jueves, 25 de julio de 2024

Pirineos - Junio 2024

 

Aquí estamos de nuevo! Cómo nos gustan las motos, no?, jeje

La idea de estas vacaciones era hacer el Pirineo con las motos pequeñas, la Fantic Caballero 500 y la Honda CRF 300 L. Cabía la posibilidad de que nos acompañaran dos personas. Joserra, con su Africa Twin que si se podía escapar del trabajo podría venir uno, varios o todas las vacaciones y Fernando, con su Aprilia Tuareg, que vendría el primer día, es decir, la intención era venir a Usurbil a la mañana (él sale de cerca de Estella) y volver a su casa al finalizar la ruta del día.

Por otro lado Rafa el año pasado contrató 3 noches de Paradores, que le caducaban ya, así que había que usarlos. Quedamos en hacer el primer día en el Parador de Sos del Rey Católico y otros dos en el Parador de Vielha. Con esta idea miramos mapas, pensamos rutas, ya sabéis, al ir con las pequeñas la idea es hacer carreteruchas y vas dando forma a todo en la cabeza. Un par de días antes de salir Joserra me comentó que al final no puede venir, una pena porque la verdad que me hubiese gustado que viniera. Aporta esa calma que tanto me gusta.

Este viaje ha sido especial en muchos sentidos, pero sobre todo el  hecho de ir sola ha hecho que vaya pensando y hablando mucho conmigo misma. Sobre todo lo que está pasando ahora mismo a mi alrededor, que no es poco, y sobre mis sentimientos a nivel general. Quiero decir que no esperéis una crónica al uso. Empezando porque las fotos que saqué son insípidas (la verdad que eso de ir sola y hacerse fotos a una misma, no sé yo..) y terminando por el blablablabla que hay en todo este relato. Espero que no os aburráis.

El plan era salir el lunes desde Usurbil. Rafa vendría de Bilbao el mismo lunes y Fernando desde la zona de Estella. Ya el domingo con ese nerviosismo molón de los viajes vas dejando preparadas las cosas y como el viaje es con la CRF300L, voy fijándome más en los detalles ya que sólo he hecho un viaje con ella hace un me escaso. El caso es que Rafa llevaba un par de días algo pachucho y tenía algo de fiebre así que le comenté que se hiciese la prueba del COVID y el domingo pasadas las 21:30 horas recibo un whatsapp con una foto del positivo. Buala!, vaya palo!, juas, que no viene al viaje! Me puse algo nerviosa porque se va todo al pairo. Todo lo que había preparado para dos personas ya no vale. Tlampa, como diría el de los Goonies. Al final me digo a mi misma que no me da la gana de quedarme en casa las vacaciones así que tomo la determinación de hacer el viaje sola (el primer día me acompañaría Fernando), y claro, cuál es la  moto con la que me siento segura?, la CB1000R, la gordita. La CRF300L es como un potrillo, siempre quiere corretear, hacer locuras de juventud, meterse aquí y allá, pero la gordita significa aplomo y seguridad que la verdad era lo que yo necesitaba en ese momento. Llevamos 10 años de viajes juntas, así que ya está. Decidido. Bajo al garaje, le pongo las cinchas para el equipaje, rehago las maletas y hale, a hacer kms! Yuujuu!!

 

Día 1. Usurbil – Sos del Rey Católico

No he dormido del todo bien. Supongo que es el nerviosismo del viaje. Hace muchos años que no viajo sola y eso fue hace ya varias vidas en tiempo. Hice viajes cortos y nunca estaba del todo cómoda. Desayunas sola, comes sola, cenas sola, duermes sola. El ir en moto sola no me suele importar, pero el resto me solía pesar un poco y si a eso le unimos que los últimos 10 años Rafa y yo viajamos con el intercomunicador y vas blablablabla todo el día, hace que el hecho de estar las 24 horas sola sienta cierta inquietud. Todos estos pensamientos se me juntan en la cabeza, pero me digo a mi misma lo mismo que me ha dicho mi hermano. Si te quedas en casa va a ser siempre lo mismo. Así que nada, vamos. Además, hoy viene Fernando conmigo. He quedado a las 11 con él. A menos cuarto oigo su moto así que salgo y le digo que no me queda nada en preparar así que decide irse a tomarse un café al bar del pueblo, que, me comenta, lo necesita. Termino de preparar todo, le paso a buscar y salimos. Empieza la aventura!

Salimos dirección Hernani para coger la carretera de Goizueta. He escogido esta carretera un poco por Fernando. Pienso que al ir con una Tuareg le va a gustar. Esta carretera tiene de todo un poco, zonas de un carril, zonas de dos carriles, curvas normales, reviradas y mucha naturaleza. La carretera está algo sucia y húmeda en algún tramo así que vamos con cuidado. Pasamos por Doneztebe donde repostamos gasolina y aprovechamos para charlar un poco. La verdad que Fernando es un tío muy agradable con mucha conversación. Me hace sentir a gusto. Descansamos un poco y salimos para Elizondo. Hacemos el puerto de Izpegi, que es muy chulo, con unas vistas espectaculares. Este puerto hace de muga con Francia. Ya en Francia pasamos por Donibane, surcamos sus carreteras y volvemos a entrar en Navarra para hacer Roncesvalles. Nunca me canso de hacerlo. Es tremendo. Arriba paramos a comer una ensalada en una terraza. Qué buen día hace. Hay buen ambiente, la comida es correcta y la compañía agradable. Se está muy a gusto. Le mandamos fotos a Rafa, ya que el pobre se ha quedado en casa con COVID, para que por lo menos se entretenga. Una vez descansados salimos para Otsagabia donde en vez de seguir recto subimos para Larraine. La temperatura cambia radical. De 23 grados pasamos a 15. Se  nota. Además, se junta la niebla que hace que no tengamos vistas, cosa que es una pena y la sensación térmica baja todavía más. Bajamos Pierre St. Martin. Es mi puerto favorito de esta zona. Me encanta, pero la niebla ha decidido no dejarnos ver nada, o casi nada, y la temperatura sigue bajando. Llegamos a 13 grados con niebla lo que significa que hace más frío todavía. La verdad que sí que hace frío y empiezo a sentir ganas de empezar a bajar ya que necesito unos grados más. Empezamos la bajada de Belagua y noto cómo la temperatura se templa un poco, pero todavía poco. Pasamos por la Ermita y el Refugio, donde Fernando me indica que le gustaría tomar algo, así que allá que vamos. El Refugio ha estado cerrado durante algunos años, pero hace unos pocos se ha vuelto a abrir. Está perfecto con unas vistas que quitan el hipo. Sopla el viento. Dejamos las motos y entramos. Tiene todo cristalera y aquí, ya sin niebla, da el sol y hace muy buena temperatura. Qué bien. Fernando se toma un café y yo un vaso de leche y seguimos charlando de todo un poco disfrutando de las vistas. Vemos que la hora se nos va un poco así que decidimos seguir. Bajamos y bajamos, menudo puerto más chulo el de Belagua y poco antes de llegar al Pantano de Yesa nos despedimos. Unas fotos, unas frases de buen viaje y él coge dirección Estella y yo Sos del Rey Católico.

La primera en la frente porque me equivoco de camino. Como si no conociese esta zona!, pero tengo la cabeza en otro lado. No importa, voy por otro lado y listo. Disfruto. Llego al Parador algo más tarde de lo que tenía pensado. Me impresiona el sitio al llegar. Qué chulo! Nunca he estado en un Parador. Veo motos aparcadas y dejo al mía justo al lado, como una más del grupo. Se nota que no somos grupo porque todas las motos son de fuera de España. Francia, Inglaterra y Alemania. Soy la única con una “E”en la matrícula. Curioso. Entro, me registro y subo a la habitación. Qué chulo por Dios, y qué calma. Es lo que necesito. Perfecto. Me ducho y salgo. Está oscureciendo. Voy buscando un sitio donde cenar algo y los sitios que veo no me llaman. Son cuatro calles y menos sitios donde elegir pero no me llama ese ambiente. Estoy casi segura que los que veo cenando en las terrazas son clientes del Parador y no me siento a gusto. Sé por qué pero creo que no me entenderíais, aunque lo voy a intentar: es como si el aire oliese a pomposidad y en este momento no me apetece. Sigo andando y veo un bar de pueblo. Asomo el cabezón y para mi sorpresa veo que tiene una terraza-patio detrás y poca gente. Este es mi sitio. Entro, voy a la terraza donde hay un chico en una mesa y dos chicas en otra, me siento y sí, es aquí donde estoy a gusto. De fondo, en el bar, tienen la tele puesta con un partido de fútbol, pero lo oigo lejos, no me molesta, de hecho me distrae y de frente disfruto de la entrada de la noche con unas bonitas vistas. Pido una ensalada de pollo que está buena. Me quedo un rato respirando y pensando en los días que tengo por delante, que no sé cuántos serán, si uno, dos tres o cuántos. Depende de mí. Sigo respirando y no hago nada. Solo respiro. Pasa el tiempo y la noche ya está aquí. Pago y vuelvo al Parador. Está iluminado y bonito. Voy a la habitación, trasteo un poco con los mapas, hablo con Rafa por teléfono y poco a poco me va entrando el sueño. Duermo como una niña. Qué a gusto se está en este Parador.

