente vamos de viaje. Sólo hay que ver las  motos para sacar esa conclusión: sucias y con equipaje puesto. Nosotros igualitos a ellas. No hay que ser un lince. El caso es que hablamos entre nosotros, qué hacer, qué no hacer. Rafa se agacha, mira la moto, aquí, allá y yo de mientras levanto la vista y miro alrededor. ¿Te puedes creer que parece que no existimos?. O sea, estamos entre (supuestos) moteros, está claro que con un problema en la moto y está claro que de viaje, y nadie, o sea nadie, nos mira. Todos teniendo conversaciones de relax, de domingo, sacándose selfies, haciendo fotos, echando una risas, viendo la vida pasar y a mi me sorprende el tema porque no existimos, somos invisibles. Rafa se monta e intenta arrancar, pero eso no chuta. Hace un ruidín, mecmecmec, muy tímido, pero nada de nada. Por mi parte sigo observando a la gente. Nadie?, de verdad, nadie nos pregunta si necesitamos algo?. Dónde está esa ayuda entre moteros dela que siempre ese habla?. Me sorprende todo esto. Ni nos miran y están como a metro y medio de distancia. No entiendo. Alrededor tenemos al típico tío tatuado, con cara serio, con unos brazos fuertes cruzados delante del pecho y las piernas abiertas que habla escuetamente (porque él no malgasta sus palabras), a su lado una pareja que está claro que son padre e hijo (el hijo de unos 18 años), muy cerca  hay una cuadrilla de hombres-mujeres vestidos de civil-moteros haciéndose fotos, ellas muy monas y ellos de moteros-domingo, y cerca también (como digo, todos a la sombra), otro hombre con cara agitanado, pelo largo, liso, sabiéndose guapo (lo es) con la sonrisa profiden puesta, y nosotros ahí, en la mitad, con ropa sucia, maletas y demás y con una moto que no arranca. No doy crédito. Seguimos dando vueltas al asunto, Rafa de cuclillas y yo pensando en que habrá que llamar a la grúa cuando se produce el milagro. Se acerca una del grupo, una chavalita de unos 20 años, delgada, blanca de piel, maquillada como un personaje de un manga, ojos grandes y ropa pegada enseñando el ombligo, de apariencia frágil, guapa (me parece extrañamente guapa) que nos pregunta a ver si tenemos algún problema. Lo comenta de forma suave y tímida. Como para excusarse comenta que estudia no sé qué de mecánica. Le miramos y le comentamos que sí, que no arranca. Los del grupo se giran, como si es la primera vez que nos ven a pesar de estas todos en un círculo pequeño (lo que ocupa la sombra de los árboles) y de repente existimos. Uno le comenta al otro, el otro al otro, se acerca el que parece que sabe de mecánica para comentar que está claro que es la batería, mientras el escueto de palabras comenta una historia y el otro acerca un arrancador que lleva en la moto, el cual arranca la moto. Brummmm!!!!, y todos ríen y sonríen y la vida es maravillosa. Suspiro de nuevo. La verdad que con el calor que hace no me apetece nada quedarme tirada en la carretera así que genial!, tenemos moto!!. El que hace de mecánico nos comenta que seguramente la batería esté muerta por lo que si la apagamos no volverá a encender. Oki, entendido. Montamos todo sin que la moto se pare, damos las gracias a todos y salimos.

