Dos días por Burgos
Después de un invierno pasado por agua empezamos la primavera parecido, con la salvedad, como es intrínseco en las primaveras, que alterna esos días de lluvia con unos excelentes días de sol, así que aprovechamos un par de días que tengo libre en el trabajo para coger las motos (la Fantic Caballero 500 de Rafa y la Honda CRF300L) y hacer parte de la provincia de Burgos con la excusa de ir a buscar cerezos en flor, recorriendo carreterutxas y alguna que otra pista.
Preparo la moto pensando en pasar
un par de días fuera y queriendo probar algo de ropa de moto que me he comprado para un
viaje próximo que tenemos. La idea es hacer un macuto sencillo, ya que son dos
días con un día de noche fuera, pero no me preguntéis cómo, se hace una
maleta más grande de lo que se piensa. Revisando lo que llevo me doy cuenta de
que lo voy a usar todo, salvo una muda que llevo de más (vete tú a saber qué
puede pasar). Así que nada, monto la moto y salgo dirección Landa (provincia de
Álava) que he quedado ahí con Rafa. Llego diez minutos antes de la hora y
aprovecho para sentarme al sol, porque oye, qué bien sienta el sol de
primavera. Mientras cierro los ojos y dejo que el sol me acaricie oigo la moto
de Rafa llegar, con esos Arrow que tanto me gustan, brum brum!, jeje, me encanta.
Charlamos un poco y hale, al lío!
Bordeamos Vitoria (miedo da
meterte dentro ya que si lo haces es como si te engullera, nunca sabes qué vas
a tardar en salir ni cómo) y llegamos a Subijana. Hay por ahí unas vías de tren
que tienes que atravesar. Cuando llegamos las barreras están bajadas. Fuuu Fuuuu, ahí viene. Rafa aprovecha para mirar el mapa, ya que quiere ir por
unas carreteras en concreto, y yo me quedo mirándolo pasar. Es un tren de mercancías,
va lento y arrastra diferentes tipos de vagones. A mi mente llegan imágenes que
tantas veces hemos visto en las películas, que son de inmigrantes colándose dentro
para poder ir de un lado a otro, y de
ahí mi mente divaga hacia la dificultad, dependiendo de dónde nazcas o en qué tipo
de familia, que tiene uno para vivir o sobrevivir. En este estado en el que me
encuentro, que es de absoluta calma y sin saber por qué, me siguen viniendo
imágenes de películas como la de Tom Cruise en “La Guerra de los Mundos”, en
una escena brutal por el contexto del momento, que pasa un tren a toda
velocidad, ardiendo, o la película dirigida por Sean Penn, que me llegó
dentro, “Hacia Rutas Salvajes”, en la escena en la que al prota lo tiran del
tren a patadas y puñetazos. Me encanta el cine. Con esas imágenes, los ojos
cerrados, el sol calentándome, oigo como las barreras empiezan a levantarse.
Abro los ojos y veo que ya nos vamos a poner en marcha. Rafa ya parece tener
las ideas claras, así que seguimos.
Vamos por Salinas de Añana, que
es donde se produce la sal. Si no conocéis el tema es muy curioso ver todas las
parcelas donde recogen la sal y cómo lo tienen montado. Seguimos por Espejo y
Berberana donde entramos al Valle de Losa. Se va acercando la hora de comer así
que paramos en Quincoces de Yuso, en un bar/restaurante que vemos abierto. No
me apetece comer mucho y como nos dan la opción de comer medio menú, pues
genial. Me comenta Rafa que en vez de cobrarnos dos medios menús nos cobran un
menú entero, que sale más económico. La verdad que esos detalles se agradecen y
sin duda ganan un par de clientes más, ya que la próxima vez que pasemos por
ahí es muy posible que paremos. El café lo tomamos en una terraza que tienen
donde pega algo de viento incómodo y donde a la de poco de sentarnos llega un señor con un tractor, que lo aparca delante, y con el motor encendido. El tío se baja y se
pone a tomar el café con unos del pueblo. El resumen de los 15 siguientes
minutos es la de tener un tractor en marcha, con un ruido bastante molesto,
pegado a la oreja. Nadie dice nada y el notas ahí está, echando sus risas con
la gente del pueblo. Entiendo que es una práctica habitual, ya que a nadie
parece molestarle, y tendrá su motivo para no apagar el motor durante esos 15
minutos, no sé cuál, pero habrá, pero lo que sí puedo asegurar es que molesta
bastante. Evidentemente no dices nada. Te tomas el café, das las buenas tardes
y marchas.
