viernes, 17 de abril de 2026

En busca de los cerezos en flor

 

Dos días por Burgos

Después de un invierno pasado por agua empezamos la primavera parecido, con la salvedad, como es intrínseco en las primaveras, que alterna esos días de lluvia con unos excelentes días de sol, así que aprovechamos un par de días que tengo libre en el trabajo para coger las motos (la Fantic Caballero 500 de Rafa y la Honda CRF300L) y hacer parte de la provincia de Burgos con la excusa de ir a buscar cerezos en flor,  recorriendo carreterutxas y alguna que otra pista.

Preparo la moto pensando en pasar un par de días fuera y queriendo probar algo de ropa de moto que me he comprado para un viaje próximo que tenemos. La idea es hacer un macuto sencillo, ya que son dos días con un día de noche fuera, pero no me preguntéis cómo, se hace una maleta más grande de lo que se piensa. Revisando lo que llevo me doy cuenta de que lo voy a usar todo, salvo una muda que llevo de más (vete tú a saber qué puede pasar). Así que nada, monto la moto y salgo dirección Landa (provincia de Álava) que he quedado ahí con Rafa. Llego diez minutos antes de la hora y aprovecho para sentarme al sol, porque oye, qué bien sienta el sol de primavera. Mientras cierro los ojos y dejo que el sol me acaricie oigo la moto de Rafa llegar, con esos Arrow que tanto me gustan, brum brum!, jeje, me encanta. Charlamos un poco y hale, al lío!

Bordeamos Vitoria (miedo da meterte dentro ya que si lo haces es como si te engullera, nunca sabes qué vas a tardar en salir ni cómo) y llegamos a Subijana. Hay por ahí unas vías de tren que tienes que atravesar. Cuando llegamos las barreras están bajadas. Fuuu Fuuuu, ahí viene. Rafa aprovecha para mirar el mapa, ya que quiere ir por unas carreteras en concreto, y yo me quedo mirándolo pasar. Es un tren de mercancías, va lento y arrastra diferentes tipos de vagones. A mi mente llegan imágenes que tantas veces hemos visto en las películas, que son de inmigrantes colándose dentro  para poder ir de un lado a otro, y de ahí mi mente divaga hacia la dificultad, dependiendo de dónde nazcas o en qué tipo de familia, que tiene uno para vivir o sobrevivir. En este estado en el que me encuentro, que es de absoluta calma y sin saber por qué, me siguen viniendo imágenes de películas como la de Tom Cruise en “La Guerra de los Mundos”, en una escena brutal por el contexto del momento, que pasa un tren a toda velocidad, ardiendo, o la película dirigida por Sean Penn, que me llegó dentro, “Hacia Rutas Salvajes”, en la escena en la que al prota lo tiran del tren a patadas y puñetazos. Me encanta el cine. Con esas imágenes, los ojos cerrados, el sol calentándome, oigo como las barreras empiezan a levantarse. Abro los ojos y veo que ya nos vamos a poner en marcha. Rafa ya parece tener las ideas claras, así que seguimos.

Vamos por Salinas de Añana, que es donde se produce la sal. Si no conocéis el tema es muy curioso ver todas las parcelas donde recogen la sal y cómo lo tienen montado. Seguimos por Espejo y Berberana donde entramos al Valle de Losa. Se va acercando la hora de comer así que paramos en Quincoces de Yuso, en un bar/restaurante que vemos abierto. No me apetece comer mucho y como nos dan la opción de comer medio menú, pues genial. Me comenta Rafa que en vez de cobrarnos dos medios menús nos cobran un menú entero, que sale más económico. La verdad que esos detalles se agradecen y sin duda ganan un par de clientes más, ya que la próxima vez que pasemos por ahí es muy posible que paremos. El café lo tomamos en una terraza que tienen donde pega algo de viento incómodo y donde a la de poco de sentarnos llega un señor con un tractor, que lo aparca delante, y con el motor encendido. El tío se baja y se pone a tomar el café con unos del pueblo. El resumen de los 15 siguientes minutos es la de tener un tractor en marcha, con un ruido bastante molesto, pegado a la oreja. Nadie dice nada y el notas ahí está, echando sus risas con la gente del pueblo. Entiendo que es una práctica habitual, ya que a nadie parece molestarle, y tendrá su motivo para no apagar el motor durante esos 15 minutos, no sé cuál, pero habrá, pero lo que sí puedo asegurar es que molesta bastante. Evidentemente no dices nada. Te tomas el café, das las buenas tardes y marchas.