 



Día 2 – Sos del Rey Católico – Sort

Me levanto descansada. He dormido mejor de lo que pensaba. Me visto y bajo a desayunar. Ahora veo todo mucho mejor, es de día y la cosa cambia. Si anoche pensé que vaya sitio más chulo ahora lo subo de nivel. Tremendo. Entro al salón donde se desayuna. Porque es un salón, no una cafetería ni un yo qué sé. No, es un salón, un salón elegante. Doy mi número de habitación y en seguida me indican dónde ponerme. Está todo muy bien puesto y se respira calma. Se me acerca un camarero bien dispuesto a agradar y me pregunta si quiero algo caliente, como tortilla, huevos, migas, txistorra (que lo traducen como “Basque Suggage” o algo así), butifarra, revuelto y cosas así. No gracias, pero si me sacas leche caliente te lo agradezco. El personal es muy amable y el buffet como digo, muy bien puesto. El ambiente es muy tranquilo. Los manteles son manteles de verdad y hay música de fondo muy adecuada para el momento. Me siento bien. Desayuno leche, yogur casero, tofú, avena, kiwi, tostadas con aceite, con mantequilla, vamos, como Dios, y me siento mucho mejor. Salgo y aprovecho para dar una vuelta por los alrededores del Parador. Es muy muy bonito. Nota mental: si vuelvo a este sitio llegar un poco antes para disfrutar de sus salones, terrazas y patios.

El día promete calor, así que recojo las cosas y salgo. Hago la Ruta de los Castillos, es decir, voy por Uncastillo, Luesia, El Puerto de Sierra Mayor hasta Ayerbe. Esta zona la solía hacer como hace 14 años pero dejé de hacerla por el calor. Ahora mismo no hace calor sofocante pero me tengo que parar a quitarme alguna capa. Son unos 60 kms hasta llegar a Ayerbe. Es una zona muy chula donde vas cambiando tanto de paisaje como de asfalto, desde bacheado hasta correcto. Es una carretera más para la 300 que para la 1000, pero como hace muchos años que no paso la disfruto. De Ayerbe voy a Jaca. Esta carretera me encanta. Es, no sé ni cómo describirla, mmm, tiene una carretera muy chula, unos paisajes dignos de mención (pasando por la zona de Riglos, que merece mucho la pena) y unas curvas que las disfruto una a una, como dicen los Maiden en una canción. Reposto gasolina en Jaca donde aprovecho para llamarle a Tomás. Es un amigo que conozco hace más de 20 años que vive en Sabiñanigo con su mujer. Me comenta que están en el pueblo y que pase a tomar algo. Perfecto. Me planto ahí en 10 minutos y vamos a una terraza donde charlamos mientras tomamos algo. Hace años que no les veía y la charla es amena. Hace calor, demasiado para mi gusto. Me hablan de la piscina del pueblo y por un momento me veo bañándome y dudo, por un segundo, si quedarme, pero al final me despido de ellos y sigo carretera. En marcha se está mucho mejor. Disfruto. Voy como para Formigal y a la altura de Gavín me meto para hacer el puerto del Cotefablo. Espectacular. Sigo haciendo kms hasta llegar a Broto donde paro a comer medio bocadillo de tortilla. Esta carretera es realmente tremenda Curvas curvas y más curvas. De aquí bajo para Ainsa, que para mi es la sartén de la zona. Hace menos calor del que pensaba cosa que se agradece. Voy a Pont de Suert y de seguido a la Pobla de Segur. No sé bien dónde dormir así que decido ir a sitio y lugar conocidos. Sort. He estado unas cuantas veces aquí y normalmente duermo en el mismo hotel. Toda esta carretera, o sea, desde Ayerbe aquí, que son horas de moto, es tremenda. No sé cuántas veces la habré hecho, pero es muy muy disfrutona. Curva, contracurva, paisajes, buen asfalto, moteros, moteras, y aire. Es una carretera que no deja que te despistes. Estás ahí por y para ella. Tus pensamientos no van más allá de la curva que estás haciendo y la siguiente. Necesito esto. Me evado de “la vida real”. Disfruto. Vas por unos cuantos puertos que rondan los 1300 metros, pasas por un par de Congostos. El de Ventanillo está en obras pero da igual, es muy chulo.  Paro a preguntar en el hotel habitual. Hay sitio a un precio, como siempre, asequible así que perfecto. Me ducho y salgo a dar una vuelta. Me tomo algo y aprovecho para mandarle un par de audios a Joserra, que ya que no ha podido venir le tengo al día de dónde ando.

El pueblo, como siempre, está lleno de gente, así que al final decido ir al restaurante del hotel, donde creo que he cenado siempre que he estado aquí. Hay sitio, precio bueno así que perfecto de nuevo. Subo a la habitación y como siempre, miro y remiro mapas, leo algo, hablo con Rafa y a dormir. Hoy ha sido uno de esos días de moto de ritmo ágil. No piensas en nada. Todo es tan chulo y el ritmo alegre que solo conduces y conduces y conduces y disfrutas. Muy buen día de moto. Caigo rendida y me duermo.



 


Día 3. Sort – Vielha

Duermo bien y bajo a desayunar, que es buffet y no siendo como el del Parador es más que suficiente. Desayuno fuerte. Salgo, cruzo la acera y me quedo mirando el río que tengo delante. Algunos de los moteros que han dormido en el hotel ya están fuera preparando las cosas para salir. Creo que todos estamos pensando en el calor que va a hacer hoy. Nos saludamos con un leve movimiento de cabeza. Subo a la habitación, recojo, me visto y salgo. Vamos a ello.

Tengo varias rutas para poder elegir, pero siempre pensando que el final de la ruta de hoy es Vielha, que tengo ahí dos noches de Parador, así que decido hacer una ruta intermedia. Ni pocos ni muchos kms. Quiero llegar a buena hora para disfrutar del Parador.

Salgo dirección a Adrall. Esta carretera es tremenda, con su Coll de Cantó como insignia. En días de calor está muy bien ya que la carretera crestea y la temperatura baja. Las vistas son increíbles. No me canso de hacerlo y ya van unas cuantas veces que paso por aquí. De Adrall bajo pasando por el “Congost de Tresponts”, el cual disfruto. Bajo un poco más y cojo el desvío dirección “Coll de Jou”. Nada más empezar me paro para quitarme algo de ropa. Por ahora buena temperatura. Arranco la moto y salgo dispuesta a hacer esta carretera que sé que me gusta. Curvas, paisajes, poco tráfico por no decir insignificante, naturaleza. Bufs, qué bonito todo!. La velocidad media por aquí es de 70/80 para que os hagáis a la idea del tipo de carretera que es. Para repetir. Antes de llegar a la población de Berga la carretera se amplia y es tremenda. Me encanta. Una vez llego, voy para el norte con intención de hacer una carretera en concreto pero me lío y voy por otro lado. Qué raro, no?, liarme yo, jeje, pan nuestro de cada día. Me doy cuenta a la de pocos kms, así que paro y saco el mapa. Jum. Sí, he cogido otra, pero ésta me está gustando así que decido seguir por aquí y que sea lo que Dios quiera. Al cerrar el mapa se me cae el móvil, ya que empiezo a estar cegata de vista y necesito la linterna del móvil para ver el mapa. Tela, eh?, jeje, bueno, el caso es que se cae y se me pica el protector de pantalla, pero estoy tan a gusto que me da igual. Me encojo de hombros, guardo el móvil, arranco la moto y sigo. Vaya descubrimiento de carretera!. Es la que va de Berga hasta Ripoll. Me encanta. De Ripoll tiro hasta Ribes de Freser y aquí llega el Paraíso. Con mayúscula. Tengo que reconocer que he venido hasta aquí para hacer este tramo de carretera. No sé cuántas veces la habré hecho ya. Tres, cuatro?, no sé, pero siempre que vengo por la zona intento hacerla de nuevo así que allá voy. Respiro hondo y a ver qué me parece esta vez. Brum, brum. Acelero, curva, curva, paisaje, curva. Lo bueno que tiene esta carretera es que no pasas por pueblos porque todos tienen su bifurcación a un lado. Tú tiras, a buen ritmo, sin parar. Es como comerse un toblerone de 100 gramos. Los disfrutas sin cansarte. Sigues, sigues, sigues, van pasando los kms, pero sigues sigues sigues, no piensas, solo aceleras, frenas, aceleras, frenas, conduces y de repente llegas a Puigcerdá. Ya? Se hace corto y todo. Me encanta. Es como si aguantases la respiración y no vuelves a respirar hasta que la terminas. Sólo ella y tú. No defrauda.

De Puigcerdá cojo dirección de “Seu de Urgell” y a medio camino paro a comer un algo. No me apetece menú así que me como medio bocata de pan con tomate y queso. Qué bueno está!. Es perfecto, además el sitio es muy tranquilo, la gente educada, sin altibajos de sonido y el personal atento y amable. Y ya el colmo es cuando me cobran. Baratísimo. Tanto que me sorprendo. Sin duda volveré.

