Nepal
2026
Cuando volvimos de Colombia le comenté a Rafa que el año que viene
(o sea, este 2026) me gustaría hacer Mongolia. A él no le llamaba la atención
pero por mi parte es un país que me tira. Llamé a 30mps y me dijeron que las
inscripciones estaban llenas. No fastidies. Arg. Una pena. Los días pasaron y
mirando posibles viajes un día Rafa me dice que el viaje a Nepal le podría
interesar. En serio?, sí, me dijo, así que ni me lo pensé. Nepal? Pues Nepal,
perfecto!
Y así pasaron los meses hasta ver que se acercaba la fecha, y quién
lo iba a decir, ya está aquí.
Por fin ha llegado el gran día. Nepal. Cuando dices “Nepal” sabes
que va a ser un viaje especial. No sabes para qué lado, pero especial seguro.
Cogemos el vuelo a la mañana así que para evitar prisas o problemas, decidimos
hacer noche cerca del Aeropuerto de Madrid, más concretamente en San Sebastián
de los Reyes. Cogemos el coche y allá que vamos. El trayecto sin problemas. En
mi caso, mi cabeza tiene muchos datos, ¿llevo el pasaporte?, sí, ¿llevo el
visado?, sí, ¿he cogido esto o lo otro?, también. Noto que mi sistema de alerta
está activado ya que a cada pregunta que me hago soy consciente (de hecho es
como si esperase la respuesta que no quiero oir) de que la cabe la posibilidad
de que la respuesta sea un “ostia, no, se me ha olvidado”, pero como vamos con
tiempo simplemente tengo la esperanza de que si llega el caso tenga el margen
de tiempo suficiente para poder solucionar el posible problema. Creo que así
funciono en mi vida, dejando margen de maniobra en todos los lados que puedo.
Al llegar al hotel, Laura, que trabaja en 30mps, que es la empresa
con la que viajamos, me llama para decirme que hay un problema con mi asiento de
un vuelo en concreto. Hemos pagado para elegir butaca (para poder ir Rafa y yo
juntos), pero la compañía, no sabe bien por qué, nos ha puesto separados, donde
le ha parecido mejor. Ha reclamado pero que en principio dicen que nanai, que
el fallo ha sido nuestro. Laura me comenta que ella he hecho bien las cosas,
blablablá..según me habla noto que mi cerebro desconecta. Klick. Sé
perfectamente que Laura es una persona que trabaja muy bien y siempre está
encima de las cosas, y sé, porque lo sé, que es fallo de la compañía aérea
(luego por otra pasajera me entero de que habían cambiado el avión y habían hecho
alguna jugarreta como esta), así que desconecto pensando que vale, que me da
igual, que sí, que las compañías aéreas hacen con los pasajeros lo que les da
la gana, pero eso no va a hacer que me agobie. Estoy de vacaciones, en un viaje
especial que es muy poco probable que vaya todo como está planeado, hay un
montón de variables, donde habrá cambios de planes, y sé que lo mejor es
adaptarse a lo que vaya viniendo y listo. Le digo a Laura que no pasa nada, que
intente que nos pongan juntos pero que si no es posible pues ya está, no nos
vamos a agobiar y txinpun. No quiero que nadie se agobie. Ni Laura, ni Rafa ni
yo por algo que en principio es un pequeño detalle en todo el viaje.
Entramos al hotel. Es un hotel que está en una especie de
polígono. Como solo es para dormir nos da igual. Al entrar a la habitación nos
damos cuenta de que hay dos habitáculos separados para el tema del servicio. En
uno está la ducha y en otro sitio está el retrete. Curioso. Me quedo mirando y
noto algo raro. Jum, jum, jum. Miro bien y me doy cuenta de que la estancia
donde está el retrete no tiene puerta. ¿En serio?. Se lo comento a Rafa y éste sale
a recepción a comentarles el tema. Por lo que se ve no se habían dado cuenta
(¿?) y nos cambian de habitación. ¿En
serio tienen una habitación sin puerta?, jaja, esto es la mofa. El hotel es
nuevo, así que ¿igual se les has olvidado de verdad?, jaja, vete tú a saber..
Dejamos las maletas y salimos a dar una vuelta. La zona donde
estamos es menos poligonera de lo que pensaba y en unos minutos andando estamos
en una terraza tomando algo, donde un par de horas más tarde cenamos, así que
todo perfecto.
Hale, a dormir que mañana toca el viaje grande.
Día
1
Salimos con los típicos nervios de viaje. Ya no hay vuelta atrás.
Llegamos con tiempo, y nos ponemos en la cola. En nada se llena de gente y se
hace una cola enorme porque casualidad hemos coincidido con una ONG de Canarias
que va a no sé dónde y llevan la de Dios de material, pero la de Dios. Menos
mal que hemos venido con tiempo. De hecho el jefe de la expedición, muy amable
y controlando todo en todo en momento, nos deja pasar delante de la primera de
su grupo. Genial. Se agradece.
Le comento el problema del asiento a la persona que está en el
mostrador y hace lo que puede para solventarlo. Me pone dos filas delante de
Rafa, de tal forma que es más fácil intentar cambiarle el asiento a la persona
que está al lado de Rafa, ya que es el mismo asiento sólo que dos filas por
delante. Le agradecemos el detalle y hale, seguimos.
En el Starbucks del aeropuerto empezamos a conocer a la gente con
la que vamos a viajar. Conocemos a Michel, Patricia y Eduardo, Ramón, Angel, Antonio G y Alberto el cual tiene un buen
golpe en el ojo. Casi lo tiene cerrado. Nos cuenta que tuvo un incidente hace
pocos días, pero que ve bien y que cree que no tendrá problemas. Lo que me hace
pensar que llevo entre 3 ó 4 semanas sin hacer rutas complicadas con la MTB en
el monte para minimizar percances, pero está claro que nada se puede controlar
al 100%. Las cosas suceden.
Más tarde nos encontramos con Daniel, el argentino con el que
estuvimos en Colombia, con Antonio R y Emilio.
Por resumir quienes vamos en el viaje:
Ø Ramón. El
guía
Ø Michel. Vive
a caballo entre Extremadura, Asturias y Dubai
Ø Daniel.
Argentino
Ø Alberto y
Patricia. Padre e hija. Madrid
Ø Antonio G. y
Alberto. Granada
Ø Javier y
Jordi. Cataluña
Ø Antonio R.
Murcia
Ø Emilio.
Alicante
Ø Rafa y yo.
Bilbao y Donosti
Ø Ángel.
Bilbao.
Todos
conducimos moto menos Patricia que irá en el 4x4, es la jovencita del grupo. 19
años. Al parecer se unió al grupo como acompañante en el último momento.
En algún
momento observo a mis compañeros de viaje. Algunos se conocen de otros viajes
pero la mayoría somos desconocidos entre nosotros. Curioso, no?, Vamos a compartir muchas cosas juntos y
en este momento no sabemos nada unos de otros.
Hacemos
tiempo en el aeropuerto hasta que cogemos el vuelo a Estambul. Como sabéis soy
novata en esto de los aviones y me sorprende el aeropuerto de Estambul. Es
enorme!. Vaya chulada, qué pasada. Entiendo que como vayas con prisa y tengas
la puerta de embarque en el otro lado
tienes un problema, pero nosotros vamos con tiempo y nos da para ir mirando
todo. Alucino con todo esto. Me acerco al Duty free y miro a ver si hay
Toblerone con naranja y ahí está. Ja!, A la vuelta compro. Espero que esta vez
no se me escape!
Llega el
momento de coger el vuelo a Katmandú y allá que vamos. Son 8 horas de vuelo. El
avión no es precisamente nuevo y las pantallas de los asientos no funcionan muy
bien. Las horas empiezan a pasar, y entre la peli que veo, que me gusta (nota
mental para mi: cuál es la canción de los créditos?) y la cena, llegamos a
destino. No hemos dormido nada o casi nada y la hora local es de madrugada así
que me da que esto va a ser una gaupasa en toda regla. Bua.
Nos han dicho
que vamos a hacer día de turismo por Katmandú, pero no sabemos lo que nos
espera, jeje. Al parecer nadie ha conseguido dormir lo suficiente así que de
esa guisa hacemos los trámites de entrada al país y nos meten en un autobús
para ir a conocer la ciudad. Así, en frío, zas!. Me pongo delante en el
autobús, porque sino me mareo y nada más salir empiezo a alucinar. Pero, ¿qué
tipo de ciudad es esta?, en qué tipo de KAOS (con “K”! con contundencia!) vive
esta gente?. No entiendo el tráfico. No soy precisamente una persona que
respete ciertas normas de circulación, pero esto es el fucking infierno.
Intento entender cómo conducen ya que en breve voy a conducir una moto, pero no
entiendo nada. De primeras se conduce por la izquierda, algo que ya nos habían
avisado, pero el resto que veo es, perdón mi insistencia, KAOS. Así, con
mayúsculas. Nadie respeta nada. Todos se esquivan. Ni peatones, ni bicis, ni
motos, ni coches, ni autobuses, nada ni nadie se respeta. Es la ley del “yo voy
ahí y voy a pasar dándome igual por dónde voy o con quién me cruce”. Los pasos
de peatones?, están ahí, sí, pero nadie o sea nadie, les hace caso, ¿lineas
continuas?, están pintadas en el suelo pero no parecen significar nada,
¿cruces?, sí, pero es que da igual TODO. Es un fucking KAOS. Todo el mundo va
pitando, piii, piiii, piiii, pero no a modo de toque de atención, sino a modo “estoy
aquí, y voy allí”, y hay tráfico. No, espera, no hay tráfico, hay TRAFICO, con
mayúsculas. Y KAOS. Mucho KAOS.
Llegamos a
una especie de parking, por calificarlo de alguna forma. Es un trozo de tierra
donde para el autobús y nos indican que bajemos. Gente, tráfico, pitidos
alrededor, piii, piii, piii. Y sin dormir. No sabes nada de nada de nada, así
que sigues a la gente. Pasamos una reja. Una valla. Es una especie de parque.
Es nuestros primer contacto andando. No sé dónde estamos. Es una pista de
tierra. Andamos y veo monos. Pero qué ostias hacen esos monos ahí. No lo sé.
Nos cruzamos con gente y hay tiendecitas a un lado de la “calle”. Todo está
sucio. Sucio. Hay suciedad por todas partes. Hace calor. Las tiendas son
pequeñas y sucias y no sé ni lo que venden. Seguimos andando y los monos siguen
por ahí. Se suben a las cosas. Están tranquilos. También hay perros. Te cruzas
con la gente. Es nuestro primer contacto, insisto. No sé. Jum. Todo es
diferente. A dónde nos llevan? a un crematorio dicen. Estoy en otro planeta y
sin haber dormido, así que lo único que hago es seguir al grupo e intentar
asimilar lo que veo. Llegamos a un sitio donde hay un río. Se acercan niños y
nos piden algo, supongo que dinero. Les haces el gesto con la cabeza de que
“no”, pero insisten e insisten. Están sucios. ¿Qué hacen aquí?, no van a la
escuela?. Entiendo que son pobres. No pregunto. Sólo miro alrededor y alucino.
El guía nepalí habla en castellano e intento que mi cerebro le haga caso. Nos
comenta que esto es como un crematorio. La gente viene aquí a quemar a sus
muertos. Eins?, qué dice? Ha dicho algo de quemar muertos? Le pregunto si ese
humo que veo al otro lado con gente alrededor son muertos quemándose y me dice
que sí. Mmmm. Ha dicho que sí? no entiendo, no quiero hacer la pregunta obvia
de que si lo que huelo es el olor a muertos quemándose porque me acaba de decir
que sí, pero realmente me gustaría hacerla porque mi cerebro no termina de
entender todo esto. Ahora lo del tráfico me parece una nimiedad porque cerca de
mí, ahí mismo, hay cadáveres quemándose. A 3 metros hay gente alrededor de
comida, ¿es comida?, no lo sé seguro, tampoco quiero molestar a nadie mirando
fijamente a ver qué (ostias) hacen, así que le pregunto a Ramón, el guía
nuestro, a ver qué (ostias) hacen, y me dice que una especie de ceremonia. Hay
una niña bien vestida que me mira y me sonríe. Le sonrío y se esconde detrás de
su madre. Levanto la vista y me cruzo la mirada con la madre, la cual me hace
una inclinación de cabeza a modo de saludo. Le saludo y con un gesto le
pregunto si puedo sacar fotos y me hace otra inclinación de cabeza mientras
sonríe. Saco un par de fotos y vuelvo a mirar las hogueras. Empiezo a
espabilar. Quiero hacerlo. Quiero enterarme qué (ostias) es esto tan diferente
a mi día a día. Respiro. Abro los ojos y los oídos. Quiero aprender. Ya estoy.