Qué tal vas Rafa? Bien bien, esto parece que va bien. Pero no, claro que no. La moto a la de nada empieza a dar síntomas de que va de pena. Me comenta que le va a tirones y desde atrás lo veo claramente. Veo que él tiene dado el acelerador en un punto fijo pero la moto va a trompicones, como si tuviese algo enganchado que no termina de soltar. Caguén. Seguimos un rato más así, de esa guisa, esperando que venga la bajada del Puerto para llegar a algún pueblo, pero esa bajada parece no llegar. Llaneamos, bajamos un poco para subir otro poco, y esa bajada no termina de llegar. La moto cada vez va peor y Rafa me comenta que la pobre no tiene ni fuerza. Según damos una curva vemos que la carretera serpentea picando para arriba y suelta un “ui, no creo que la pueda subir”, y efectivamente, hasta ahí hemos llegado. La moto echa el resto pero la cuesta está ahí. Rafa se echa a un lado de la carretera. No hay arcén, así que ese “un lado” es un poco de tierra donde metemos las dos motos. Paramos y txinpun, se acabó la fiesta. Lo primero que pienso es que en mal sitio estamos para quedarnos tirados. Miro a mi alrededor pero no veo una mísera sombra, nada de nada, o sea, nada. Estamos en plena ola de calor con el sol dando de pleno, sin sombra, y dada nuestra experiencia adquirida en estos últimos tiempos con el tema grúa-transporte, van a tardan en venir. Arg. No, aquí no se puede estar. Veo que Rafa saca el móvil  y se pone a buscar el teléfono del seguro. Por mi parte saco google maps y miro a cuánto está el siguiente pueblo,  o algo, o qué sé yo, porque no, definitivamente aquí no nos podemos quedar o nos va a dar un chungo. No hay broma con este sol. Sigo mirando alrededor buscando dónde poder esperar, pero no veo nada. Le digo a Rafa que voy a buscar una sombra. Arranco la moto y salgo. A unos 300 metros de donde estamos corona esa pseudo-cuesta y veo que hay un cruce. Aminoro y veo a un lado un árbol que da una sombra perfecta para nosotros y nuestras motos. Bajo, le comento a Rafa que hay que moverse, que dejo la moto arriba y bajo para empujar la suya. Subo, dejo la moto, cojo cosas (móvil, cartera, etc..) por si a algún desalmado se le ocurre llevarse algo que no le pertenece y me pongo a bajar a pata con ese sol picando. Pica, pica. A la de un par de minutos veo que Rafa está, el muy animaliko, empujando la moto él solo. De hecho casi ha subido la cuestilla él solito. No tiene remedio. De Bilbao, qué le vamos a hacer. Me acerco, le agarro algo y él empuja hasta la sombra. Perfecto. Metemos las dos motos a la sombra y nosotros también. Esto es otra cosa. Aquí sí se puede esperar. Así que nada, a esperar lo que ya sabemos que viene. No sabemos bien cómo hacer el tema de la logística. Resulta que donde dormimos estas dos noches, hoy, casualidad, cierra. En serio?, un hostal cierra un domingo?, tremendo. Así que mientras viene la grúa y el taxi para Rafa, voy buscando dónde dormir. Decidimos llamar a Megan y Suso, los organizadores de la Blackbee, ya que tienen un trato muy cercano para ver si nos pueden echar un cable. Ayer nos dijeron que tenían una comida con unos amigos, pero aún son las 12 así que a ver si hay suerte. La idea es llevar la moto al El casar (ellos son de ahí), donde hay un taller de motos (de hecho estuvimos hablando con el dueño del taller en la Blackbee). Llamo a Megan y le digo lo que nos pasa. Parece que anda liada con algo porque la noto un poco lejana. Le pregunto por un taller de confianza y me confirma el mismo taller al que pensábamos llevarla. Genial. Rafa le llama a Suso pero no le coge. Sé que tenía que hacer un recorrido en moto así que entiendo que en la moto no oye el teléfono. Le dejamos un audio con lo que nos pasa por si a lo largo del día nos puede llamar y echar una mano. Por nuestra parte encontramos sitio donde dormir. Un pueblo llamado “El Molar”, en un apartamento con muy buena pinta, se llama "Villa Antolín". Llega la grúa y decidimos la logística. Nuestra idea es que ya que Megan y Suso viven en El Casar, que el de la grúa lleve la moto ahí y les deje las llaves a ellos, de tal forma que Rafa y yo nos podemos ir al El molar, y al día siguiente, poder ir los dos al taller a primera hora. El caso es que no logramos hablar con Suso para que recoja las llaves así que cambio de planes. Voy yo con la moto siguiendo al de la grúa al taller, dejo la moto lo mejor que puedo en la calle, en la puerta del taller, la cando y me voy al El molar. Rafa al taxi  bajo la sombra del árbol que nos ha cuidado y que le lleve al El Molar directo. Dicho y hecho. Llega el chico de la grúa, que por cierto, vaya sol de persona, con ganas de ayudar, amable, educado y dando ideas de cómo hacer todo, montamos (montan) la moto en la grúa, y hale, vamos para el pueblo. Unos 30 kms después, pasando calor, mucho calor (me imagino a Rafa en la carretera esperando al taxi y me inquieto) llegamos al taller, me ayuda a dejar la moto, le doy las gracias, nos despedimos y se va. Llamo a Rafa y el pobre sigue a la sombra ya que no ha llegado el taxi aún. No tiene agua, estamos en plena ola de calor. Le digo que voy para allá pero me comenta que no, que vaya a El Molar y termine de cerrar el tema del apartamento. Oki. Allá que voy. Menos mal que voy con el google maps porque aunque es un pueblo no está fácil encontrar el sitio. Llego, le llamo a la dueña (a la cual aún no le he hecho el ingreso, por cierto), me dice la clave para entrar (ya sabes, tienen la llave metida en una cajita que va con clave), le comento que en cuanto pueda le hago el ingreso, a lo que ella responde que no hay prisa. Entiende lo que nos ha pasado y pone todo lo que puede de su parte. Qué gustazo de gente, por Dios. Dejo la moto a un lado, abro la puerta y tachán. ¿Qué es esto? ¿Será así el cielo?, nada más entrar noto que el aire acondicionado está puesto. Todo limpio, fresco, ¿será esto la perfección?, jaja, por Dios, sé que hace calor fuera, ¿pero hace tanto calor?. La diferencia de temperatura es brutal. Qué placer, brrrrr. Descargo las maletas pero estoy impaciente por Rafa. Quiero que venga, que se meta aquí dentro, que se refrigere. Sé que está en el fucking infierno en la calle. Está ola de calor es peligrosa. Le llamo, “Rafa, dónde andas?”. Me comenta que ya están por el pueblo pero que no logran encontrar el sitio, pero que llega ya. Me relajo. Ese “ya” son 3 minutos, no mas. Veo aparecer el taxi, de esos negros, elegantes. Se baja Rafa con el taxista, que es muy muy majo. Con corbata, acorde con el coche: elegante. Le doy las gracias por traérmelo. Vamos Rafa, entra, vamos. Me dice que tranquila, que el taxista le había llevado una botella de agua que casi se bebe de tirón y que ha venido con el aire acondicionado en el coche!, y yo imaginándomelo a un punto de deshidratarse, solo en la carretera. Por Diossss…qué de demonios nos visitan cuando la imaginación quiere jugar con nosotros!, jeje.  