Según salgo, zas, ha tardado en llegar pero aquí está, caloret. Hasta Adrall calorazo. Del malo. Jur. De Adrall a Sort respiro, porque como comenté antes vas en altura. Se agradece. Paro arriba del Coll de Cantó. Bien, aquí se está bien. Sé que cuando baje volverá el calorazo así que me hago de rogar, pero bueno, todo llega así que me vuelvo a montar en la moto y hale, para abajo. Llego a Sort. Arg. Sí, calorazo. 33 grados marca un termómetro que está a la sombra. De Sort a Vielha por la Bonaigua. Veo que arriba se ha puesto en modo Mordor. Lluvia. No me importa. De hecho no pienso ponerme el traje de agua. Paso. Así me refresco. Según voy subiendo veo dos motos grandes, de estas de viaje, con 4 personas alrededor poniéndose el traje de agua. ¿En serio?, me encojo de hombros y sigo. No es para tanto, caen cuatro gotas y estoy casi segura de que es la subida a la Bonaigua, que por cierto, ¿cuántas veces habremos estado con las motos ahí, Rafa?. Muchísimas. Siempre paramos a hacer una foto en el mismo sitio. Es la primera vez que vengo por aquí sola, sin él, pero la costumbre es la costumbre así que voy donde siempre a sacar esa foto. Me acuerdo de él y pienso que estará en casa con COVID. Le mando ánimos. Se ha puesto a llover, pero es muy poquito. Me da igual. Paro, hago alguna foto, me entretengo con el paisaje. Miro a la distancia y veo Mordor. Se acerca. Tormenta. La huelo, la noto en el ambiente. Veo a lo lejos pasar a los moteros que se estaban poniendo el traje de agua. Van bajando el puerto con sus trajes amarillos. Respiro y sigo mirando el paisaje. Y de repente lo oigo. Bruuuum. Tormenta, a lo lejos. Is coming. Guardo la cámara de fotos, y sin ponerme el traje de agua, porque paso, porque no me da la gana ya que hace nada me estaba cociendo, arranco y salgo. Según voy bajando empieza a llover goterones. No me importa, incluso lo agradezco. Al pasar por un túnel, veo a la salida del mismo a los moteros del traje de agua, parados dentro del túnel, esperando, supongo, a que pase esta tormenta que no termina de reventar. Les rebaso. No entiendo bien por qué paran si llevan el traje de agua. La lluvia empieza a caer un poco más fuerte pero sin llegar a ser nada importante. Me refresco. Al llegar a Vielha veo que el Parador está a tres kms del pueblo. Vaya. Eso no lo esperaba. Una vez que dejo la moto no me gusta volver a cogerla. Pero bueno, ya pensaremos algo. Me doy de alta en el Parador. Es muy bonito. No llega, bajo mi punto de vista, al nivel del de Sos del Rey Católico, pero es bonito, espacioso, con sus salones y..tachán, piscina!. Recuerdo haber metido un traje de baño por algún lado, así que me cambio y bajo a darme un chapuzón. El agua está, para mí, algo fría, pero hay poca gente y se está a gusto. Me doy un baño, subo, me ducho, me cambio y decido bajar a uno de los salones a tomar algo, escribir y mirar mapas, cosa que me encanta. Las tortas a nivel de precio en el Parador las dan a gusto, a mano abierta, pero bueno, un día es un día. Según estoy mirando mapas me acuerdo de los moteros del traje del agua parados al final del túnel esperando. Pienso que vaya kks de tios, que no era para tanto, para acto seguido pienso que quién soy yo para juzgar a nadie. Igual no les gusta conducir con lluvia, con el suelo mojado, o son novatos, o no se encuentran bien o les gusta ver llover o me da igual qué, pero el caso es que no soy nadie para juzgarles y tacharles de “loquequierasponeraqui”. Si están parados están parados. No molestan a nadie. Mentalmente me recrimino ese tipo de pensamientos. No tienen cabida en mi cabeza, en mi forma de ser (o en lo que intento ser). Fus fus.

Sigo a lo mío, a mis mapas, a mis notas y a mis pensamientos. La ruta de hoy ha sido espectacular. Los únicos kms así en modo sosainas son de Puigcerdá a Adrall, que no deja de ser una recta, pero del resto no quito ni un km. Como suelo decir, para repetir. Estoy encantada con este viaje.

Llega la hora cenar. Barajo la idea de bajar al pueblo pero me da pereza, así que me pido un sándwich y ceno ahí mismo. Es caro, sin duda, pero por lo menos está bueno y me quedo bien. Subo a la habitación, hablo un rato con Rafa y el cansancio llama al sueño, así que vamos a dormir que mañana hay más kms que hacer.




 



Día 4. Vielha – Vielha

Duermo bastante bien. El sitio es tranquilo y eso ayuda mucho a descansar. Se agradece. Bajo a desayunar y es muy parecido al de Sos del Rey Católico, es decir, un salón muy majo (el otro era elegante), el personal que atiende eficiente y educado y el sitio más que agradable. Desayuno fuerte, porque todo está muy bueno, porque todo es apetecible y porque estás muy a gusto. Después de desayunar como siempre salgo a la calle. Decido dar una vuelta al Parador por fuera por verlo mejor y cuando estoy en ello veo un desvío a un km a un pueblo que se llama Casau. Hace buena temperatura, así que decido ir dando un paseo. En nada me planto en el pueblo y veo un par de sitios, nada más entrar, de hospedaje, y uno de ellos con pinta pequeño y bien puesto. Veo tres personas y un perro compartiendo desayuno en una terraza, saludo y entro. Me atiende un chico joven y le pregunto si esta noche puedo cenar ahí o hace falta ser cliente. Me comenta que sin problema. Que llame primero (me da una tarjeta) por si acaso pero que no habrá problema de sitio porque hay poca gente. Perfecto. Vuelvo al hotel pensando que qué bien que ya tengo un sitio donde cenar que no sea el Parador con sus precios de astronauta.

Llego, miro mapas por asegurar la ruta que quiero hacer, me visto y salgo. Hace calor pero todavía se está bien. Mi idea es hacer una ruta por el Pirineo Francés, pero en vez de tirar para el oeste, que es la ruta de siempre, hacerla por el este, que son Cols no tan altos como los típicos pero es una zona que no conozco.