Nos llevan un poco más adelante donde nos indican que nos fijemos ya que hay
una persona muerta a la que van a quemar. Asimilo lo que me está diciendo. Miro
y veo un cuerpo tapado con una especie de tela de colores. Levanto la vista y
un poco más arriba hay como una ceremonia y música. Entiendo que son los
familiares. Hay unas escaleras que llevan a donde está toda esa gente y el guía
nepalí nos indica que por esa puerta azul solo pueden pasar hinduistas. ¿Se
pueden sacar fotos?. Por supuesto. A mi alrededor hay mas turistas sacando
fotos y mirando. No son europeos. Son de tez morena y visten diferente.
Entiendo que son de la India pero realmente no lo sé. Veo que traen otro
muerto. Entre 4 personas lo llevan en el aire en una especie de camilla de
madera. Miro todo. Intento que no me afecte lo que veo, porque es realmente
extraño. Estoy como en una nube. Creo que tiene mucho que ver por el tema de
que no hayamos dormido, del viaje, el jet lag. Subimos por una escalera para
seguir con el recorrido y vemos a unos hombres, vestidos con telas rojas,
túnicas, con la cara pintada y el punto típico en la frente, pelo largo. Están
sentados. Son una especie de hombres santos. Viven de limosnas. Sonríen y dejan
sacarse fotos. Qué extraño es todo esto. En el aire flota una especie de olor a
humo raro (de los muertos supongo), suciedad y más cosas que no sabría decir.
Salimos del parque entre monos y perros y volvemos al autobús, lo que significa
que volvemos al KAOS del tráfico, pitidos, gente. De fondo oyes al guía,
explicando por dónde vamos pasando, los diferentes tipos de religiones del
país, los diferentes tipos de Dioses, y ahí estamos, sin haber dormido,
cansados del viaje, intentando entender un país que acabamos de conocer y nos
ha recibido con KAOS.
El autobús
para y nos llevan a una plaza circular donde hay un Buda gigante. Damos una
vuelta a la plaza. Arriba está Buda rodeado de las banderitas típicas del país,
esas de colores. Cada color representa un elemento. Son 5. Aire, fuego, agua,
tierra y espacio. Eso me llama la atención. Espacio. Ese elemento nosotros no
lo contemplamos. En la misma plaza cambiamos euros por rupias nepalíes y nos
sueltan un poco. Damos una vuelta a la plaza. Esto es muy turístico. Hay hasta
una casa española o algo así. Al final subimos varios del grupo a una terraza a
tomar algo. Cogemos aire. Estamos tranquilos. Se piden cerveza, coca colas,
agua (embotellada, siempre embotellada). Hablamos. No nos conocemos aún pero
hablamos de todo lo que estamos viendo. Sacamos fotos. Nos vamos haciendo poco
a poco. En un rato nos vienen a buscar y nos llevan a comer. Es otra terraza
donde estamos solos. Se está a gusto. El KAOS está abajo y nosotros estamos en
esa terraza, sólo nosotros. Hablamos, reímos, estamos todos cansados. Viene la
comida. Arroz, sopa de lentejas, pollo. Todo pica. No hay pan. No hay postre.
Nos explican que la gente del lugar mezcla todo y se lo come. A mi me sobra el
picante. No soy de picantes. Extrañamente la comida me entra bien, pero el
picante pica, jaja. Sé que es una perogrullada, pero pica, eh?, eso no me lo
esperaba. Pienso que si todas la comidas van a picar va a ser una kk para mi,
pero me amoldo. Bebo agua para paliar el picante y sigo comiendo.
Nos meten de
nuevo al autobús y vamos a otro lado de la ciudad donde nos enseñan templos.
Qué de gente hay, madremia!, andamos de un lado para otro viendo templos, y
calles, y gente, y pitidos y KAOS. Vamos muy cansados, vestidos aún con la ropa
del avión y arrastrando nuestra mochila. Nos hablan de Shiva. El Dios Shiva.
Shiva negro, con su mala leche y Shiva blanco, piadoso. La verdad es que todos
queremos ir al hotel, descansar y demás, pero la visita continúa amigos, así
que seguimos. Todo es diferente. Todo merece ser visto. Y el KAOS siempre ahí.
Al final, después de mucho andar, escuchar, asimilar y alucinar, nos llevan al
hotel. Por fin. Nos duchamos, dormimos un poco y llega la hora de la cena.
Realmente la idea era cenar en otro lado, pero Ramón, nuestro guía español,
entiende que estamos para el arrastre así que cenamos de buffet en el hotel. El
hotel es de guiris. Es para nosotros quiero decir. Está limpio, es tranquilo.
No hay prisas. No hay pitidos. Se agradece. El buffet está bastante bueno. Es
una buena cena. Qué gusto.
Terminamos de
cenar y vamos a dar una vuelta a la manzana. Realmente no tenemos ganas de
salir al KAOS. Esta zona es turística. No hay tráfico. Solo son varias calles
peatonales (entran motos igual igual, pero muuuuuchas menos que fuera de estas
cuatro calles) donde hay hoteles con pinta de acogedores y bares para guiris.
Iluminado todo de forma tenue es acogedor. Respiras. Volvemos al hotel y vamos
al piso de arriba. En el ascensor nos encontramos con dos chicos hablando
castellano. Coño, hola. Nos cuentan que han venido a hacer un documental sobre
el tigre de Bengala. Ahí va Dios. Se bajan en su piso y nosotros seguimos
subiendo hasta la terraza donde nos encontramos un bar con piscina y vistas de
toda la ciudad. Está todo iluminado. Veo otras terrazas donde hay gente tomando
cosas. Veo a Eduardo fumar y tomarse una cerveza. Nos saludamos pero no me
quiero acercar ya que no quiero molestar. Me quedo mirando al infinito pensando
en todo esto, en lo que acabamos de ver. Sigo respirando. Hay un edificio muy
alto totalmente iluminado. Va cambiando de colores. ¿Qué será? Oigo el ruido
que viene de ahí abajo, porque para mi es ruido. No es sonido, sino ruido. Es
una ciudad viva, enérgica, no hay descanso. Estamos muy cansados. Ha sido un
día largo. Venga, vamos a dormir que
mañana madrugamos ya que toca hacer un viaje en avioneta a ver el Everest.
Dicen que merece la pena. Hasta mañana.
Día 2
Nos
levantamos a las 4:45 ya que hay que estar abajo a las 5:15 para salir a las
5:30. Estamos con muchas expectativas ya que te venden el viaje de tal forma
que te imaginas una avioneta con todos los del grupo y vamos a ver el Everest.
Los del hotel
nos han puesto el desayuno para llevar ya que es muy pronto para desayunar, así
que cada uno se coge su cajita y la vacía en la mochila. Hay sándwich, manzana,
naranja, algún bollito, cosas así. Nos montamos en la furgoneta (vamos todos
menos Eduardo y Patricia que se quedan en el hotel) y salimos. Nada más salir
Jordi se da cuenta de que Javier no está. Ostia. Al parecer había subido a la
habitación a por agua y nos íbamos sin él. Frenazo y marcha atrás. Menos mal
que Jordi se ha dado cuenta. Ahí le vemos. Corre sube, vamos. Comenta que su
desayuno ha desaparecido. Juas. No hay tiempo, salimos. El pobre va sin
desayuno. Nota mental: compartir mi desayuno con él.
A pesar de
ser tan temprano sigue habiendo tráfico. Qué le pasa a esta ciudad? Nunca
duerme?. Hay gente vendiendo cosas al borde de la carretera a los vehículos que
circulamos. Tienen cosas en las manos y las ofrecen cuando pasamos. Supongo que
quien quiera parará y comprará. Ni idea, nosotros vamos directos al Aeropuerto.
Llegamos, nos sellan cosas y hale, a un autobús interno el cual nos lleva a un
avión. Hay más gente aparte de nosotros en el autobús. Uno del grupo pregunta
si esta gente va también a la avioneta. Nadie parece entender castellano así
que le comento que supongo que sí, ya que tienen pinta de turistas (no
europeos), pero no tengo ni idea. Nos llevan a un avión pequeño, lo que
sorprende al grupo ya que no es una avioneta, es un avión. Más pequeño que uno
habitual, pero avión, de hélices, presurizado y no estamos solos los del grupo
de 30mps, sino que hay más gente. Nos meten al avión. Son dos filas de asientos
de dos butacas cada fila, pero todos vamos pegados a la ventana para poder
mirar, de tal forma que todos los asientos (menos uno que va una pareja) que
dan al pasillo están vacíos. Esperamos. No sale. Esperamos más. Seguimos sin
salir. Al parecer ha salido otro vuelo para comprobar que hay vistas de las
montañas porque si el tiempo no acompaña y no vemos nada no salimos. Claro,
normal. Está nubladete. Jum, jum Pienso que si arriba está igual que aquí no
vamos a ver nada, por lo que la sombra de que igual no subimos planea cerca. Al
cabo de 30 minutos o más el tema se empieza a mover, y entre una cosa y otra
salimos cerca de una hora más tarde. Te reparten unos panfletos con
información. Uno de ellos concretamente es el que usamos. Es un perfil de las
montañas con el nombre de cada uno y con su altura. Subimos, vamos, vamos,
vamos, vamos, y de repente ahí están. Montes nevados, día casi despejado. El
avión – nos explican - va a hacer un ida y vuelta y como Rafa está en la otra
ventana me pongo a su lado para ver bien. La mitad del pasaje se conforma con
verlo a la vuelta. Ahí se ve la inmensidad. Me acuerdo de la película de
“Viven”, la última que han hecho. En una escena en concreto. Cuando están los
dos chicos que han salido a pedir ayuda subidos en una montaña, descansado, y
ven toooooda la cordillera que les queda por delante hasta llegar a la
civilización y conseguir tan preciada ayuda. Eso que ven es parecido a lo que
veo yo. Es una inmensidad de montañas. Parecen eternas. Parece que en el mundo
sólo hay montañas. Es una vista brutal. Me emociono. Tantos podcast de montaña
escuchadas, tantos libros leídos de gestas montañeras, me hace pensar en muchas
cosas. En gente que ha dado su vida por subirlas, gente que ha sufrido, gente
que ha llegado hasta arriba, gente que no lo ha hecho pero lo han dado todo.
Todas esas historias, todas esas gestas. Sólo me interesa la escalada sin
oxígeno. La escalada de antaño. Me parece increíble lo que estoy viendo. La
azafata va pasando por detrás indicando qué monte es cada uno. Los voy viendo y
me emociono. La verdad que pensaba que iba a ser algo más íntimo. Avioneta,
nuestro grupo, y ver todo esto más cerca, porque realmente el Everest se ve a
lo lejos, muy lejos, excesivamente lejos, pero el paisaje me quita el aire. Es
increíble. El avión da la vuelta y es la oportunidad de los que están en la
otra ventana de verlo todo, así que vuelvo a mi sitio y esta vez sí lo veo
bien. Rafa hace lo mismo que hago yo y se pone a mi lado, de tal forma que
vemos el ida y la vuelta. Todo esto es precioso. Qué inmensidad.
A la bajada
del avión la opinión general del grupo es que esperaban más. Avioneta,
cercanía, etc..no un avión que te hace ver vistas generales. Opino igual que
ellos. Esperaba eso. Pero lo que he visto me ha emocionado tanto que me vale.
Es una auténtica pasada. Me ha encantado. Nos montan el otro autobús interno.
Sigo pensando en lo que acabo de ver. Levanto la vista y le veo a Javier.
Ostia, el desayuno. Le ofrezco cosas y las acepta sonriente. Qué bien.
Al aterrizar
ya vemos por ahí a Ramón con Eduardo y Patricia, así que todos juntos volvemos
a entrar (ya como en casa, jaja) al Aeropuerto y cogemos el vuelo que nos lleva
a Pokhara. Es un vuelo corto. Ramón comenta que si fuésemos en bus serían 9
horas. En el avión es muy poco tiempo de vuelo, 45 minutos en total?, por ahí.
Da que pensar el tipo de carreteras que hay en el país si hay esa diferencia de
tiempo. Una vez que llegamos nos vienen a buscar dos furgonetillas y nos llevan
al hotel. Vaya dos días que llevamos. Mientras nos dan las habitaciones subimos
todos, o casi todos (aún no me he hecho del todo bien a cuántos somos) a tomar
algo a la terraza del hotel. Estamos al borde de un lago enorme, con unas
vistas muy chulas y el hotel tiene muy buena pinta. Piden cervezas (yo agua) y
veo que el tamaño del “botellín” de cerveza es de 650 ml. Juas. Más de medio
litro. La marca es Gorkha, o algo así, jaja, me hace gracia. Pruebo un poco de
la de Rafa y está bien buena.
Al lado
nuestro hay una chica que me da la sensación que ha bebido un poco de más. Es
graciosa y le hace preguntas a Patricia en un inglés algo duro para mí. De
dónde somos, etc.. Patricia le responde y ella va mirando a los varones con
pinta socarrona. Le comenta a Patri que nunca se fíe de los hombres nepalíes, y
que ella está ahí para hacer amigos con extranjeros, que está sola. Me
sorprende su sinceridad y su sonrisa. Bromea con algunos del grupo. A la de
poco nos traen la llave de la habitación, bajamos, ducha y hale, a dar a un
paseo y comer algo. Vamos por una calle, que da la sensación que es la
principal de ese barrio, viendo toooodas las tiendas que hay. Pequeñas y
medianas. Todas tienen cosas de montaña. Grandes marcas. North Face, Patagonia,
etc…, no veo Ternua, aunque llevo algo ternua puesto y uno de los dependientes
me comenta que le gusta esa marca.