Hacemos unos kms de carretera y
nos metemos por una pista fácil y sencilla. Rafa había hecho esta pista con
anterioridad y me la quería enseñar. Es una pista de unos 10 kms que no tiene
gran cosa. Es sencilla y el hecho de ir por pista nos hace sentir bien. Va
entre un bosque y serpentea. Llegamos a Rio de Losa y recuperamos la carretera
que viene de Peña Angulo. En nada llegamos a la Ermita de San Pantaleón De
Losa. Es curioso porque está arriba en el monte y desde abajo, la silueta que
tiene el monte es la de un barco. Es como mirar un barco enorme desde abajo y
desde su frontal. Es muy bonito. Subimos con las moto a través de un camino asfaltado
pero muy estrecho. Las vistas son muy bonitas. Paramos y miramos. A la de nada
le suena el móvil a Rafa y mientras él habla me dedico a investigar un poco.
Veo un cubo de Rubik. Sí, sí, como lo lees. Un Cubo de Rubik pero a tamaño
humano. Pero qué pinta esto aquí, jaja. Nos acercamos con las motos a verlo y
sacamos unas fotos. Qué curioso, no? Bajamos de nuevo a la carretera y vamos
hasta Traspaderne donde cogemos otra pista hasta Tartalés de Cilla. Qué bonito
es todo esto! Qué contenta estoy! Vamos hasta Tartalés de los Montes que hay
como una iglesia abandonada. Está comida por la vegetación. Está claro que hace
mucho que nadie oficia una misa ahí. Subimos con las motos con la intención de
entrar pero no se puede. La miras y te preguntas cuál será su historia. Nos
vamos con la incógnita. Seguimos ruta y nada más pasar Tartalés de los Montes,
entramos en una carretera muy chula, estrecha, en bajada, donde vemos un mirador
y un cartel donde pone algo de una cascada. Paramos y efectivamente, detrás de
nosotros hay una cascada! De dónde salen estos sitios tan bonitos y poco
conocidos? Hablamos, sacamos fotos, comentamos cosillas. El sol empieza a hacer
su labor, así que aprovecho para quitarme algo de ropa ya que empieza a
calentar.
Cogemos la carretera que va hasta
Valdenoceda donde retrocedemos hasta Incinillas. Hacemos el Desfiladero de los Hocinos,
que ha estado dos meses cerrado por unos desprendimientos, lo que ha
significado que la gente de los alrededores, durante dos meses, ha tenido que
hacer una vuelta de unos 30 kms para hacer su rutina diaria. Imagino su alegría
cuando lo han abierto. Amén de que es una zona chulísima, claro. De ahí vamos
al Valle de Manzanedo hasta Arreba. Paramos un rato las motos para ver qué
opciones tenemos, ya que podemos seguir o ya buscar hospedaje. Al final
decidimos buscar hospedaje y Rafa encuentra uno en Santa Gadea de Alfoz.
Llamamos, cerramos precio y allá que vamos. Vaya sitio más chulo! Es un pueblo
con muy pocas casas, todas desperdigadas entre sí, con un bar y un par de casas
rurales. Los caballos, perros y demás seres vivientes están por el pueblo como
Pedro por su casa y el ambiente es de calma total. La casa rural donde estamos
es perfecta. Solo estamos dos parejas (que vemos a uno de ellos de forma fugaz
al llegar y ya no le vemos más), el trato es muy personal, la mujer que lleva
la casa es encantadora y la cena que nos pone para chuparse los dedos. Le
preguntamos a ver si el bar estará abierto y nos contesta que igual sí o igual
no, dependiendo del ánimo del día del dueño, jeje. Nos acercamos dando un paseo, disfrutando del silencio y ahí lo vemos. Según nos vamos acercando ya vemos
que sí, está abierto, y parece haber ambiente. Cuando abres la puerta de das
cuenta del motivo. Hay partido de Champions y está medio pueblo (o el pueblo
entero), en el bar bebiendo cerveza, comiendo pipas y viendo el partido.
Tremendo esto del futbol. A Rafa y a mí nos da un poco igual, pero según me
tomo dos tragos del gintonic me mimetizo con la gente y me siento una más.
Hablas, comentas, sigues de reojo el partido mientras el Ginto se va
consumiendo. Nos quedamos un rato disfrutando del ambiente y cuando ya tenemos
suficiente vamos yendo para la casa rural de forma relajada y distendida. Así
se puede vivir, no?
Hale, a dormir!
Si quieres ver la ruta en wikiloc pincha aqui
Segundo día
Nos despertamos habiendo dormido,
por lo menos por mi parte, bastante bien. Nos tienen preparada una mesa y nos
van sacando cosas. Que si bizcocho, leche, café, pan tostado, aceite,
mantequilla, mermelada. De todo. No soy de tomar dulce a la mañana pero ese
bizcocho me está mirando. Así que nada, le empiezo a dar y qué bueno está.