Salgo para el norte dirección Francia, por la N125. Mi primer destino es un pueblo llamado Bausen. El caso es que estoy leyendo un libro de viajes que me está gustando mucho. Se llama “Pirineos. Más allá de las montañas” de Kris Ubach (el cual recomiendo encarecidamente) que habla de este pueblo. Más en concreto de una tumba. Al parecer hace ya unos cuantos años convivía ahí una pareja que se querían mucho pero nunca llegaron a casarse. Era una relación conocida por todo el pueblo y una pareja muy maja. Un día ella murió y el párroco no quiso enterrarla en el cementerio porque según él, al no estar casados, vivían en pecado. Así que los vecinos del pueblo, conocedores de la relación de la pareja, construyeron una tumba para darle descanso a ella y que él pudiese ir a visitarla. Y ahí tenemos un “cementerio” de una sola tumba. Así que allá que voy, a visitar el sitio. Llego al desvío que marca el pueblo y me meto. Es una subida de unos 3 kms de una carretera estrecha y muy revirada. El calor, en este poco tiempo que llevo de ruta, ha aumentado y lo empiezo a notar. Tse. Va a ser un día duro de temperaturas. Sigo subiendo y llego al pueblo. Debe de ser un pueblo turístico porque ya a las afueras veo un parking y alguna que otra autocaravana. Me adentro con la moto, las calles se estrechan, mucho, pienso que no creo que entre mi coche por aquí. Son empinadas y de piedra para darle ese toque de “peligrosidad” a la moto. Empiezo a sudar y me inquieto al pensar dónde me estoy metiendo. Voy mirando desvíos por si marca algo. No veo nada y llego a un sitio donde las piedras terminan y empieza pista. Sigue siendo estrecho, con firme irregular y con una leve inclinación. Venga ya. Intento dar la vuelta y ya veo que montada no va a ser posible. Really?. En un momento me veo metida en un sitio algo delicado. Me bajo de la moto e intento mover la moto para atrás. No me da la fuerza. Bufs. Calor. Empiezo a sudar. Miro a un lado y a otro y ahí no hay nadie. Suspiro. Me quito el casco y los guantes, los dejo a un lado y me pongo a empujar la moto. Cómo pesa la gordita. Sudo más. Consigo dar la vuelta a la moto no sin cierta dificultad. Sudo a mares. Suspiro de nuevo. Pienso que no es buena forma de empezar la ruta y que si quiero ver la tumba me temo que voy a tener que bajarme de la moto y buscarla. La verdad que no me apetece empezar a patear un pueblo muy empinado, con cazadora, guantes, casco y calor. A mi lo que me gusta es andar en moto. Ya vendré a ver la tumba otro día. Me despido del pueblo y sigo ruta hacia el norte, dirección Francia. Al llegar a la frontera veo control policial. Jur. Cuánto tiempo. A algunos dejan pasar y a otros los paran. A mi, extrañamente, me paran (normalmente me suelen dejar pasar). Documentación. Es una chica muy joven y seria. Miro a mi alrededor. Veo armas y caras serias. Jum. No me gusta nada. Me quito el casco. Quiero que vea la cara de inocente que tiendo a usar con la Policía. Y la pongo. Inocente total. No he roto un plato en mi vida. Le pregunto con una sonrisa y mi mejor cara de empanada el porqué del control y me contesta que buscan tabaco. Y una shit, no le creo. Como buscas tabaco paras a una moto que va sin equipaje ni mochila, claro. Le miro con sorpresa poniendo cara de niña buena y le pregunto a ver si también es control antiterrorista. Levanta la mirada y la fija directamente en mis ojos. Seria. Le sonrío. Parece que al mirarme a los ojos se destensa. Quiero saberlo, tengo curiosidad por saber cuánto es capaz el ser humano de volver a la misma kk de antaño. Me dice que también. Vuelta al pasado. La historia se repite. Como hay peligro y temor nos aprietan. Esos controles aduaneros de toda la vida que quienes vivimos cerca de la frontera conocemos bien. Entiendo el porqué de su existencia y me apena. La policía me sonríe, me dice que todo ok y que puedo seguir. Pues nada, sigo ruta pensando en el tema. Jum. Cuando veo el cartel de Saint-Beat me desvió a la derecha hacia el Col de Mentes. Las carreteras por aquí son sin arcén y con pavimento rugoso. Eso hace que la velocidad sea media. Voy a gusto. Estoy descubriendo sitios. Me gusta. Llego a otro desvío y sigo dirección al Col de Portet d´Aspet. La zona es chula pero para variar los franceses siguen poniendo gravillons en todos lados. Es increíble. Ven un bache, lo tapan y te ponen gravillons para dar y regalar. Por mucho que pongan el cartel de gravillons da igual. Es peligro de ostión. Es la tónica de la ruta de hoy. Siguen pasando los kms y sigo disfrutando. Cojo el desvío el Castillon-en-Couserans y hago el Vallé de  Bethmale, para después hacer el Col de la Gore. Me gusta el sitio. Sí. Brum brum. Sigo. Cojo el desvío que me lleva por el Valle de d´Ustou y en el siguiente cruce hago un globito en el mapa y enfilo hacia Oust. Van pasando las horas y entre el calor y la carretera, que es dura, tienes que estar muy pendiente aún yendo a velocidad media. Entre el gravillons, el tipo de carretera y el calor noto que me voy cansando, pero como voy disfrutando sigo. Es difícil hacerme bajar de la moto cuando voy a gusto. Eso sí, noto sed. Sé que debería de parar a beber algo pero me da pereza. Sigo. Al llegar a Oust, en vez de volver por el mismo sitio, mi intención es ir hacia el norte dirección Col de Catchaudégué (y en caso de no verlo claro, ya que el mapa me  marca carreteras que creo que son pistas, volver por el mismo sitio). Veo en el mapa que hay algún desvío que otro y pienso que la voy a liar, pero no, extrañamente no. Al entrar a un pueblo veo una carretera que sube, asfaltada, muy estrecha (de nuevo) y muy muy empinada. Dudo pero el cartel es inequívoco. Esta es la dirección a tomar. Estoy contenta porque parece que no me he perdido. Así que me meto con la moto y subo. El tema se empieza a poner muy complicado porque la carretera se empina más (más?, sí, más) todavía y se estrecha de verdad. La velocidad no creo que supere los 15 por hora. Ay Dios. Liada. Llego a un punto sin llegar arriba que la carreterucha se bifurca en tres caminos igual de estrechos y de empinados pero sin cartel. Freno y me paro. Estoy en una cuesta muy empinada y ya empiezo a notar, de nuevo, el sudor. Me resbala por la espada y sé que parte de la culpa la tiene el calor, pero la otra parte, mi nervio. Sé que se ha vuelto a liar el tema y tengo que dar la vuelta. No quiero ir más allá. El mapa me marca entre carretera y pista, no sé bien lo que es, quería ir a mirar pero la cosa se ha complicado. Decido dar la vuelta pero ¿cómo?. A que la lío. La inseguridad que arrastro desde que me caí varias veces por la altura de la moto con la 300 se hace patente. Arg. Tranquila. En esta moto haces pie, pero sí, no hay duda, el sitio es bastante complicado para dar la vuelta. Poco a poco voy consiguiéndolo hasta por fin dar la vuelta y empezar a bajar de nuevo. Noto frío en el cuerpo porque me da el viento de nuevo y sudo a mares. Y sed. Tengo mucha sed. Decido volver por donde he venido, que era el plan B, así que allá que voy. Curva curva curva. Disfruto, pero tengo calor y sed. Voy notando cómo me empiezan a fallar los reflejos porque tengo que parar a descansar y beber algo. Llevo horas en marcha por una carretera que te exige, con calor y sed. Hambre aún (o eso creo) no tengo. El fuerte desayuno aguanta. Sigo. Kms y kms, hasta que pienso que sí o sí tengo que parar. Ahora mismo no estoy disfrutando y el cuerpo me pide a gritos como mínimo agua y si puedo algo más. Francia es un país de horarios diferentes a los nuestros. Son las 15:00 pasadas y sé que ya no voy a encontrar sitios donde comer pero voy buscando un bar donde beber y picar algo. Sigo sigo sigo sigo sigo sigo sigo. Arg. Estoy forzando demasiado. Veo un sitio que creo que está abierto. Paro la moto, me quito el casco y me asomo. Sé que estoy cansada pero no me he dado cuenta de a qué nivel. Parezco novata, joe, ¿cómo no he parado antes?. La puerta es de cristal, no veo clientes dentro pero sí a una chica joven detrás de la barra haciendo cuentas a algo. Tengo la sensación de que está cerrado pero no estoy segura. La chica me mira y me pregunta, de forma amable, qué quiero. Le hago el gesto de beber algo (something for drink please) y de repente noto que, ostia, realmente estoy cansada. Ella duda y le insisto. Me indica que pase. Paso y veo dentro un chico vestido de (luego me di cuenta) cocinero. Le repito mi petición de agua por favor, me pregunta si de cristal o de grifo y le digo que me es igual, pero que no esté fría. Me pone un vaso de agua del grifo y sin dudar me lo bebo de golpe. Ella se extraña, creo que se da cuenta de que estoy echa mierda y me dice que sólo tiene para comer unos pastelitos de pistacho que hacen ellos. Tengo el estómago cerrado, no me apetece, pero le digo con la mejor sonrisa que puedo poner que perfecto, porque está siendo muy amable. ¿Mas agua?, me pregunta, sí por favor. Me pone otro vaso de agua y me lo bebo de golpe, sin pensar. Me saca el pastelito que miro de reojo con cierto repelús, mi estómago extrañamente lo rechaza pero la amabilidad de la chica hace que intente poner buena cara. El cocinero se pone a hablar con ella en francés, claro, y no entiendo nada. Ella se pone a teclear el móvil y me enseña la pantalla. Es un traductor. Pone que el cocinero, si quiero, me puede poner algo de embutido o un wrap vegetariano. Levanto la vista y le pregunto, extrañada, a ver si están cerrados o abiertos. Me contesta con mucha amabilidad que están cerrados pero que abren para mi. Se me abre el cielo. Sonrío. No me he dado cuenta que es justo lo que quiero. No le hago reverencias en modo japonés no sé ni por qué. Les miro a los dos, intento poner mi mejor cara, les doy las gracias mil veces y en cuestión de cero coma tengo un wrap vegetariano delante de mi con agua, mucha agua. Perfecto. Me quito la cazadora y estoy sudando mucho, pero mucho. Me lavo las manos, me siento y me pongo a engullir en modo naúgrafa. Cuando voy por la mitad del plato levanto la vista y me fijo en el sitio. Es muy muy bonito!. Muy acogedor. Qué suerte he tenido!. Ellos dos siguen a los suyo mientras voy notando cómo me vuelve el color al cuerpo y la sonrisa. Termino de comer y me quedo un par de minutos mirando a la nada pensando cómo me he podido equivocar tanto. Tenía que haberme parado antes. Cuando me noto ok, me levanto, le sonrío, ¿qué te debo?, me enseña la pantalla, 9,60. Le dejo 15 euros, le doy las gracias y le digo que me han ayudado mucho. Reitero las gracias y salgo por la puerta pensando que hay esperanza para el ser humano. Me han visto muy fastidiada, me han abierto las puertas de su casa y me han ayudado. ¿Qué restaurante hace eso ahora?. Te dicen que está cerrado y punto. Me pongo la cazadora, me monto en la moto y salgo con otro talante. El mundo vuelve a ser maravilloso y vuelvo a estar feliz. Noto como la carga de batería de mi cuerpo va subiendo, poco a poco y a la de 30-40 minutos después de haber comido estoy perfecta. Sigo surcando carreteras, ahora sí, disfrutando. En una de estas curvas que para variar está llena de gravillons y andas haciendo virguerías para no caerte veo a un grupo de moteros ingleses mirándome sortear el tema desde el arcén de la curva. Saludo, saludan y sigo. Voy de vuelta al Parador por el mismo camino de ida. No hay problema. Es bonito, se está bien. Según voy llegando a España noto que la moto me hace un ruido raro. Según pasan los kms el sonido va a más y a más a tal punto que sé que tengo que pasar por un taller. Intuyo que es la cadena o el kit de transmisión, pero no sé. No llevo aceite de cadena así que según llego a Vielha me paso por Rodi Motors a preguntar si tienen aceite y si alguien le puede echar un vistazo a la moto, que estoy de viaje. Hace años este taller era de motos y ahora, para mi sorpresa me indican que sólo es de coches y que nadie me puede ayudar. De hecho, nadie sale siquiera a mirar la moto aún sabiendo que estoy de viaje. No sé. Me faltó algo en ese taller, esas ganas de ayudar al viajero, al que está fuera y tiene un apuro. Cómo cambian las cosas. Me acerco a la gasolinera y me dicen que no tienen aceite de moto. Me sorprendo. Este sitio tiene tradición de moto. Voy a la otra gasolinera y me dicen lo mismo. Más aún, me dicen que no conocen talleres de moto en el pueblo, que antes había pero que ya no. En serio?, pero qué ha pasado aquí?. Decido ir al Parador a pensar qué hacer. Estoy cansada y me quiero duchar.