Vamos a un
sitio a comer algo, no mucho nos dice el guía, ya que son las 14:00 y para las
18:00 cenaremos, así que la mayoría se pide una hamburguesa y algunos pedimos
pollo a la plancha con cosas. Porque aquí siempre le ponen cosas a un plato,
que si verduras, que si patatas, que si pures….además, todo tiene algo de
picante. Todo está rico y el ambiente es muy bueno. El bar-restaurante es
grande. Tiene billar y está decorado de forma exótica. Me recuerda al bar donde
trabaja Tom Cruise en la película de Cocktail.
De vuelta al hotel, ya con tiempo, vamos mirando las tiendas que hemos visto antes. Es mi paraíso particular. Todo cosas de montaña. Qué maravilla. Me sorprende. Es baratísimo, pero extrañamente barato, así que me pongo a hablar con el dueño (o encargado) de una tienda. Me explica el tema de los precios, pero me lo explica en ese inglés duro que hablan ahí. Le entiendo la mitad. Me dice algo así que todo es imitación. Que mandan la ropa a China y se las devuelven con la marca puesta. Curioso todo esto. Sin venir a cuento, o por lo menos yo no me doy cuenta de su cercanía, se pone a llover seguido de tormenta. Estamos cerca del hotel pero vamos sin paraguas, así que seguimos por las tiendas mirando todo. Qué diferente es esto de lo que nosotros conocemos.
Volvemos al hotel, descansar un poco asimilar todo y vuelta a la calle para ir a la sede de 30mps en Pokhara, como dice Ramón, nuestro guía. Es decir, que vamos donde están nuestros guías nepalíes y las motos que vamos a llevar. Ya se va acercando el momento de salir con la moto, cosa que todos queremos. Hemos venido aquí a eso. A andar en moto por Nepal!
De guías
vamos con Ramón, nuestro guía español, y 5 nepalíes. Tres van con motos, que
son Probin (el jefe), Suria y Shakti (a saber si sus nombres se escriben así,
pero sonar suenan de esa forma), y dos van con el coche de apoyo. Uno de los
del coche no habla mucho, pero los 4 restantes son muy sonrientes y amables.
El taller
donde están las motos es un sitio bien chulo. Tiene una zona de motos, otra
zona donde hay un mostrador con cazadoras, una mesa bien grande donde luego
comeremos las pizzas, y otro sitio donde hay otro mostrador, bebidas y demás.
El sitio está limpio y estamos muy a gusto. Todos sonreímos. Vemos las motos,
elegimos cada uno la que queremos y le ponemos nuestro nombre. Dejamos una
fianza que nos devolverán a la vuelta del Tour si no le hemos hecho nada a la
moto. En nada llegan las pizzas. Cero hambre, claro, acabamos de comer, pero
qué leches, están buenas así que para adentro. De mientras nos hacen el
briefing, es decir, te dan las explicaciones necesarias para mañana salir en
moto. Por dónde vamos a ir, qué tipo de conducción esperamos, qué tipo de ruta
vamos a hacer. Hay quien se ha traído el macuto que va a llevar en la moto para
probar el enganche, etc... Todas esas cositas que nos hacen estar felices ya
que es nuestro ambiente. Ambiente motero.
Salimos de
vuelta al hotel y vuelve a ser inevitable entrar a las tiendas, donde nos vamos
juntando y separando partes del grupo. Me compro una riñonera, es inevitable. Llegamos
al hotel y nos quedamos varios del grupo tomando algo y dejando pasar el tiempo
para ir a dormir. Nos vamos conociendo todos un poquito y la verdad que qué buena
pinta tiene este grupo. Estoy muy contenta!
Hale, a
dormir
Día 3
Pokhara - Kushma
Primer día de
moto. Por fin!. Entre el día turístico en Katmandú, el avión del Everest, el
turisteo por Pokhara parecía que este día no llegaba, pero sí, ya está aquí.
Nos llevan de nuevo al taller de motos, montamos las motos (gracias Shakti por
ayudarme con el pulpo y el macuto), sacamos fotos, videos y sonreímos mucho.
Nos dan una banderitas nepalíes para poner en las motos, las de los colores que
simbolizan los elementos, que dicen que nos van a proteger. Daniel, el
argentino, engancha un peluche de Messi a su equipaje. Sonrío, sonrío mucho.
Vamos saliendo por una calle muy estrecha para dar a una más ancha donde
empieza realmente el Tour. Primera toma de contacto con el tráfico. No es la
locura de Katmandú pero tiene su miga. Mil ojos y procurando, por lo menos por
mi parte, no salirme de la trayectoria de la moto, es decir, nada de
movimientos bruscos y poco a poco vamos saliendo.
Vamos por
carreteras asfaltadas, estrechas, como las que nos gustan a Rafa y a mi que
tanto hacemos y buscamos. Las vistas son brutales. En seguida coges altura y
ves que aquí las montañas no tienen vergüenzas. Son altas, verdes, con un
verdor que explota, y como casi todas las montañas de cierta altura, bonitas.
Vamos parando en miradores, hablamos, sacamos fotos, nos explican esto y lo
otro. Todo muy tranquilo. El tiempo acompaña y todo es nuevo. Todo merece ser
visto, todo merece ser oído. De vez en cuando el asfalto se transforma en
pista. Pistas rotas. Es el ritmo del país. Siempre hay pistas en carreteras que
parecen perfectas. Siempre hay un desprendimiento, o se rompe la carretera, o
hay charcos. Vas pasando pueblitos, todos en altura, con sus tiendas, sus
gentes, sus animales, y sí, sus carreteras rotas. Me sorprende porque hay casas
que están muy cerca de precipicios y la verdad que no apuesto un duro por
ellas. Da la sensación de que en cuanto llueva (todo esto es verde, aquí
llueve) un poco fuerte esto se va al garete. Todo es muy humilde. Los pueblos
tienen mucho comercio. Son tiendas pequeñitas pero venden de todo. Y agua. Todo
el mundo vende agua embotellada. Y calor, hace calor.
Pasado un
tiempo paramos a comer. No son ni las 12 pero aquí es la hora de comer, o por
lo menos, nuestra hora de comer. Entramos en un local que parece un salón de
fiestas, de bodas, de celebraciones. Estamos solos y nos van sacando aguas,
cocacolas, cervezas, cosa que agradecemos ya que el calor aprieta. Un rato más
tarde sacan el buffet en unas bandejas cerradas para aguantar el calor.
Básicamente es arroz, lentejas y pollo. Y ni tan mal. Nos comenta Ramón que no
cojamos las cosas crudas, por ejemplo, lechugas, verduras no cocinadas y demás.
Sólo lo que esté cocinado, así que nada, dicho y hecho.
Mientras
comemos hablamos de todo lo que vemos. Como parece que estamos en un salón de
bodas y hay un escenario con dos especies de tronos, algunos del grupo nos
hacen la broma a Rafa y a mi para hacer una boda ficticia, jeje, ya que dicen
es el momento adecuado. De vacaciones en Nepal, además, alguno añade que lo que
pasa en Nepal se queda en Nepal, jeje, echamos unas risas y algunos subimos al
escenario a sacarnos unas fotos.
Seguimos
ruta. Brum brum. Este tipo de carretera donde se alterna el asfalto con la
pista para pasar directamente a pista de nuevo te hace estar atenta en todo
momento. Seguimos yendo en altura y las vistas son muy chulas. La pista es
facilona y se va muy a gusto. De repente veo que todo el mundo para. Al parecer
hay obras y no se puede pasar por ahí, así que Probin, el jefe guía nepalí,
comenta que habrá que buscar una ruta alternativa. Seguimos por pistas las
cuales se van complicando. Está claro que es la alternativa y por lo que se ve,
mucho mas divertida. En algún punto tiene su dificultad y me hace sudar un
poquito. Piedra suelta y demás, por no hablar que vamos con motos que acabamos
de conocer. Se ve alguna primera caída de algún compañero pero todas sin
importancia. Pasado un tiempo donde doy fé del disfrute general, llegamos al
asfalto. El tiempo ha cambiado. El cielo anuncia lluvias. Paramos aun lado de la
carretera, cobijándonos bajo un árbol, ya que hay una especie de tienda pequeña
que venden bebidas. Mientras descansamos del pisteo chulo se pone a llover y de
seguido viene la tormenta. Rayos, relámpagos, viento, truenos... brrummm!!!.
Llueve de lo lindo. Algunos se quedan debajo del árbol. Pienso que no es el
sitio más adecuado. Probin me ve dudar y me dice que me ponga debajo de una
especie de marquesina que hay. Me meto dentro y poco a poco van viniendo
algunos del grupo. Mientras la tormenta sigue despachando yo no me quito de la
cabeza si es menos peligroso estar bajo el árbol más grande que hay en la zona
o estar debajo de esta especie de marquesina rodeada de hierro y acero. No lo
tengo claro. Mi relación con las tormentas me hace recordar aquella que me
pilló en el monte sola y con la bici. Fue una situación dura. Cayeron dos rayos
muy cerca de mí. Muy cerca. Cada vez que hay tormenta siempre me vienen esos
recuerdos. Forma parte de mi y de mis miedos. Mientras hablo con Probin me
comenta que no me preocupe, que va a rezar al Dios Shiva negro (Black Shiva, me
dice) para pedirle que pare la tormenta. Me lo dice de forma socarrona y hace
el gesto de rezar mientras me mira de reojo sonriendo. Niego con la cabeza con
la sonrisa en la boca y le sigo el juego. El caso es que el tiempo va pasando y
la tormenta también, a lo que Probin me comenta, siempre con la sonrisa
socarrona, que Shiva le ha hecho caso, jeje. Entre risas y sonrisas le pregunto
por el chubasquero que lleva puesto, un Arcteryx supongo que comprado en
Pokhara (o sea, imitación), a ver si es waterproof (lo pone escrito en el
chubasquero), a lo que riendo me contesta que “20% waterproof”, jeje, qué
cachondo es. Cuando todo se va calmando, Ramón nos comenta que vamos al puente
colgante. Que tenemos que tener mucho cuidado porque patinará mucho, etc, etc..
De camino al
puente, donde se vuelve a alternar pista con carretera, Rafa por el
intercomunicador me comenta si he visto el paisaje. Levanto la pista y veo una
especie de Desfiladero espectacular y allá, mas adelante, el puente colgante.
Ostia. Por ahí tenemos que cruzar?, si es larguísimo!. Fijo la vista más y
procuro no pensar en ello, porque como le de vueltas..ay ay ay ..
Llegamos al
puente con cierta expectación. No llevo nada bien el tema de la altura. Me
paraliza. Encima he visto el puente de lejos. Bufs. Procuro no pensar mucho. Me
acerco al grupo a ver qué pasa. Como ha llovido nos insisten en que patina
bastante. Que no toquemos ni por asomo el freno delantero y que con el trasero
vayamos txintxo-txintxo. Hay gente local que se queda mirando. Como digo hay
expectación. Primero cruza Probin para que veamos el tema. Entra algo fuerte,
toca el freno trasero y le derrapa la rueda. Jum. Una vez llega al otro lado,
sale Michel, uno del grupo, y pienso que como yo tarde en salir no lo voy a
hacer, así que me pongo para salir en tercera posición. Sale Jordi, muuuy
despacito, con muuucho cuidado. Me toca el turno. Vamos, hágale!. Le comento a
Rafa por el intercomunicador que me hable, que me guíe. Si le oigo voy mas
tranquila. Para entrar al puente pasas de la tierra, bajas un escalón, y ya
pisas ese suelo del puente que está formado de chapa metálica de la cual está
formado tooodo el fucking puente que patina la de Dios. Venga, voy. Salgo y
mientras Rafa me habla por el intercomunicador (“vas bien, poco a poco, vas
bien”), oigo a Suria hablarme “Slowly, slowly”. Bajo el escalón y entro al
puente tal y como nos han dicho, con el pie sobre el freno trasero para en caso
de necesidad frenar sssssuuuaveee y con la otra pierna bajada del estribo.