Antes de nada, cojo mi moto y la llevo al garaje de la que nos ha alquilado el apartamento. Me hace el favor de guardarla en su casa. Le hago una transferencia con el importe pactado, y cuando vamos a su casa y por fin le veo cara a cara (evidentemente todo el trato ha sido por teléfono) le doy mil (y dos mil) gracias por facilitar todo.

Nos duchamos y salimos a ver si encontramos un sitio donde nos den algo de comer. Son casi las 16:00. A lo tonto han pasado unas cinco horas desde que ha empezado todo esto con un calor que mata. No hay nadie por la calle, nadie, o sea, nadie. Rafa mira en internet y dice de ir a un sitio que tiene un nombre que atrae. El Patio de los Olivos. Atrayente sin duda. Está cerca de donde estamos. No tenemos ni idea así que vamos. Según llegamos vemos que esto es otro paraíso. ¿De dónde ha salido este sitio? No parece haber clientes pero hay gente trabajando. Todos con el uniforme impoluto, amables y con la sonrisa puesta. En serio, ¿qué es esto? Nos sale un hombre y le preguntamos si nos pueden dar algo de comer. Amablemente nos explica que la cocina está cerrada y que ya no atienden comandas. Le pregunto por algo frío, algo que tengan a mano, un bocata de algo que no sea de cocinar, lo que sea. Me mira y nos dice: espera. Se va, vuelve y nos pregunta si nos vale con una ensalada y que si queremos algún filete también. Lo dicho: el paraíso. Casi le beso y todo. Le decimos que con un par de ensaladas vamos perfectos. En seguida manda a un camarero a ponernos la mesa. Todo es elegante. Se está muy muy a gusto. Viene un camarero, nos pone las servilletas, nos saca el agua, la cerveza y de mientras vuelve el hombre que nos ha dado el visto bueno a comer. Está claro que es el encargado. Viene con un plato, el cual según le vamos contando en pocas palabras nuestra pequeña odisea, él lo pone encima de la mesa y lo llena de aceite, del bueno. Según lo pone no mira el plato, nos mira a nosotros. Nos comenta que es para picar. Se queda a hablar con nosotros. Qué profesional. Habla usando las palabras adecuadas. Estamos un rato de charleta, hablando de esto y lo otro. Él nos cuenta cosas y nosotros vamos untando ese pan con ese aceite que sabe a gloria y que estoy a punto de bañarme en él. En nada vienen las ensaladas. En cuanto nos pone todo en la mesa se despide y nos deja ahí, pensando que vaya pedazo de profesional! Todo rico, todo bueno, esto es tremendo. No quiero insistir, pero qué profesionales. Todos. El sitio perfecto. Todo perfecto! Cuando terminamos nos invita a unos chupitos. Really?, nos trae de tres tipos, y nos deja ahí las botellitas para que nos pongamos lo que queramos. A que me quedo a vivir aquí, jaja. Probamos, reímos, hablamos, sacamos un video para Marco, que es mi sobrino y es su cumple (11 años ya, cómo pasa el tiempo). Aprovechando que son tan amables les preguntamos si conocen algún sitio cerca donde poder cenar. El encargado llama a un camarero y él mismo nos reserva en un sitio y nos dice dónde está. Qué mas?, qué amables por Diosssss!. Nos quedaríamos ahí toda una vida pero hay que dejarles cerrar. Salen a las 18:00 y cierran unos días el restaurante. Les damos mil gracias, dejamos propina, que se merecen eso y mucho más y nos vamos al apartamento, al aire acondicionado, a quedarnos en el sofá dejando pasar la tarde. Así sí. ¿Qué es este pueblo?, el paraíso?