Cuando llego al parking, que es exterior, veo a un motero inglés haciendo algo en su moto con unas correas. Me acerco y con mi inglés desgastado y olvidado le pregunto por favor a ver si tiene aceite para la cadena. Según digo eso le indico con la mano su cadena, para que me entienda bien y veo que lleva Cardan. En serio?, o sea, en serio?, qué más?, jaja. Me mira, sonríe, me indica que él no pero que seguro que alguno de sus amigos tiene, a lo que aparecen por ahí, vaso cerveza y otros licores en mano, unos cuantos ingleses. Hablan entre ellos (me cuesta entender el inglés que hablan) mientras mi mirada va de uno a otro y me dicen que sí, que sin problema me ayudan. Uno me mira la cadena y me dice que esta muy tensada, que así no puedo ir a ningún lado. Miro y efectivamente, está como una piedra. Ui. Otro me dice que no me preocupe, que me vaya a duchar, que les busque en el bar y que esté tranquila que me ayudan. Son gente de ya cierta edad. Alguno diría yo que ronda los 70 años. Subo a la habitación y hago cuatro llamadas para comentar el tema y pedir opiniones. A Rafa, a mi taller, a honda Pamplona (donde compré la moto y me tratan siempre, sin duda, con mucho cariño y profesionalidad) y al único taller de motos que veo en la zona, que está a 20 kms del pueblo (el cual es muy amable y poniendo todo de su parte, cosa que agradezco dadas mis circunstancias). Todos los talleres me comentan lo mismo, que así no puedo rodar y que si esa cadena está como comento, hay que destensar sí o sí. Todos amables y con ganas de ayudar. Me ducho, bajo al bar y efectivamente, ahí están los ocho moteros ingleses, vaso en mano charlando animadamente. Según me ven, se levantan tres y me dicen que let´s go. Vamos fuera, miran de nuevo la moto y tengo la suerte que uno de ellos tiene otra Honda con el mismo sistema monobrazo que yo, y que además, sabe de motos. Ni me lo creo. Se pone guantes de mecánico (detalle que me hace ganar confianza), otro le ayuda, pim pam, problema solucionado. Me lubrican la cadena y me comentan que me de una vuelta para probarla. Lo hago, ya no hay ruido y la moto va perfecta. El mundo vuelve a brillar. Les indico que muchas gracias, todo en inglés, su español es muy limitado y me llevan al bar. Bajo con idea de invitarles y son ellos quien me invitan a mi. Muy majos. Les digo que así no va el tema, que me han ayudado y que me gustaría pagarles una ronda a lo que dicen, sonriendo, que ni de palo. Juas. Hablando (o más bien desempolvando mi ingles) con ellos, me dicen que bajarán al pueblo a cenar, que es un peñazo porque está a tres kms, pero que pasan de cenar en el Parador, a lo que les indico que esta mañana he mirado un sitio aquí al lado, a un 10 minutos andando, donde he visto un sitio donde cenar. ¿Nos podrías reservar mesa?. Por supuesto. Llamo, mesa para 8 por favor, y que sí, que perfecto. Genial. Me piden si les puedo acompañar al sitio sobre las 20:00 y les digo que por supuesto. Subo a la habitación, le pongo al día a Rafa de todo esto, ya más aliviada, y a las 20:00 estoy en el bar. Les acompaño andando al sitio. Al llegar veo a las tres mismas personas con el perro que había visto a la mañana, sentados en la misma mesa jugando a las cartas. Nos saludamos ya con cierta confianza, cruzamos alguna frase y entramos al sitio. Hablo con el dueño, les dejo en una mesa del restaurante y me vuelvo al Parador. Me preguntan si me quedo con ellos a cenar y les digo que no, que gracias, pero que es algo pronto para mi. Nos despedimos con gracias gracias mil gracias. Vuelvo al Parador, hago esto lo otro y lo de más allá y para las 21:45 estoy de nuevo el sitio dispuesta a cenar. Cuál es mi sorpresa que los ingleses siguen cenando y bebiendo. Digo esto último porque cuando me ven me indican que me siente con ellos y veo el ambiente que llevan. Están todos muy majos y chisposos. Sale el camarero para preguntarles qué quieren de postre a lo que ellos responden que “more wine please”. Llevan un ambiente sano y divertido. Uno de ellos, con el que más hablo, me dice que me quede a cenar con ellos, así que me pido pollo a la brasa (que está tremendo) y ceno con ellos. A través de mi pésimo inglés logró entender la mitad de lo que me dicen, pero sin duda entiendo que llevan como 30 años rodando juntos y me doy cuenta de que son los típicos moteros de toda la vida, de los que si necesitas ayuda te ayudan sin dudar, de los que les encanta rodar y pasarlo bien, de esos que llevan el buen ambiente a cuestas y todo eso lo agradezco a mares. Por lo que se ve van de Paradores. Del de Vielha van al de Olite y de ahí a Picos de Europa. Con el que hablo me cuenta cosas de su vida, como por ejemplo que su padre luchó en la Segunda Guerra Mundial. Me sorprendo. Really?. Yesss. Le digo que gracias a esa gente aquí no hablamos alemán ni vamos con el brazo alzado cosa que me alegra mucho. Hablamos hablamos hablamos, donde me entero que esos moteros ingleses que saludé en la curva con gravillons eran ellos, que me  habían reconocido en el Parador. Me siento a gusto con esta gente. Siguen con su “more wine” para al final, por fin, pedir postre. Terminamos de cenar, me invitan (por Dios, me ayudan, me invitan, me hacen compañía, qué más?) y vamos juntos al Parador en una agradable noche. Qué bonito cuando las cosas salen bien, verdad?. Nos despedimos y cada uno a su habitación. Como siempre, escribo algo, hablo con Rafa y pienso mucho en este día. Ha sido tremendo. Anda, vamos a dormir.








 


Dia 5. Vielha – Usurbil

Duermo bastante bien, tónica de este viaje gracias, supongo, a los sitios agradables donde estoy durmiendo. Bajo a desayunar y veo a los ingleses en su mesa. Me acerco, good morning, good morning, sonrisas y voy a mi mesa. Me zampo, para variar, un muy buen desayuno. Me encanta esto de los Paradores, qué fácil es acostumbrase a lo bueno!. Como siempre, al terminar, salgo, miro la moto, me aireo y vuelvo a la habitación. Recojo todo y hale, vamos a hacer kms que es a lo que he venido.

En el parking veo a los ingleses, unos salen antes, otros después, y al final se queda el que me arregló la moto. Un tío muy muy majo. Policeman me comentó. Me sonríe, se acerca, me pregunta qué tal, hablamos un rato y me dice que a uno de ellos le gotea aceite de los retenes de la horquilla. Que van a ir así hasta Olite y que allí buscarán taller. Le comento que ayer hablé con un taller que está cerca, se interesa para al final decirme que no me preocupe, que salen en breve. Oki. Nos despedimos con muchas sonrisas y buenos deseos. Al salir del parking giro la cabeza y veo que me sigue con una sonrisa en la cara. Levanto la  mano a modo de despedida, él también, y salgo. Por Dios, qué gustazo de gente. Qué bien y protegida me he sentido junto a ellos.

Tengo dudas con la moto, a ver si las buenas sensaciones que tuve ayer con ella se mantienen en el día o por el contrario va a hacer ruidos raros. Tengo dos opciones. O volver por España, ruta muy conocida y con mucho calor, o volver por Francia, ruta también conocida pero muuucho mas bonita y quiero pensar que temperaturas más templadas. De quedarme tirada prefiero que sea en Spain, pero bah, a la mierda, tiro por Francia que es realmente lo que me apetece.

Hago la típica ruta de los Pirineos. Salgo por el Portillón y hago el Col de Peyresourde. La moto va genial. Perfecta. Gracias ingleses!. Sigo por Arreau, hago el Col de Aspin y el Torumalet, éste último con algo de niebla abajo pero arriba todo despejado con esas vistas que te hacen estar con la boca abierta. Hay muchos ciclistas, que va a ser la tónica del día de hoy. Ciclistas por todas partes. Además, no hay que olvidar que en pocos días empieza el Tour de Francia y la gente se emociona. Escribo esta crónica ya sabiendo cómo termina la carrera, y decir que yo soy de Vingegaard, que ha hecho un carrerón, que es mi desnutrido favorito y me parece un auténtico campéon!

Sigo ruta y la txapela de nubes que acompaña desde empezar Francia ahí sigue. La parte buena es que hace que la temperatura sea perfecta y la mala es que en ciertos sitios crea una niebla que hace que las vistas no sean completas. No pasa nada. Como diría el compañero de Indiana Jones “sígueme, conozco el camino!”. Mis puertos favoritos de esta zona son el Col de Soulor que se junta con el Col d´Aubisque así que según me voy acercando noto la ilusión de volverlo a hacer una vez más (¿cuántas van ya Rafa?, doce veces? A saber, no me canso de hacer el Pirineo Francés). Ese cresteo que une los dos Col´s es tremendo. Tengo ganas de verlo, pero al ir llegando veo que hay un cartel que indica que el Col de Soulor está cortado y nos desvían por el Col de Spandelles. Vaya, qué pena. No pasa nada, así conozco otro Col nuevo. Empieza el puerto con una carretera de un solo carril donde solo entra un coche y de repente la niebla me engulle. Así, sin avisar, zas. No veo un carajo. Todos los ciclistas y moteros que llevo viendo hasta este momento desaparecen por arte de magia. La temperatura baja y realmente no veo nada. Como mucho a dos metros. Avanzo avanzo avanzo. Ya no es que no vea nada ni a nadie, sino que tampoco oigo nada. Silencio. Y me disipo. ¿Cómo era aquella película que se quedaban varados en un buque militar, entre la niebla, metidos en una especie de agujero negro y viajan en el tiempo?. Pues me siento igual. Sigo haciendo kms sin pensar en nada y sin ver absolutamente nada. Nothing de nothing. Qué pena no?, ya que voy por sitio nuevo quiero ver. Sigo subiendo, subo subo subo subo sin ver nada y a uno por hora. Y de repente, empiezo a bajar. Mejor porque para ir así mejor bajar. Me cruzo con una moto, por fin, ya que por un momento pienso que me he podido equivocar de camino mientras mi cabeza vagaba por el infinito. De repente me pongo otra vez a subir. Como no sé por dónde voy no tengo ni idea de a dónde me dirijo y por fin, veo la cima del Col de Soulor. Anda! Si estoy aquí!, genial. Sigo sin vistas, ya que la niebla insiste pero por lo menos es sitio conocido. La carretera, extrañamente, está despejada de niebla, pero no veo más que eso. A medida que avanzo hay más niebla y más frío. Jo. Empiezo a notar cómo el frío va entrando en mi cuerpo pero por lo menos veo que ya estoy bajando. Genial. Al llegar abajo sigue la niebla, no tanta, pero ahí está, y el frío. Pienso que me queda el Portalet y pienso en el frío que voy a pasar. Arg. Para mi sorpresa, según veo el cartel del empiece de subida al puerto, tachán!, se despeja y todo me vuelve a sonreír!. Buen tiempo, curvas, motos, ciclistas. Por Dios, dónde estaba toda esta gente?, Genial. La gordita también se alegra y sube su velocidad. Disfrutamos. EL Portalet está muy muy bonito, como nunca!. Cómo se nota que entro en España. Sonrisas y buen tiempo!, jeje, Paso a España y la estación de esquí de Formigal donde paro a repostar en la gasolinera de toda la vida que sé que tienen sitio para comer algo. Pido un pincho de tortilla, un agua y salgo a la terraza. El sol me calienta el cuerpo. Qué gusto. El cielo está azul y me siento pletórica. El viaje llega a su fin y me siento bien. Pienso en estos días. Sonrío. Me siento fuerte. 5 días haciendo kms a mi ritmo, pasando historias y conociendo gente. Qué bien todo!