Venga, go go go. Empiezo la bajada y pienso que es más sencillo de lo que
esperaba. Voy muy atenta y de música de fondo tengo la voz de Rafa por el
intercomunicador “vas bien, vas bien, vas bien” y de repente lo noto, así, sin
anestesia. Zas. Esa sensación de vacío. La vegetación que hay a los lados del
puente desaparece para dejar paso al abismo. Tal cual. Abismo. No lo había
pensado. Ostia. Noto la impresión que trepa por mi y ni siquiera he mirado
abajo, pero sé que la negrura del fondo (así es como me lo imagino) está ahí. Qué
mal llevo las alturas, apufsss. Fijo la vista al frente, al final del puente
mientras la respiración se me corta. Le digo a Rafa que siga hablándome. Ostia,
pero qué altura hay!, madremia, no miro, pero está ahí, la noto. Palpita. Noto
el abismo subirme por el pecho, por la garganta y tensarme todo el cuerpo. No
mires nena, no mires. Tseee, tseee..suave. No miro, no miro, vista al frente,
metro a metro. Me cruzo con una persona. El paso es muy estrecho y es difícil
entrar a la vez. Bajo la velocidad sin parar del todo, y pasamos, fiu, menos
mal. De lejos, en el interfono que está como a 5000 millones de kms de
distancia (así es como lo noto, como si Rafa y el intercomunicador estuviesen
en otro planeta) oigo a Rafa que se pone a hablar con Ramón. Le digo que hable
conmigo. “Rafa, háblame! dime algo”. Al parecer Ramón le está diciendo algo,
así que le meto un grito. “Rafa ostias!, que me hables!”. Me estoy
desconcentrando. Se me hace eterno. Qué largo es el puente madremia. De
mientras me acerco a Angel, el de Bilbao, que está pasando el puente andando (le
cruzarán la moto los guías) con una señora delante. Le grito que se eche a un
lado, porque yo me siento incapaz de parar. Si paro ese abismo me va a
engullir, me va a comer, me va a paralizar. Al final Ángel se da cuenta de que
voy, se echa a un lado con la señora y yo paso muy poco a poco. Rozo con la
parte derecha del manillar el puente pero no lo suficiente como para tirarme.
Glup. Le vuelvo a decir a Rafa que siga conmigo, que me diga algo. Ya estoy me
dice, ya estoy. Háblame Rafita, háblame. Según van pasando los metros oigo que me comenta que voy muy bien,
que casi estoy y poco a poco, poco a poco, voy llegando. Acelero un poco más
para subir la pendiente de salida y zas, llego. Bua!, ya estoy!, qué
felicidad!. Me bajo de la moto y me acerco exultante a Michel y Jordi (los dos del grupo que han
pasado antes que yo) los cuales me felicitan. Qué pasada!. Lo he hecho! Qué
bien!. La verdad que la visión del puente me impresiona y teniendo miedo a las
alturas ni te cuento. Van pasando algunos del grupo, unos andando desde el
principio, alguno que se ha caído y le pasan la moto o alguno que se le ha
caído la moto en mitad del puente, le han tenido que ir a buscar y lo ha
terminado pasando andando pasándolo canutillas. Incluso andando. Yo a los que
lo han pasado andando les digo que no sé qué es más fácil, si andando o en
moto, porque andando tardas un montón, y esa altura, y ese puente que se mueve,
y esa pista de patinaje en la que se ha convertido, apufs..madremia. También le
veo a Rafa pasarlo, de hecho, tiene que parar la moto dos veces en el puente
porque se cruza con gente para poder dejarles pasar, tela, eh? Se me ponen los
pelos de punta viéndolo parado en mitad del puente e inclinando la moto para
que pase la gente. Al final llega al otro del puente, donde estamos casi todos,
con caballito a la salida del puente para dar espectáculo, jaja. Casi que me
esperaba el caballito. Qué tío. Me comenta que la altura le ha impresionado
bastante, que no entendía por qué le decía que me hablara hasta pasarlo él y
notar esa altura que te engulle, que te atrae..juas, tremendo el puente! Y los
pobres guías, pasando motos y volviendo andando para pasar las suyas. Vaya
pateada se están metiendo.
El caso es
que ya estamos todos así que vamos directos al hotel.
Pasamos el puente y creo que nos
debería de quedar uno más para poder ir al hotel, pero dado que hemos tardado
bastante tiempo en cruzarlo toman la determinación de dejar las motos a un lado
y cruzar andando por otro puente. Así que nada, dejamos las motos en el
pueblo de Kushma, en una especie de parking pequeño,
cogemos el macuto y vamos andando. Al empezar este puente hay unas escaleras,
como 6 u 8. Delante de mí va Antonio G, se patina y zampa!, se mete una
galleta contundente. Para mí, muy fuerte. Veo nítidamente cómo se cae con toda
la espalda en las escaleras y pienso que se ha hecho avería. Eduardo está
a mi lado, y los dos nos miramos como diciéndonos que vaya ostión, pero Antonio
se levanta y no es consciente de que haya tocado siquiera el suelo. Le
comento que sí que lo ha tocado y que ojo con la espalda. Creo que lleva
la espaldera de la cazadora de moto, y menos mal, porque si no hubiéramos
tenido un susto. Este puente también es larguísimo y como vamos con todo
lo de moto puesto, amén del casco en una mano y el macuto en la otra, se va a
hacer largo. Si a eso le sumamos que tiene más altura que el que acabamos de
pasar creo que va a ser “divertido”. Por no decir que se mueve,
claro, porque no podía ser de otra forma. Solo falta que se ponga a llover
para que sea más épico, jaja
Está hecho para pasar personas (no
vehículos) y en mitad del puente tienen montado un tinglado para hacer puenting.
Según nos acercamos veo que hay una chavala, jovencita, parece de la India, con
todos los amarres puestos preparada para lanzarse. Paramos y miramos. La
chavala nos mira de reojo y puedo leer en su cara que tiene miedo. Normal. Yo
ni me plantearía tirarme y ella está ahí arriba dispuesta a ello. Es una
valiente. Hay un chico a su lado, que creo que es el monitor que le está
hablando. Ella parece escucharle. Él sigue hablándole. Transmite calma. Ella
sigue ahí, con los brazos en cruz, escuchando. La verdad que están un
rato largo, tiempo suficiente para que Eduardo, que tiene vértigo, se ponga de
cuclillas porque hay mucha altura y parece estar más cómodo al ras
del suelo. Dudo si imitarle pero con solo pensar que luego me tengo
que levantar, arg, me quedo de pie bien agarrada a la barandilla. La
verdad que si miro para abajo da mucha impresión. Mucha. Me fuerzo a
mirar, porque quiero hacerme a la altura, pero ostia, cuesta eh?, además que el
puente se mueve, bambolea, a veces me marea un poco. Seguimos
mirando a la chica, que sigue con los brazos en cruz, y de repente el monitor
le dice “three, two..”, ostia que allá va, “one!” y le empuja, o más que
empujar, le acompaña con la mano y ella se deja caer. Leñe. Allá va.
Qué valiente!. Está una eternidad cayendo. No sé cuánto tarda en
darle el tirón la cuerda pero mucho más de lo que pensaba.
De hecho hay un momento que pienso que ostia, venga, que
le de ya el tirón que parece que se va a estampar. Y sí, al final,
zas, el tirón. Apufs, menos mal. Suspiro. Bufs. Nos
quedamos un rato viendo cómo sube y baja hasta que se queda allí, boca abajo,
atada por los tobillos, esperando a ser alzada.
Comentamos la jugada, ha sido
increíble verlo, y seguimos cruzando el puente. Se hace largo o más bien, es
largo, pero al final llegamos al otro lado. Nos giramos y vemos las vistas.
Vaya espectáculo. Es un desfiladero brutal, pero brutal, y al fondo, al otro
lado, de donde venimos, se ven las casitas. Parece mentira que
vengamos de ahí. Hay un rocódromo pequeño, una especie de columpio que te
deja suspendida en el vacío y ese estilo de (para mi) máquinas de tortura que
algún loco de la altura ha diseñado y que hay gente que (extrañamente)
disfruta, jeje
Poco a poco vamos pasando todos a
recepción, nos dan las habitaciones y hale, a la ducha.
Es una habitación muy chula,
amplia, con su pequeño porche. Es muy chulo todo. Aquí, como es habitual,
tienen el retrete y la ducha en la misma estancia sin que esté separado por
nada, de tal forma que cuando te duchas mojas el retrete, por lo que tienes que
estar al tanto de sacar el papel higiénico porque si no se moja. Curioso
sistema. Personalmente pienso que no es mi práctico, ya que mojas todo y si
luego quieres volver a entrar, chop chop, está mojado, pero bueno, costumbres
supongo.
Rafa se queda ordenando la
habitación mientras yo voy al bar a tomar algo. Algunos del grupo ya están ahí,
así que entre blablablá, la llegada de Rafa, más blablablá, llega la
hora de cenar.
Nos ponen una sopa de una especie
de crema de champiñones que está muy buena, con medio sándwich de yo qué sé que
entra todo divinamente. Luego traen un plato con pollo,
arroz, spaguettis con tomate, patatas fritas y algo de verdura y de
postre una especie de yogur amargo con una bola dulce que está muy buena. Una
cena muy rica.
El día de hoy ha sido muy
chulo. Entre el asfalto roto, las vistas, las pistas, la carretera cerrada con
cambio de ruta que vamos por unas pistas chulas y rotas, con un paisaje chulo,
la tormenta, el paso del puente colgante, el paso andando del otro puente y
esta cena, día completo. Estoy muy contenta.
Hale, a dormir que mañana
seguimos.
Día
4
Kushma -
Marpha
Nos levantamos y mientras
desayunamos una especie de crema blanca, caliente y con avena que está
malísima, jaja, tortilla, verdura, patata cocida y no sé qué más, Ramón
nos da el briefing del día.
Preparamos todo, y volvemos a
cruzar el puente andando para volver al parking donde dejamos las
motos. Cuando llego al parking me doy cuenta de que la
mochila que tiene que ir en el coche la tengo a la espalda. Se me ha olvidado
dejarla en el hotel para que la carguen al coche!. Arg. Se lo comento
a Probin y le digo que voy y vuelvo en un momento. Me dice que ni
de palo. Se la da a Shakti el cual la va a llevar él. Le hago el
gesto de disculpa, a lo que él sonríe y me hace ver que no pasa nada.
Vamos a las motos, atamos
todo y hale, carretera y manta como se suele decir.
Como ya es habitual, la ruta tiene
unas vistas muy chulas y el asfalto se mezcla con pistas, por lo que entre una
cosa y otra vas disfrutando. A medida que vamos avanzando el tráfico
escasea hasta llegar a un punto que vas feliz como una perdiz. Hay una
zona de la pista donde aparecen unos cuantos charcos. Está claro que por
aquí suele llover. Los vamos esquivando, este por aquí, este por el otro lado,
pero hay uno en concreto que es bien grande y coincide que viene un coche de
frente. Delante de mí va Eduardo y veo que lo cruza por la mitad y casi
parece Moises separando el río. Madremia. Tengo un segundo para
buscar alternativa pero no me quiero arriesgar así que sigo su mismo
camino. Puaggg, casi me ahogo!, jaja, salgo del charco empapada
y sucia!. Rafa que va detrás de mí, hace lo propio pero en
vez de pasarlo de pie en la moto, se sienta y levanta las piernas, con la
consecuencia de que se moja entero pero por detrás, jaja, así
que los tres salimos del charco que parece que yo qué sé.
Seguimos ruta y cogemos un desvío.
Cambia el paisaje, de repente, sin pedir permiso, zas, pasamos a una zona
de bosque, tipo Andatza (el monte donde suelo hacer MTB). Senderos
sinuosos, árboles altos, hierba verde, tierra marrón, muy bucólico y vamos a
dar al primer puente del día. No es para nada como el de ayer, pero el tema de
la altura me sigue inquietando. Vamos pasándolo uno a uno sin problemas, pero
la verdad que la altura y el tema “puente” me sigue dando que pensar. Son estrechos,
pasa una moto justo, yo qué sé.
Nos juntamos a la salida del
puente y vemos que están asfaltando la pista. Antes todo esto era pista y ahora
lo están dejando lisito. Una pena para nosotros y supongo que una alegría para
la gente de ahí. Curioso verdad?, Para nosotros esa zona, que es chula y
podría ser más si fuese pista ha pasado a ser una carretera “más” con bonitas
vistas.
Paramos a comer sobre las 11:30,
más pronto que estos días, pero nos comentan que más adelante quizás no haya muchas
más opciones seguras. Probin me comenta que él siempre para ahí,
porque es un sitio concurrido y sabe que la comida sale rápido. Si paras en otro
sitio donde no tengan movimiento igual la comida no está bien.
Al entrar veo la cocina a través
de un cristal donde hay una mujer haciendo los momos, es decir, metiendo la
carne dentro de la pasta. Meeec. Error. Como suele ser habitual es mejor no ver
la cocina, así que me giro y pongo la mente en blanco. Ummmm, ummmmm, no pienses,
shhhh. Nos sentamos en varias mesas y en poco tiempo nos sacan un plato de
momos y pasta con pollo. Como digo no hay hambre, así que me como la mitad de
los momos y la pasta con pollo. Pica. Le ponen picante a todo. Más tarde me
cuentan que normalmente el picante se usa para que la comida no se ponga pocha,
así que ya no me quejo más del picante, jeje.
Hace calor. Mientras terminamos de
comer voy al aseo que está detrás del chiringuito. La verdad que sería una
historia tener más ganas que un simple pis, porque por lo que estoy viendo por
aquí los baños no son muy higiénicos. Un agujero, sucio, que
huele mal y poco más. Gracias que fuera hay un grifo con jabón para lavarse las
manos.