Madremia. Veo la mermelada, que tampoco soy de mermeladas y hale, de perdidos
al río, o como dicen por ahí “from lost to the river”, jeje. La pruebo. Ahí va
Dios. La mejor mermelada que he tomado en la vida. En serio. Cuando la mujer
pasa por si necesitamos algo más le pregunto a ver de qué es. No te lo vas a
creer. De tomates verdes me dice. Eins? Pues nada, ahí estamos Rafa y yo
dándole. Qué buena está! Terminamos con las existencias de casi todo y salimos
a dar un paseo por el pueblo. Qué tranquilidad por Dios. Que si caballos
tumbados en una placita, perros sueltos, pájaros piando. Qué a gusto. El tiempo
acompaña. No tenemos prisa. El sol te calienta. Qué placer. Caminamos haciendo
un camino circular para volver a la casa rural, preparar todo y salir. Venga,
vamos!
Salimos del pueblo en sentido
contrario al que entramos ayer. Vamos dirección Montejo de Bricia hasta Ruanales
por una carretera que había sido pista pero que ahora está asfaltada. Es una carretera
comarcal que entretiene. Al final hay un puertecillo divertido y damos a la
carretera. Seguimos hasta el puerto de Carrales y volvemos a bajar al Valle de
Manzanedo por Torres de Abajo. Rafa anda algo justo de gasolina, así que
decidimos echar gasolina ya que nos vamos a meter por sitios donde pensamos que
igual no hay gasolinera. Miro en internet y me marca gasolinera a un par de
kms, cerca de Soncillo. Qué bien, no? Se lo digo a Rafa por el intercomunicador
y ahí que vamos. Al llegar a Soncillo no vemos nada que huela a gasolina así
que le pregunto a una chica que está sentada en el borde la carretera con un
uniforme de algo puesto. Está claro que está en su descanso de trabajo, así que
con mi mejor tono de voz (llevo el casco puesto) le pregunto si sabe dónde hay
una gasolinera. Me responde de forma activa y amable, con esto quiero decir que
me responde con ganas de ayudar. Lo triste de todo es que me llame la atención
eso. Que alguien tenga ganas de ayudar. Ahora tengo que la sensación de que
cada uno va a lo suyo y al resto que le den, así que valoro mucho estas ganas
por parte de ella, me ayuda a reconciliarme con el mundo. Gracias, de verdad.
Siguiendo sus indicaciones vamos a un pueblo que está como a 6 kms, que se
llama Cilleruelo de Bezana donde repostamos. Una vez que las motos están
alimentadas y te invade esa sensación de bienestar (¿no os pasa a vosotros que
cada vez que repostáis os invade esa sensación?) volvemos donde lo habíamos
dejado y seguimos ruta.
En el Valle de Manzanedo se encuentra un pueblo que nos llama la atención. San Miguel de Cornezuelo. Es idílico. La verdad que sólo vemos gente mayor, sentada al sol. Las casas son de pueblo, chulas y está todo con una hierba perfectamente cortada. Nos gustó mucho. De ahí volvemos a Arreba donde nos introducimos al Valle de Zamanzas. De camino a Villanueva-Rampalay nos topamos con una iglesia con un pequeño cementerio adosado donde paramos para sacar unas fotos. Es curioso porque al meterte dentro ves todo comido por la naturaleza. Tiene unas escaleras para subir al campanario. Estrechas, en caracol. Rafa me pregunta si quiero subir (él debió de subir en una ocasión anterior) pero le digo que mejor no. El hecho de ver lo empinada de esa escalera que gira sobre sí misma y visualizar la torta que me puedo dar subiendo con toda la equipación de moto (cazadora, pantalones, botas..) puesta, hace que descarte esa opción, jeje. Pasamos un rato ahí dentro. Imagino el uso que se le dio en su día. Las creencias, la fé. Pienso en todo ello.
A la de un rato salimos y vamos hasta Villanueva-Rampalay, donde vemos un
puente romano bastante chulo que lo quiero andar con la moto pero está claro
que es para viandantes, no para algo con ruedas y motor. Está como
asilvestrado, muy auténtico. En esa franja de tiempo mínimo que dudo entre ir o
no, opto por no hacerlo, porque menuda tontería, no?