Bajo a Jaca, donde el calor ya aprieta y de ahí en línea recta a Pamplona. Apufs, hace calor, bastante calor. Al llegar a Pamplona y pasar las dos Hermanas, como es habitual, el tiempo se enrarece. Voy a entrar a Gipuzkoa y es su consabida bienvenida. Según me acerco, llovizna, y frío, síntoma inequívoco de que estoy cerca de casa, jaja.

Unos pocos kms más y llego a Usurbil. En casa ya. Me ducho y al acordarme de los ingleses llamo  al Parador de Olite. Me gustaría poder devolver el buen trato que me dieron. Esta mañana me he quedado algo preocupada con eso de que a uno le goteaba aceite de la horquilla. Le comento a la mujer que me atiende que tiene hospedados a ocho moteros ingleses. Le cuento por encima la historia de cómo me ayudaron y que a ver si por favor les puede dar mi número de teléfono y decirles que si tienen algún problema que me llamen, que estaré encantada de ayudar. Al colgar me siento mejor, porque así deberían de funcionar las cosas, ayudándonos unos a otros y procurando hacer de este mundo un mundo mejor.

Por mi parte, el viaje a terminado pero tengo mucha ilusión porque mañana iré a buscar a mi compañero de piso. El pequeño Tao. El mejor.




 


Conclusiones:

5 días de moto con unos 2000 kms de muchas, muchas, muchas curvas. El viaje era otro, con otra moto, otro recorrido y en compañía, para al final salir un viaje en solitario y con la CB1000R. He tenido mucha conversación interior. Como nunca. Blablablabla en mi cabeza. Me ha sentado bien. Creo que en parte lo necesitaba y he visto que soy capaz de viajar sola disfrutando. Porque una cosa es viajar sola y otra viajar sola y disfrutando. Me siento bien, con ganas. He visto que no me ha pasado como hace años, que hice algún viaje en solitario y no estaba cómoda del todo. En este viaje me he sentido cómoda y me he divertido mucho con la moto. Me he dado cuenta de que puedo viajar sola y pasarlo bien. ¿Prefiero la compañía?. A día de hoy sí, es a lo que estoy acostumbrada y me encanta tener con quién hablar, pero no descarto hacer algún que otro viaje en solitario. Las cosas se viven de otra forma. No tiene nada que ver. Habrá que volver a probar, no?




sábado, 8 de junio de 2024

Blackbee 2024 - Junio 2024


Bueno, pues aquí estamos otra vez. El año pasado, el 2023, fue un año un tanto diferente, por lo que sólo hicimos la Artic Off Road, en Benasque. En mi caso con la Honda CRF300L y en el caso de Rafa con la Vogue 300 Rally. Fue una experiencia diferente. Nunca habíamos ido a un evento de este tipo, o bueno, en mi caso, nunca había estado en un evento donde salimos un montón de gente a rodar. Así que como digo fue algo diferente lo cual disfruté aunque esperaba que hubiese algo más de Off Road, pero eso ya es otra historia.  

Este viaje ha sido especial por varios motivos. El primero porque aprovechando el evento de la “BlackBee 2024” hemos hecho un viaje de 5 días. Es un evento que se realiza en Guadalajara. Es por carretera y está preparado con mucho mimo. Al ser pocas motos (no creo que llegásemos a 200) el trato tanto con la organización como con el resto de moteros es muy cercano, algo que se agradece. Puedes elegir entre 3 recorridos. El de 300 kms, 500 y 700. Nosotros escogimos el de 500. Por otro lado, no sabes la ruta hasta que sales, donde en el primer punto de control a través de una lectura QR te desvelan el recorrido pero sólo hasta el siguiente punto de control, donde has de leer otra vez otro código QR para el siguiente tramo y así sucesivamente. Está muy bien ya que no sabes por dónde te llevan y procuran sorprenderte, tanto a nivel de carreteras como de paisajes, así que tarde o temprano ves cosas que te gustan. El segundo motivo es porque lo hemos hecho con las motos pequeñas. En mi caso con una Honda CRF300 L y en el caso de Rafa una Fantic Caballero 500 muy muy bonita. Parece que es la de Steve Mcqueen en aquella película. Me encanta. Y el tercer motivo es por un tema personal, ya sabéis, a veces la vida te pone en situaciones …bueno, no voy a contar aquí mis historias, no?, aquí se habla de motos, de rutas, de paisajes, de disfrutar, así que vamos a seguir. Al ir con motos de menor cilindrada el viaje cambia. Intentas hacer carreteras estrechas, comarcales, huyendo en todo lo posible de las nacionales. La idea es ir tranquilos con la moto, no a esas velocidades que se acostumbra a ir con las grandes. Sabemos que en determinados tramos nos vamos a aburrir (no estamos acostumbrados a la lentitud, por lo menos en mi caso) y en otros tramos la vamos a gozar, sobre todo esas carreteras que cuando vas con la CB1000R no paras de pensar a ver cuándo termina, jeje

 Como comentaba antes ha sido un viaje de cinco días y unos 1.800kms. Dos de bajada, uno para el evento de la Blackbee y otros dos de subida, así que vamos a ello.

 Usurbil - Vinuesa

Como Rafa sale de Bilbao y yo de Usurbil quedamos en Alsasua, un pueblo en la provincia de Navarra que nos va a servir para juntarnos y empezar esta aventura. Por mi parte andaba algo inquieta ya que no sabía cómo se iba a comportar la 300, tanto a nivel de carga como de motor o si me iba a aburrir mucho o por el contrario iba a disfrutar. Por otra parte estrenaba varias cosas. Una Kriega 30 (la que tenía se descosió por un sitio por lo que el agua se podía colar así que me mandaron otra en garantía), otra Kriega 20, una bolsita de manillar para meter el candado y la cámara de fotos y una riñonera Kriega. Todo impermeable. El equipaje lo monté en la parrilla de atrás, una encima de otra.

Como digo quedamos en Alsasua. Como no podía ser de otra forma llovía. Así que mira, de paso estrenaba (también, ha sido el viaje de los “estrenos”) pantalones impermeables que han resultado correctos. Salgo de Usurbil camino Alsasua por autovía, la única que cogí en todo el viaje (unos 60 kms) para llegar cuanto antes a destino. Tras una lluvia fina llego a Alsasua, donde parece que a pesar de estar el tiempo amenazante ha parado de llover, o casi casi. A la de dos minutos llega Rafa con su Fantic. Qué bonita es!. También era el primer viaje de la Fantic por lo que su forma de poner las maletas también era nuevo. Vamos, que íbamos de estreno. Los saludos de rigor, me quito el traje de agua y seguimos ruta.

Hacemos Urbasa con ese tiempo regulín y esa humedad. Urbasa no defrauda. Siempre que paso por ahí, que ya van unas cuantas, nunca defrauda. Es tremendo. Salimos en el cruce de Eulate, y de ahí por Maeztu. En algún punto de esta zona nos encontramos unas obras. Esas obras que han quitado el asfalto, es pista, hay obreros, máquinas, un semáforo que regula el tráfico etc. Por un momento, al entrar en la pista, con la moto cargada, te sientes nómada, jajaja, me parto, ya sabes, te sientes que estás en “takazistán” pasando por no sé dónde con tu moto como única casa, jaja, y demás historias. Total que Rafa, que iba delante de mí, se había parado en el semáforo que regula la obra, y al ir a pararme al lado para decirle la chorrada de los nómadas, se me engancha el taco de la bota en el estribo, y al ir a hacer pie, pues no, no saco el pie y zas!, al suelo, así, porque sí, porque yo lo valgo. Claro que sí. Pedazo nómada estoy hecha. Jaja. En nada aparecen unos obreros, me ayudan a levantarme, y ahí queda todo. Unas risas y listo, aquí no ha pasado nada. Además al caer como es tierra no me he hecho daño y la moto tampoco. Puntazo del día. Ains. Pues nada, corremos un tupido velo, jeje, y seguimos ruta hasta Logroño. Como no podía ser de otra forma nos liamos un poco, pero poco eh?. Fíjate que no se me ocurrió poner el GPS, que por primera vez lo llevaba anclado en el manillar (la primera vez que iba con GPS) para ir probándolo para hacer la Blackbee. No es un GPS como tal, es un móvil rugerizado con su soporte así que puedo poner tanto Google Maps, como el Osmand o la app que quieras (para sistema Android).

Como digo, pasamos Logroño donde el tiempo de ahora en adelante mejora y cogemos dirección Sierra de Cameros. Hace tiempo que no vamos por aquí. Es sitio conocido pero no por ello deja de sorprenderte. Además al ir con motos de poca cilindrada todo cambia. El viaje entero cambia. Cada curva. Cada bache. Todo.