Terminamos con la charla siempre
agradable de después de la comida y salimos.
Pasamos por
un check-point el cual tienes que tener permiso (y haber
pagado creo que 100 dólares) para poder pasar. Más tarde nos desviamos por
un sendero y vamos al lago que creo entender que se llama Titi-lake, aunque
vete tú a saber si me están tomando el pelo, que son unos cachondos. Estamos
rodeados de grandes montañas, de hecho una de ellas es el Dhaulagiri,
que es uno de los famosos 8000miles. Hay nubes pero de vez en cuando
se deja ver. Lo miro y remiro. Qué bonito es. Qué bonito es todo esto. Hacemos
fotos y videos. Sonreímos mucho. Todo esto es muy bonito.
Pasado un tiempo volvemos a salir
por otro sendero de piedra, que luego pasa a ser sendero con hierba, y más
tarde volvemos a salir al asfalto.
Según avanzamos veo que llegamos
al segundo puente del día. Está claro que este país está lleno de ellos. No
paras de pasar cauces de río con más o menos agua, o incluso secos. Este tiene
menos altura y es más corto que el otro. Parece, insisto, parece, que le voy
cogiendo el tema a los puentes pero lo que está claro es que siempre
tienes que ir atenta. Nos metemos por lo que parece que es la rambla de un
río y nos vamos acercando al pueblo donde vamos a pasar la noche. Se
llama Marpha.
Entramos por lo que es una de las
calles del pueblo, muy estrecha, tanto que pienso que sólo es de peatones (no
entra un coche) pero no, por aquí circulamos todo lo que no sea coches,
autobuses o camiones. La gente se va apartando según pasamos. Al entrar vamos
pasando uno por uno por un espacio donde están los rollos de
oración. Se supone que cada uno de ellos lleva una oración escrita y al
hacerlo rodar se entiende que es como si la rezaras. Genial. Llegamos al
hotel, dejamos las motos y para adentro.
Aquí vamos a pasar dos noches. Es
un sitio que me gusta nada más verlo. El comedor es acogedor y las
habitaciones sencillas pero espaciosas. El personal es agradable y sobre todo
tienen sonrisas. Me gusta.
Nos duchamos y salimos de visita.
La temperatura ha bajado un poco pero aún se está a gusto. Nada más salir Rafa
se mete en la tienda de enfrente a comprarle a uno de sus hijos el jersey con
capucha típico de ahí. Nos atiende una mujer muy amable que nos explica y vende
sus productos bastante bien. Mientras estamos dentro entra un chico, de unos 30
años, con su madre. Elegantes los dos. Son turistas, como
nosotros, y parecen ser de la India o de por ahí. Son muy educados.
Se les nota que tienen cierto estatus. El chico me pregunta de
dónde somos y al decirle que de España nos cuenta que su hermana ha estudiado
ahí y sabe castellano, por si necesitamos ayuda con el tema de las compras. Le
digo que no hace falta pero en cero coma sale la madre
y trae a la hermana. Hablamos en castellano. Es curioso pero tiene
cierto acento andaluz. Nos pregunta si necesitamos ayuda para entendernos con
la señora de la tienda y le digo que no hace falta, pero al ver que Rafa
anda contando el dinero, habla en nepalí con la señora. Al final todo es
correcto y Rafa ya tiene su paquete de jerséis, uno para su hijo y otro para su
nieta. Perfecto.
Seguimos investigando un poco el
pueblo y nos encontramos con Antonio R. y Emilio, así que los cuatro subimos al
monasterio que hay arriba. Las escaleras son empinadas
de verdad pero merece la pena. Hay rollos de oración
de diferentes tamaños, de hecho hay uno más grande que nosotros, que
hacemos girar. No sabes muy bien por qué, pero los giras. Veo a estudiantes
jóvenes con sus trajes típicos por el monasterio. Una vez llegamos arriba vemos
las vistas del pueblo. Lo que creo que son casas abandonas son casas de verdad.
Ahí vive gente. Todo es muy precario, por lo menos a mis ojos. Aquí en invierno
tienen que pasarlo canutas. Alrededor de los techos de las casas ponen madera
cortada y según me comentan luego, cuanto más madera más
estatus.
Como se va acercando la hora de
cenar volvemos al hotel. Poco a poco va llegando la gente. Nos ponen
hamburguesas de Yak, que están bastante buenas y una tarta de
manzana (es zona de manzanas) que está muy buena. Para terminar Alberto y
Daniel han comprado el licor típico de ahí, de manzana como no podía ser de
otra forma, que está bastante fuerte, pero qué leches, me tomo medio chupito
pensando que si he tomado algo que me pueda afectar a la tripa esto seguro que
me lo cura, jaja
Nos quedamos de sobremesa Ramón,
Daniel, Antonio G, Alberto, Antonio R, Emilio, Rafa y yo. Una charla muy amena
donde hablamos de lo que posiblemente más nos gusta: viajes y motos, jeje
Hale, a dormir!
Día
5
Marpha – Muktinah
- Marpha
Nos despertamos y vamos a
desayunar. Nos ponen huevos fritos, tostada de queso y una especie de bollito,
que lo abres, metes los huevos y sabe muy bien. Da gusto desayunar así.
Vamos a las motos, ponemos el macuto
y salimos. Como siempre vamos mezclando asfalto con pistas y el paisaje ya
es totalmente desértico. Hemos pasado de estar en zonas verdes a tener
montañas secas, con piedras, y de fondo siempre las omnipresentes altas
montañas, con nieve. Van de los 5000 a los 8000 metros. Es espectacular.
Nos llevan a un monasterio nepalí.
Toda esta zona es budista. Por lo que nos explican en esta zona hay mucha
población que huyó del Tibet con la invasión China, de ahí que sea
zona budista. En Katmandú, por ejemplo, son hinduistas. De hecho la
mayor parte del país lo son, pero esta zona en concreto, es
budista.
Como digo, dejamos las motos en el
pueblo, y salimos dando un paseo hacia el monasterio. A la de poco aparece una
especie de entrada donde hay dos figuras. A la izquierda un hombre mostrando
una espada y enseñando orgulloso toda su virilidad masculina. Entiendo que aquí
el hombre, por lo menos antaño, era fuerte y viril, o así lo quieren hacer
bien. La otra estatua que hay, es una mujer, con sus partes íntimas al aire y
un niño en sus manos.
Subimos a una plaza donde está la
entrada al monasterio. Veo diferentes dibujos de Buda así que me acerco para
verlo todo de cerca. Suria, uno de los guías nepalíes, me explica lo que
veo. Es un mural donde arriba está Buda y en el centro hay un círculo con
dibujos dentro divididos en diferentes partes. En la parte de arriba se muestra
lo que nosotros entendemos como el cielo, y según vas bajando por el círculo en
orden de las agujas del reloj, el tema se va torciendo para ir a parar abajo,
que es el infierno, donde hay otro Buda con unos dados, que es quien decide a
dónde vas. Si te quedas ahí abajo, en el infierno, se ve en el dibujo los
diferentes castigos que tendrías, y si vas arriba, siguiendo los dibujos de la
dirección de las agujas del reloj, va mejorando el tema hasta llegar de nuevo
al cielo. En el centro, hay tres figuras de animales, un pájaro, una serpiente
y una especie de vaca, que simbolizan el ciclo de la vida. El mural me
impresiona.
Según damos la vuelta al
monasterio aparece un perrillo, blanco, muy majo. Nos acompaña de camino a las
motos. Ramón nos comenta que no nos fiemos mucho de los animales no sean que
nos muerdan, y te la pueden liar parda, ya que duda mucho de que estén
vacunados, jeje..pero nah, el perrillo es muy majo.
Subimos a las motos y
seguimos ruta, esta vez hacia un monasterio que está muy muy alto. Es una
especie de peregrinaje. Dejamos las motos en un parking. Algunos de
nosotros, los más valientes (evidentemente yo no, que de valiente tengo
poco), se quitan la ropa de moto y se ponen un traje de baño, ya que arriba hay
unos caños donde es tradición pasar por debajo de ellos, los cuales vierten un
agua bastante fría. Es tradición. Por mi parte no tengo nada de ganas de
enfriarme, así que subo vestida de moto con el traje de baño en la mano, por si
me apetece en el último momento pasar por esa agua que imagino congelada.
Llevo desde el día de ayer con
cierto dolor de cabeza, al parecer es el tema de la altura, así que me comentan
que suba las escaleras con cuidado. La verdad que me pongo a subir y me noto
muy cansada, así que me lo tomo con calma. Poco a poco, escalera a escalera.
Rafa, como siempre en este viaje, conmigo, a mi lado. Qué agradable se me hace
su presencia. Sé que voy bien cuidada. Hay bastante gente subiendo y bajando.
Entiendo que lo más parecido que tengo por mi zona es Lourdes, donde la gente
va a pedir milagros. Hay personas a las que les suben a hombros, en una especie
de sillita de la reina de madera, otros suben a caballo y los más, vamos
andando.
Al llegar arriba me sorprende la
cantidad de gente que hay. Mucha!, Unos están en los caños, otros en una
especie de piscina con un agua bastante turbia, otros de cháchara, y todos con
un ambiente muy festivo. Gente cambiándose por todos lados. Paso por
los caños, por fuera, y voy echándome con la mano en la cabeza, ya que veo que
hay gente que lo hace así y dicen que también vale.
Me voy animando y al final decido
ponerme el traje de baño y hacer el tema de los caños. Ramón me indica
dónde me puedo cambiar, pero que no está seguro si va a estar
limpio. Asomo el cabezón y madremia, qué es eso. No entro ni vestida,
imagínate. Miro alrededor, me alejo un poco y me cambio ahí mismo. Rafa se
acerca con una toalla y me ayuda. Perfecto. Vamos. Él ya ha pasado los caños y
está muy contento. Me comenta que el agua está fría, que hay que taparse la
cabeza pero que se hace de tirón y listo. Vale, entendido. Me deja su
visera para que me tape la cabeza y me dice que va detrás de mí, y tu cabeza?,
le pregunto, nah, no pasa nada, dice que lo ha hecho dos veces y que
conmigo lo hace la tercera. Venga, vamos. Me acerco y es una especie de
pasillo por donde están los caños que vierten agua. Esa agua va al suelo, que
es el suelo que vas a pisar. Todo está cristalino. Por donde vamos
parece que a fuerza de pasar el agua está
muy limpio. Venga, go go go, me meto y según empiezo a
andar noto dos cosas: 1) ostia qué fría está el agua que tengo en los pies, madremia 2)
mi chancleta, que se va!, jaja. Me paro, me agacho y la cojo, sigo como
puedo y zas, de nuevo la fucking chancleta. Hago el mismo ritual, me
agacho y la cojo, y de nuevo, zas, con la corriente de nuevo la chancleta a
tomar viento, bua, qué fría está el agua, paso de la chancleta y sigo. De
repente la otra chancleta también se va al pairo. Paso de la chancleta de
los eggs, jaja. Rafa el pobre detrás de mí, jaja. El agua del
suelo está de verdad, pero de verdad de la buena, fría, pero
fría fría, eh?, tan fría que por un momento pienso que no voy a
aguantar, que no llego al final. Sigo sigo y sigo y termino el
recorrido, no sé cómo pero sin chancletas. Rafa detrás va con
una de ellas en la mano, y la otra? me pregunta, ni idea le
digo, jaja, y se va a buscarla. Le digo que pase del tema, que no importa,
pero Rafa se vuelve a meter por cuarta vez por los caños a buscar la chancleta.
Pienso que a saber dónde está cuando me digo que de estar tendrá que estar al
final del recorrido empujada por la corriente y efectivamente, ahí está, enganchada
a un sumidero final a punto de decir adiós a sus días. Me agacho y la
cojo, qué suerte! Rafa! Rafa!, ya está!, jaja..
Estamos todos sonrientes, el
ambiente es muy bueno. Estamos siempre vigilados por una estatua de un Buda
gigante. Me impresionan estas cosas. Da que pensar, no?, tanta fé!. Creo
sinceramente que las personas que tiene fé en algo son afortunados. Cuando
vienen mal dadas tienen a quién rezar.
Sacamos unas fotos, algún video,
más risas y vamos de vuelta abajo. Hoy debe de ser el día de las chancletas
porque según vamos andando las chancletas de Rafa se van
descoyuntando, jaja, la suela se va despegando, y a la de nada, de la otra
chancleta, la suela también pero del lado contrario, se despega
también. Vaya día con las chancletas!, jaja. Bajamos como podemos y
vamos directamente a un garito que se llama Bob Marley (en serio) a comer
pizza. El dolor de cabeza por la altura que momentáneamente se me había pasado
vuelve. Es más persistente y duele más. Bebo agua, dicen que es buena para este
tema. Me relajo. Nos separamos por las mesas y en mi caso estoy con Daniel,
Jordi y Rafa. Nos sacan unos Nuggets, que es una pasta que está bastante buena
y pizza de Yak. Los trozos de Yak están duros así que los separo y me voy
comiendo el resto mientras sigo hidratándome. Una vez termino salgo a
la terraza donde están algunos del grupo a mirar el paisaje. Veo toda la gente
que se dirige para arriba, para hacer lo que nosotros acabamos de
hacer, a caballo, andando, incluso alguna bici!, y también los porteadores que
suben a gente como en esa especie de sillita de la reina. Eso tiene que pesar.