Continuamos hasta Pesquera de
Ebro, donde cogemos el desvío hacia Dobro ya en el Puerto de la Mazorra. El
nombre de este pueblo me recuerda a la guerra de Yugoslavia. Dobro, ¿no os suena
a pueblo de Bosnia Herzegovina? (por
decir lo primero que se me pasa por la cabeza). No es os recuerda a esa zona?,
en fin. Divago, para variar. En Dobro nos incorporamos a la Nacional hasta
Villalta, donde cogemos una pista bien chula. Es llana con vistas de 360
grados. Es relajante. Me gusta. Llegamos a una iglesia y le pregunto a Rafa a
ver que qué pinta eso ahí y me dice que ni idea, que es la primera vez que la
ve. Juas. Pero no habías venido antes por aquí? Sí, sí, pero en algún punto he
cogido otro desvío. Miramos alrededor y vemos que hay unas cuantas pistas
diferentes que tendremos que investigar. Vaya zona más chula! Damos la vuelta y
en seguida retomamos la pista yendo en la dirección que Rafa quiere tomar, es
decir, hacia Aguas Cándidas, en el Valle de las Caderechas. Toda esta zona es
chulísima y vamos todo el rato por pista. Llegamos a un punto donde Rafa
comenta que no le suena de la otra vez que pasó (como digo hay unas cuantas
pistas), pero es tan chulo todo que seguimos y a ver a dónde vamos. Pasamos de
un paisaje llano, de pista fácil a un camino que se vuelve más silvestre y
donde la zona central de la pista pasa de ser de piedritas a ser de hierba.
Pasamos de una pista ancha a una pista estrecha. A tener vegetación a los lados
y que empecemos a ver cerezos en flor, pero no de forma salpicada, sino
plantaciones. Qué chulada. Paramos las motos, hablamos, sacamos fotos. Estamos
a la sombra, a la sombra de los cerezos. Respiras. Así da gusto. De forma
relajada nos volvemos a montar en las motos y seguimos ruta. Damos la vuelta a
todo el Valle viendo todos los cerezos en flor y salimos por Terminón. Nada más
coger la Nacional Rafa me comenta que mire a la derecha que voy a ver un
elefante. ¿Un elefante?, sí, sí. Me explica que la otra vez quiso sacar una
foto ahí, metió la KTM 890 y se le cayó al suelo. Juas. Le debió de costar un
esfuerzo levantar la moto, jeje. El caso es que miro, y efectivamente! Veo un
elefante! Alguien ha colgado una especie de colmillo del susodicho y con la
forma de la roca parece la cabeza de un elefante. Qué curioso!, jeje. Seguimos
un poquito y como la hora de comer está algo pasada decidimos parar en Oña a
picar algo. Después del desayuno que hemos tenido no hay mucha hambre. Rafa me
lleva a un bar que ha estado otras veces y que dice, está bien. Efectivamente,
al entrar me doy cuenta de que es muy chulo y extrañamente moderno. Los pintxos
son elaborados y están bastante buenos. Tiene un restaurante y por los platos
que veo es un sitio de calidad donde cuidan la comida.
Después de picar algo salimos hacia Barcina de los
Montes donde Rafa me comenta que hay un cartel que pone “Peligro, niños
sueltos!”, jaja, qué forma más amable y graciosa de avisar que hay niños
correteando, jaja. Seguimos ruta y pasamos
por La Aldea del Portillo de Busto y vamos a dar a Encío. Hay una bajada por un
puerto pequeño, con unas vistas espléndidas (que me recuerdan a las del Puerto
de Herrera) que tiene unos pretiles que hacen de guardarrail, de piedra, muy
bonitos. Esta carretera es muy chula. Una buena despedida de toda esta zona que
tanto me ha gustado y a donde sin duda espero volver con Rafa, mi Cicerone
particular. De aquí volvemos a Espejo, pasamos de nuevo por
Salinas de Añana, Pobes y Nanclares. La misma ruta que a la ida. Bordeamos
Vitoria por la autovía, menos mal, como siempre evitamos entrar a la city y
vamos a Legutiano. A partir de aquí la
carretera es conocida pero muy chula. Me encanta. Vamos al Puerto de Cruceta, y a Elgeta. Todo esto es
brutal. Carretera y vistas espectaculares. Una vez llegamos a Elgeta nos
separamos ya que Rafa vuelve a Bilbao y yo a Usurbil.
Al coger la moto para salir para
casa me doy cuenta de que estoy bastante cansada. Supongo que el hecho de pasar
a una carretera archiconocida me hace fijarme más en mí que en la carretera. La
verdad que hasta llegar a casa el camino se me hace largo y tedioso. Lo hago
sin fijarme mucho y con ganas de llegar. No sé cuántos kms serán, 70?, pero se
me hacen como 200. Una vez llego a casa, me ducho y me siento en el sofá.
Pienso en esto dos días, los valoro y sonrío. Qué bonito todo. Vaya rutas,
paisajes, curvas, pistas, tiempo y compañía. Todo perfecto! Qué ganas de repetir!
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