Pasamos por el “Mirador del Río Leza” donde recordamos que estuvimos ahí hace lo que parece mil años, con las motos que teníamos cuando nos conocimos. Rafa la Kawasaki Versys y yo la ER6N. Qué tiempos aquellos, qué lejos parecen. Qué de cosas han pasado desde entonces. Porque la vida sigue discurriendo. Tengo un amigo que dice que la vida es recibir un golpe tras otro, y lo que pasa entre golpe y golpe es la vida. No sé si lleva razón, pero sí que miro para atrás y veo la de cosas que han pasado. La de viajes, kms, sensaciones, sentimientos, situaciones, y piensas, leñe, ¿hemos hecho todo eso juntos?, mientras lo haces no parece, pero si miras a través de la perspectiva que te da el tiempo todo se ve más claro. Y sonríes. Hacemos el Puerto de San Andrés. Realmente es espectacular. Siempre que paso impacta. Otro que no defrauda. Como tantos otros que vamos a ir recorriendo. Esta vez nos tiene preparado un regalo en forma de dos corzos a un lado de la carretera. En cuanto sienten ruido se van correteando. Paro las motos y le pregunto a Rafa si los ha visto, me dice que no, así que paro el motor y esperamos. Ahí están. Ahora sí los ve. Nos miran entren los árboles, atentos, inquietos. Trato de adivinar qué piensan. Espero que piensen que somos peligrosos porque realmente quiero que huyan no porque nosotros les vayamos a hacer daño, qué va, todo lo contrario, pero sí que hay gente de mi especie que los mata, y sinceramente, prefiero que huyan, que se vayan, que vivan. Es increíble todo esto. Hay sitios realmente espectaculares.

Al bajar San Andrés, cogemos pocos kms de carretera nacional para “arriba” y volvemos a salir a carretera estrecha para hacer la “Sierra Cebollera” por Montenegro de Cameros, y la Laguna Negra. ¿Habéis estado?, es muy chulo. Fuimos hace tiempo con las motos grandes pero supongo que sería verano porque era de pago. Llegas a un parking y ahí pagas para acceder andando a la Laguna (no pagamos, dimos la vuelta). Sólo el camino (asfaltado) que hay hasta el parking merece la pena. Es una carreterilla entre árboles muy bonita. Esta vez no había cabina de pago así que llegamos hasta el parking más cercano a la Laguna y vimos un cartel donde indicaba que estaba ahí, a 200 metros. Somos un poco vagonetis, eso de andar con ropa de moto arrastrando el casco no nos gusta pero venga, va, subimos. Así que subimos esos 200 metros y allí estaba. La verdad que es muy chula. Merece la pena. Vemos que el camino puede continuar pero nosotros nos quedamos ahí, sacamos unas fotos, solucionamos nuestros destinos (o eso creíamos), disfrutamos del ambiente y volvimos al parking. Buena idea eso de subir. De ahí seguimos ruta hasta Vinuesa que es donde nos vamos a quedar a dormir. Es curioso lo de viajar con la 300. Lo vivo todo de otra forma. Lo vuelvo a ver todo de nuevo. Parece que no me importa parar, tomarme las cosas con otro ritmo. Hablas, comentas. Pasa el tiempo en parado. Miras las cosas de otra forma. Todo cambia. Por ahora me gusta el cambio.

Nos hospedamos en el Hotel Virginia y cenamos en el Restaurante Virginia donde los precios son como si estuvieses en una ciudad. Pero bueno, estás de vacaciones así que no miras (o procuras) la factura, jeje, la pagas y ya está. Cuando sales a la calle hace ese viento frío que se mete por todos lados por lo que vas directa al Hotel a descansar, porque las emociones, por (como dije) temas personales son muy intensas y todo se vive de otra forma. Buenas noches.

 








Vinuesa - Pozo de Guadalajara

Una de las cosas que no he comentado antes al bajar en motos pequeñas es el tema de la capacidad de depósito. En mi caso son 7,8 litros si no recuerdo mal y por haceros a la idea la reserva me entra a los 160 kms o así, dependiendo de qué tipo de carreteras haya hecho, por lo que yo a los 120 kms ya ando mirando de reojo gasolineras y a los 150 ya estoy en modo perro sabueso, así que cuando salimos de Vinuesa es con la idea de gasolinera lo primero. La más cercana nos pilla en Abejar, así que allá que vamos. Repostamos. Queremos llegar pronto a Pozo de Guadalajara, que es donde tenemos el evento de la Blackbee, así que hacemos una rutilla sencilla, sin liarnos. Además, Rafa anda con la pierna mal de un pinzamiento o no sé qué y va incómodo, así que la idea es llegar y descansar para el día de mañana. Bajamos por Nódalo, Fuentepinilla, y creo que es a esta altura donde paro en una plaza de un pueblo muy pequeño. De hecho todo el tiempo que estuvimos ahí no vimos a nadie. Al parar para no sé qué Rafa me pregunta si he visto el Puente Romano, uno como abandonado. ¿Qué puente?. Uno de ahí atrás. Ah, pues vamos a verlo. Así que al girar la moto de izquierdas, ya sabéis, casi en parado, zas!, me calzo otra ostia, con contundencia. La segunda del viaje. Perfecto. El ruido de la moto al caer me hace daño. Crack! Y yo también me hago algo de daño. El asfalto está duro. Además, como no es arrastrón, al ser caída en seco, zas!, fastidia, sí, sí que fastidia. Me levanto, mientras Rafa me levanta la moto y vemos que se me ha partido la palanca de embrague y el paramanos también está tocado. Cagüen. Bueno, como veo que puedo seguir embragando le digo a Rafa que vamos a ver ese Puente Romano. No quiero que esta caída no sirva para nada. Así que ya con miedo, me monto en la moto y me acerco. Al acercarme me doy cuenta de que no puedo pasar de segunda. Paro la moto y le digo a Rafa que algo ha petado, que vaya shit. Se agacha, mira y me dice que tranquila, que la palanca de cambios se ha metido debajo de no sé qué y que por eso no me cambia. La endereza con la mano y listo. Le digo que la pruebe mientras veo el Puente Romano, porque la verdad no ando con ganas de volver a montarme en ese momento en la moto. La prueba y al volver me dice que ya sabe lo que ha pasado. Al parecer la bolsa de manillar (sí, la que estrenaba) esta puesta de tal forma que en orden de marcha no te das cuenta, pero cuando vas a hacer un giro cerrado (en parado, por ejemplo), no te deja girar el manillar del todo. Acabose. Tardo cero-coma en quitar la bolsa de shit. Pues vaya. Estamos un rato más ahí y seguimos ruta. Bajamos por Berlanga de Duero, Marazobel y Barahona. Está bien la rutilla. De aquí en adelante vemos que el tiempo, si queremos llegar pronto a destino, se nos ha echado un poco encima, así que decidimos ir un poco rectos pero sin pasarnos, jeje. Así que pasamos cerca de Atienza, por Jadraque, Brihuega, Aranzeque y Pozo de Guadalajara. Rutilla maja.

Por cierto, a través de internet conocí a un grupo de moteros de Gipuzkoa y más concretamente a Txema. Nunca le había visto cara a cara, pero en su día me enteré que iban al evento así que me puse en contacto con él para decirle que tenía idea de bajar. Le comenté que iba sola (esa era la idea principal, luego se me unió Rafa) así que hablamos del alojamiento a lo que él me dijo que tenía reservado el hostal del pueblo (es la tercera edición de la Blackbee y él había estado en todas, vamos, que ya sabía del tema) y que casi seguro (que luego fue que sí) tendría habitación. Así que al llegar al pueblo, fuimos al hostal, nos registramos y ya teníamos las habitaciones reservadas. Todo perfecto. Ducha y a ver el ambiente. Cuando bajamos me encuentro al grupo de Moteros que comento y ahí está Txema, que tras pasar días mandándonos whatsapp para el tema de la Blackbee le conozco, por fin, en persona. Qué tío más majo!, de esas personas que merecen la pena. No hay muchas, así que encantada de haberle conocido. Espero coincidir más con él porque como digo es una persona que merece. Charlamos un rato, nos presenta al resto de moteros y hale, vamos al ambientazo.

Han habilitado en un parking un sitio donde reunirnos. La verdad que he empezado este relato y no he comentado nada de la Blackbee. Soy aficionada a los podcast, o mejor dicho, a la radio en general, y uno de los podcast de moto que escucho es “Cascos y Decibilios”. Para quien le guste las motos y la música lo recomiendo encarecidamente. Ellos son los que organizan el evento. Mientras tratamos de integrarnos en el ambiente graban un podcast en directo. Un puntazo. Después nos dan una charla del evento, de cómo iba a ir, consejos, detalles y demás historias. La verdad que está chulo porque ahí nos reunimos todos y vas conociendo a la gente, hablas de motos, por supuesto, monotema, porque nos encanta hablar de motos. Así que todo muy bien. El puntazo del momento es algo que todavía no he comentado, pero tengo una conocida que se llama Amaia (que también la he conocido a través de un grupo de moteras, y resulta que nos conocemos de toda la vida de salir de fiesta en nuestra juventud, qué pequeño es el mundo!) que se apuntó en el último momento a la Blackbee y de rebote se apuntó un amigo suyo que yo no conocía, un tal Andoni, pero que iban a llegar, por temas laborales, muy tarde, sobre las 23:00 y a que a ver si le podía coger la bolsa que dan el evento (ya sabéis, dorsal, algún llavero, pegatinas, una camiseta, un botecito de miel, cosas así). Le dije que sin problemas. Bueno, pues en el breefing, aparte de explicarte un poco todo sortean cosillas, y pilla y le toca a Amaia el premio gordo, la Tablet!, halaaaa…jaja, qué suerte tiene la tía, jaja, muy divertido todo.