Eso tiene que doler. Ouch.
Terminamos de comer y vamos a por
las motos. Comento lo de mi dolor de cabeza, estamos a 3600 metros y lo noto,
pero Ramón me comenta que no me preocupe que hoy dormimos de nuevo
en Marpha y ahí abajo ya lo tengo controlado. Perfecto. Además
en el grupo hay un médico, que es Antonio G, que algunos de nosotros de vez en
cuando le comentamos nuestras inquietudes. El pobre nos escucha y nos responde.
Qué buen rollo da tener un médico al lado!
Volvemos al hotel por pistas
espectaculares. Todo seco, las montañas nevadas mirándote. Vaya espectáculo. No
me canso de mirar. El Dhaulagiri lo vamos viendo de vez en cuando, y
el dolor de cabeza sigue ahí, intenso.
Llegamos al hotel, ducha,
paracetamol y ya mejor. Qué alivio
Salimos a dar otra vuelta
por Marpha y esta vez sí, me compro un jersey con capucha en
un sitio a las afueras. El señor de la tienda habla muy poco inglés así que
como podemos nos hacemos entender. No sé cómo voy a meter el jersey en
la maleta, porque ya sabes, es para el frío, así que es mullido y ocupa lo suyo.
Ya veremos. Es muy chulo. Me encanta cómo mezcla esta gente los colores.
Llega la hora de cenar así que
volvemos al hotel. Nos sentamos en los mismos sitios que la noche anterior y
hale, a cenar, que con tanto ajetreo entra el hambre, jeje.
Rafa pide un plato que según se lo
ponen le prenden fuego!, jaja, es muy curioso. Por mi parte me como una
pechuga de pollo con arroz y spagettis con tomate. Creo que nunca he
tomado tantos spaguettis como en este viaje.
De postre Angel saca
chocolate negro, que ha traído de casa, que me sabe a gloria.
De repente aparece Suria, el
guía nepalí, y me dice con lo que yo creo que es cierta urgencia que
salga, “please please”, así que ostia, no dudo, qué pasa?, salgo
y veo un tuk tuk con un sitio libre, me dice que me monte así
que allá que voy. Vamos cuatro del grupo, Javier, Antonio R, Emilio y yo, y al
parecer han pagado o conseguido que un tuk tuk de esos nos lleve
por el pueblo a toda ostia, jaja. Menuda caña le mete el
tío. Además como todo es estrecho lima todo. Gente, esquinas,
motos, madremia que nos matamos, jaja. Hace frío pero la verdad
que lo paso bien. En nada estamos de vuelta y cómo no, Rafita me está
esperando. Gracias!, jeje
Pensando en el día de hoy me doy
cuenta de que las pistas que hemos hecho han sido muy chulas, incluso hemos
vadeado (ahora vadear ríos con motos trail está de moda, jaja),
algún riachuelo, hemos visto grandes montañas nevadas y paisajes desérticos.
Carreteras amplias, con polvo, y la moto no falla, eh? Aguanta todo. Perfecto.
Hale, a dormir
Día
6
Marpha – Lo
Manthang
Nos despertamos y vamos a
desayunar. Esta vez nos espera un magnífico plato con dos huevos duros y dos
bollos que están de escándalo.
Hoy toca ir al Upper Mustang.
Salimos de Marpha y en poco tiempo paramos en un bar que se
llama Johnny Cash. En serio? Ayer Bob Marley y hoy Johnny Cash!,
tremendo. Cogemos un poco de agua y vamos a visitar un monasterio. Seguimos en
zona budista. Vemos los niños estudiando en el monasterio, recibiendo
clases, una mujer en la calle lavando los platos en la fuente, una señora mayor
sentada que está con una rueda de oración con mango de madera que no para de
girar. En toda esta zona parece que el tiempo se haya parado. Al entrar dentro
veo una estatua parecida a la del monasterio del otro día, con el guerrero con
la espada en la mano y su miembro alegre. Me parece curioso la
importancia que le dan al tema físico. Cuántos guerreros habremos visto con sus
armas, enseñándolas a modo de amenaza, pero en esta zona, aparte de las armas
(espadas) enseñan sus partes que además parece que tengan que estar en activo.
Curioso.
Salimos con las motos y cogemos
una pista que ya no vamos a abandonar en todo el día. Pasamos por
otro Check Point, que en esta ocasión son 500 dólares, y pasamos a
una zona bastante más solitaria que la anterior, que ya lo era.
La pista que cogemos para subir es
eterna. Ancha, con piedras, y sube sube sube sube. A medida que
vamos cogiendo altura mi dolor de cabeza vuelve. Arg. No ayuda mucho el
tema de las piedras, pero bueno. Voy disfrutando del paisaje, que es
absolutamente brutal. Esta pista parece no tener fin, al igual que la
subida. Adelantamos a dos personas en bici. En
serio? Really?, vaya palizón!, apufs..
Pasamos de estar abajo de
esta pista que es parecido a un paisaje de los indios Sioux, que parece que en
cualquier momento van a aparecer 100 tíos con los caballos y las flechas, a un
paisaje tipo lunar a unos 4000 metros. Y de fondo esas montañas que inspiran
respeto. Es tremendo todo esto. No deja indiferente.
Paramos a comer en un restaurante.
Estamos solos. Nos meten en una habitación con mesas bajas donde nos sentamos
unos al lado de otros. Descansamos. Estamos cansados. Bromeamos, sonreímos.
Alguno incluso dormita. Qué buen ambiente!. En este país es mejor ir
sin prisas con la comida, porque siempre tardan la de Dios, y esta vez no iba a
ser menos. Damos gracias porque nos sacan las bebidas y mientras esperamos,
hablamos y hablamos. Por fin nos sacan un bol con unos fideos que no están ni
dejan de estar pero tienen pinta de alimentar, así que para dentro.
Más tarde un café que según a quien preguntes tuerce la jeta, jaja, y
venga, a las motos que nos queda pista por hacer. Brum brum.
Seguimos por esta pista que cambia
un poquito ya que o hay menos piedras o parece haber menos piedras, pero lo que
tengo claro es que voy ligeramente más ágil. A cambio se levanta algo de
viento, pero las vistas cubren, por mi parte, cualquier cansancio. Vaya
espectáculo es todo esto, qué suerte de estar aquí. Paramos
en otro pueblo a descansar. Todo está alejado de la mano de Dios, o es la
impresión que me da. Busco un aseo, que sé que es una batalla perdida pero
dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Probin me comenta que ahí
(me señala una puerta con pinta chunga) está el aseo. Le miro a los ojos y
levanta los hombros en señal de “tú verás”. Me acerco, abro la puerto y pienso
que nomejodasanda. Eso es exactamente lo que pienso, jaja. Cierro de seguido,
me alejo y me asilvestro. Vuelvo y veo a unos del grupo fuera del sitio donde
hemos parado y otros que han subido unas escaleras y están ahí. Subo y al
entrar noto que es una estancia agradable. Qué curioso es todo esto. La chica
que nos sirve tiene un perrito muy pequeño con ella. Me lo enseña y lo
acaricio. Las dos sonreímos. Tiene un mes me comenta. Nos saca unos caramelos y
pienso que es el mejor caramelo que me he tomado en la vida. Sigo un rato más
con ella y luego me siento a descansar. Daniel me saca una coca cola que bebo
bien a gusto. A la de un rato volvemos a las motos a seguir ruta!, Vamos!
Salimos, hacemos varias paradas
para ver el espectáculo que tenemos a nuestro alrededor. Es increíble. Y
viento, se ha levantado viento. En un momento dado nos meten por una
pista mas pequeña y sin piedras, qué alivio!. Es como ir en
una manta voladora, como levitar, qué gustito!, jaja, Vamos a dar a un
pueblo donde está el Palacio del Rey. Al parecer, antes era ahí donde
se hospedaba el Rey. La verdad que es como un oasis. Es un lujo estar
aquí. Según entramos al hotel nos atienden, nos sacan bebidas y algo de picar.
Hay sofás. Estamos cansados y esto se agradece. Nos van repartiendo las
habitaciones. A los que nos toca arriba, nos dan unas sandalias para
poder subir. No se debe subir con las botas puestas. Nos suben las maletas uno
a uno y nos llevan a la habitación. La abren, nos las muestran, todo como con
reverencias y educación. Qué bien. Nos duchamos y nos quedamos dormidos en una
cama gigante y acogedora. Qué placer. Nos despertamos y bajamos a cenar 10
minutos más tarde la hora, pero no pasa nada. Hay buffet donde todo está
buenísimo, incluido la tarta de manzana y el brownie, el cual repito, por
supuesto, ni qué decir tiene, jeje.
Estamos muy cerca de la frontera
del Tibet. Da que pensar. En la habitación hago lo que me dijo uno de mis
hermanos en Colombia, que es abrir el google maps y darte cuenta
de dónde estás. Pruébalo, es una sensación curiosa.
Vamos a dormir, anda..
Día
7
Lo Manthang –
Dhakmar – Ghami
Nos levantamos y como siempre a desayunar.
Qué bueno está todo. Me encanta desayunar.
Salimos a dar una vuelta por el
pueblo. Es muy básico. Van a intentar que nos abran un monasterio antes de
tiempo para nosotros solos con la intención de que no se nos haga muy tarde
para salir. No se ven turistas, debemos de ser los únicos que en esta época del
año estamos por aquí. Mientras esperamos en una placita bien chula que nos
abran, veo a tres jóvenes, con sus atuendos de monjes o
estudiantes, jugando con un balón
pequeño, tipo de balonmano, a fútbol. Se pasan la bola los unos
a los otros con sus típicas túnicas rojas. Se unen algunos del grupo
y se pasan la bola entre todos. Es bonito verlo. Gente tan diferente jugando
juntos. Da esperanzas, eh?
Entramos al monasterio y me
impresiona. Realmente en este viaje me impresionan muchas cosas.
Visitamos algún
monasterio, un templo y lo que creo que es un museo, que está muy
bien. Todo cuidado. En los monasterios está Buda, en grande. Hay
dinero tirado por el suelo, botellas de bebidas, comida. Entiendo que son
ofrendas que hacen los visitantes. Y Buda, siempre ahí, con las manos con el
gesto de meditar y esa mirada…ufs, vaya mirada.
Vamos volviendo poco a poco al
Palacio, nos vestimos de romano, cogemos las motos y salimos por una pista
bastante picante, con una subida que hace que me tenga que esforzar.
Es corta pero con cierta exigencia. La moto, como siempre, no falla,
mantienes la inercia y ahí va, tututututu, poco a poco. Buena chica.
Vamos a visitar unas
cuevas que hay muy cerquita. Dejamos las motos en un campo de futbol y
allá que vamos. La verdad que no me he planteado si las cuevas son angostas o
relajadas o qué, cosa que me doy cuenta justo cuando vamos a entrar. Le
pregunto a Ramón y me dice que no, que no son claustrofóbicas pero olvida
u omite el detalle de entrada, jeje. Cuando voy a entrar pienso “por
aquí?”, juas. Se entra subiendo por unos escalones que no pido que me
empujen del culo de milagro, porque vamos con ropa de moto y no me da la
zancada, jeje. Cuando subes esos escalones veo una escalera de madera, de
mano, que sube Dios sabe a dónde y un niño pequeño, sin adultos, intentando
bajar. Ui. Le hago un gesto con la mano y le indico que baje, que le cojo.
El chaval poco a poco y no pasándolo demasiado bien, baja. No sé con quién
viene, así que le suelto y sigue sin, aparentemente, adultos a su cargo. Venga,
va, me toca a mi subir. Madremia. Ramón me va indicando dónde
poner los pies. No se me hace fácil pero al final lo logro. Me da un
poco mieditis la altura por si no lo he dejado claro todavía, jeje. Subo a
un piso donde veo diferentes habitáculos. Oigo que alguien dice que ahí vivían
hace 200 años. Sólo 200?, bufs, qué manera de vivir, hay más pisos
para arriba, así que subo uno más pero de ahí no paso. Las vistas,
asomándote por unos huecos que hay en la pared son impresionantes. Me quedo un
rato grabando algún video y mirando bien todo. Ahora toca bajar, venga, va,
poco a poco. Menos mal que Ramón anda por ahí y me vuelve a ayudar diciendo
dónde y cómo apoyar los pies o las manos, o incluso el culete. Al final
bajamos, salimos y nos quedamos hablando un rato hasta que sale el resto del
grupo.