En nada llega la hora de cenar así que vamos al sitio donde nos han reservado. Es una terracita donde estamos muy a gusto. Temperatura perfecta, ambiente perfecto. Es un paseo muy chulo el que nos lleva hasta allí. Cuando nos sentamos empieza a oscurecer y por el cielo van saliendo lucecitas que son los aviones que van al aeropuerto. Estamos muy tranquilo, bebemos, comemos y volvemos a reír. Pienso que si la moto de Rafa no se hubiese quedado parada no hubiésemos vivido esta tarde tan chula ni hubiésemos conocido a esta gente con la que nos hemos cruzado y nos han ayudado tanto. El de la grúa, la del apartamento, el encargado (y los camareros) del sitio donde hemos comido..esta cena tan adecuada en el momento perfecto. Suspiro. Qué suerte, no?

Damos otro paseo hasta el apartamento y vamos a dormir, que mañana hay que ir a por la moto de Rafa y ver si podemos solucionar todo.



















Día 4

Nos despertamos, desayunamos y hale, al lío. Rafa habla con el taller mientras yo hablo con la del apartamento para decirle que en cuanto podamos le dejamos todo libre. Sin prisa nos dice.

Vamos a por la pequeña 300 a que nos lleve a El Casar. Nunca habíamos ido dos en esa moto, jeje, y el pobre Rafa me comenta que es peor que ir en el asiento trasero de la gordita (acordándose de cuando su KTM 990 nos dejó tirados en Italia y tuvimos que hacer algo parecido, pero esa vez con la CB1000R).

Llegamos al taller y no voy a contar aquí todo lo que ha ocurrido, pero en definitiva hemos estado como 2-3 horas entre las cuales las noticias han sido como una ola. Pensamos que era la batería pero luego no era porque no cargaba, que podía ser una pieza que tardaría en llegar días (en este punto otra vez nos sentamos para analizar posibilidades, ya que para cuando llegase esa pieza yo tenía que trabajar, que si se queda ahí unos días, que si vuelve que si tal que si Pascual) y al final, han conseguido arreglarla ahí, y encima le han hecho la revisión. Tremendo. Muy eficaces y con empatía. A eso de las 12 salimos del taller, vamos al apartamento, cargamos las motos, le llamo a la dueña, le doy mil gracias y le digo que le dejamos el sitio libre. Muchas muchas gracias.