Una vez que termina todo nos vamos al hostal a cenar. Abajo tienen un bar donde puedes tomar algo. Justo al terminar de cenar aparecen Amaia y Andoni. Mientras cenan charlamos un rato de todo, les damos sus bolsas del evento y la Tablet, jaja, qué risas con la Tablet. Nada más cenar cada uno a dormir que mañana empezamos la prueba a las 8 de la morning!, apufs…Amaia y Andoni empiezan una hora más tarde que ellos eligieron la ruta de 300 kms, así que a dormir y mañana mas! y por cierto, qué maja es Amaia y qué majo es Andoni. Pensando en el tema, en un primer momento iba yo sola al evento y al final terminamos siendo cuatro y si añadimos el grupo de moteros de Gipuzkoa (que ellos según bajaban a Pozo de Guadalajara iban recogiendo gente con el camino), pues unos cuantos más. Qué buen rollo, jeje



Blackbee

 Hoy es el día de la Blackbee. Nos despertamos a las 6:45, bajamos a desayunar a las 7 (abrieron el bar del hostal para que podamos desayunar, cosa que se agradece un montón) y entre esto y lo otro se nos escapa un poco el tiempo. La salida es a las 8 (realmente puedes ir cuando quieras pero lo ideal es hacer las cosas a su hora para luego no terminar el evento a las mil). Aparecemos en la salida a las 8:15 y entre que el Osmand blablablá y blebleblé, terminamos saliendo con media hora de retraso, a las 8:30. No pasa nada. No es una carrera. Estás ahí para disfrutar así que empezamos. Sales y más o menos tienes una hora hasta el siguiente punto de control donde tienes que leer otro código QR para que te desvele el siguiente tramo. Este punto de control tiene regalo. Nos han preparado, para quien quiera, huevos con migas. Cuando llegamos ahí están todos los moteros comiendo, hablando y echando risas. Unos con el navegador, otros con las motos, en fín, un ambiente que nos gusta. Mientras paso por el servicio Rafa se sirve unas migas con huevo. Yo no como porque a las 9:30 de la mañana y después de haber desayunado no es algo que me apetezca especialmente, y menos migas con huevos! Jeje, pero está claro que los demás no opinan como yo, ya que todo el mundo está feliz con su plato, jeje. Mientras unos comen (Rafa) y otras miran el código QR (yo, jeje), llegan Amaia y Andoni. Entre que nosotros salimos algo tarde de la ruta, ellos algo pronto y van más rápidos que nosotros, ya estamos todos juntos. A partir de este punto hacemos el resto del recorrido juntos. Hablamos un rato, descansas y sales. No puedo decir por dónde íbamos pasando, ya que como digo, te iban desvelando la ruta en cada punto de control, pero sí digo que fue una ruta chula. Algunos tramos más que otros. En nuestro caso los tramos más revirados nos gustaron mucho más que los tramos de carretera amplia, ya que al ir con motos pequeñas prefieres carreteruchas. Pero en general estuvo muy bien. Por el ambiente, la ruta, la compañía, que personalmente fui muy muy a gusto, en definitiva todo el rollo motero, que al no ser muchas motos, lo hemos disfrutado un montón. A través de estos, más o menos, 560 kms (Amaia y Andoni unos 200 menos), nos encontramos de todo: corzos muertos en la carretera (nos avisaron que es una tierra que has de tener mucho cuidado en la carretera porque los animales la cruzan, evidentemente, sin avisar), carreteruchas bacheadas, carreteruchas perfectas, carreteras amplias, paisajes, una mujer en mitad de la carretera hablando tranquilamente con el carrito de niño como si fuese la única persona en el mundo (glup, mieditis nos dio), motos, todo tipo de motos. A medida que ibas pasando los kms te ibas cruzando con los mismos moteros, ya que al final coges un ritmo y vas coincidiendo con la misma gente. Al terminar parecía que conocías a la gente de toda la vida, jaja, aunque no supieses ni sus nombres. Nos pusieron de comer en una especie de frontón. Todo muy bien organizado y sin colas. En todo el evento no tienes sensación de agobio por la gente ni nada, porque como digo no es un evento grande y parte de su grandeza radica en eso. No hay colas, no hay agobios. Todo fluye, todo perfecto. Además, en cada punto de control está alguien de la organización preguntándote qué tal vas, etc..en mi caso sobre todo coincidí con Megan y Suso, una pareja encantadora que estaban ahí para todo, y tener esa atención hace que vayas mucho más relajado sabiendo que si tienes algún percance ellos van a hacer todo lo posible por ayudarte.

También ha sido nuestro primer día de moto con Amaia y Andoni, y como dije antes, son unas personas geniales. Siempre con la sonrisa, incluso cuando tienes algún momento de cansancio, siempre hay motivo para echarte risas. Ha sido un día muy bonito de moto y de amistad. 

Cuando terminamos vamos al hostal a darnos una ducha. Estoy feliz, me siento bien. Encantada de la vida.

Al terminar de asearnos me comenta Amaia que ellos están abajo, en el bar del hostal, tomando algo, así que bajamos y cenamos todos juntos. Comentas anécdotas, hablas de la vida, del monte, de motos, de todo un poco. Es la cena de los campeones. De los que han terminado la prueba, jaja, estamos felices y relajados, se nota.

Nos despedimos y cada uno a su camita, que hay que descansar y mañana toca día de ruta.








 Pozo de Guadalajara - Logroño

Nos despertamos y bajamos a desayunar. El bar está cerrado (ya nos habían dicho), así que vamos a otro del pueblo. Nos comentan que abren a las 9, así que como faltan unos 20 minutitos nos damos un paseo. Y qué puntazo, aparecen Amaia y Andoni. Nos habíamos despedido la noche anterior porque ellos hacían diferente ruta que nosotros de vuelta (ellos en un día, nosotros en dos), pero ahí que aparecen, así que desayunamos los cuatro juntos. Da la sensación de que nos conocemos de toda la vida. La conversación es tan fluida que la tenemos que cortar ya que nos vamos con las motos!, jaja.

Ellos ya están vestidos de moto así que nos despedimos y ésta vez sí, hasta la siguiente. Rafa y yo nos preparemos con calma y salimos. Hace buen día, no hay prisa, así que poco a poco vamos disfrutando el día. Pasamos por Tórtola de Henares hasta Jadraque. A partir de aquí la ruta es realmente espectacular y más para nuestras motos. Carreterillas con muy buenas vistas. Tremendo. Pasamos por La Toba hasta llegar a Condemios de Arriba, donde repostamos (habíamos repostado ahí en la ruta de la Blackbee) y nos comenta el gasolinero que la pareja con la que íbamos ayer (Amaia y Andoni) habían repostado ahí también!, qué casualidad!, aunque mirado por otro lado, por esa zona no abundan las gasolineras, jaja. En los Condemios tiramos para la derecha hasta Ujados y vamos para arriba por Retortillo de Soria. Qué ruta más bonita! Para repetir. Paramos a comer en Burgo de Osma, en el restaurante “Menaki” donde nos zampamos una pizza, muy muy buena y un trato muy bueno. Sin duda si vuelvo por aquí ya sé dónde comer. Seguimos hasta San Leonardo de Yagüe pasando por el Cañon del Río Lobos. Qué decir de esta zona. Ya la conocemos pero es tremenda. Paras, miras, hablas, hueles. Tremendo. De ahí por Quintanar de la Sierra, Neila, pasando por Brieva. Hacemos el puerto de “La Peña Hincada”, qué descubrimiento! Qué chulada!, sin duda repito. Qué sorpresa. No conocemos este puerto y nos quedamos con la boca abierta. Vaya gozada. De aquí bajamos hasta la carretera nacional. Hasta aquí la ruta para repetir. No quito un km. Vaya disfrute. Lo apunto para que no se me olvide nada.

Como digo, cogemos la nacional y vamos a Logroño donde hemos reservado hotel. Nunca he estado en Logroño con uso de razón y tengo ganas de conocer sus famosas calles de poteo. Así que hale, ducha y para abajo. Y sí, ambientazo, buenos sitios para picar, comer, buen ambiente. Eso sí, es carillo, eh?, en modo Donosti. Pero merece la pena. Después de cenar vemos una heladería. Me encantan los helados así que no podemos evitarlo. Volvemos al hotel, hablando, comiendo helado y disfrutando de la noche.









Logroño - Usurbil

Este día es un poco de trámite ya que estamos muy cerquita de casa y quiero llegar pronto para pasar a recoger a mi compañero de piso. Mr. Tao, mi perro. De hecho barajamos la posibilidad de ir directos a casa, pero al final hacemos una rutilla bien maja, pasando por el puerto de la Herrera, Opakua, etc.. hasta llegar a Landa. Landa es un sitio bien chulo, donde hay un lago, suele haber mucha gente que va a andar en bici, en moto, senderismo o simplemente para pasar el día estando tirados en la orilla del lago. En un cruce hay un bar donde nos juntamos todos los que pasamos por ahí, así que allí vamos a por un bocata o un algo. Entre que el tiempo no acompaña (hace frío!) y que es lunes hay poca gente así que perfecto. Nos sentamos y mientras nos comemos el bocata hablamos de todo lo pasado estos días y llegamos a la determinación que han sido cinco días de motos muy muy chulos.

Terminamos de comer, nos despedimos y cada uno a su casa. Rafa a Bilbao y yo a Usurbil. Según llego, ducha rápida y a por Tao, qué ganas tengo de ver al pequeño Tao!..



Conclusiones

Primer viaje con la moto pequeña y encantada de la vida. Cambia todo el viaje. El ritmo de todo. Vas buscando carreterillas pequeñas y si las encuentras vas de lujo. A nivel personal ha sido un viaje muy intenso. Muchas sensaciones, sentimientos, cosas que hablar, cosas que decir, cosas que escuchar. A veces cuando sales a andar en moto y te pones el casco, parece que todo queda de lado salvo la moto, la carretera y tú, donde al ponerte el casco olvidas todo lo demás, todo lo de la “vida real”. Andas en moto sólo pensando en la ruta, disfrutándola. En esta ocasión las dos cosas han ido de la mano. No voy a decir que he salido airosa, porque no ha sido así, para nada, porque es poco probable salir airosa en mi situación, pero sí digo que ha sido un viaje especial. Por todo. Por la moto, la compañía, por conocer gente increíble, el ambiente, la intensidad. Sin duda inolvidable.