Salimos con las motos y vamos
dando un rodeo por unas pistas que en muchos tramos tienen arena. En uno de
esos tramos veo que a Michel se le cae la moto y al momento para Alberto para
ayudar a levantarla. El resto esperamos. Una vez la han levando, Alberto
se va para un lado y Michel mira para el otro, y la pobre moto se cae para el
otro lado, jajajaja. Qué buena. Michel se encoge de hombros como
preguntándose qué coño ha pasado, jaja. Al final la levantan de nuevo y
seguimos ruta. Este sendero es muy chulo y vamos bordeando todo el entorno
hasta volver a Lo Manthang donde comemos en un sitio que nos ponen
arroz y algo similar a los rollitos de primavera pero rellenos de
arroz. Vamos, que básicamente comemos arroz, jaja.
Salimos y mezclando pistas muy muy
chulas y parte de la pista que hicimos ayer vamos hasta Ghami. El día de
ruta de hoy ha sido corto pero muy muy chulo. Vistas
espectacular donde subimos hasta los 4100 metros donde se puede
ver tooodo el paisaje que tenemos y es realmente espectacular.
Paramos en un montículo donde hay muchas de las banderas típicas de Nepal, que
representan los 5 elementos. Muchas de ellas están por el suelo, pero nos
explican que no es dejadez, sólo que la tradición dice que hay que dejarlas.
Seguimos ruta y vamos por unos
caminitos muy chulos. Delante de mí llevo a Antonio R. Vamos subiendo un
sendero y tengo la sensación de que él no va a llegar arriba. No
hay dificultad pero me da que va algo lento para esa subida. De
repente veo que efectivamente no llega y como puedo esquivo la caída que pienso
que va a ocurrir, y efectivamente justo al pasar a su lado veo de reojo cómo
vuelca para atrás. Rafa que anda por ahí se para y luego me comenta que ha
sido un piñazo un poco aparatoso. Menos mal que no se ha hecho nada. Daniel
sufre también alguna caída mas adelante, ya que hay trozos de la
pista donde hay bastante piedra suelta, pero poco a poco vamos avanzando. Todo
esto es espectacular. Paramos en un monasterio que dicen que es el más alto no
sé si de Asia, del mundo o qué sé yo, pero está altísimo. De hecho mi
cabeza, que es la me marca la altura, me pita, me duele, así que sí, efectivamente
debemos de estar muy altos. Estamos un rato viendo el entorno.
Qué paz pero qué duro tiene que ser el clima cuando las cartas vienen
dadas de otra forma..
Llegamos a Ghami, el pueblo
donde dormimos hoy. Es un sitio muy auténtico, fuera de la ruta del turista.
Hace algo de frío y en las habitaciones la temperatura ambiente es bajita.
Menos mal que las sábanas son eléctricas porque sino sería una noche
interesante, por decirlo de forma suave. Mientras esperamos a que nos den las
llaves de las habitaciones nos sacan palomitas y cerveza, así que la espera se
hace amena.
A la de poco nos dan las llaves y
subimos a la habitación. Cierro la puerta, pongo el pestillo y me giro. De
repente noto corriente, por qué?, me giro mirando la puerta y veo que se abre. Ui.
Me acerco y veo que el pestillo, que estaba atornillado al marco de la puerta
se ha soltado, o sea, que no hay pestillo y por la corriente (las ventanas
aíslan lo que yo te diga) la puerta se abre. Curioso, no? juas. Se
lo comentamos a Ramón para ver si pueden ir a atornillarlo (y de paso le
comentamos la “casi” falta de papel higiénico) el cual nos dice que lo comenta
y que irá alguien para solventar ambas cosas. Como pasa el tiempo y vemos
ahí no viene ni el tato, ponemos una silla en la puerta para que no se abra y
nos vamos duchando. El agua no sale muy, digamos, caliente, pero suficiente
para esa ducha que tan bien sienta.
No le volvemos a decir a Ramón ni
lo de la puerta ni lo del papel higiénico. Total para qué. En este sitio no
tiene pinta de haber alguien de mantenimiento ni nada parecido…
Bajo abajo donde hay varios del
grupo y dejamos pasar el tiempo hasta la cena comiendo palomitas. No están
muy allá pero una no puede parar de comer, jeje.
Cuando estamos todos juntos nos
vamos al sitio donde vamos a cenar. Es como una casa de dos pisos. Subimos al
primero y nos meten en una especie de salón con cocina incluida donde
vamos sentándonos en asientos corridos que van pegados a la pared.
Mientras cocinan ahí mismo pasamos el rato lo mejor que podemos, es decir,
hablando y echando unas risas. Veo que unas de las chavalas (son todas
jovencitas) que cocinan no lleva gorro en la cabeza (el resto sí). Hace fresquete. Entiendo que no lo lleva
de forma voluntaria, pero me entra la duda. Y si no tiene?, menuda tontería de
pregunta, seguro que sí tiene!, pero la duda se me queda en la cabeza. La miro
de vez en cuando y siempre, todas ellas, están sonriendo. No tiene pinta de
tener frío. No sé. Pero la duda la tengo, así que me quito mi gorro y se lo doy.
Me da las gracias con una sonrisa. Igual piensa que a ver por qué le doy mi
gorro, pero bueno, no me quiero quedar con la duda.
A medida que pasa el tiempo y van
cocinando el ambiente se caldea. Charlamos, bebemos y disfrutamos de la
compañía. Qué más se puede pedir?
Una vez terminada la cena, alguien
pone música y algunos se animan a bailar. Hay música para todos los gustos.
Música nepalí, española, de aquí, de allá, pero todo bailable. Ahí nos quedamos
disfrutando del equipo hasta que llega la hora de dormir. Venga, vamos a esa
habitación-congelador, jeje
Día 8
Ghami –
Kalopani
Hoy
no he dormido del todo bien. Me he levantado demasiado pronto y ya no he sido
capaz de volver a cerrar los ojos, pero bueno, qué le vamos a hacer. Siempre
puede ser peor.
Bajamos
a desayunar y me doy cuenta de que no soy la única que va medio dormida. Oigo
comentar a algún compi que no han dormido precisamente bien. Será la altura,
será el cansancio. No sé.
Desayunamos
en el mismo salón-cocina que cenamos ayer. Es acogedor, sencillo y
evidentemente casero. Nos ponen patatas, coliflor, tostadas, mantequilla,
mermelada y para beber café o leche. Por qué meterán coliflor en tantos
platos?, juas.
Salimos
y empezamos a bajar haciendo el camino de ida pero a la inversa. La verdad que
es otra perspectiva y tengo la sensación de ir por otro sitio si no fuera
porque estas piedras me recuerdan a las de ayer, jaja
Voy
tensa como un palo, no me siento cómoda y pienso que va a ser un día duro. A la
media hora de salir, Probin se echa a un lado de la pista para reagruparnos de
nuevo. Aprovecho el descanso para estirarme y demás. Una vez que el grupo está
de nuevo formado, seguimos. Ui. De repente voy a gusto. Qué ha pasado?, qué
bien me ha sentado esa parada!. Ahora voy por encima de las piedras y la moto
se comporta de vicio. Soy capaz de ir más rápido y cuanto más rápido voy me
siento mejor. No es que vaya de rally, hay compis que van más rápido que yo,
pero sin duda voy más cómoda. Así sí. Admiro este paisaje. No me canso. Es increíble.
De
vez en cuando Rafa y yo comentamos por el intercomunicador de mirar esto o lo
otro (tónica general de este viaje, lo que uno no ve lo ve el otro y nos
complementamos bastante bien) y seguimos fascinados con este paisaje.
Lo
sorprendente de esta ruta, o mejor dicho, de la de casi todos los días es el
tipo de motos que llevan los locales. Sí que es cierto que veo alguna moto de
trail acorde al terreno que tienen, pero en la mayor parte de los casos no es
así. Van con unas motos que no son para nada de pisteo. Veo scooters o motos de
carretera. Hace días le pregunté a Probin a ver por qué había tantas “pulsars”
(son como Hondas 125-250 de carretera o algo parecido) y me contestó que son
fiables y baratas. Así que esta gente va por unos terrenos algo jodidos con
motos no muy acordes. Y lo mismo para los coches, no sé, tendrán sus motivos
aparte el económico…
Seguimos
bajando y bajando, porque ahora lo que toca es bajar (cosa que mi – dolor – de
cabeza agradece, no así mi corazón que sigue mirando estas montañas con mucho
respeto y fascinación)
Y
ya sabes lo que dicen, que cuando te confías viene la galleta, y la verdad que
falta poco para ello, porque de repente la cuesta abajo se pone un poco más
cuesta abajo, aparecen bañeras y arena, así, de golpe. WTF. Delante de mí van
Michel y Emilio, los cuales al pasar levantan una polvareda de escándalo, así
que en un momento me quedo sin visión. O sea, cero, nada. Soy consciente de que
antes de quedarme a ciegas he visto que es una recta, por lo tanto, solo es cuestión
de absorber esas bañeras de polvo flexionando bien brazos y piernas e ir en
línea recta. Eso es lo que me dice mi cabeza en el siguiente medio segundo de
quedarme a ciegas. Adopto posición de absorber irregularidades y sigo. Otra
cosa es lo que hace la moto. Está claro que no lo hago bien, no veo, no absorbo
nada, jaja, la moto se mueve la de Dios, y por el intercomunicador le grito a
Rafa que no veo. “No veo!”, y él me contesta lo obvio. “Para la moto! Para para
para!”, así que freno, planto los pies en el suelo y la calo. Ostia qué limada.
Pienso que igual viene alguien por detrás y nos da, así que no hay tiempo que
perder. En cuanto se va el polvo veo dos cosas: 1) Emilio ha parado y me está
mirando. Se agradece la vigilancia porque la verdad me veía en el suelo, 2)
Rafa está detrás sin haberse caído, así que todo perfecto. Sin perder tiempo
arranco y seguimos.
Vaya
limada, no?, jaja,
Seguimos
un poco más y paramos en el restaurante donde en la subida estuvimos comiendo.
Unos piden café, otros leche, yo me siento algo cansada así que me tiro al azúcar,
jeje, y a la leche. Probin saca unas galletas de chocolate que me saben a
gloria. Vamossss..
Estamos
un buen rato ahí parados, descansado. Hace algo de fresco pero se está bien.
Nos
montamos en las motos y seguimos bajando. No sé cuánto tiempo se tarda en
bajar, pero tiempo, sí, un buen rato. Es mucho desnivel. Bajamos, bajamos,
bajamos y mi detector de altura, mi cabeza, se relaja, qué bien!
Pasamos
el Check-Point y nos reagrupamos en el último puente. Ya está. La bajada ya
está hecha. Miro arriba y suspiro. Ya?, je, pues sí, ya. Cómo pasan los días,
no?
A
partir de aquí tanto el paisaje como la carretera cambia completamente. Volvemos
a la zona Siuox (es como la llamo yo), y volvemos a ir parejos al río, que está
seco, pero por el canal que está hecho para el agua tiene que ser impactante
verlo crecido y bajando a toda caña. La carretera pasa a ser ese asfalto que de
vez en cuando cambia a pista y luego vuelve al asfalto. Y también, a medida que
avanzamos, aparece el tráfico. Poco a poco. Vuelta a la civilización.
Paramos
en el bar de Johnny Cash, el mismo que paramos a la ida a beber algo, pero esta
vez con idea de comer. Se ha levantado bastante viento y empieza a enfriar.
Subimos al piso de arriba y nos sacan, cómo no, spaguettis (con Yak), jaja.
Pensaba que este iba a ser el viaje del arroz, pollo y lentejas, pero resulta
que va a ser también el de la pasta. Creo que entre arroz, pasta y pollo es lo
que más comemos.
Terminamos
de comer, me pongo el chubasquero a modo de cortavientos – tengo un ligero frío
- y salimos. En una de estas que el
asfalto cambia a pista, que vamos hablando por el intercomunicador
tranquilamente comentando la jugada, la pista se empieza a llenar de piedra
suelta y zas!, casi al suelo!. Ya sabes, piso con la rueda delantera una
piedra, y ostia, que me tira!. Oigo a Rafa que grita algo porque creo que
también me ha visto en el suelo. Osssstia. Hoy va a ser el día de las limadas,
eh?, jeje
Seguimos
y en poco más de una hora llegamos al hotel. Aún no están las habitaciones
preparadas así que esperamos mientras hablamos y bebemos. Los guías nepalíes se
ponen a limpiar las motos. Sé que va dentro de su curro, pero qué pereza me da
y qué frío. Noto que la temperatura poco a poco va enfriando y verles con la
manguera de agua fría, no sé yo..
Nos
dan las habitaciones, entramos y para variar estos días de fresquete hace frío
dentro. Las sábanas, como el otro día, están electrificadas, pero leñe, yo con
este fresco no puedo estar parada, así que me ducho y salgo para el bar del
hotel que seguro que hace mejor temperatura. Rafa se queda un rato más en la
habitación. Cuando salgo veo que los guías siguen con las motos, bufs..
Entro
al bar y me quedo un rato charlando con Alberto sobre viajes en moto. Qué
placer de conversación. A quién de nosotros no le gusta hablar de motos o
viajes en moto? Por ahí pululan ya algunos del grupo y Jordi tiene la genial
idea de pedirles que pongan la estufa. Oh sí, así sí, brrr, calorcito..