Por fin en ruta de nuevo. Qué bien!. Seguimos con la idea de hacer esos 150 kms que hicimos con la Blackbee y que nos gustaron tanto, así que al lío. Volvemos a hacer la Sierra del Rincón y la Muralla china y esta vez sí, lo disfrutamos mucho más. Vamos hablando, parando, sacando fotos, mira esto, mira lo otro. Tenemos tiempo, estamos contentos y vamos en moto, qué más se puede pedir?. El calor aprieta, sí, pero estamos felices. Brum brum!. Para quien no conozco la Sierra del Rincón es tremenda y la Muralla China (así la llaman) es una cuesta que serpentea con una subida algo fuerte. Te sorprende que ese trocito de carretera esté ahí, ya que no pega, y está bien, entretiene. Seguimos ruta y a la de nada no es que llegue la hora de comer es que nos pasa un poco y en toda esta zona no es que abunden los sitios. Al final paramos en uno que nos atienden in-extremis ya que el cocinero les ha dejado tirados, jaja.

Seguimos ruta, qué calor. A la de nada Rafa me comenta que tiene que poner gasolina y vamos a un sitio (previa llamada no sea que esté cerrado  y ahí nos hay más gasolineras) a repostar. Lo conocemos de hace un par de años. Está en la zona de Los Condemios. Es una zona que merece la pena. Es muy muy chula. Cojas una carretera u otra todas son muy bonitas y divertidas para la moto. Llegamos a la gasolinera y me sorprende que sea automática. Aquí siempre había un hombre que…y según lo pienso aparece. Me dice que la tiene puesta automática pero que él está siempre por ahí. Hay una tiendecita justo al lado que atiende, así que no hay problema por eso. Mentalmente lo agradezco porque no me gustan las cosas que funcionan sin humanos. Aunque solo sea para saludar.

El caso es que delante de la tiendecita hay una mesa con sillas. Bajo la sombra de varios árboles y ambiente distendido, dejando pasar el tiempo, están tres personas de los alrededores y el hombre de la gasolinera, así que nada, después de repostar compramos un botellín de agua y nos quedamos nuestros 20 minutos de charleta con ellos, hablando de todo y de nada. Hay un hombre en concreto que me llama la atención. 63 años dice que tiene pero exteriormente está cascado. Arrugas que marcan una edad de unos 75. Es lo que veo. Pero las palabras que salen por su boca sí son de 63 años. Me acuerdo cuando de pequeña iba a esquiar, que los hombres que estaban en el telesilla/arrastres eran hombres - como digo yo - de verdad. Con la cara arrugada, morenos, rudos, parcos en palabras. Normalmente eran pastores y en invierno iban a las estaciones de esquí a trabajar. Se parece mucho a esos hombres. Me hipnotiza oírle hablar. Comenta que empezó a trabajar en Madrid, en un despacho pero que lo dejó porque eso no era lo suyo. A él le gustaba el pueblo, así que toda su vida ha sido pastor (de ahí, entiendo, la cara coartada por la dureza del clima y el trabajo duro) y ha ido trabajando de esto y lo otro. No entiende la ciudad dice. No puedo por más que estar de acuerdo con él. Aun así  creo que idealizamos el trabajo de campo. Nos imaginamos trabajando al aire libre, con animales, huertas, lo que sea, de buen rollito con nuestro entorno, pero tratamos de omitir el otro lado, el del mal tiempo, o tiempo peligroso (la naturaleza es dura), el no tener descanso, el encontrarte mal y tener que ir a trabajar porque los animales requieren su atención, o la huerta o la naturaleza en definitiva, que no entiende ni de horas libres ni de descansos, y posiblemente tengas pocos días libres al mes. El estar ahí día tras día con un trabajo físico. Al aire libre, eso sí, para lo bueno y para lo mano, pero físico.