Hacemos unos kms de carretera y nos metemos por una pista fácil y sencilla. Rafa había hecho esta pista con anterioridad y me la quería enseñar. Es una pista de unos 10 kms que no tiene gran cosa. Es sencilla y el hecho de ir por pista nos hace sentir bien. Va entre un bosque y serpentea. Llegamos a Rio de Losa y recuperamos la carretera que viene de Peña Angulo. En nada llegamos a la Ermita de San Pantaleón De Losa. Es curioso porque está arriba en el monte y desde abajo, la silueta que tiene el monte es la de un barco. Es como mirar un barco enorme desde abajo y desde su frontal. Es muy bonito. Subimos con las moto a través de un camino asfaltado pero muy estrecho. Las vistas son muy bonitas. Paramos y miramos. A la de nada le suena el móvil a Rafa y mientras él habla me dedico a investigar un poco. Veo un cubo de Rubik. Sí, sí, como lo lees. Un Cubo de Rubik pero a tamaño humano. Pero qué pinta esto aquí, jaja. Nos acercamos con las motos a verlo y sacamos unas fotos. Qué curioso, no? Bajamos de nuevo a la carretera y vamos hasta Traspaderne donde cogemos otra pista hasta Tartalés de Cilla. Qué bonito es todo esto! Qué contenta estoy! Vamos hasta Tartalés de los Montes que hay como una iglesia abandonada. Está comida por la vegetación. Está claro que hace mucho que nadie oficia una misa ahí. Subimos con las motos con la intención de entrar pero no se puede. La miras y te preguntas cuál será su historia. Nos vamos con la incógnita. Seguimos ruta y nada más pasar Tartalés de los Montes, entramos en una carretera muy chula, estrecha, en bajada, donde vemos un mirador y un cartel donde pone algo de una cascada. Paramos y efectivamente, detrás de nosotros hay una cascada! De dónde salen estos sitios tan bonitos y poco conocidos? Hablamos, sacamos fotos, comentamos cosillas. El sol empieza a hacer su labor, así que aprovecho para quitarme algo de ropa ya que empieza a calentar.

Cogemos la carretera que va hasta Valdenoceda donde retrocedemos hasta Incinillas. Hacemos el Desfiladero de los Hocinos, que ha estado dos meses cerrado por unos desprendimientos, lo que ha significado que la gente de los alrededores, durante dos meses, ha tenido que hacer una vuelta de unos 30 kms para hacer su rutina diaria. Imagino su alegría cuando lo han abierto. Amén de que es una zona chulísima, claro. De ahí vamos al Valle de Manzanedo hasta Arreba. Paramos un rato las motos para ver qué opciones tenemos, ya que podemos seguir o ya buscar hospedaje. Al final decidimos buscar hospedaje y Rafa encuentra uno en Santa Gadea de Alfoz. Llamamos, cerramos precio y allá que vamos. Vaya sitio más chulo! Es un pueblo con muy pocas casas, todas desperdigadas entre sí, con un bar y un par de casas rurales. Los caballos, perros y demás seres vivientes están por el pueblo como Pedro por su casa y el ambiente es de calma total. La casa rural donde estamos es perfecta. Solo estamos dos parejas (que vemos a uno de ellos de forma fugaz al llegar y ya no le vemos más), el trato es muy personal, la mujer que lleva la casa es encantadora y la cena que nos pone para chuparse los dedos. Le preguntamos a ver si el bar estará abierto y nos contesta que igual sí o igual no, dependiendo del ánimo del día del dueño, jeje. Nos acercamos dando un paseo, disfrutando del silencio y ahí lo vemos. Según nos vamos acercando ya vemos que sí, está abierto, y parece haber ambiente. Cuando abres la puerta de das cuenta del motivo. Hay partido de Champions y está medio pueblo (o el pueblo entero), en el bar bebiendo cerveza, comiendo pipas y viendo el partido. Tremendo esto del futbol. A Rafa y a mí nos da un poco igual, pero según me tomo dos tragos del gintonic me mimetizo con la gente y me siento una más. Hablas, comentas, sigues de reojo el partido mientras el Ginto se va consumiendo. Nos quedamos un rato disfrutando del ambiente y cuando ya tenemos suficiente vamos yendo para la casa rural de forma relajada y distendida. Así se puede vivir, no?

Hale, a dormir!

Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui





Pongo esta foto de la gasolinera donde se ve el precio..veremos a cuánto la pagamos en el futuro..juas!
Por si no se ve bien a 1,589 la 95
















Segundo día

Nos despertamos habiendo dormido, por lo menos por mi parte, bastante bien. Nos tienen preparada una mesa y nos van sacando cosas. Que si bizcocho, leche, café, pan tostado, aceite, mantequilla, mermelada. De todo. No soy de tomar dulce a la mañana pero ese bizcocho me está mirando. Así que nada, le empiezo a dar y qué bueno está. Madremia. Veo la mermelada, que tampoco soy de mermeladas y hale, de perdidos al río, o como dicen por ahí “from lost to the river”, jeje. La pruebo. Ahí va Dios. La mejor mermelada que he tomado en la vida. En serio. Cuando la mujer pasa por si necesitamos algo más le pregunto a ver de qué es. No te lo vas a creer. De tomates verdes me dice. Eins? Pues nada, ahí estamos Rafa y yo dándole. Qué buena está! Terminamos con las existencias de casi todo y salimos a dar un paseo por el pueblo. Qué tranquilidad por Dios. Que si caballos tumbados en una placita, perros sueltos, pájaros piando. Qué a gusto. El tiempo acompaña. No tenemos prisa. El sol te calienta. Qué placer. Caminamos haciendo un camino circular para volver a la casa rural, preparar todo y salir. Venga, vamos!

Salimos del pueblo en sentido contrario al que entramos ayer. Vamos dirección Montejo de Bricia hasta Ruanales por una carretera que había sido pista pero que ahora está asfaltada. Es una carretera comarcal que entretiene. Al final hay un puertecillo divertido y damos a la carretera. Seguimos hasta el puerto de Carrales y volvemos a bajar al Valle de Manzanedo por Torres de Abajo. Rafa anda algo justo de gasolina, así que decidimos echar gasolina ya que nos vamos a meter por sitios donde pensamos que igual no hay gasolinera. Miro en internet y me marca gasolinera a un par de kms, cerca de Soncillo. Qué bien, no? Se lo digo a Rafa por el intercomunicador y ahí que vamos. Al llegar a Soncillo no vemos nada que huela a gasolina así que le pregunto a una chica que está sentada en el borde la carretera con un uniforme de algo puesto. Está claro que está en su descanso de trabajo, así que con mi mejor tono de voz (llevo el casco puesto) le pregunto si sabe dónde hay una gasolinera. Me responde de forma activa y amable, con esto quiero decir que me responde con ganas de ayudar. Lo triste de todo es que me llame la atención eso. Que alguien tenga ganas de ayudar. Ahora tengo que la sensación de que cada uno va a lo suyo y al resto que le den, así que valoro mucho estas ganas por parte de ella, me ayuda a reconciliarme con el mundo. Gracias, de verdad. Siguiendo sus indicaciones vamos a un pueblo que está como a 6 kms, que se llama Cilleruelo de Bezana donde repostamos. Una vez que las motos están alimentadas y te invade esa sensación de bienestar (¿no os pasa a vosotros que cada vez que repostáis os invade esa sensación?) volvemos donde lo habíamos dejado y seguimos ruta.

En el Valle de Manzanedo se encuentra un pueblo que nos llama la atención. San Miguel de Cornezuelo. Es idílico. La verdad que sólo vemos gente mayor, sentada al sol. Las casas son de pueblo, chulas y está todo con una hierba perfectamente cortada. Nos gustó mucho. De ahí  volvemos a Arreba donde nos introducimos al Valle de Zamanzas. De camino a Villanueva-Rampalay nos topamos con una iglesia con un pequeño cementerio adosado donde paramos para sacar unas fotos. Es curioso porque al meterte dentro ves todo comido por la naturaleza. Tiene unas escaleras para subir al campanario. Estrechas, en caracol. Rafa me pregunta si quiero subir (él debió de subir en una ocasión anterior) pero le digo que mejor no. El hecho de ver lo empinada de esa escalera que gira sobre sí misma y visualizar la torta que me puedo dar subiendo con toda la equipación de moto (cazadora, pantalones, botas..) puesta, hace que descarte esa opción, jeje. Pasamos un rato ahí dentro. Imagino el uso que se le dio en su día. Las creencias, la fé. Pienso en todo ello. 

A la de un rato salimos y vamos hasta Villanueva-Rampalay, donde vemos un puente romano bastante chulo que lo quiero andar con la moto pero está claro que es para viandantes, no para algo con ruedas y motor. Está como asilvestrado, muy auténtico. En esa franja de tiempo mínimo que dudo entre ir o no, opto por no hacerlo, porque menuda tontería, no?