A
las 19:00 horas a cenar, beti bezala. Buffet, ya sabéis, pollo, lentejas,
arroz..nada nuevo, jaja.
La
verdad que este buffet es el peor que he comido estos días. Las lentejas están
fuertes, el pollo es más hueso que otra cosa y más arroz no, por favor, jaja,
así que pillo unas rebanadas de pan de molde que están untadas con ajo y hago masa con ellas. De postre pastel de
zanahoria, o algo así, que no está mal, pero vamos, uno más.
Después
de cenar nos quedamos hablando unos cuantos y poco a poco se van retirando a
las habitaciones. Al final me quedo con Daniel charlando un rato y arreglando
el mundo, mientras Jordi se queda en un sofá de esos automáticos que dan
masaje. Cuando termina nos comenta que está muy bien, así que Daniel aprovecha
para probarlo y yo para irme a dormir..
Mañana
último día de moto. Arg.
Día 9
Kalopani - Pokhara
Nos
levantamos, salimos a desayunar y el paisaje que vemos nos quita el hipo. Ha
despejado y se ve el Dhaulagiri y a lado suyo otro de 7000 metros. Esto es
tremendo. Menuda pasada.
Desayunamos
huevos, tostadas, leche y unos pamcake buenísimos, tanto que repito. No tengo
remedio.
Hoy
es el último día de moto. Volvemos a Pokhara por la carretera general por donde
va todo el mundo. Es decir, mezcla de asfalto con trozos de pista. Ramón nos
avisa de que esta noche ha llovido por lo que ha habido desprendimientos. Avisa
que hay que estar atentos. Ok.
Salimos
y lo que espero que sea un día de tránsito se convierte en divertimento. No
tengo tiempo para aburrirme. Entre el paisaje, el tráfico, el asfalto roto, las
obras, los desprendimientos y las pistas, bua, me lo paso de miedo. Me
sorprende este país. Donde ha habido desprendimientos veo gente currando en
unas condiciones que entiendo que son difíciles. No veo medidas de seguridad y
ahí están, apartando barro de la carretera y la maquinaria subida no sé cómo a
la ladera. Creo que es a Emilio a quien le cae alguna piedra suelta de una
ladera sin mayores consecuencias que el susto. Esto es tremendo.
Según
vamos bajando veo en una parte exceso de tráfico. Nos asomamos y hay atasco por
otro desprendimiento. Hay cola de coches, autobuses y camiones y ambos lados
del desprendimiento con atasco. Vamos haciendo zig-zag entre los coches hasta
llegar al meollo. Hay un paso como de dos metros de ancho donde solo pueden
pasar las motos. Hay barro y piedras. Pasamos con cierta dificultad pero
pasamos. Guau. Esto es la leche. Seguimos bajando y el calor aprieta. Probin
para a un lado de la carretera para que nos quitemos ropa, ya que dice que de
aquí en adelante las temperaturas van a seguir subiendo. Genial. Veo un aseo
ahí cerca así que me asomo. Está ocupado y hay una señora esperando. Por su
actitud entiendo que va con la persona que está dentro. Genial porque tengo
cierta urgencia. Pasan los minutos y tarda. Que haga lo que tenga que hacer,
pienso. Pasan los minutos y sigue sin salir. Ok. Tendrá una urgencia. No hay
problema, a cualquiera le puede pasar. Al final sale una chica que se queda en
el marco de la puerta hablando con la señora de fuera. A saber lo que le está
diciendo pero yo quiero entrar que me hago pisss. Parece que bromean entre sí.
Da la sensación de que son madre e hija. Le miro a la chica, ya que parece que
no se da cuenta de que estoy esperando y le sonrío con la esperanza de que se
mueva 5 cms a un lado y me deje pasar. Me ignora. Magnífico. Dejo pasar unos
segundos y la pava ahí sigue, en mitad de la puerta sin dejarme pasar. Habla de
forma tranquila. Le vuelvo a sonreir y vuelve a ignorarme. Suspiro. Doy un paso
adelante y le “ayudo” con la mano a apartarse. Ella se echa a un lado, sin
mirarme, mientras sigue hablando con la supuesta madre y entro al servicio. No
parecen verme, no debo de existir, no sé, boh. Cierro la puerta, me giro y al
ver cómo está el supuesto “aseo” pienso “venga ya”. Seguro que puede estar más
sucio, y seguro que dada la higiene de los baños de carretera de este país
tengo que estar agradecida, pero “en serio?, really?”. Charco sucio abajo, evidentemente
un agujero, sin papel, sin nada, olor a orines (tengo poco olfato, así que si
yo huelo algo es que huele de verdad). Arg. Quiero quitarme los pantalones de
debajo del pantalón de moto y me da cierto placer pensar que llevo puestos unos
que no hace falta quitarme las botas. De hecho, me los compré específicamente
para este viaje porque me lo veía venir. Tiene unas cremalleras en cada pierna
que tanto para poner como para quitártelos no te tienes que quitar las botas.
Tan simple como eso. Pero en serio, me alegro la de Dios por tener este sistema
y no me tenga que quitar las botas porque está claro que no lo iba a hacer ahí
dentro. No piso ese suelo sin botas ni aunque me paguen, jaja. Con un pie
sujeto la puerta, porque evidentemente no hay pestillo (no espero otra cosa),
me quito la cazadora y me la pongo encima de la cabeza y la riñonera me la
engancho no sé cómo al cuello. De verdad que alguien tendría que escribir un
libro sobre cómo, las mujeres, orinamos en los baños públicos, sucios y sin pestillo, jaja.
El
caso es que al salir veo que casi todo el mundo ya se ha ido salvo Javier y
Rafa, que aún andan cambiándose. Mientras guardamos las cosas veo los vehículos
que estaban en el atasco pasar delante nuestro. Guau. No deja de sorprenderme
este país. Si llega a ser España aún seguirían ahí atascados. Cómo leches han
quitado todo para dejar pasar el tráfico?, me quito el sombrero. Venga, vamos,
brum brum, que continúe el divertimento!,
Seguimos
un rato más y paramos a tomar algo. Hablamos. El ambiente como siempre es de
buen humor. Vamos, salimos de nuevo!. En un momento dado salimos de la
carretera general y nos meten por una carretera estrecha, asfaltada, muy chula
(me recuerda a las carreteras entre caseríos de Euskadi) que va subiendo poco a
poco con unas vistas tremendas. Buen fin de ruta sin duda. Ahí vamos, curva
izquierda, curva derecha. Muy chulo. De repente empiezan a aparecer
parapentistas. Un montón. Surcan el cielo. Y ahí que vamos. Nos paramos donde
hay gente mirando todo el espectáculo tanto del cielo como del paisaje.
Tremendo. Nos quedamos un rato charlando de forma animada. Debajo está Pokhara
con su aeropuerto. Nuestro punto de salida. Parece una eternidad desde que
salimos de ahí el primer día con las motos. La de cosas que hemos vivido y
visto entre el primer día y este último.
Nos
avisan que vamos a bajar ya para Pokhara y que tengamos cuidado tanto en la
incorporación al tráfico de la ciudad como a todo en general. Oki. Allá que
vamos.
El
tráfico está un poco denso pero no esperamos otra cosa. Con mil ojos vamos
avanzando poco a poco hasta el comienzo del viaje en moto, como dice Ramón, la
Sede de 30mps en Pokhara. Subimos las motos (en mi caso con cierta dificultad,
sería la leche caerse entrando al taller, jeje), nos bajamos y nos vamos
abrazando todos, qué buen rollo!
Unos
graban videos, otros sacan fotos, otros toman cerveza, todos comemos pizzas.
Todos felices. Se habla, se da las gracias. “Danebat, danebat” para todo el
mundo. Hasta la pequeña hija de Probin está por ahí, una chiquilla de unos 3
años siempre sonriendo, siempre jugando. Qué buen rollo.
Los
que tienen que pagar algo de los desperfectos de la moto (retrovisor caído,
intermitentes, lo que sea) hacen cuentas con los del taller y al resto nos
devuelven la fianza. Parece como cuando te dan las notas de fin de curso.
Nos
despedimos del equipo de guías de Nepal y nos llevan al hotel. Relax, ahora ya
todo es relax. Te duchas tranquilamente e intentas mentalmente ordenarlo todo,
ya que mañana cogemos el vuelo a Katmandú y todo tiene que entrar en la maleta.
Es decir, todo lo que llevamos más lo que hemos comprado. La banda sonora de
“Misión imposible” planea sobre nuestras cabezas, jeje
Damos
un paseo por el lago, compramos alguna cosa más, nos acercamos a las barracas
que hay ambientazo y poco a poco va llegando la hora de cenar. Quedamos en el
hotel y nos llevan a la cena de despedida en Pokhara. Un restaurante al borde
del lago, en una especie de balcón donde de forma distendida vamos cenando,
sonriendo, contando batallas y siempre con los viajes en moto como primera
conversación. Me encanta.
Venga,
vamos a dormir que mañana toca avión.
Día 10 y 11
Son
vuelos. El día 10 cogimos el avión para Katmandú. Es un momento. Despega, miras
por la ventanilla, dices 4 cosas, y ya estás bajando. Estuvimos ese día en
Katmandú sueltos, a lo libre, sin organización común ya que gracias (ironía) al
kks Trump y sus aventuras por el mundo, los de 30mps nos tuvieron que cambiar
el tema de los vuelos, es decir, vez de ir por Doha se tuvo que ir por
Estambul. A raíz de eso, tuvimos que hacer a la vuelta un día en blanco en
Katmandú. Y este día es éste. Paseamos, comemos, paseamos, mercadillos, cena y
a dormir
El
día 11 es la vuelta grande. Salimos como siempre muy pronto (sin desayunar,
claro, nos levantamos muy muy pronto). Vuelo a Estambul. 5 horas en el
aeropuerto, que vuelvo a alucinar con este pedazo aeropuerto. Tiene de todo.
Compra de toblerones de naranja, que me alucinan. Picas algo, dejas pasar el
tiempo. Siguiente vuelo a Madrid
Conclusiones:
Voy
a ser sincera y directa:
Cosas
que me han gustado menos:
La suciedad del país:
Evidentemente a medida que te alejas de las grandes ciudades no hay tanta
suciedad, pero en general tienen mucho plástico tirado por ahí, mucha basura
suelta. Supongo que tienen otros problemas más graves que ese, pero sin duda es
un problema ya que va ligado a la higiene del propio país.
El tema de los aseos en carretera o en la calle: dejan mucho que desear y rezas para no tener un problema fuera
del ambiente de hoteles, porque si tuvieses algún problema en el que tengas que
ir al baño a menudo está claro que muy bien no lo vas a pasar. Así que cuidado
con la comida y cruzar los dedos.
Katmandú: Las grandes
ciudades no suelen ir conmigo, pero Katmandú se lleva la palma. Tráfico, ruido,
suciedad, gente por todos lados. En definitiva: Kaos
Evidentemente
el tema de la pobreza siempre está ahí. Tomo a Daniel (el argentino del grupo)
como ejemplo: Dejar nuestro dinero en el comercio local. Es algo que me
ha enseñado y espero no olvidar.
Cosas
que me han encantado:
El viaje en general:
Conocer un país tan diferente al mío. Otra religión, otro idioma, otras
costumbres, otra comida. Todo me ha gustado. El grupo de gente que nos hemos
juntado para este viaje. Cada uno ha aportado su grano de arena para que todo
salga bien.
El
ambiente ha sido bueno y las risas aseguradas. Volvería a repetir tanto con
ellos como con los guías. Con todos. Magníficos.
El paisaje: Tremendo.
Verde, vegetación muy chula en la zona baja; territorio Siuox en la mitad, que
como digo sólo faltaba que apareciesen indios a caballo para asaltar
diligencias; y absolutamente especial y sorprende en la zona arriba, a partir
de unos 2500 metros (por decir una cifra aproximada). Esa mezcla de paisaje lunar
y estar rodando entre 6miles y 8miles con sus nieves de fondo, bufs, ni me lo
creo. Esas montañas que con su sola presencia hacen que las mire en silencio y
se me quede la mente en blanco. Inolvidables. Pienso ahora que estoy en casa,
en el sofá, dónde hemos estado y qué hemos visto y espero no olvidarme nunca de
lo pequeños que somos. Ese mirar alrededor y ver montañas y montañas y montañas
y más montañas me ha dejado sin palabras.
Rafa: Sí, Rafa,
mi pareja. El mejor compañero para este viaje. Sabe que soy una cabritilla
despistada y él siempre ha estado mirándome para ver que todo vaya bien. Mi
conciencia, mi guardaespaldas, mi guardián. Gracias cariño, has sabido cuidar
de mi.







































































.jpg)



No hay comentarios:
Publicar un comentario