Después de un rato, nos despedimos y salimos. Decidimos ir a El Burgo de Osma a dormir, que hemos estado ahí más de una vez (siempre me acuerdo la vez que dormimos ahí Pablo – mi hermano -, Rafa y yo), así que para ahí nos dirigimos. Casi cualquier carretera que cojas en esa dirección va a estar bien. Esta zona me gusta bastante. La ola de calor que llevamos días sufriendo sigue dando con el mazo, así que cuando llegamos al pueblo buscamos un buen hotel con aire acondicionado (por favor) y lo encontramos. Voy a recepción donde me atiende una chica muy amable que me comenta que habitaciones con cama de matrimonio solo les queda una, que es una de las caras pero que si nos quedamos nos la deja a precio normal. Qué bien suena todo esto. Genial. Le doy las gracias, descargamos las motos y hale, para la ducha. Es entrar a la habitación y entrar en otra dimensión. Vaya habitación más chula!. Espacio de sobra, una cama donde me siento la Reina yo que sé cuál del S.XVIII, dos aires acondicionados y un baño que es más grande que mi salón. Brrr, qué placer. Nos duchamos y bajamos a cenar, que entre una cosa y otra el tiempo corre que se las pela. Al lado vemos una plaza con un par de bares. Al primero que entramos nos dicen que tienen pizzas. Solo eso. Pues ya está, para qué mas. Nos sentamos fuera a comernos esa pizza, que está buena, por cierto, con una temperatura ambiente perfecto, y con un chico en una de las mesas viendo videos en el móvil como si estuviese solo en el mundo. Ignora las miradas reprobatorias de la gente y sigue dándole. Suspiro. No me estropea el momento, ya que está unas mesas más allá, pero pienso que sí que es cierto que hay gente que tiene esa costumbre, la de poner el móvil con sonido alto para todo el mundo, sin darse cuenta, o sin querer darse cuenta, de que a la gente no le interesa lo que ve y que si todos hiciésemos lo mismo esto sería una kk, pero bueno, yo a mi cerveza con limón, mi pizza y mi sensación de felicidad por estas rutas tan chulas que estamos haciendo, y por supuesto, por la compañía.

Hale, a dormir…

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui












Día 5

Estamos cerca de casa, así que hoy el plan es hacer la Sierra de la Demanda y enfilar para casa.

Desayunamos, recogemos todos y vamos para allá.

El calor aprieta, ya desde el punto de la mañana así que ya sabemos lo que nos espera. Procuramos elegir una ruta que vaya en altura, como hicimos ayer, para tratar de esquivar el calor, así que allá que vamos. No os voy a contar por dónde fuimos exactamente porque lo tenéis en la cuenta de wikiloc, pero sí deciros que la Sierra de Demanda siempre merece la pena. Cojas la carretera que cojas. Eso sí, intenta elegir, en función de la moto con la que vayas, una u otra ruta, ya que varían tanto el asfalto como las curvas. Nosotros disfrutamos de cada kms, y según nos vamos acercando a la zona de Vitoria nos da de lleno la ola de calor, una vez más. Sabemos que por esa zona va a pegar, pero pega fuerte, eh?. Aguantas la respiración durante casi dos horas, porque el calor es muy malo. La gente nos ve en moto con calor y piensa que qué bien, sin darse cuenta de que el propio abrasa, aunque vayas andando, abrasa.

En algún punto paramos a mirar el mapa y notas ese calor que te da (a pesar de llevar ropa encima) de pleno y te pica la piel. Es tremendo.

Paramos en una gasolinera a repostar y a descansar un rato, buscando, una vez más, aire acondicionado. Según paramos, zas, me meto dentro y le comento a la mujer que trabaja ahí que si no le importa me quedo un rato dentro de la tienda refrigerando el cuerpo. Sin problema me dice, que estemos el tiempo que nos haga falta, que hace un calor malo. Gracias, mil gracias. Descansamos, bebemos, bromeamos entre todos, cogemos fuerzas y hale, vamos.

Una vez pasamos esta zona, la temperatura baja un pelín, te da un respiro. Decidimos volver por Urbasa, que esa altura ayuda mucho, y de ahí para casa.

Por fin.

Madremia qué 5 días!

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui



Conclusión:

5 días con la CRF300L, con casi 2.000 kms realizados, en plena ola de calor, con una caída de una compañera-motera, una moto en una grúa (esa Fantic, campeona, lo diste todo), una Blackbee con sus cosas malas y sus cosas buenas, y ver quién te ayuda y quién no te ayuda cuando vienen mal dadas han hecho de este viaje unos días muy intensos. Muy contenta de encontrar gente en el camino que están dispuestos a ayudar, decepción por otras personas que podrían haberse preocupado por algún tema pero en general, 5 días que repetiría sin dudar. Hemos conocido gente nueva (esos gipuzkoanossss, encantada de volver a veros a unos y conoceros a otros), Carlos, esa Blackbee que hicimos juntos, perfecta!, y el ambiente motero han hecho que vengamos con la sonrisa puesta. Y como siempre Rafa, ahí, sin fallo. Qué suerte tengo.