Continuamos hasta Pesquera de Ebro, donde cogemos el desvío hacia Dobro ya en el Puerto de la Mazorra. El nombre de este pueblo me recuerda a la guerra de Yugoslavia. Dobro, ¿no os suena a pueblo de Bosnia  Herzegovina? (por decir lo primero que se me pasa por la cabeza). No es os recuerda a esa zona?, en fin. Divago, para variar. En Dobro nos incorporamos a la Nacional hasta Villalta, donde cogemos una pista bien chula. Es llana con vistas de 360 grados. Es relajante. Me gusta. Llegamos a una iglesia y le pregunto a Rafa a ver que qué pinta eso ahí y me dice que ni idea, que es la primera vez que la ve. Juas. Pero no habías venido antes por aquí? Sí, sí, pero en algún punto he cogido otro desvío. Miramos alrededor y vemos que hay unas cuantas pistas diferentes que tendremos que investigar. Vaya zona más chula! Damos la vuelta y en seguida retomamos la pista yendo en la dirección que Rafa quiere tomar, es decir, hacia Aguas Cándidas, en el Valle de las Caderechas. Toda esta zona es chulísima y vamos todo el rato por pista. Llegamos a un punto donde Rafa comenta que no le suena de la otra vez que pasó (como digo hay unas cuantas pistas), pero es tan chulo todo que seguimos y a ver a dónde vamos. Pasamos de un paisaje llano, de pista fácil a un camino que se vuelve más silvestre y donde la zona central de la pista pasa de ser de piedritas a ser de hierba. Pasamos de una pista ancha a una pista estrecha. A tener vegetación a los lados y que empecemos a ver cerezos en flor, pero no de forma salpicada, sino plantaciones. Qué chulada. Paramos las motos, hablamos, sacamos fotos. Estamos a la sombra, a la sombra de los cerezos. Respiras. Así da gusto. De forma relajada nos volvemos a montar en las motos y seguimos ruta. Damos la vuelta a todo el Valle viendo todos los cerezos en flor y salimos por Terminón. Nada más coger la Nacional Rafa me comenta que mire a la derecha que voy a ver un elefante. ¿Un elefante?, sí, sí. Me explica que la otra vez quiso sacar una foto ahí, metió la KTM 890 y se le cayó al suelo. Juas. Le debió de costar un esfuerzo levantar la moto, jeje. El caso es que miro, y efectivamente! Veo un elefante! Alguien ha colgado una especie de colmillo del susodicho y con la forma de la roca parece la cabeza de un elefante. Qué curioso!, jeje. Seguimos un poquito y como la hora de comer está algo pasada decidimos parar en Oña a picar algo. Después del desayuno que hemos tenido no hay mucha hambre. Rafa me lleva a un bar que ha estado otras veces y que dice, está bien. Efectivamente, al entrar me doy cuenta de que es muy chulo y extrañamente moderno. Los pintxos son elaborados y están bastante buenos. Tiene un restaurante y por los platos que veo es un sitio de calidad donde cuidan la comida.

Después de picar algo salimos hacia Barcina de los Montes donde Rafa me comenta que hay un cartel que pone “Peligro, niños sueltos!”, jaja, qué forma más amable y graciosa de avisar que hay niños correteando, jaja.  Seguimos ruta y pasamos por La Aldea del Portillo de Busto y vamos a dar a Encío. Hay una bajada por un puerto pequeño, con unas vistas espléndidas (que me recuerdan a las del Puerto de Herrera) que tiene unos pretiles que hacen de guardarrail, de piedra, muy bonitos. Esta carretera es muy chula. Una buena despedida de toda esta zona que tanto me ha gustado y a donde sin duda espero volver con Rafa, mi Cicerone particular. De aquí volvemos a Espejo, pasamos de nuevo por Salinas de Añana, Pobes y Nanclares. La misma ruta que a la ida. Bordeamos Vitoria por la autovía, menos mal, como siempre evitamos entrar a la city y vamos a  Legutiano. A partir de aquí la carretera es conocida pero muy chula. Me encanta. Vamos al  Puerto de Cruceta, y a Elgeta. Todo esto es brutal. Carretera y vistas espectaculares. Una vez llegamos a Elgeta nos separamos ya que Rafa vuelve a Bilbao y yo a Usurbil.

Al coger la moto para salir para casa me doy cuenta de que estoy bastante cansada. Supongo que el hecho de pasar a una carretera archiconocida me hace fijarme más en mí que en la carretera. La verdad que hasta llegar a casa el camino se me hace largo y tedioso. Lo hago sin fijarme mucho y con ganas de llegar. No sé cuántos kms serán, 70?, pero se me hacen como 200. Una vez llego a casa, me ducho y me siento en el sofá. Pienso en esto dos días, los valoro y sonrío. Qué bonito todo. Vaya rutas, paisajes, curvas, pistas, tiempo y compañía. Todo perfecto! Qué ganas de repetir!

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